Revisitar el mito

/// Por Norma Sturniolo ///

Los mitos contienen tantos significados que constituyen una fuente de inspiración de la que beben muchos artistas que los recrean sacando a la luz algo nuevo. Con cada relectura y en distintas épocas aparecen nuevas interpretaciones. De ahí la riqueza insondable de los mitos y el carácter de símbolos en constante crecimiento. En nuestros días, se nos ofrece la posibilidad de seguir profundizando en las interpretaciones de la figura de Orfeo con la representación de la ópera Orphée de Philip Glass. Entre  el 21 y el 25 de septiembre se puede ver una coproducción del Teatro Real y los Teatros del Canal, en la Sala Roja de Canal. Esta ópera de Glass (1937) se estrenó en 1993 en el American Repertory Theater de Cambridge, Massachusetts, basada en la película homónima de Jean Cocteau (1950). La dirección musical corre a cargo de Jordi Francés al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real y la dirección  de escena y figurines es de Rafael R. Villalobos. Se alternarán en la interpretación de los distintos papeles los barítonosEdward Nelson y Alejandro Sánchez, como Orfeo; las sopranos Sylvia Schwartz y Natalia Labourdette, Eurídice; las sopranos María Rey-Joly e Isabella Gaudí, en el rol de la princesa; los tenores Mikeldi Atxalandabaso e Igor Peral, Heurtebise;  los tenores Pablo García-López y Emmanuel Faraldo, como Cégeste, el reportero y Glazier; la mezzosoprano Karina Demurova, Aglaonice; los bajos Cristian Díaz, el poeta, y David Sánchez, el juez. Orphée es una ópera de cámara en dos actos con música y libreto de Phlip Glass basado en la película homónima (1950) de Jean Cocteau.

Foto: Pablo Lorente /Teatros del Canal


Cabe recordar que el mito de Orfeo y Eurídice está en los orígenes de la ópera, con Jacopo Peri, Caccini y Monteverdi. Este Orfeo del siglo xx de Philip Glass con su música hipnótica nos vuelve a comunicar la riqueza del mito. Su origen estuvo motivado por la muerte de la pareja de Glass quien se apoya en el film y texto del Orfeo de Jean Cocteau que, a su vez, lo realizó después de la muerte de su pareja de entonces.
El amor y la muerte del mito tienen una correspondencia real en la vida de estos dos creadores.
La representación de la ópera  de Glass en la sala roja de los Teatros del Canal tuvo una muy buena acogida. El público aplaudió entusiasmado a todos lo que intervinieron en la obra.

Foto: Pablo Lorente /Teatros del Canal


Quienes ha visto el film de Cocteau recordarán ese extraordinario mundo onírico que supo crear el cineasta francés. Ahora bien, Villalobos, acertadamente, decidió desvincularse de la creación de Cocteau. Su influencia podría haber sido demasiado poderosa y no hubiera tenido sentido una repetición estética de la misma.
 La escenografía por la que se opta es mínima. Los espectadores visualizamos una parrilla en la que hay monitores de diferentes tamaños e imágenes que evocan el mundo televisivo y publicitario. Esto se debe a que Villalobos sitúa la historia en los años 90, en Nueva York cuando aparecen muchísimos canales. Estos ofrecen una dimensión paralela o sea que, el otro lado del espejo se sustituye por el otro lado de la pantalla. Hay que destacar que tanto los cantantes como la orquesta ofrecieron lo mejor de sí. La orquesta sonó con todo el poder de seducción de la música de Glass bajo la excelente dirección de  Jordi Francés. Ese fortísimo influjo hipnótico de la música Glass nos cautivó todo el tiempo de duración de la ópera. Los cantantes, además de su buen hacer operístico, destacaron por su estupenda interpretación. María Rey-Joly dotó a su papel de todo el misterio, la fuerza y la pasión de una Muerte enamorada. Edward Nelson también hizo suyo el papel de un poeta inmerso en un mundo en el que la fama se vuelve algo obsesivo y donde, paradójicamente, es la encarnación de la muerte quien se sacrifica por amor. También Sylvia Schwartz y Mikeldi Atxalandabaso estuvieron convincentes en sus papeles. El vestuario tuvo algunos aspectos impactantes como la ropa de la Princesa que evocaba el vestuario de Matrix o el del personaje de Aglaonice que con la imponente figura de la mezzoprano Karina Demurova recordaba a las amenazantes Ménadas, esas divinidades dionisíacas que acabarían despedazando a Orfeo, hecho que aquí no se cuenta pero que sí se sugiere que Aglaonice es una amenaza para Orfeo.
 Jean Cocteau al comienzo de su Orfeo al hacer la pregunta de dónde se desarrolla la historia de su película y cuándo transcurre, habla del el poder de las leyendas que atraviesan el tiempo. Y es así. La relectura del Orphée de Glass-Cocteau nos demuestra la intemporalidad de los mitos que nunca dejan de decirnos algo nuevo

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