Amor, mujer y grandes compositores

Por  Norma Sturniolo

The Magic Opal. Opereta cómica en dos actos, música Isaac Albéniz,
libreto, Arthur Law. Traducción de Javier Ibarzy y Pachi Turmo. Adaptación de Paco Azorín y Carlos Martos de la Vega. Dirección musical: Guillermo García Calvo Orquesta de la Comunidad de Madrid ; Dirección de escena y escenografía: Paco Azorín, Vestuario: Juan Sebastián Domínguez, Iluminación: Pedro Yagüe; Diseño de audiovisuales: Pedro Chamizo; Movimiento escénico:Carlos Martos de la Vega.Reparto: Lolika Ruth Iniesta y Carmen Romeu ; Alzaga Santiago Ballerini y Leonardo Sánchez, Carambolas :Luis Cansino y Rodrigo Esteves; Trabucos: Damián del Castillo y  César San Martín,  Martina Carmen Artaza y  Mar Campo, Aristippus: Jeroboám Tejera; Olympia: Helena Ressurreiçao; Zoe :Alba Chantar; Pekito: Gerardo López; Curro:Tomeu Bibiloni; Eros XXI: Fernando Albizu. Orquesta de la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro de la Zarzuela; Coro del Teatro de La Zarzuela dirigido por Antonio Fauró.


Realización de la escenografía TecnoScena, SRL (Roma), Realización de vestuario Petra Porter, SL (Madrid) Equipamiento de circo, R Gascat, SL (Madrid); Figurantes-bailarines David Blanco, Laura Hernando, Jennifer Lima, Verónica Moreno, Pablo Muñoz, Karel H. Neninger, Agus Ruiz, Sergio Toyos. Acróbatas: Rafael Lobeto, Georgina Nieto, Aida Pascual, Nacho Rodríguez

En el Teatro de la Zarzuela se han representado dos espectáculos de compositores españoles en los que ha quedado de manifiesto un esfuerzo creativo de acercamiento al público de hoy. Una opereta de Albéniz con escenografía cercana al reality  y canciones y romanzas con protagonismo femenino son dos ejemplos de ese acercamiento.

Foto: Elena Del Real

The Magic Opal es  una opereta de vida bastante azarosa que  Isaac Albéniz (1860-1909) comenzó a componer cuando se hallaba en Londres en el año 1892 sobre un texto de Artur Law.  Se estrenó el 19 de enero de 1893 en el Lyric Theatre. El argumento original, al parecer bastante flojo, se desarrolla en Grecia con la intervención de un grupo de bandidos y tiene las características propias de una comedia de enredos con amores, desamores y equívocos. Poco después de su estreno, Albéniz hace una revisión en la que se reduce el número de personajes y se simplifica el argumento, se quitan unos números , se añaden otros y se cambia el título por el The Magic Ring. Esta  versión se estrenó el 11 de abril de 1893 y el 23 de noviembre de 1894, se estrenó en el Teatro de la Zarzuela la versión castellana de The magic opal, con el título de La sortija. La crítica tachó al libreto de insulso y pesado. Y la opereta acabó cayendo en el olvido.

La música se encontraba en forma de manuscritos y dispersa en diversos legados. Fue reconstruida y puesta a limpio por el musicólogo Borja Mariño que realizó la edición crítica de la partitura completa (Tritó Ediciones , 2011).

 El texto ha sido traducido por Javier L. Ibarz y la adaptación con su aggiornamento la  realizaron Paco Azorín y Carlos Martos de la Vega.
La escenografía es tan impactante que la música albeniciana es como si fuera una música incidental o la banda sonora de lo que ocurre delante de lo ojos del espectador La trama amorosa pasa a incorporarse a una competición al estilo de los videojuegos usando el lenguaje audiovisual de nuestro tiempo. Se desarrolla en un gran cubo con muchas puertas y hay  numerosas proyecciones.

Foto: Elena Del Real

Los participantes eligen un rol y tienen que superar una serie de pruebas con distinto niveles de dificultad para conseguir el ópalo mágico ya que con él se puede obtener el amor de quien se desee. Están los que juegan limpio y los que hacen trampas. Lo que queda claro es que todos luchan contra todos por conseguir el ópalo. Paco Azorín añade un nuevo personaje Eros XXI, encarnado por Fernando Albizu,  una especie de maestro de ceremonias que ayudado por un ejército de “Opalines” conducirá a los jugadores a lo largo de las pruebas. El tema del amor es uno de los temas permanentes de las artes pero el poderoso dios Amor, cegador y peligroso no se presenta en The Magic Opal como el Eros-Cupido clásico con su aljaba y su flecha de oro  que enciende el amor del que es tocado con ella y su flecha de  plomo que, por el contrario provoca sentimientos de rechazo y aversión. La flecha de oro será reemplazada por el ópalo mágico que atrae el amor y la flecha de plomo por un ópalo que atrae la aversión. A su vez el ejército de cupidos, amorcitos alados (erotes en la mitología griega)son sustituidos por los “Opalines”.

