Una primavera afectada por la economía

Por Ana María Martín Elvira Relaciones Internacionales Universidad P. de Comillas

La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 está azotando los diferentes sectores que, en nuestro día a día, suponen un pilar de nuestra sociedad. Mirar a casa siempre es lo adecuado en estas situaciones, pero ¿qué está pasando fuera? Este virus no discrimina, no distingue entre países hegemónicos y meros actores internacionales, demostrando su fuerte carácter frente a dos de las potencias internacionales mas importantes del siglo XXI: Rusia y Estados Unidos.

A pesar de que estos dos países estaban preparados, logísticamente, para hacer frente a esta crisis sanitaria, sectores como el de la economía no lo estaban tanto, desencadenando un conjunto de problemas; tanto individualmente como conjuntamente, que ponen en jaque el orden mundial y las relaciones internacionales.

Si miramos hacia el este, nos encontramos con Rusia, la cual previo a la llegada del virus a su territorio, ya sentía las ondas de la gran ola que lo acompañaba; un descalabro económico sin precedentes que haría daño a uno de sus activos principales: el petróleo. La baja demanda de este como consecuencia del confinamiento no solo ha hecho que los principales países productores bajen la producción de este, si no que su precio también se vea disminuido notablemente. Rusia, ha respondido a esta decisión conjunta de los países del OPEC+ (donde están como invitado), dando una negativa, lo cual le ha enfrentado con Arabia Saudí y ha enfriado sus relaciones con Estados Unidos, país que se ve afectado por la decisión tomada por el presidente Putin. Acciones como esta nos presentan una postura pasiva por parte de Rusia de cara al futuro económico que nos dejará esta crisis sanitaria, quien luchará por mantener su posición como principal actor económico e internacional y quien rechaza tender la mano a aquellos que se la solicitan, menos con un país, con quien las relaciones se verán positivamente reforzadas en el futuro: Estados Unidos.

Norteamérica se encuentra ahora mismo en el punto de mira. No solo las medidas tomadas por el presidente han sido tachadas de tardías e insuficientes para hacer frente al COVID-19, si no que también su postura económica ha sido criticada dentro y fuera de casa. A pesar de que las medidas de distanciamiento social han frenado la expansión del virus, los americanos consideran que estas no pueden mantenerse tanto tiempo como en Italia o España, dado a que su economía, el empleo y la moral de sus ciudadanos se verían gravemente dañadas. Esta parada ha generado una bajada en sus principales bolsas como Standard and Poor’s o el Dow Jones, que esperan volver a la carga y a recuperarse tras Semana Santa, ya que Estados Unidos no esperará que la curva llegue a su pico máximo y proceso de bajada, si no que esperan en las próximas semanas que aquellos ciudadanos de bajo riesgo vuelvan a trabajar para estimular la economía del país.

Ante estos ambos escenarios, todos los indicios apuntan a un mismo resultado y es que, ¿estarán dispuestos estas dos potencias mundiales a perder, económicamente, para poder salvar a sus ciudadanos? El precio a pagar para frenar la curva del corona virus es alto; es una perdida en la economía de cada país y unas medidas duras para sus ciudadanos, pero el resultado generado es favorecedor para las futuras y presentes generaciones que no vivirían con miedo a este virus, si no que le plantarían cara. Estas dos potencias tendrían que replantearse si, mantener el titulo de “gran poder internacional” de cara al público, merece la pena cuando en casa estás sufriendo, por que, como dijo Publilio Siro, “cualquiera puede sostener el timón cuando el mar está en cala” pero tal vez sea hora de tomar el timón en esta tormenta y salvarse que dejar que la marea te lleve y acabes hundiéndote. 

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