«Donde Hay Música (La Llamada De Los Violines)»

Por Luis Cantarell Gregori // Socio de ACPI //

Nuevos Ministerios, interior de los túneles del metro que unen las líneas 6, 8 y 10. ¿Por qué camino hoy en esta dirección? Es la pregunta de mi vida, pues los pies a veces parecen conducirme más a mí que yo a ellos.

No veo al violinista del túnel, me gusta pensar que así es: formalidad clasicista, fuerza contenida y ese pelo casi de Punset. Por alguna razón, veo al doctor House en él. Incansable, cada día atacaba aquellas piezas de una manera tan particular pareciéndome frágil e inamovible, un enfermo crónico protegido tras las paredes de su casa, exento de todo salvo del éxtasis y cemento. Así parecen ser algunos artistas, mecidos por un viento a veces de pena, por una brisa de alivio y siempre habitando un planeta volátil e insospechado.

Llegando a Alonso Martínezen esta mañana curiosa más que extraña.

Dos venezolanos irrumpen en el vagón de la línea 5 donde la mayoría calla y evita mirar. Los pies del vocalista bailan al ritmo de Runaway, original de los irlandeses The Corrs. El violín alza su voz rasgada y canta como lo haría el solista de un coro Gospel. Qué menos que una moneda, qué menos que darse cuenta de la belleza en ese hilo de voz.

Salgo a la calle Sagastay espero. No me importa, esta ciudad es lo que tiene, alguien sin demasiada prisa puede verse —repentinamente— en las sandalias del turista desubicado, en los zapatos del comercial encorsetado en traje funcional y por qué no, en las zapatillas de quien decide aspirar la belleza alargada y circular de una urbe tan femenina como rinoceronte y kamikaze.

Prefiero no correr demasiado, la herida en el gemelo izquierdo aún se hace notar. Qué futuro se me presenta: escritor algo cojo y en ayunas por el Madrid señorial. Aunque maravillado.

Mientras las escaleras mecánicas meelevan como a una cabeza de ganado, un violín más. Súbitamente la melodía más bella, aunque ya sin la batuta del Maestro Morricone, pero sí el alma de aquel oboe juglar y selvático. En cierta manera, un responso solitario ante el cual Ennio sonreirá. Esta vez, el compositor será Alfredo más que Totò. No por falta de ganas y felicidad, más bien la vida, de vez en cuando muestra la infancia a recuperar.

Una ciudad como esta tiene sus cosas en días de otoño temprano, pero también un alma llena de luz y personas que brillan de manera anárquica. A veces sin sospechar que el cielo observa sus cabezas muriéndose de envidia por imitar tantas andanzas.

30-Septiembre/4, 5, 6-Octubre-2021