Humor e inspirada imaginación en El rey que rabió

Foto: Javier del Real

Por Norma Sturniolo

El rey que rabió de Ruperto Chapí en el Teatro de la Zarzuela. Dirección musical  de Iván López Reynoso, dirección de escena Bárbara Lluch, escenografía, Juan Guillermo Nova, Vestuario de Clara Peluffo Valentini, Iluminación. de Vinicio Cheli. El rey: Enrique Ferrer, la aldeana Rosa: Rocío Ignacio, la labradora María: María José Suárez, el general: Rubén Amoretti, Jeremías: José Manuel Zapata, El almirante: Carlos Cosías, el intendente: Ïgor Peral, el gobernador: José Julián Frontal, el capitán: Alberto Frías, el labrador Juan Sandro Cordero, el alcalde: Pep Molina, el paje: Ruth González, el corneta: Antonio Buendía, actores: aldeana: Verónica Moreno, aldeano: José Pastor, titiritero: Jofre Carabén, figurantes: Magdalena Aizpurua, Julia Barbosa y Luis Guijarro.

Terminar esta temporada con El rey que rabió de Ruperto Chapí (1851-1909) es un acierto de programación del Teatro de la Zarzuela. Después de difíciles y prolongados meses de pandemia, optar por una obra que rezuma humor es un regalo para los espectadores. La risa ahuyenta las preocupaciones y tiene un efecto liberador. Escuchar y ver esta zarzuela es tomarse un gozoso respiro. Por otra parte, al inscribirse en esa modalidad del humor que es la sátira, ayuda a ver con distancia y lucidez las corrupciones de los gobernantes como sucede en la historia que con gran sabiduría escribieron el dramaturgo, periodista y humorista Miguel Ramos Carrión y el poeta, comediógrafo y humorista Vital Aza. Si a eso añadimos la música chispeante y llena de matices de Ruperto Chapí el disfrute está asegurado.

El rey que rabió consta de tres actos divididos en siete cuadros y se estrenó en el Teatro de la Zarzuela en el año 1891. Tiene rasgos de opereta, de ópera cómica con algunos momentos de romanticismo, melancolía, momentos impregnados de gran lirismo como en el nocturno del cuadro cuarto del acto segundo, muy bien resuelto en esta representación ya que se ha decidido dar relieve al vínculo amoroso de la pareja protagonista, y otros de humor desternillante como el coro de doctores en el cuadro quinto del acto tercero. Otro acierto de esta escenificación es que en el hilarante coro de los doctores se representa al perro con una simpática marioneta hábilmente manejada por Jofre Carabén.

Foto: Javier del Real

La historia tiene el aire de los cuentos infantiles, de las fábulas, incluso el final recuerda el final de muchos cuentos maravilloso en el que el rey tiene que elegir a su futura consorte y simultáneamente es una crítica válida tanto para el siglo XIX como para nuestros días y, en definitiva, para todos los tiempos. La ausencia de los nombres de los personajes solo calificados por su función social, la indeterminación de la época y lugares, todas esas omisiones acercan esta historia a las narraciones tradicionales. Aunque se sobreentiende que se desarrolla en España y que puede ser una crítica a la Restauración y a algunos de sus protagonista. El rey puede aludir a Alfonso XII al que, según se dice, le gustaban las escapadas clandestinas.  En esta divertida zarzuela se nos cuenta que el soberano al regresar de un viaje por su reino queda asombrado del bienestar y la alegría de sus súbditos, alegría y bienestar ficticio preparados por el intendente, el gobernador, el general y el almirante que se oponen a la decisión del monarca de hacer un viaje de incógnito vestido pobremente porque si así lo hiciera, descubriría que todo es una patraña. Pero como el rey les informa que si se oponen tienen que dimitir, por supuesto todos se aferran a sus puestos y aceptan la decisión. El gobernador explica que se adelantará al rey, también de incógnito, y repartirá dinero, preparará fiestas y diversiones para que el rey vuelva a encontrarse con un pueblo feliz y no descubra su auténtico malestar. Finalmente, el rey partirá vestido de pastor y lo acompañará el general también de incógnito. Llegan a un pueblo que está descontento por los elevados impuestos que pagan pero, gracias a la intervención del gobernador ofreciendo dinero,el alcalde, consigue calmarlos ánimos y todo se torna alegría y baile. El rey y el general descansan en una posada y ahí conocen a Jeremías que es sobrino del alcalde y siempre está lamentándose porque su amor por su prima Rosano es correspondido. Cuando aparece Rosa, entre ella y el rey, que Rosa cree que es un pastor, se produce una atracción inmediata.