En la versión de Azorín hay una crítica al consumismo, a la corrupción con dos personajes de oscura trayectoria, a la  banalización del amor y a la utilización de medios como las apps para encontrar el amor. Abundancia de mensajes. Los únicos en la historia que demuestran que no se necesitan artes mágicas para enamorarse son la pareja -muy bien interpretada -formada Ruth Iniesta y Santiago Ballerini. Los figurantes, bailarines y acróbatas añadieron estética al conjunto.

Foto: Elena Del Real

Y de Albéniz pasamos a Manuel de Falla, Enrique Granados, Pablo Luna, Ruperto Chapí, José Serrano, Federico Chueca y Joaquín Valverde en un concierto que homenajeaba a la mujer titulado Nueve suertes de mujer y que ha reunido a tres artistas: la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrero, la pianista RosaTorres Pardo y la actriz Silvia Abascal. A través de canciones y romanzas se realiza un recorrido por los diversos sentimientos que agitan el corazón humano, en este caso de la mujer.

Hubo dos solos de piano estupendamente interpretados con un derroche de energía por Torres Pardo (Danza nº 1, La vida breve de Manuel de Falla, El pelele, Goyescas de Granados). Las romanzas y canciones emanaron vigor y emoción con la sentida interpretación de Nancy Fabiola Herrero y cada una de ellas estuvo bellamente engarzada con textos de Juan Marchán  donde transitan la esperanza y la desesperanza, la alegría, la tristeza, el deseo de amar, el desengaño unido al paso del tiempo y la necesidad de defendernos de la rutina a través de la apertura a la sorpresa.

Una producción que hace honor a La Tabernera del puerto

Por Norma Sturniolo

María José Moreno/ Sofía Esparza, Damián del Castillo / Rodrigo Esteves, Antonio Gandía,/ Antoni Lliteres, Rubén Amoretti / Ihor Voievodi, Ruth González, Vicky Peña, Pep Molina, Ángel Ruiz, Abel García, Agus Ruiz, Didier Otaola, Ángel Burgos. Escenografía y vestuario: Franca Squarciapino y Ezio Frigerio. Mario Gas, dirección de escena. Óliver Díaz, dirección musical. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Antonio Fauró: director del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela.

Los asistentes al Teatro de la Zarzuela estamos de parabienes. La programación es excelente. Hay que felicitar a su director Daniel Bianco por el esmero que pone en la cuidada selección de intérpretes de las obras de ese rico patrimonio nacional que constituye la zarzuela. Un ejemplo brillante de lo que estamos diciendo lo ofrece la representación de La tabernera del puerto. Estupendos ambos repartos, la dirección de escena, la dirección musical, la escenografía y el vestuario. Todos han sabido comunicar la gran belleza musical y la enjundia del libreto. Hay una propuesta rica, sugerente y respetuosa con la idiosincrasia de la obra.

La tabernera del puerto subtitulada Romance marinero en tres actos con música de Pablo Sorozábal y libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, basado en un Romancillo marinero (1935) de Federico Romero, se estrenó en el Teatro Tívoli de Barcelona, el 6 de mayo de 1936, y en el Teatro de la Zarzuela, el 23 de marzo de 1940. Desde entonces ha sido una zarzuela que, merecidamente, siempre ha cosechado el éxito. Con gran acierto se ha repuesto la producción del director de escena Mario Gas que ha sabido evocar el lugar donde transcurre la acción, esa imaginaria localidad del norte de España a la que los libretistas le pusieron el nombre de Cantabreda.

Foto: Elena del Real

Franca Squarciapino y Ezio Frigerio adecuaron el vestuario a las pobres gentes del pueblo, marineros, contrabandistas, borrachos y sardineras.

