Mapa de la nieve. Poesía iberoamericana

Por Jorge de Arco.

El reino del recuerdo


Con “Mapa de la nieve”, obtuvo Coriolano González Montañez, el premio Julio Tovar (2018). Más de una decena de poemarios avalan la trayectoria de este autor tinerfeño, quien en 1984 diera a la luz su primer libro, “Dublín, entre el mar y la sangre”.

Tres años atrás, se editó “Mapa del exilio”, un volumen donde se adivinaba la verdad y la lastimada conciencia con la que el vate isleño iba trazando la llama de su existir. Desde su misma desnudez vital, sus gestos y sus latidos hallaban refugio en un decir que inundaba el ayer de nostalgia:

El peine de mi abuela se conservó.
Al fondo de la gaveta,
debajo de cepillos de dientes,
de trabas, de maquinillas.
Lleno de polvo.
Cuando lo cojo y me peino
mi abuela se peina conmigo.

Ahora, en esta nueva cartografía del alma, Coriolano González Montañez se adentra por las veleidades del reino del recuerdo y explora la metamorfosis del ser humano al hilo de su edad mutable. Despojado, así, de la tentación de someter el vivir a las deshoras de los anhelos, perfila también su existencia de manera visionaria:

Acontecerá un último verano.
Un último cielo luminoso
que me hará entrecerrar los ojos
y contemplar a un niño saltando
sobre la arena volcánica.
(…)
Seré luz y mariposa
En un verano que vendrá.

Al margen de esos momentos que alumbran el mañana, Las remembranzas, como decía, van ganado espacio entre estas páginas que giran como una lenta ronda de sombras idas y que remiten, al cabo, al lugar donde todo empezó, donde la ilusión vestía la esperanza a manos llenas. Porque las antiguas estancias, los familiares pretéritos, los viejos lugares de la dicha, son quienes ahora retornan a modo de fotografía, de canción, de ensueño…, aunque lleguen envueltos en la pesadumbre de lo inasible.
Con un verso narrativo y muy bien modulado, el yo lírico relata, además el dolor, la ausencia, el sufrimiento que se va desprendiendo
del corazón:

Que escuchen que una vez fuimos héroes.
Que recuerden que el mundo inabarcable
​​​ [abría sus horizontes.
Que sepan que fuimos inmortales
[que fui inmortal.
Y cuando todo acabe y arrojen mis cenizas,
-sabes por qué te lo digo-
Olvídame.
No te olvides de olvidarme.

Con fecunda naturalidad, Coriolano González Montañez ha vertebrado un poemario latidor, en el que reivindica la necesidad de mantener muy viva la llama amante y familiar, la misma que podría alumbrar “un futuro/ lleno de luz”.

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