Sigfrido, un héroe que no sabía lo que era el miedo

Norma Sturniolo

Entre el 13 de febrero y el 14 de marzo en el Teatro Real de Madrid se representa Siegfried, con música y libreto de  Richard Wagner (1813-1883). Es la tercera de las cuatro óperas que integran la tetralogía de El anillo del Nibelungo. Se estrenó en Festspielhaus de Bayreuth el 16 de agosto de 1876. El ciclo del Nibelungo  se está presentando en el  Teatro Real en cuatro temporadas sucesivas, con dirección musical de Pablo Heras-Casado y la Orquesta titular del Teatro Real y puesta en escena de Robert Carsen y Patrick Kinmonth.

Protagonizan la ópera Andreas Schager (Siegfried), Andreas Conrad (Mime), Tomasz Konieczny (El viandante/Wotan), Martin Winkler (Alberich), Jongmin Park (Fafner), Okka von der Damerau (Erda), Ricarda Merbeth (Brünnhilde) y  Leonor Bonilla (voz del pájaro del bosque).

Es una hazaña admirable y digna de felicitación interpretar una obra que dura casi cinco horas y con una orquesta de más de cien personas en tiempos de pandemia. Para cumplir con las normas de seguridad sanitaria, los músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real ocupan, además del foso, ocho palcos a ambos lados del escenario. Por la larga duración de la ópera y debido a las restricciones del toque de queda, las funciones comienzan a partir de las 16:30 horas.

Javier del Real 

Musicalmente, Siegfried es una obra de una riqueza y modernidad asombrosa. Entre otros aspectos, baste recordar que a los 29 leitmotivs de El oro del Rin  y a los 25 de La walkiria, se añaden en Siegfried otros 18, otorgando complejidad y riqueza al entramado sinfónico. Hay muchos momentos musicales memorables, entre otros, el de la forja de la espada Nothung por Siegfried, el de los murmullos del bosque, la escena de Siegfried y el pájaro y la escena final entre Siegfried y Brünnhilde.

Para el libreto de esta obra maestra que es el ciclo del Anillo,  Richard Wagner se basó fundamentalmente en el poema anónimo alemán Das Nibelunglied y entre otras  obras, en la escandinava Volsunga Saga y los cantos heroicos medievales contenidos en el Edda nórdico.

Recordemos sucintamente lo que acontece en esta segunda jornada. La acción se desarrolla en el bosque. Siegfried crece sin saber cuál es su origen. Su madre se llamaba Sieglinde y murió al darlo a luz. El enano nibelungo Mime, malvado y patético, se hizo cargo de la crianza de Siegfried con la intención de que, cuando creciera, lo ayudara a conseguir el tesoro de los nibelungos custodiado por el gigante Fafner, metamorfoseado en dragón. Siegfried obliga a Mime a que le cuente la verdad sobre sus orígenes. El dios Wotan, disfrazado de Viandante espera que Siegfried salga victorioso y que ayude a salvar a los dioses. Con la espada Nothung, que pertenecía al padre de Siegfried, es con la que se puede matar al dragón, pero está cortada por la mitad y solo la puede forjar quien no conozca el miedo. Siegfried no lo conoce, forja la espada y mata al dragón. Al sentir una quemazón por la sangre del dragón, se lleva la mano a la boca y gracias a ello puede entender el lenguaje de los animales. Siegfried no tiene ningún interés en el tesoro nibelungo, pero un pájaro del bosque le aconseja que se lleve consigo el yelmo mágico y el anillo. Asimismo, le advierte que Mime piensa asesinarlo y entonces Siegfried, que por otra parte odia a Mime, lo mata. Por último, el pájaro le cuenta que sobre una alta roca duerme una mujer maravillosa llamada Brünnhilde rodeada por el fuego y que si él atraviesa el fuego será suya. Cuando el joven héroe se dirige al encuentro de Brünnhilde aparece el Viandante. Al enterarse de que la lanza del Viandante rompió la espada de su padre, Siegfried esgrime Nothung y rompe la lanza del Viandante- Wotan con lo cual el dios desaparece debilitado. Siegfried encuentra la roca donde yace Brünnhilde. Atraviesa el fuego y al sentirse invadido por el amor, por primera vez experimenta el miedo. 

