La noche, la muerte y lo onírico

Por Norma Sturniolo ////

El barítono alemán Andrè Schuen (1984) y su compatriota, el pianista Daniel Heide (1976) ofrecieron un recital en el XXVIII Ciclo de Lied organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en coproducción con el Teatro de La Zarzuela sobre obras de Schubert, Mahler y Korngold.

Ambos artistas han grabado conjuntamente: Wanderer con canciones de Franz Schubert, Die Schöne Müllerin de Franz Schubert, Petrarca Sonnet de Franz Liszt, grabaciones que han sido muy elogiadas por la crítica.

El recital comenzó con obras del compositor Franz Schubert (1797-1828) a las que siguieron lieder de Gustav Mahler ( 1860 – 1911). La segunda parte se inició con canciones del compositor Erich Wolfgang Korngold (1897-1957) y finalizó, volviendo a lieder de Franz Schubert.

El característico sentimiento de desolación propio del Romanticismo hizo su aparición ya en el primer lied elegido para este concierto: Über Wildemann (Sobre Wildemann) con texto de Ernst Schulze (1789-1817). En él aparece un viajero que confiesa que prefiere mirar hacia el invierno. ¿Por qué el caminante opta por el frío invierno? Porque el verdor de los campos, los colores, la brisa de mayo, la naturaleza floreciente que habla de amor le haría sufrir aún más de lo que ya está sufriendo y vaga en su sombrío delirio, atravesando vientos que rugen por ásperos caminos. Nos encontramos con el estado doliente del alma romántica. En la siguiente canción Der liebliche Stern (La dulce estrella) también con texto de Schulze, la dulce estrella que se busca, no se encuentra por eso se acaba deseando que la brisa empuje la barca hacia un remolino para encontrar descanso en la profundidad fría de las aguas (imagen reiterada en la lírica romántica que aparece en poesías de muchos otros autores, como en aquellos versos de Brentano: Yo quiero hundirme, solitario/como en el vasto mar zozobra un buque ).

En Auflösung (Disolución) con texto de Johann Baptist Mayrhofer (1787-1836) se repite el deseo de que toda la belleza primaveral desaparezca. Queda explicitado el deseo de morir en Der Jüngling und der Tod (El joven y la muerte), poema de Joseph von Spaun (1788-1865). Hay un juego dialógico en el que aparece la muerte personificada que se apiada del atormentado personaje y le augura un fresco y dulce descanso en sus brazos. La muerte es un tema recurrente en Schubert y no solo aparece como alguien temida, amenazante, sino también como alguien amiga que proporciona descanso.

Para el final de esa primera parte shubertiana se dejó el terrorífico y fantástico lied Erlköning (El rey de los alisos) sobre el  poema de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832 ). Hay un largo debate acerca de cuál es la mejor traducción si El rey de los alisos o El rey de los elfos. La traducción literal es El Rey de los alisos y todo el escenario del bosque en el que cabalga un padre con su niño moribundo, el susurrar del viento entre las hojas de los árboles, los sauces de los que se habla cerca del final del poema corroborarían esa elección. Ahora bien, Goethe parece haberse inspirado en una balada que el filósofo, escritor, teólogo y crítico literario alemán Johann Gottfried von Herder (1744- 1803) recogió del folclore danés. En esas leyendas, los elfos no son únicamente esos seres idílicos al que nos acostumbró Tolkien sino que, entre otras cosas, son portadores de la muerte. Herder publicó en 1779 una recopilación de folclore universal Stimmen der Völker in Liedern (Voces de los pueblos en canciones ) donde se encuentra la balada que inspiró a Goethe. Ahí, quien amenaza de muerte pertenece a la naturaleza de los elfos. Schubert con tan solo dieciocho años compuso ese lied que es una verdadera obra de arte. Lo revisó tres veces antes de publicar su versión definitiva en 1821. Es un lied de gran belleza trágica que infunde terror. Su música nos transmite el cabalgar rápido de un padre que durante la noche atraviesa un bosque llevando en brazos a su hijo enfermo, el miedo del hijo y el terror que produce ese ser fantástico (árbol o elfo da igual lo que importa es su poder mortífero) que solo es visto y oído por el niño. Comienza un diálogo donde el padre intenta calmar al hijo: –El rey de los alisos, padre. ¿No lo ves tú acaso?/ ¿Con su manto y corona, al rey de los alisos? /—Es un jirón de niebla nada más, hijo mío. Hay un crescendo de horror : —¡Padre mío, padre mío, me está agarrando!/ El rey de los alisos me ha hecho algo malo. El incremento del espanto culmina en el final trágico del niño que muere en los brazos del padre.

Foto: Rafa Martín

André Schuen consiguió vencer las dificultades propias de interpretar a los cuatro personajes del poema: el narrador, el padre, el hijo y el rey de los alisos. Sin embargo, no transmitió toda la fuerza dramática que encierra ese lied como tampoco lo hizo con los siguientes lieder de esta primera parte. Además, mantuvo una postura muy controlada, alejada del mundo de pasiones y desasosiego de los poemas.

