La piel que te sostuvo

De POESÍA IBEROAMERICANA

LA PIEL QUE TE SOSTUVO

Jorge de Arco.

En el año 2006, Cecilia Álvarez dio a la luz su primer poemario, “El alma deshabitada”, con el que obtuvo el premio “Ángaro”. Desde entonces, su obra lírica ha ido creciendo de forma lenta, coherente, basada en un decir personal donde prima la exaltación humana del íntimo acontecer. Tras el citado volumen, títulos como “Elogio de la juventud añeja” (2006), “Primera luz” (2009), “Palabras al alba” (2012), “Adagio del silencio” (2013) y “El lento suspirar de la aurora” han ido consolidando una voz serena, totalizadora para el común de sus textos.
Ahora, con la aparición de “Almenara de sueños” (Colección Ángaro. Sevilla, 2018), Cecilia Álvarez da un paso más y consolida la semántica de su voz, la gravitación de su temática y refunda el afán por hollar los territorios y emociones que giran en derredor del corazón.

Esta almenara de sueños y anhelos, de ausencias y presencias, tiene un pórtico que sirve como declaración de intenciones:

Sabes que tu verso es un armiñado
camino
donde reposarán las voces de tu alma,
el verbo preciso y firme que te nombre
esa línea de promesas enhebradas
donde el tiempo y los espacios
te reconozcan.

Tras ese tú, hay un yo poético que afirma que el amor no es tan sólo aquello que derrama el alma, sino que éste se presenta como una insatisfacción casi eterna, como una continua emanación de sentimientos que no alcanzan su ulterior fin. Porque esa sensación de insaciable deseo, de ambiciosa incertidumbre sobrevuela estas páginas y, además, lo hace añorando la mano que busca otra mano y acaricia el miedo y el coraje reflejados en los oníricos espejos del vivir:

Embriagarme de ternura
en el cuenco yacente de tu pecho,
dejar fluir la dicha
en una algazara de brazos que se abren,
que abarcan
latitudes asombrosas.
Manos insaciables de certezas,
de caricias que surcan los silencios
y va dejando su resplandor
sobre el mapa callado de mi piel.
Vivo,
deliro
y
sueño.

En esta ocasión, Cecilia Álvarez vuelve a plasmar un universo que se enfrenta a la resistencia natural de lo cotidiano. El recuerdo se convierte, a su vez, en vívida existencia y se adentra por las veredas que conocen la realidad y las deshoras de su conciencia. Su verso ahonda en la metamorfosis a la que debe someter su espíritu para despojarse del tejido que entenebra el día a día. Centinela de los espacios que habitan su interior, la poetisa tinerfeña puebla su verbo de signos cristalinos, de secretas melodías, de remotas cenizas, de infinitas sombras, de desnudos hechizos:

Y te pierdes por las sinuosas cumbres
de tu memoria,
aunque tus manos crean sentir
otras manos que las cubran.

Y la tarde cumple
el firme ritual de su huida.
Ausente
pasa a tu lado,
ajena e indócil,
abriéndose paso entre lo que queda de ti.

Un libro, a fin de cuentas, que como muy bien apunta M. Carmen García Tejera en su prefacio “explora lo hondos misterios que encierra el ser humano, la búsqueda tenaz de un antídoto para tanto desgarro íntimo”. Y que se sustenta, al mismo tiempo, sobre una palabra veraz, estremecida en la pureza de su cántico:

Volverás a la piel que te sostuvo
cuando la lluvia inunde
las auroras de tus días, cuando
broten del alba
sinfonías antiguas, plegarias rotas
pendiendo
del pentagrama de la ausencia.

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