Javier del Real 

Se produce una escena bellísima en la que Brünnhilde abdica de su inmortalidad para ser una mujer mortal que se entrega al hombre que ama. Maravilloso final en el que Siegfried siente el miedo frente a la grandiosidad del amor y Brünnhilde es capaz de renunciar a su inmortalidad para unirse a Siegfried. La música de esta escena es tan arrobadora como lo que en ella sucede.

Sobre Siegfried, como sobre todas las óperas de la tetralogía de El Anillo del Nibelungo, se ha escrito muchísimo y se han vertido diferentes interpretaciones. El ciclo ha fascinado a un sinnúmero de personas. Las lecturas  cambian, se contradicen o se van enriqueciendo con el paso del tiempo. Martin Gregor-Dellin, el musicólogo alemán, gran estudioso de la vida y obra de Wagner recordaba que el novelista y poeta Theodor Fontane había reducido la interpretación del Anillo a través de proposiciones propias de un hombre de su tiempo. Fontane se refería a que la culpa, el dolor y la muerte tenían que ver con la codicia y del deseo incontrolado por lo cual quien se  apodera del anillo de los Nibelungos atrae sobre sí su desgracia y la perdición. 

Asimismo, añadía que los dioses atados por los pactos caen cuando el hombre se desarrolla y que los únicos poderes universales son el espíritu y el amor. Gregor- Dellin considera esta visión como propia de una época que no tuvo en cuenta toda la propuesta dramático- musical de Wagner y critica otras interpretaciones reduccionistas y erróneas como la interpretación manipuladora que quiere ver en el Anillo el símbolo de la fundación del imperio alemán que conduce al Tercer Reich y  en  Siegfried a un representante anticipado de ello. 

A propósito de esta interpretación, recordemos que entre los fascinados por la ópera wagneriana, estaba Hitler quien después de asistir a la representación de Siegfried en Bayreuth sintió una exaltación y fervoroso entusiasmo y veía en Siegfried el ideal heroico alemán. Absolutamente sorprendente, es el hecho de que el pintor alemán George Grosz, en época muy temprana, caricaturizó a Adolf Hitler como Siegfried. Fue en 1923, el año en que Hitler cometió el fallido golpe de Estado contra la República de Weimar en una cervecería de Múnich. En la caricatura de Grosz, Hitler aparece caricaturizado con ropa primitiva y con espada, evocando la espada Nothung de Siegfried y al pie de la caricatura aparece: Siegried Hitler.

Con el paso del tiempo las puestas en escenas del El Anillo han cambiado. Si en el pasado se insistía en el aspecto de los desastres de la sociedad industrial, en el presente, en nuestra sociedad de la información, un artista como Carson insiste en la devastación de la naturaleza por parte del hombre. 

Javier del Real 

Algo muy actual que estamos viendo a diario con el cambio climático y los desastres naturales. Siegfried, el hombre que vive en contacto con la naturaleza, está inmerso en un mundo donde reina la codicia y el deseo de poder que traen consigo la devastación. Es por eso que Carsen elige poner una caravana en un estercolero, árboles talados, una máquina excavadora que simboliza al dragón y opta por escenografía austera. La riqueza simbólica de esta obra ofrece un sinfín de opciones creativas. Hablando de la dimensión mítica de Sigfrido, el compositor y director francés Pierre Boulez decía que el mito nos obliga a reflexionar sobre nuestra condición presente, a movilizarse sobre los problemas reales que él contiene. En este sentido -dice Boulez- será satisfactoria la representación que dé al mito el impacto de lo actual. 

Estamos ante una obra abierta que siempre nos va diciendo algo nuevo. Es la obra de un genio y de un infatigable trabajador. La elaboración de la Tetralogía duró desde 1848 hasta 1874 cuando dio término al ciclo. ¡Cuánto trabajo y perseverancia a lo largo de los años! Y será en 1876, veintiocho años después de su comienzo, cuando se estrene en su totalidad en el Festspielhaus de Bayreuth.

Me gusta recordar que en la portada de la partitura original de El Holandés errante Wagner escribió Per aspera ad astra, que viene a querer significar, A través del esfuerzo, el triunfo. Y qué mejor triunfo que ser el artífice de una obra que sigue despertando pasión y estimulando la creatividad en 2021 y que seguirá haciéndolo en el futuro. Sigfrido seguirá cautivándonos con su espíritu indómito y Brünnhilda nos seguirá conmoviendo con su generosa renuncia. Aparte, por supuesto, de hacernos reflexionar sobre tantos otros aspectos sociales, filosóficos y psicológicos.

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