Foto: Javier del Real

En el pueblo, el alcalde decide hacer una fiesta. En medio del baile aparecen un grupo de soldados que se llevan reclutas para el regimiento. Y acaban llevándose al rey y al general que se ofrece de voluntario  Rosa irá con su tío el alcalde al castillo donde están los reclutas  pretextando que quiere ver a su primo.La verdad es que quiere ver al pastor del que se ha enamorado. Cuando se encuentra con el supuesto pastor, ambos deciden fugarse. Jeremías resuelve seguirlos. Al enterarse de la fuga del rey, el general y el gobernador cuentan la verdad al capitán. Juntos buscarán al rey. Mientras tanto, él y Rosa se hacen pasar por segadores y acaban su viaje en una casa de labranza cuyos dueños han dejado suelto a su perro. Aparece Jeremías con traje de recluta, dolorido porque lo ha mordido el perro. Como ha desertado pide ayuda a los dueños para que lo oculten y ellos lo esconden en su casa. Luego, llegan los soldados, el general, el gobernador y el capitán. El general pregunta si esconden a un recluta. La pareja de labriegos cree que el recluta que buscan es Jeremías y cuentan que fue mordido por el perro. El general y el gobernador no quieren que el rey se entere de que han ido en su búsqueda  por lo cual deciden que el capitán, que no conoce al rey, sea quien lo devuelva a la corte. Temiendo que el perro esté rabioso se lo llevarán a la corte para analizarlo y también se llevan a su dueño. El capitán y los dueños de la casa de labranza creen que el rey es Jeremías. Una vez en  palacio un grupo de doctores intenta, infructuosamente, hacer el diagnóstico del perro. A palacio llega Rosa junto a la labradora que va en busca de su marido. Dicen que el pastor, el novio de Rosa  se ha quedado en una posada a la entrada de la ciudad esperando recibir noticias. Rosa encuentra en la corte a Jeremías porque lo habían confundido con el rey y para su sorpresa y enfado, comprueba que su novio pastor es  en realidad el rey. Se siente engañada, pero el rey le confirma el amor que siente por ella. A su vez, asciende a coronel al confundido Capitán para que no descubra nada de la confusión entre Jeremías y él. Llegan las embajadas de distintos países ofreciendo los retratos de las candidatas para esposas del rey. Pero él dice que ha elegido a Rosa como esposa a lo que se oponen sus consejeros como también se oponen a que haya nombrado oficial a un hombre sin instrucción como Jeremías. Sin embargo, ante la nueva amenaza de dimisión,una vez más, se aferran a sus puestos y terminan dando vivas al rey.

Nadie se salva de la lúcida sátira: gobernantes, militares, médicos pero la crítica, como quería Cervantes y hace decir a uno de los perros protagonistas de El coloquio de los perros, nunca hace sangre.

Foto: Javier del Real

Tanto las características del libreto como la música con riquísimas posibilidades de colores donde aparecen partes cómicas, melancólicas románticas ofrecen diferentes acercamientos. En esta representación, Bárbara Lluch, en la dirección de escena, Juan Guillemo Nova en la escenografía y el magnífico vestuario de Clara Peluffo Valentini, han resaltado el aspecto guiñolesco y esperpéntico que puede evocar una corte de los milagros valleinclanesca. Todo lo relativo al mundo de la corte y sus miembros ofrece un estupendo derroche imaginativo. El mundo rural ha sido representado de forma más convencional con momentos muy logrados como cuando se muestra el paso de las horas sobre un campo de labranza en el Nocturno del acto segundo. Las risas y los aplausos por parte del público se sucedieron y como no podía ser de otra forma se aplaudió mucho la interpretación de la soprano sevillana Rocío Ignacio por la bella arietta Mi tío se figura y el Coro de doctores Juzgando por los síntomas.

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