Los hombres del pueblo, embelesados con la belleza de la tabernera gastan el dinero en el local de ella y del que creen que es su marido, aunque, como finalmente se sabrá, en realidad es su padre. En la taberna beben y comparten sinsabores. En ese pueblo miserable con mujeres envidiosas de Marola, la tabernera a la que consideran una bruja que hechiza a sus maridos, Scuarciapino y Frigerio destacaron la jovialidad, el atractivo y la diferencia de la tabernera vistiéndola con colores vivos en los que destaca el rojo de una chaqueta frente a tanta grisura.

La escenografía en la plaza del pueblo, en la taberna así como la proyección del mar es eficaz . En el tercer acto hay una elocuente proyección del mar embravecido. Se ve una pequeña embarcación ocupada por Marola y su enamorado Leandro, embarcación que ante el estallido de una galerna naufraga. Tanto la imagen de la tempestad marina como la luz que se proyecta sobre ella resultan muy elocuentes.

Foto: Elena del Real

Sofía Esparza, con su figura y su voz de soprano ligera es adecuada para el papel. Lo mismo que el barítono Rodrigo Esteves en su rol de un padre corrupto y maltratador que al final se redime. El tenor Antoni Lliteres en su papel de Leandro cosechó una gran ovación con la célebre romanza No puede ser . El bajo Rubén Amoretti interpretando al marino americano Simpson, cantó y actuó estupendamente haciendo totalmente creíble al personaje. La pareja constituida por los borrachines Antigua y Chinchorro, interpretados por Vicky Peña y Pep Molina cumplieron con el papel de contrapunto cómico en una obra teñida de tintes trágicos. La soprano Ruth González en el rol del casi adolescente Abel, enamorado de Marola, supo transmitir la ensoñación y la pasión de un alma joven.

Tanto desde el punto de vista de la espléndida composición musical como del libreto nunca decae la atención. A la tensión dramática se contraponen momentos de comicidad y de ensoñación. En definitiva, una obra a la que siempre se vuelve con renovado entusiasmo.

Foto: Elena del Real

Schubert, Wolf y F. Martin en el Teatro de la Zarzuela

      Norma Sturniolo

Melancolía, humor y estremecida religiosidad en obras de Franz Schubert, Hugo Wolf y Frank Martin en el Teatro de la Zarzuela

El barítono Florian Boesch y el pianista Justus Zeyen en el Teatro de la Zarzuela Foto de Rafa Martín

En estos tiempos difíciles necesitamos tener recursos internos para hacer frente no solo a la vulnerabilidad física sino también a la psicológica y el arte proporciona goce, energía, fuerza tal como quedó demostrado con la reacción fervorosa del público en la inauguración del XXVII ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela. Las composiciones de los tres músicos elegidos, F. Schubert (1797-1828), H. Wolf (1860-1903 )y F. Martin (1890-1974) que, a pesar de las dificultades por las que atravesaron, trascendieron su realidad inmediata, ayudaron al público a trascender también la difícil realidad actual. Y, por supuesto, el buen hacer del barítono Florian Boesch y el pianista Justus Zeyen. Y, un añadido importante, para no congelar el júbilo, como diría el gran Benedetti, a ese buen hacer, se sumaron un derroche de simpatía, calidez y buen humor por parte de los intérpretes, que desencadenó una total empatía en el público. En estos tiempos difíciles necesitamos tener recursos internos para hacer frente no solo a la vulnerabilidad física sino también a la psicológica y el arte proporciona goce, energía, fuerza tal como quedó demostrado con la reacción fervorosa del público en la inauguración del XXVII ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela. Las composiciones de los tres músicos elegidos, F. Schubert (1797-1828), H. Wolf (1860-1903 )y F. Martin (1890-1974) que, a pesar de las dificultades por las que atravesaron, trascendieron su realidad inmediata, ayudaron al público a trascender también la difícil realidad actual. Y, por supuesto, el buen hacer del barítono Florian Boesch y el pianista Justus Zeyen. Y, un añadido importante, para no congelar el júbilo, como diría el gran Benedetti, a ese buen hacer, se sumaron un derroche de simpatía, calidez y buen humor por parte de los intérpretes, que desencadenó una total empatía en el público.