El lied que acaba con la muerte del niño enlazó con el ciclo de los Kinder totenlieder (Canciones a los niños muertos) de Gustav Mahler con texto de Friedrich Rückert (1788-1866) que Rückert compuso con motivo de la muerte de dos de sus hijos. El tema de la muerte también es recurrente en la obra así como en la vida de Gustav Mahler que experimentó muertes tempranas de varios hermanos y de su hija mayor. También se tejió una leyenda en torno a la composición de este ciclo porque Alma Mahler estaba en desacuerdo con que los compusiera teniendo niñas pequeñas y pensaba que era una forma de tentar el destino, pero el compositor había empezado a crear música para el primer poema en 1901 antes de casarse con Alma, finalizó el último en 1904 y su querida hija mayor Maria Anna murió en 1907 de escarlatina y difteria. Del vasto ciclo de los Kinder totenlieder (428 en total) Mahler eligió cinco. Dejó muy claro que estaban pensados como una unidad inseparable. Toda la tragedia de esos niños que mueren tan tempranamente se atenúa en el último de los cinco lieder: Con este tiempo, con este vendaval, en medio de este espanto,/ descansan como si estuvieran en la casa materna,/ ninguna tormenta los arredra:/están protegidos por la mano de Dios./ Descansan como en la casa materna. Absolutamente conmovedor ese consuelo final con la utilización de re mayor por parte de Mahler.

En la segunda parte le llegó el turno a Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), compositor y director de orquesta nacido en el imperio Austro- Húngaro y en 1943 nacionalizado estadounidense. Compuso cinco óperas, (la más famosa Die Tote Stadt), obras orquestales, de cámara, canciones y fue uno de los más influyentes compositores de la historia de Hollywood. Ganó un Óscar por la banda sonora original de Robin de los bosques.

Foto: Rafa Martín

El lied Nachtwanderer (El viajero nocturno) está impregnado de una atmósfera misteriosa destacada con una bella melodía; en Sterbelied (Réquiem), aparecen los motivos del sueño y la muerte: Nada me despertará del sueño/, ya borroso del mundo terrenal. /Tal vez me acuerde de ti,/ tal vez te habré olvidado. En el siguiente lied Mond so gehst du wieder auf (Luna,¿cómo vuelves a salir…?)se apostrofa a la luna que con su brillo reaviva el dolor de un corazón que no ha podido evitar la separación . En In meine innige Nacht (En el corazón de mi noche) una vez más aparecen el sueño y la muerte que se imagina como un despertar a la vida: Pensaré que me he ido lejos/ y tú estás conmigo. En Was du mir bist (Qué eres para mí…) hay una idealización del ser amado y una serena aceptación que se sintetiza en los versos finales: Y aunque haya sido mi vida puro fracaso/, y no me haya sonreído nunca la suerte, /¿cómo aún preguntas qué eres para mí?/ Te diré lo que eres: mi fe en la felicidad. Das Ständchen (Rondando a la amada) presenta una mirada nostálgica y se anima a seguir cantando.

De nuevo Franz Schubert y un yo poético que presagia su muerte cercana en An den Mond in einer Herbstnacht (A la luna en una noche otoñal). Se invoca a la luna, fiel compañera nocturna, testigo de risas y lágrimas, conocedora de los lugares donde habitan los vivos y los muertos pero que no penetra donde el cantor pronto reposará que es donde reposan los muertos.

En Die Mutter Erde (La madre tierra) se personifica a la tierra , se piensa en ella como la gran madre que nos contiene a todos en su regazo y hay un deseo de ahuyentar el miedo: ¡ay, si pudiésemos mirarla a la cara, no temeríamos que nos tome en su seno!

Nachtviolen(Violetas de la noche) y Nacht und Traüme (Noche y sueños) son los últimos lieder elegidos. Se añora la noche que trae sueños maravillosos: A esa noche nos gusta prestarle oídos la llamamos, cuando el día despierta:/ ¡regresa, noche sagrada!/¡regresad, sueños maravillosos!

No se podía finalizar de una forma más romántica haciendo referencia a la noche y a los sueños.

Foto: Rafa Martín

Andrè Schuen cuenta con una bella voz y una muy buena técnica. La técnica depurada de Schuen le permite alternar un pianissimo con un forte sin esfuerzos. En este recital se echó en falta, sobre todo en la primera parte, una mayor capacidad expresiva que transmitiera todo ese cúmulo de emociones que se encuentran en los lieder. Curiosamente, frente al cierto estatismo del barítono, el pianista, Daniel Heide reflejaba con sus gestos un estado de ánimo exultante.

Hay que decir que los asistentes nos sentimos, como en todo el ciclo del lied que tan bien organizan el CNDM y el Teatro de la Zarzuela, acariciados por la belleza introspectiva de los lieder.