Crueldad y espiritualidad en Juana de Arco en la Hoguera

/// Por Norma Sturniolo ///

Juana de Arco en la Hoguera (Jeanne d´Arc au bûcher) la coproducción del Teatro Real y la Ópera de Frankfurt, con música del compositor suizo Arthur Honegger (1892-1955) y texto del poeta francés Paul Claudel (1868-1955) creó una gran expectativa cuya representación ha corroborado los mejores auspicios. La dirección musical es de Juanjo Mena, la dirección de escena de Àlex Ollé (La Fura dels Baus) con escenografía de Alfons Flores. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, dirección del coro Andrés Máspero, pequeños cantores de la JORCAM. En el papel de Juana de Arco, la oscarizada Marion Cotillard y en el del padre Dominique, Sébastian Dutrieux.

Ha estado precedida por la cantata La damoiselle élue (La doncella bienaventurada), de Claude Debussy (1862-1918) -con libreto del poeta y pintor inglés Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) protagonizada por la soprano Camilla Tilling y la mezzosoprano Enkelejda Shkosa. La cantata ha estado muy bien interpretada por ambas cantantes y ha establecido un nexo de unión entre la doncella bienaventurada que está en el cielo y Juana de Arco que finalmente encontrará la paz en el cielo.

La música de Honegger, que es lo realmente valioso del oratorio, sabe comunicar la tragedia de Juana de Arco. No puede dejar de sorprenderme que el autor del libreto, el poeta Paul Claudel, se mostrara tan sensible frente a las injusticias cometidas contra Juana de Arco y sin embargo, colaborase en las injusticias cometidas contra su propia hermana, la gran escultora Camille Claudel. No la llevó a la hoguera pero, cooperando con su madre, la mantuvo recluida en un manicomio, a pesar de que los médicos le aseguraron que Camille podía reintegrarse a la vida normal y le sugirieron que la sacara del manicomio. Se negó a hacerlo, la dejó encerrada hasta su muerte y no se preocupó de darle un entierro digno. Contradicciones del ser humano.

En cuanto a Juana de Arco ( Jeanne d’Arc), la Doncella de Orleans (circa. 1412- 1431), la joven campesina enviada a la hoguera con falsas acusaciones de hereje y también por travestismo, es decir por utilizar ropa de hombre, permanece en el imaginario colectivo como una joven heroína y mártir que luchó y consiguió defender a la Francia ocupada por los ingleses en la Guerra de los Cien Años. Películas, obras literarias, composiciones musicales, leyendas han contribuido a propagar su imagen. Desde el punto de vista histórico contamos con los manuscritos originales del proceso judicial y gracias a ello podemos conocer las infamias del mismo y también sabemos que afirmó haber tenido visiones del Arcángel Miguel, de Santa Margarita y de Catalina de Alejandría quienes le pidieron que ayudara a Carlos VII y liberara a Francia. En Orleáns con ella integrando el ejército, los ingleses se retiraron del asedio y otras victorias posibilitaron que Carlos VII fuera coronado rey de Francia en Reims. En 1430 Juana fue capturada por un grupo borgoñón de nobles franceses aliados con los ingleses, procesada por el obispo Pierre Cauchon, luego entregada a los ingleses, declarada culpable y quemada en la hoguera de Ruan en 1431 a la edad de 19 años.

Foto: Javier del Real

La bailarina, actriz y mecenas franco-ucraniana Ida Rubistein(1885-1960) encargó la obra que se estrenó en versión concierto en 1938. La versión que se representa en el Teatro Real se corresponde con la realizada posteriormente y estrenada en 1946 en la que los autores añadieron un prólogo para relacionar la situación sufrida por Francia en la Guerra de los Cien Años con la de la de la trágica ocupación de Francia por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El director de escena, Alex Ollé, con buen criterio, ha ampliado esa visión a nuestro mundo contemporáneo, en el que desgraciadamente, la barbarie y las injusticias siguen vigentes.

Marion Cotillard que es la indiscutible Juana de Arco está muy bien acompañada por el actor Sébastien Dutrieux, las sopranos Sylvia Schwartz y Elena Copons, la mezzosoprano Enkelejda Shkoza, el tenor Charles Workman y el bajo-barítono Torben Jügens, en los papeles principales.

El Coro del Teatro Real tiene un protagonismo admirable, siempre bajo la sabia dirección de Andrés Máspero. Su aparición en escena, a partir del prólogo es impactante. También los Pequeños Cantores de la JORCAM bajo la dirección de Ana González estuvieron impecables. Ya, en el prólogo, aparecen fuertes ecos bíblicos: Tinieblas! ¡Tinieblas! ¡Tinieblas!/Y Francia estaba vacía y sin vida,/y las tinieblas cubrían/todo el reino./Y el Espíritu de Dios, sin saber/dónde posarse,/rondaba sobre el caos de las almas/y los corazones;/sobre el caos de las almas y las voluntades;/sobre el caos de las conciencias/y las almas./ Ese mundo de tinieblas y crueldad donde se asesina a una inocente, donde los hombres se desangran en la guerra está poderosamente representado

Foto: Javier del Real

por la escenografía de Alfons Flores, el figurinista Lluc Castells y la dirección de escena de Alex Ollé así como el mundo celestial de pureza, bondad y amor. Alfons Flores creó un suelo flotante dividiendo horizontalmente el escenario en dos, en la parte superior está el cielo y con gran acierto en el cielo reluce el dorado con evidentes ecos de la iconografía religiosa ya que el dorado en la simbología religioso se asocia a lo divino. Por el contrario en la tierra todo es calamitoso, sucio, miserable, las gentes vestidas con prendas rotas, andrajosas, sucias que reflejan la descomposición de un mundo donde se han destruido los valores. Sin embargo, hay un rayo de esperanza, representado por Juana y el estadio superior y al que ya se alude en el prólogo: El amor que nos une a nuestros hermanos./¿Quién? ¿Quién podrá separarnos?/Ni la violencia, ni el desaliento,/ni la estafa, ni las alturas,/ni las profundidades…/

Marion Cotillard hace suyo el papel, hasta su figura parece la de alguien muy joven como era la heroína en el momento de su muerte. Su interpretación transmite todos los matices de una joven con gran fuerza interior, capacidad de amar y también miedo ante la muerte atroz que le espera.  Es conmovedora y oburvo una merecida ovación. ¡Y la orquesta! ¡ Qué bien dirigida por Juanjo Mena que sabe extraer toda la riqueza de la música de Honegger en la que hay homenajes a Debussy, Ravel, el jazz, el canto gregoriano y el teatro burlesco. Un espectáculo altamente recomendable que mueve a la reflexión. Es evidente que como decía hace unos días el director de orquesta y compositor Pedro Halffter : «El espíritu humano necesita el contacto directo con el arte, no a través de una pantalla, sino que la convivencia con el arte tiene que ser en vivo”. Asistir a este espectáculo produce una suerte de catarsis como postulaban los  antiguos griegos para la tragedia.

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