Florian Boesch Foto de Rafa Martín


El barítono austríaco Florian Boesch está dotado de una magnífica expresividad canora y actoral y el pianista Justus Zeyen es un extraordinario acompañante.
El recital comenzó con el lied shubertiano Waldesnacht donde aparece un héroe cabalgando en la fría noche del bosque y, como es habitual en los lieder románticos, la naturaleza y la noche se aúnan para profundizar en lo misterioso y también en la tristeza. Un lied lleno de sugerentes imágenes como la de murmullo de los manantiales que evocan flores de dolor. Sin embargo, la tristeza no lo invade todo, aparece el impulso de la vida por liberarse de sus cadenas y puede sentirse el aliento creativo invadiendo las almas. En Im Frühling, la naturaleza radiante desencadena un recuerdo de felicidad cuando el narrador caminaba junto a su pareja. En el presente la primavera sigue mostrando su esplendor como siempre, pero lo que ha cambiado son los sentimientos del narrador que se encuentra solo con su dolor y su amor. En Das Heimweh se canta la añoranza de la tierra natal , de la nativa tierra alpina por alguien que está constreñido en la ciudad. En Abendstern hay una serena aceptación de la soledad con la metáfora de una estrella vespertina . El apartado dedicado a Schubert culminó con Herbst, aquí el otoño sirve de metáfora para la desaparición de la esperanza. Tanto el barítono como el pianistas supieron transmitir con elegancia la delicadeza de estas piezas.
Después de Schubert (1797-1828), le llegó el turno a Hugo Wolf (1860-1903) y pudimos escuchar una selección de su Italienisches Liederbuch. Este compositor obtuvo el mayor reconocimiento por su obra liderística en la que aplicó al lied alemán la concepción wagneriana. Insistió en la idea de igualdad entre las palabras y la música derivada de los dramas musicales wagnerianos. Consiguió una fusión total de poesía y música, voz y piano. Los Italienisches Liederbuch son una compilación de poemas anónimos italianos traducidos al alemán por Paul Heyse y publicados en 1860. Wolf se interesó en la colección, particularmente, en los rispetti que son canciones cortas fundamentalmente de temas amorosos, escritos con frecuencia en ocho versos decasílabos o endecasílabos.
Musicalizó algunos textos convirtiéndolos en unas bellísimas canciones breves. La colección está organizado en dos libros con 22 y 24 lieds. La primera parte fue compuesta en 1892 y la segunda, en 1896. Esta distancia entre la primera y segunda parte está relacionada con los desequilibrios emocionales del compositor. En su vida se alternaban periodos depresivos que lo incapacitaban para componer y otros de gran inspiración. No cabe duda de que sus Italienisches Liederbuch están entre lo mejor de su obra y Wolf era consciente de ello. Es bien conocida la estima que sentía por esta colección. Llegó a afirmar que era su trabajo más original y más artísticamente logrado.
Un año antes de la aparición de la segunda parte, compuso la ópera, Corregidor basada en El sombrero de tres picos de Pedro Antonio de Alarcón. Hay que recordar que también musicalizó poemas españoles del siglo XVI y XVII en sus Spanisches Liederbuch en 1890.
La selección elegida de sus sus Italienisches Liederbuch ha sido una muestra perfecta de la expresión de delicadeza, ternura, amor, y humor propia de la obra.
El barítono Florian Boesh supo transmitir los matices de los textos y llegó al público también por su poder comunicativo. Gesticulando con sus manos evocó en Auch kleine Dinge las pequeñas cosas a las que se refiere el lied como unas perlas, una pequeña aceituna o una rosa y cómo ellas pueden deleitarnos. También supo comunicar todo el humor contenido en Geselle, wolln wir uns in Kutten hüllen que muestra cómo planear una pícara mentira. Y asimismo, pudimos disfrutar la estupenda expresividad en Heut Nacht erhob ich mich um Mitternacht donde se narra cómo el corazón en medio de la noche se escapa del pecho del enamorado para ver a su amada.

Florian Boesch & Justus Zeyen. Foto de Rafa Martiėn

Para el final se reservó los estremecedores Sechs Monologe aus «Jedermann» (1943) del compositor suizo Frank Martin (1890-1974). Boesch ha sabido emocionarnos a través de su propia emoción, otorgando todo el dramatismo contenido en los excelentes textos basados en la obra del genial Hugo von Hofmannsthal. Frank Martin, en un primer momento, pensó en realizar una ópera pero finalmente se decidió por estos seis monólogos para voz y piano en 1943 cuando la Segunda Guerra Mundial aún no había finalizado. La devastadora experiencia de la guerra y el hecho de haber crecido en un hogar cuyo padre era pastor calvinista deja su huella en esta estremecedora obra. Tanto música como el texto expresan perfectamente la progresión psicológica de un hombre rico que va a morir desde la perplejidad, el miedo a la muerte, la angustia, el arrepentimiento por los pecados cometidos y la plegaria a Dios para que perdone sus pecados, lo redima y lo lleva junto a él. Todo ese peregrinaje desde la resistencia, el dolor, la angustia hasta la resignación fue comunicado con enorme emoción tanto por Boesch como por Justus Zeyen. El público, después de un breve y conmovido silencio, los aplaudió con entusiasmo e insistentemente hasta conseguir que Boesch y su excelente acompañante al piano nos regalaran con el hermoso lied Über allen Gipflen ist Ruh de Lizt. Una velada que demostró el poder vivificador de la música.

            

El Caserío de Jesús Guridi

Costumbrismo y música cautivadora

– El Caserío de Jesús Guridi en el Teatro de la Zarzuela de Madrid-

Norma Sturniolo

Intérpretes Raquel Lojendio, Ángel Ódena, Andeka Gorrotxategui, Marifé Nogales, Pablo García López, Itxaro Mentkaka, Eduardo Carranza, José Luis Martínez.

En el  Teatro de la Zarzuela se representa desde el 3 de octubre hasta el 20 de octubre “El Caserío” de Jesús Guridi (1886-1961) y los libretistas Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, que se estrenó en este mismo  teatro en 1926. Es una producción de los teatros Arriaga de Bilbao y Campoamor de Oviedo.

La trama de la zarzuela es sencilla y responde a una visión idealizada de una aldea imaginaria de Vizcaya a la que llaman Arrigori, pero está basada en lugares y personajes reales. Los autores procedieron como los escritores de las corrientes costumbrista y realista, observando las costumbres, el habla y las características de los habitantes de una aldea vasca. Es de agradecer que la escenografía comunique con acierto ese mundo entrañable. En la primera parte, los personajes aparecen y desfilan junto al portalón del caserío. Luego, aparece un frontón en el lateral izquierdo del escenario y en el derecho hay gradas situando en ellas a unos espectadores, que son la gente del pueblo, los vecinos de la aldea y  que como en el coro griego asisten al desarrollo de la acción y participan, expresivamente, en la misma.

La dirección de escena corresponde a Pablo Viar, la escenografía a Daniel Bianco, el actual director del Teatro de la Zarzuela, la iluminación a Juan Gómez Cornejo y la coreografía a Eduardo Muruamendiaraz. Todos ellos, en perfecta armonía, nos presentan un cuadro que es, a la vez, sencillo y elocuente como lo es la zarzuela “El Caserío”. Además,  el espectáculo se enriquece con la Aukeran Dantza que interpretan muy bien los bailes regionales y por eso mismo son muy aplaudidos  por público. La dirección musical está a cargo de  Juanjo Mena que sabe transmitir el encanto de la música de Guridi.

El dueño del caserío “Sasibill”, el tío Santi, es interpretado con nobleza por el barítono Ángel Ódena. El personaje, se autorretrata en la  romanza que comienza ”Sansibil, mi caserío/ tibia cuna / de mi niñez,/ alivio suave/ de mis dolores,  de mis amores/ orgullo y prez ..y subraya su apego al caserío y a la tierra. Sus sobrinos son la juiciosa y abnegada Ana Mari, interpretada con sensibilidad por la soprano Raquel Lojendio y el pelotari, juerguista, José Miguel, interpretado por el tenor  Andeka Gorrotxategi, que solo al final sentará cabeza cuando se dé cuenta de su amor por Ana Mari. Ambos  acabarán siendo los herederos del caserío, cumpliendo así el deseo del tío de transmitir el caserío de forma indivisible a sus familiares, que, por otra parte, era algo muy propio de la tradición vasca.

Andeka Gorrotxategi canta con brillantez la célebre romanza “¡Yo no sé qué veo en Ana Mari!”

En la obra hay otros personajes típicos como son el cura, el secretario, las gentes modestas  como Eustasio y Manu que tienen una hija soltera Inosensia, interpretada por la mezzosoprano Marifé Nogales y que acabará casándose con el pobre y fantasioso Txomin. Ambos están estupendos en sus cómicas interpretaciones. Otro dúo muy divertido es “Chiquito de Arrigorri”.

La música brilla con sus preludios, romazas, concertantes y coros. Hay una gran maestría en la utilización de melodías vascas y originales, hay alguna como la canción de José Miguel  con eco sudamericano,  hay seguidilla y también música operística. A esta música rica y variada se unen escenas pintorescas como la fiesta religiosa, el partido de pelota, la canciones del coro y otras escenas que aportan dinamismo a la obra. Asimismo, la ingenuidad, y el humor que dominan en “El caserío” son aspectos que contribuyen a conseguir que el público salga del espectáculo con una sensación de bienestar.

El sueño de una noche de verano

El sueño de una noche de verano, ópera cómica de Joaquín Gaztambide en el Teatro de la Zarzuela

                                                                              Norma Sturniolo

El 25 de enero de este 2019 se ha estrenado en el Teatro de la Zarzuela El sueño de una noche de verano de Joaquín Gaztambide. Se han programado 13 funciones hasta el 10 de febrero con dirección musical de Miguel Ángel Gómez -Martínez, dirección de escena de Marco Carniti ,con la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el coro Titular del Teatro de la Zarzuela, vestuario de Jesús Ruiz, iluminación de Albert Faura y dos elencos constituidos por Raquel Lojendio y María Rey Joly en el papel de la reina Isabel, Luis Cansino y Valerio Lanchas como Falstaf, Beatriz Díaz y Sandra Ferrándiz como Olivia, Santiago Ballerini y Antoni Lliteres como Shakespeare, Javier Franco y Toni Marsol como Arturo Latimer y Pablo Lóperz como Tobías y los actores y actrices Sandro Cordero, Jorge Merino, Ana Goya, Pablo Vázques y Miguel Ángel Blanco.

Como ha señalado el musicólogo recientemente galardonado por SEdeM (Sociedad Española de Musicología), Francisco Parralejo Masa, Gaztambide fue uno de los padres fundadores de la zarzuela, un compositor admirado y respetado en su tiempo que contribuyó como pocos a cimentar la tradición lírica hispánica. Solo eso justificaría ya su recuperación. Y, Daniel Bianco, el director del Teatro de la Zarzuela ha decidido recuperar El sueño de una noche de verano, una obra olvidada de Gaztambide que se estrenó en 1852  en el Teatro del Circo de Madrid y que el compositor llamó ópera cómica en tres actos. El libreto lo escribió Patricio de la Escosura basándose en la ópera-comique Le Songe d´une Nuit  d´Été  que se estrenó en París en 1850. Fue tal el éxito de la misma que, rápidamente, se representó en otras ciudades de Europa y América y otros autores decidieron hacer una versión propia adaptada a sus países de origen. Gaztambide realizó la versión española.

En cuanto a la actual versión de esta ópera hay que recordar que el director de escena Gustavo Tambascio había pensado en la adaptación del texto así como en la elaboración de la escena pero falleció antes de poder llevar a cabo su proyecto dejando una notas que han desarrollado por un lado Raúl Asenjo, que ha sido el adaptador definitivo del texto y por otro, Marco Carniti ,en lo relativo a la dirección de escena.

La obra de Gaztambide, como la francesa, no está basada en El sueño de una noche de verano de Shakespeare, solo toma prestado el título, pero en ella hay muchas referencias a obras y personajes del dramaturgo inglés lo que le da un gracioso tono paródico. En el libreto original aparecen la reina Isabel I y el propio Shakespeare desarrollándose en la época isabelina. En la adaptación ideada por Tambascio que ha llevado a cabo Raúl Asenjo, la acción tiene lugar en Roma y se desarrolla en los años 50, en la época de la Dolce Vita. Ahora no asistimos a la búsqueda de Shakespeare por parte de la reina Isabel I sino que vemos en escena a una princesa italiana que busca a un afamado guionista español en el exilio( llamado nada menos que Guillermo del Moro), para producir una versión cinematográfica de una zarzuela llamada El sueño de una noche de verano y también buscan la colaboración de Orson Welles.

 Lo que se transmite igual que en el texto original es la evocación de Shakespeare. Esto se logra, además de por las referencias a obras y personajes del dramaturgo inglés, por el espíritu que emana de la historia donde el sueño y la realidad se confunden y por los numerosos equívocos propios del teatro de la época. La escenografía de Nicolás Boni, la dirección de escena de Marco Carniti y la iluminación de Albert Faura derrochan creatividad y evocan el ambiente deseado, tanto el restaurante en la Roma de los 50, como el fantasmagórico bosque encantado de la segunda parte, este último, auténticamente mágico. A ello hay que añadir el toque refinado dado por ese poeta del vestuario que es Jesús Ruiz. Tanto los cantantes, actores como la orquesta y el coro estuvieron a la misma altura. El público aplaudió entusiasmado y entre los cantantes, fueron muy aplaudidos la soprano Raquel Lojendio, el tenor Santiago Ballerini y al barítono Luis Casino.