Una producción que hace honor a La Tabernera del puerto

Por Norma Sturniolo

María José Moreno/ Sofía Esparza, Damián del Castillo / Rodrigo Esteves, Antonio Gandía,/ Antoni Lliteres, Rubén Amoretti / Ihor Voievodi, Ruth González, Vicky Peña, Pep Molina, Ángel Ruiz, Abel García, Agus Ruiz, Didier Otaola, Ángel Burgos. Escenografía y vestuario: Franca Squarciapino y Ezio Frigerio. Mario Gas, dirección de escena. Óliver Díaz, dirección musical. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Antonio Fauró: director del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela.

Los asistentes al Teatro de la Zarzuela estamos de parabienes. La programación es excelente. Hay que felicitar a su director Daniel Bianco por el esmero que pone en la cuidada selección de intérpretes de las obras de ese rico patrimonio nacional que constituye la zarzuela. Un ejemplo brillante de lo que estamos diciendo lo ofrece la representación de La tabernera del puerto. Estupendos ambos repartos, la dirección de escena, la dirección musical, la escenografía y el vestuario. Todos han sabido comunicar la gran belleza musical y la enjundia del libreto. Hay una propuesta rica, sugerente y respetuosa con la idiosincrasia de la obra.

La tabernera del puerto subtitulada Romance marinero en tres actos con música de Pablo Sorozábal y libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, basado en un Romancillo marinero (1935) de Federico Romero, se estrenó en el Teatro Tívoli de Barcelona, el 6 de mayo de 1936, y en el Teatro de la Zarzuela, el 23 de marzo de 1940. Desde entonces ha sido una zarzuela que, merecidamente, siempre ha cosechado el éxito. Con gran acierto se ha repuesto la producción del director de escena Mario Gas que ha sabido evocar el lugar donde transcurre la acción, esa imaginaria localidad del norte de España a la que los libretistas le pusieron el nombre de Cantabreda.

Foto: Elena del Real

Franca Squarciapino y Ezio Frigerio adecuaron el vestuario a las pobres gentes del pueblo, marineros, contrabandistas, borrachos y sardineras.

Los hombres del pueblo, embelesados con la belleza de la tabernera gastan el dinero en el local de ella y del que creen que es su marido, aunque, como finalmente se sabrá, en realidad es su padre. En la taberna beben y comparten sinsabores. En ese pueblo miserable con mujeres envidiosas de Marola, la tabernera a la que consideran una bruja que hechiza a sus maridos, Scuarciapino y Frigerio destacaron la jovialidad, el atractivo y la diferencia de la tabernera vistiéndola con colores vivos en los que destaca el rojo de una chaqueta frente a tanta grisura.

La escenografía en la plaza del pueblo, en la taberna así como la proyección del mar es eficaz . En el tercer acto hay una elocuente proyección del mar embravecido. Se ve una pequeña embarcación ocupada por Marola y su enamorado Leandro, embarcación que ante el estallido de una galerna naufraga. Tanto la imagen de la tempestad marina como la luz que se proyecta sobre ella resultan muy elocuentes.

Foto: Elena del Real

Sofía Esparza, con su figura y su voz de soprano ligera es adecuada para el papel. Lo mismo que el barítono Rodrigo Esteves en su rol de un padre corrupto y maltratador que al final se redime. El tenor Antoni Lliteres en su papel de Leandro cosechó una gran ovación con la célebre romanza No puede ser . El bajo Rubén Amoretti interpretando al marino americano Simpson, cantó y actuó estupendamente haciendo totalmente creíble al personaje. La pareja constituida por los borrachines Antigua y Chinchorro, interpretados por Vicky Peña y Pep Molina cumplieron con el papel de contrapunto cómico en una obra teñida de tintes trágicos. La soprano Ruth González en el rol del casi adolescente Abel, enamorado de Marola, supo transmitir la ensoñación y la pasión de un alma joven.

Tanto desde el punto de vista de la espléndida composición musical como del libreto nunca decae la atención. A la tensión dramática se contraponen momentos de comicidad y de ensoñación. En definitiva, una obra a la que siempre se vuelve con renovado entusiasmo.

Foto: Elena del Real

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