Dos veces extranjeros

De poesía Iberoamericana                                                       JORGE DE ARCO

DESTINO Y CORAZÓN

Hollar territorios que están lejos del hogar, sentir muy lejos las raíces familiares, saber que sabemos que “vamos de un país a otro/ sin volver a casa/ y sentimos que somos/ dos veces extranjeros”.

Con esta transparencia versal se abre, precisamente, “Dos veces extranjeros” (Pre-Textos. Valencia, 2019), de Catalina González Restrepo (1976). La autora colombiana suma con éste su quinto poemario, y, en él, abraza con delicadeza las promesas incumplidas, los anhelos rotos, los abrazos idos…, pero también el gozo posible, la mirada dichosa, las horas solidarias:

Enamorarse de alguien como tú

hace veinte años.

Visitar la ciudad extranjera

donde te fue infiel tu amante

y no sentir nostalgia.

El tiempo, con sus dolores y cicatrices,

nos ha enseñado a amar

sin rendirnos al deseo.

Para poder aliviar las dudas resultantes de todo lo vivido, González Restrepo rearma su verso desde una sustancia conciliadora que aúna cuerpo y alma. Sus gestos memoran la inocencia perdida, aquella esperanza detenida para siempre y que, sin embargo, pugna por no apagarse, por perdurar, por seguir siendo protagonista de la aventura de existir.

Verso a verso, el yo va desdoblando su conciencia, alternando estados anímicos variables -angustia, revelación, rebeldía, resignación…-, que le procuran miradas divergentes:

Un golpe de deseo te despierta en la madrugada:

la imagen del amante que tuviste a los dieciséis,

tan nítida como si estuviera vivo.

Te imaginas su hermoso cuerpo deshecho,

recuerdas el arrebato cuando ibas a visitarlo.

Oyes la música de los que están muertos.

Extranjera, recorres ciudades en sueños.

     Con el fin de desprenderse de esas pavesas aún inflamadas, la poetisa de Medellín yuxtapone su ser hasta hallar el amor como unidad y vínculo axial. El tiempo se aparece entonces como irreversible taxonomía y la enfrenta a la mudanza que hace posible cada sentimiento.

    Signado por cuatro secciones, “Dos veces extranjeros”, “El lugar que no está en ninguna parte”, “Contra el reloj” y “Herencia”, el volumen reafirma la voluntad primigenia y reconduce la edad hasta el bordón de la certidumbre. Porque lo que fue tentación es ahora cicatriz, lo que fue ternura es ahora escalofrío.

    En suma, un libro que hace inventario de los secretos, los silencios y los conjuros de ser semilla y río, celada y paraíso, destino y corazón:

A nosotros el amor nos habla de un lugar

que no está en ninguna parte,

basta con sentarnos al lado del otro

y cerrar los ojos para sentirnos allí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *