José Angel Buesa, como lluvia en el alma

 

Por Jorge de Arco

 

Con buen criterio, la editorial Betania da a la luz una compilación de José Ángel Buesa (1910 – 1982) y, bajo el título de “Sus mejores poesías”, reúne una amplia muestra del decir del vate cubano.

 

La edición y selección ha corrido a cargo de Carlos Manuel Taracido, quien en su introducción afirma: “Fue un poeta natural, no escritor para minorías. Su verso, melodioso y atrayente, se pega al oído. Hilvanaba el verso con una destreza que debiera ser irrefutable, como irrefutable ha de ser su condición de poeta. Fue por muchos años el poeta más leído y recitado en toda Hispanoamérica y el único que logró vender un millón de copias de los más de veinte cuadernillos que conformaron sus libros, una hazaña que no ha podido superar poeta alguno en nuestra lengua”.

   Buesa editó su primer poemario en 1932, “La fuga de las horas”. Contaba entonces con veintidós años y en la siguiente década publicó otros diez volúmenes: “Misas paganas”, 1933; “Babel”, 1936; “Canto final”, 1938; “Oasis”, 1943: “Hyacinthus”, 1943: “Prometeo”, 1943: “La vejez de don Juan”, 1943; “Odas por la Victoria”, 1943; “Muerte divina”, 1943 y “Cantos de Proteo”, 1944.

Esta etapa de febril creación coincidió con la complicidad de la crítica y de los lectores, quienes aclamaron la emotividad de su poesía y la solidaridad afectiva de un verso que nacía desde el corazón:

 

Gracias, amor, si hiciste que llovieraBUESA antologia

en el último instante de este día,
pues, por ser una lluvia triste y fría,

hubo un rayo de sol sobre una hoguera.

 

Gracias, amor, si tu designio era

que lloviera del modo que llovía

para ofrecerme en una flor tardía

todo el perfume de la primavera.

 

Gracias, amor, si no la merecía,

gracias, amor, aunque la mereciera;

gracias también por la melancolía.

 

Que llueve dentro cuando escampa afuera,

y haz que vuelva a llover de esa manera

como llueve en mi alma todavía.

     El autor isleño viaja con su verbo por referencias temporales y espaciales varias. Y éstas, a su vez, le sirven para alumbrar los estados de ánimo que generan las edades. En algunas ocasiones, pretende sacudirse la enredadera vital que conduce hacia la inquebrantable finitud, el habitual fatalismo del ser humano. Y, en su ánima, reconoce que queda lugar para vertebrar la tristura, pero también la dicha que escriba con su duradera la llama los dones de la existencia:

 

Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,

en un fugaz anhelo de gloria y de poder;

Subió la escalinata de un palacio de oro
y quiso abrir las puertas… Pero no pudo ser.


y quiso abrir las puertas… Pero no pudo ser.

 

Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,
por vivir plenamente la fiebre del placer;
Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,

un goce para él solo… Pero no pudo ser.

 

La sensación de embriagador latido que envuelve el conjunto de estos versos se une a su íntima sensación de anhelo y residencia en la tierra. El yo lírico se cobija en un existir donde las heridas pretenden ser  efímeras, ajenas a cuanto la vida conjuga en su multiplicidad y progreso ontológicos. El amor, el olvido y la muerte se van presentando como tipologías temáticas recurrentes y sobre esta materia irán alzándose textos de calado hondo y sugestivo.

     En suma, una compilación donde lo romántico ahonda sin premura en la cotidiana realidad y dinamiza la  meditación de lo perdurable, muy cerca del profundo sentimiento:

En el áureo esplendor de la mañana,

viendo crecer la enredadera verde,

mi alegría no sabe lo que pierde


y mi dolor no sabe lo que gana.

 

Yo fui una vez como ese pozo oscuro,

y fui como la forma de esa nube,

como ese gajo verde que ahora sube

mientras su sombra baja por el muro.

 

La vida entonces era diferente,

y, en mi claro alborozo matutino,


yo era como la rueda de un molino

que finge darle impulso a la corriente.

 

Pero la vida es una cosa vaga,
y el corazón va desconfiando de ella.

 

webmaster: Ana Lucía Ortega

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda

 

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda

Javier Lostalé

 

Redacción

Con la primera frase de la Confesión* del poeta Javier Lostalé, la representante de la Biblioteca pública Clara Santiró de Valencia, Cristina Delgado Moyano, animaba a las tres escritoras a que contasen al auditorio el motivo que las inspiró a ellas para escribir sus novelas.

Fue el pasado 8 de Marzo, el Día Internacional de la Mujer en el que muchas féminas salieron, a las calles, a pedir que se las oyera, alto y claro.

Aquel 8 de marzo fue un día tan especial, como la presentación que hiciera de las obras de las tres escritoras, la presidenta de la Asociación de Corresponsales de Prensa iberoamericana (ACPI) Sully Fuentes Ciocca, quien las definió como mujeres que tienen algo en común, creativas, emprendedoras, que han delineado en sus obras personajes femeninos especiales, criaturas propias, y momentos tan rotundos y complejos, que nos atrapan desde el primer momento.

Ana Lucía Ortega, autora de Vivir fingiendo, María M. Campos, de Alicia lo sabe y María Villamayor de Años Muertos, representaron por segunda vez en lo que va de año, el evento “Tres Mujeres, tres miradas, un encuentro” que tiene el propósito de visibilizar las obras escritas por mujeres en un entorno iberoamericano, tanto en lo referido a los personajes como a los escenarios geográficos donde transcurren las historias narradas.

Las tres novelas presumen de descubrir personajes femeninos de gran calado. «Los personajes —reflexionaba la presidenta de ACPI— están en esa línea entre la vulnerabilidad y la fortaleza, en esa lucha por salir adelante, aunque  muchas veces se quedan atrapados en esa especie de sufrimiento o autocastigo hasta que encuentran el qué y el cómo para dar un paso adelante, y salir de una situación incómoda o límite, y superarla».

«Una de nuestras funciones —reafirmaba Cristina Delgado aludiendo a las bibliotecas públicas — es brindar posibilidades para un desarrollo personal creativo, estimular la imaginación y la creatividad (…) la gente necesita tener acceso al conocimiento y a las obras de la imaginación. Aquí están, (…) para que de forma libre, gratuita y democrática todas las personas puedan acceder a los principales fondos de la literatura y la sabiduría del mundo».

ACPI_Biblioteca con mujeres al fondo

Ana Lucía Ortega, habanera y madrileña, inició el coloquio comentando las dos partes contenidas en Vivir fingiendo, su primera novela de ficción. El hilo argumental comienza en Cuba, refiriendo hechos históricos como el primer éxodo masivo de cubanos de la década del ochenta del pasado siglo —primera muestra pública contraria a la revolución cubana— y el periodo especial en tiempo de paz, una década más tarde. El cordón umbilical es Paula, un personaje femenino que finge para lograr sus objetivos apoyándose en su sensualidad. Esta mujer, se tiene que enfrentar a las situaciones que todo emigrante sufre cuando sale de su tierra. Entre sus trabajos aparece la línea erótica, donde conoce a personajes perturbadores que la hacen sufrir y soñar. Ideal para quienes adoren conocer detalles morbosos o singulares, disfruten con el erotismo, y deseen desde el principio, conocer el final.

«Cuando conoció a Paula, vio a un ejemplar de ser humano único y excepcional. Paula era ambigua, delicada y a la vez hombruna. Un binomio que lo excitó tanto física como intelectualmente. Sin embargo, esta chica comenzó a acudir a las mismas reuniones de intelectuales a las que él acudía, y tardó mucho en reconocer en ella un cuerpo apetecible. No fue solo Oscar quien adivinó las cualidades de Paula, otros muchos de los varones que allí acudían a descargar sabiduría y talento, acechaban a la nueva tertuliana con objetivos deshonestos. Pero fue ella quien se acercó a Oscar, contra todo pronóstico. El único macho macilento que había en aquel grupo de hombres cubanos, bebedores de ron y bailadores de salsa. Cuando digirió que había sido elegido por aquella hembra rica, su orgullo se subió por las paredes y durante un tiempo —un par de meses— parecía otra persona. La vanidad de Oscar creció como una enredadera y cada miércoles lanzaba ideas tan inverosímiles como geniales, que lo hacían descollar en las mesas de té.  Cuando entregó su cuerpo y mente a Paula, no sospechó que su acercamiento contenía dobleces».  

Fragmento de Vivir fingiendo

María M. Campos, madrileña, refirió los detalles estructurales de su novela, Alicia lo sabe, dividida en tres partes. Todos se preguntan ¿qué es lo que sabe esta terapeuta y dónde está instalada para conocer tanto de todos? La autora desvela que su historia no tiene un personaje definido, sino tres visiones de un solo hecho, relatado por tres personas distintas. Campos asegura que todos disfrutamos la existencia según nuestro pasado, y tanto las experiencias vitales como los acontecimientos, son interpretados según la perspectiva de quién lo mire y según lo que exista, en cada uno de nosotros. Alicia lo sabe es una novela coral, costumbrista y con un toque psicológico, que hará las delicias del lector amante de la intriga.

«Inclinó la cabeza hacia atrás, bebió más agua, la escupió, sacudió la cabeza, recordando el accidente. Volvió el dolor. Se tocó el pecho. Esa cicatriz que dividía su pecho en dos bajo el vello canoso. De arriba a abajo, casi vertical, del cuello hasta el ombligo. No era un dolor físico. Sus ojos se humedecieron, las lágrimas querían salir. Las detuvo con un movimiento brusco de su cabeza. Dio un manotazo en la pared, bajo el agua. Gritó. Un grito sordo y callado. Volvió a gritar. Esta vez fuerte, sin acallar el tormento que su mente quería dejar salir. Cuatro manotazos más en la pared bajo el agua.

Salió de la ducha y se envolvió de cintura para abajo en su toalla azul de siempre. Se miró al espejo. Ya no se le notaban las cicatrices. No era su cara. ¡La mierda puta del accidente! Le había jodido la vida. Su cara, su puta cara no era la misma».

Fragmento de Alicia lo sabe

María Villamayor, valenciana, se declaró honrada por «contribuir a fortalecer los lazos de unión entre las naciones iberoamericanas, dar a conocer nuestras obras, y que éstas no tengan fronteras». Recordó a propósito del 8 de marzo que la valentía es una cualidad que caracteriza a la mujer y por ello es patente la indignación ante los titulares de acoso sexual y discriminación que leemos en los medios de comunicación. En su tercera novela,  Años Muertos, María reivindica a la mujer, y hace que aflore el respeto que a veces no tiene.  En los “años perdidos” a los que alude en su obra, se esconde la esencia de querer vivir, con dignidad y respeto. «Esa positividad es la que me gusta trasmitir a mis personajes»—concluyó.

«El calor de la noche había agrupado a decenas de mosquitos que revoloteaban en una farola de la calle principal del Puerto de Santa María. Su amarillenta luz se filtraba por una ventana del primer piso, dejando la estancia llena de sombras que, mezcladas con el desorden de la habitación, hacían brillar la hoja de un cúter manchado de sangre. Un llanto, apenas perceptible, se escuchaba en un rincón. Una mujer, acurrucada en el suelo, con la cabeza escondida entre sus rodillas, permanecía inmóvil, salvo el vibrar de su espalda al sollozar.  Nadie la consolaba.

Levantó la cabeza con lentitud, delatando su corta edad. Con la mirada perdida, las mejillas tiznadas de rímel, los cabellos enmarañados, y el labio inferior hinchado estiró las piernas y gritó de dolor. Se llevó las manos al vientre, como si con ese gesto, pudiera calmar su mal. Y con torpes movimientos, se incorporó camino del baño. La luz la cegó por unos instantes, acentuando el escozor de sus ojos, el espejo le devolvió su rostro y los moratones de su cuerpo. Tenía la boca seca y pastosa, abrió el grifo, se enjuagó y escupió en la pila. Debía poner fin a esa situación». Fragmento de Años Muertos

De izquierda a derecha: María Villmayor, Cleo Costa (periodista iberomericana) Sully Fuentes Ciocca, Cristina Delgado, Ana Lucía Ortega y María M. Campos
De izquierda a derecha: María Villmayor, Cleo Costa (periodista iberomericana) Sully Fuentes Ciocca, Cristina Delgado, Ana Lucía Ortega y María M. Campos

 

 

 

 

 

ACPI agrade la colaboración de Cristina Delgado Moyano y la biblioteca Clara Santiró del Centro Cultural La Rambleta, Valencia

*Javier Lostalé, La rosa inclinada (poesía 1976-2001), Calambur, Madrid, 2002, p. 143.

Tres noches sin estrellas

 

Por Jorge de Arco

 

Desde una convicción de final de trayecto y pensado como su último libro, se edita “La negación de la luz” (Acantilado. Barcelona, 2017) de Juan Antonio Masoliver Ródenas. El volumen incluye dos poemarios: el ya citado, que da título al conjunto y “El cementerio de los dioses”.

En esta doble entrega, el autor barcelonés (1939) despliega un verso de honda sabiduría donde trata de manera valiente la realidad de la vida y de la muerte. Con un lenguaje meridiano en su intención, ajeno a paradojas, va sintetizando las coordenadas del espacio y el de tiempo ya vividas, a la vez que va saciando la verdad de tantos instantes como la vida le fue brindando:

 

Tres noches sin estrellas
es demasiada oscuridad
para los que vivimos días
de luz y de almas. Es
como un tañido perdido
en el silencio, como un desierto

de agua habitado

por la memoria de lo nunca vivido

ni conocido ni amado. Saciedad

de la nada, palacios ajenos
a la luz y al deseo

de tu presencia, que es hoy

búsqueda y anhelo y dolor

en un cielo para siempre

vacío de estrellas.

 

Masoliver Ródenas busca a través de su yo poético un cobijo para el vacío, una lumbre frente a la oscuridad, un recuerdo queTres noches... Portada niegue la ausencia…, y, todo ello, lo tatúa en el horizonte de un corazón desnudo, inacabado, con el que quisiera aplacar el dolor de lo perdido. La autenticidad de su palabra radica en la manera en la que indaga en la raíz de su ser. Hombre y lenguaje forman una alianza de días y de memoria que late en el umbral más puro del deseo. Su existencia es posesión, luz perdurable, nostálgico enigma, ayer:

 

El niño que vive todavía en mí

está destrozado, sin saber
ni siquiera por qué vive,
por qué llegan las noches

con ruidos que han de herirnos

para siempre.
No hay reposo
en la magra vida del anciano

en la amenaza de sus días

funestos.

Y al abrir la cancela
el niño es una lápida sin nombre,

pues carecen de nombre
las cosas que han dejado de existir.

 

En “El cementerio de los dioses”, el autor catalán se reconoce en la guarida que signa el amor y quiere comprender los rostros que nacen detrás del rumor del verbo, entre los sueños del asombro, bajo la nieve inocente. La soledad se aparece como un tigre acechante y habita como música en el aire muy cerca de la edad de su espíritu:

 

Vivo la tristeza de no saber  tocar la cítara

a mis setenta y cinco años. De no saber

besar con los ojos abiertos, ni tejer,

ni entender lo que pienso, cada vez

mi cerebro más lleno de barro

y de tentaciones que no puedo

cumplir.

 

Mediante una alquimia de homogéneas cavilaciones, de vívidas creencias, de empíricos sentimientos, Masoliver Ródenas escribe el trayecto de su destino, el íntimo mapa de su mañana. Tan íntimo devenir recorre la realidad de quien anhela reconocerse y anudar su conciencia a la estatura de su vívido acontecer.

En suma, un volumen que brilla entre las sombras de expresividad versal, que abraza la voz de un poeta mayor y solidario:

Voy al cementerio de los dioses

Donde me espera todo el pasado,

el mal vivido y el mal escrito.

Los beneficios de la diversidad cultural

 

Por Juan José Echevarría – Opinión

La proyección cultural  emigrante en su tierra de acogida y en concreto de la dominicanidad es el objeto de análisis del libro presentado esta semana en la Casa de América, obra de la periodista Doris Araujo, a la que tuve entre mis alumnos cuando llegó a España hace una década. 
La gestión cultural y la proyección de la dominicanidad en el exterior es el título de este documentado ensayo, del que recomiendo su lectura, a través del cual se puede uno hacer una cabal comprensión de los enormes efectos positivos del hecho migratorio, generador de riqueza cultural, tanto para el propio colectivo como para todos aquellos que los rodean, viéndose  beneficiados de su influjo. Las sociedades actuales, definidas por una globalización que puede aportar enormes réditos en el ámbito cultural, son, y lo serán aún más en el futuro, reflejo de unas identidades múltiples que generan diversidad enriquecedora.

 

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                               Juan José Echevarría, Olivo Gutiérrez Huertas, Doris Araujo y Daniel Tejada.
Tal prosperidad debe, eso sí, asentarse sobre bases sólidas, garantizando la sostenibilidad de los proyectos culturales propuestos, análisis que centró la intervención del embajador dominicano en Madrid, Olivo Rodríguez Huertas, incansable dinamizador de la presencia de República Dominicana en España. Preocupación que también vertebra el libro de Doris, publicado por Acudebi, cuyo presidente, Daniel Tejada, moderó el acto de presentación de un ensayo que es ya una referencia sobre la proyección cultural dominicana en el exterior. 

 

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Daniel Tejada, de ACUDEBI, y Juan José Echevarría, Sully Fuentes y Ana Lucía Ortega, de ACPI, junto a la autora Doris Araujo.

Presentan en Madrid ensayo “La Gestión Cultural y la Proyección de la Dominicanidad“de la periodista Doris Araujo

 

Nota de prensa

Madrid, España.- La Casa de América acogió el pasado 21 de febrero la  presentación del libro “La Gestión Cultural y la Proyección de la Dominicanidad hacia el Exterior”, primer ensayo de la periodista y gestora cultural dominicana Doris Araujo, establecida en España hace 10 años.

 

Este libro completa la colección literaria realizada por la Asociación Cultural y de Cooperación al Desarrollo Biblioteca República Dominicana ACUDEBI y contó con la participación del Exmo. Embajador de la República Domicana ante el Reino de España, Olivo Andrés Rodríguez Huertas, Daniel Tejada, presidente de ACUDEBI, Juan José Echevarría, Vice-Presidente de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana y Doris Araujo, autora.

Mesa

La motivación y la presentación del libro estuvo a cargo del embajador, Don Olivo Rodríguez Huertas, quien enfocó tres aspectos  importantes:  primero describió la  estructura del ensayo  el cual analiza los flujos migratorios de la comunidad dominicana y sus raíces y  manifestaciones culturales, segundo explicó brevemente los procesos históricos que han dado origen a la cultura dominicana y la aplicación de políticas aplicadas a la gestión cultural y por ultimo; resalta el gran aporte y recomendaciones, como la cibercultura como una herramienta que permite proyectar y difundir  acciones  que ponen en valor la marca país.

 

La periodista Doris Araujo, agradeció  a todos los presentes, de manera muy especial a Casa de América, la Embajada, el Consulado, ACUDEBI, y a las asociaciones dominicanas por su colaboración. “Este ensayo es un aporte para seguir proyectando la cultura dominicana en el exterior, dar lo mejor que tenemos para una mayor integración con el país de acogida,  que permita fortalecer así los lazos socioculturales a  través de la gestión y las políticas culturales”, expresó con emotivas palabras.

 

Daniel Tejada  fue el moderador de la puesta en circulación, aprovechó para resaltar  que este libro recoge, tanto interpretaciones y valoraciones de la cultura en sus nuevas manifestaciones, como los esfuerzos de los entes sociales y estatales, para construir y trabajar el proyecto cultural.

Juan José Echevarría, Vicepte de ACPI; el Presidente de ACUDEBI y el Presentan en Madrid ensayo “La Gestión Cultural y la Proyección Dominicanidad“de la periodista Doris Araujo, en la Casa de América con asistencia del Exmo. Embajador de la República Domicana ante el Reino de España, Olivo Andrés Rodríguez Huertas.

“En este ensayo la autora trata de reflejar la evolución, aportes y expectativas de la cultura en el exterior y las preocupaciones que conlleva el quehacer cultural. Investigación, entrevistas y análisis son los instrumentos con los que la autora construye este ensayo que desde ya, es una referencia imprescindible de la experiencia emigratoria de nuestro pueblo, y parte insoslayable de la bibliografía de la diáspora “. Concluyó con estas palabras luego de felicitar a la escritora, por este extraordinario y necesario ensayo.

 

El catedrático y vice-presidente de la ACPI, el doctor Juan José Echevarría, hizo lectura de la biografía de la autora  resaltando el desarrollo profesional de Doris Araujo desde su llegada a la Universidad Internacional de Andalucía, lugar  que la acogió a su llegada a España.

 

Este encuentro cultural, contó con la asistencia del cónsul General de la República Dominicana en Madrid,  Rafael Acosta,  miembros del cuerpo diplomático y consular de de la República Dominicana ante el Reino de España, el cantautor Víctor Víctor, quien es también ,Asesor Cultural de la Presidencia de la República Dominicana, Teresa Cañedo, catedrática del Departamento de Historia de la Universidad Alcalá de Henares, Arturo de las Heras, Director del Centro de Estudios Financieros, Sully Fuentes, presidenta de ACPI,  miembros de ACUDEBI, representantes de partido políticos, empresarios, asociaciones dominicanas y miembros de la prensa.

 

La puesta en circulación del ensayo “La Gestión Cultural y la Proyección de la Dominicanidad hacia el Exterior” se enmarca en la programación de las fiestas Patrias y  del Festival Cultural Hispanoamericano.

Asistentes Presentacion

La liturgia de las horas

 

Por Jorge de Arco

 

Desde que en 2001, obtuviera el premio Adonáis con “Una interpretación”, Joaquín Pérez Azaústre (1976) ha editado otros cinco poemarios -“Delta” (2004), “El jersey rojo” (2006, Premio Internacional Fundación Loewe Joven”), “El precio de una cena en Chez Maurice” (2007), “Las Ollerías” (2011, Premio Internacional Fundación Loewe) y “Vida y leyenda del jinete eléctrico” (2013 Premio Internacional Jaime Gil de Biedma)- reconocidos con prestigiosos galardones y bien valorados por la crítica.

 

     Ahora, en su nueva entrega “Poemas para ser leídos en un centro comercial” (Fundación José Manuel Lara. Vandalia Sevilla, 2017) explica el poeta cordobés que dio inicio a esta lírica aventura, cuando paseando por un centro comercial, tuvo la impresión de estar atravesando las ruinas rutilantes de nuestra memoria sentimental. Por eso, no es casual la cita de Barry Brummett que sirve de pórtico: “Los centros comerciales son instrumentos retóricos de la cultura capitalista, textos retóricos gigantes”.

 

El volumen, si dividido en siete apartados -“La edad de oro”, “Salas abandonadas”, “Cine épico”, Sesión de tarde”, “Edición para coleccionistas”, “Agencia de viajes” y “Liquidación por cierre”-, viene signado por una común intención, por un hilo temático que nace desde un espíritu que quiere y necesita alzarse para contemplar desde un espacio distinto la confusión reinante en este nuevo siglo.

Y así puede adivinarse desde el primero poema del volumen, “Petrópolis”:

En esta habitación de hotel no soy un hombre,

ni soy un hombre más, ni un único hombre,

ni mucho más que un hombre a punto de morir.

El espejo del baño me muestra un hombre muerto,

que ya sabe que ha muerto,

que planeó la liturgia de las horas contadas

y las pocas palabras que aún podré escribir.

 

     La alternancia de la prosa y el verso, el uso de referentes cinematográficos y de aspectos autobiográficos, la expresión cotidiana y meditativa, el aroma nostálgico y futuro de los versos…, se conjugan de forma precisa y conforman un conjunto unitario, de solidaria condición vitalista:

Y pensar que esta noche voy a tenerte aquí,Portada

que vas a estar aquí como un vuelo de hojas

que silenciosamente hubiera huido del día

con su espiral pequeña, con su abrigo menudo

y la discreción pura de un diamante de aire.
Secretos de una piel, reverberación blanca,

mecánica de hielo, no hay sangre en la nevera

ni ningún testimonio sobre el sabor de un hombre.

Si entras por la ventana, porosidad en apuros,

camisones de lluvia con levedad aparente

mientras bailas descalza con cerezas de postre,

destaparé la caja de metal azulado

para que entres y duermas, y descanses.

Tres autoras para el siglo XXI: Ana Lucía Ortega, Mercedes Campos y Lourdes Tello presentan en la AEAE

 

Así anuncia la Asociación de Escritores y Artistas Españoles AEAE la presentación de tres libros escritos por mujeres, este lunes, 15 de enero, en su sede en Madrid, Leganitos nº 10. La introducción estará a cargo de la Presidenta de ACPI, Sully Fuentes.

Ana Lucía OrtegaMaría M. Campos —socias de ACPI— y Lourdes Tello, se unen para compartir con los asistentes a la cita, las motivaciones que tuvieron para crear estas obras, las emociones contenidas en sus historias y la geografía recorrida por los protagonistas.

Dos grandes Asociaciones se han unido para promocionar la literatura que surge en estos momentos en España y han lanzado este proyecto que se está dando a conocer bajo el lema: «Tres mujeres, tres miradas, un encuentro«.

Según se ha conocido, María M. Campos, autora de Alicia lo sabe, será quien abra la presentación mañana lunes. La escritora ponealicia lo sabe1 sobre la mesa a tres personajes: Éduar, Constancia y la propia Alicia. Un tumulto de emociones y entramados que los protagonistas no ven al estar cada uno dentro de su propio huracán. Solo Alicia ve a través de la niebla. María Campos nació en Madrid y residió en el Reino Unido. Ahora está a caballo entre dos ciudades españolas. A los diecinueve años se independizó, y de casa se escapa cada vez que puede para conocer más mundo del que ya conoce. Los perros son su gran debilidad.Mercedes Campos

 

 

 

 

 

 

 

 

Ana Lucía Ortega presentará Vivir fingiendo, una novela cuya protagonista recorre una etapa histórica de la Cuba contemporánea y aprende a conseguir lo que desea usando sus armas de seducción. Sin embargo, se hunde en un mundo de claroscuros. Venezuela y España la obligan a elegir. El personaje, comprometido con la revolución cubana y su ideario político, tiene un recorrido vital, que portada2ediciontermina abandonando sus propios principios y su tierra. Ana Lucía es periodista y autora del bestseller Iglesias de Cuba (Agualarga, 1999) de Museos de Cuba y Vidas Pintadas para Sobrevivir. Es miembro de la Junta directiva de  ACPI, donde es webmaster y social media manager. Ha escrito crónicas en El Nuevo Herald, Altair Magazine, Revista Hispano Cubana y Ser Empresario del Siglo XXI entre otras. Colaboró con publicaciones de gran circulación en los años noventa a través de la agencia COVER. Colabora en Europa en Círculos del Círculo de Bellas Artes Madrid. Fue realizadora y guionista de la Televisión Cubana.

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Lourdes Tello, se encargará de terminar el encuentro con su título Amor entre leyendas. Madrileña, desde su más temprana libro lourdes tellojuventud, disfrutaba inventando y narrando pequeños relatos a familiares y amigos. Animada por ellos, afrontó el reto de publicar su primera novela, una apasionada historia de amistad, amor y celos. También ha publicado sus relatos en compañía de otros autores en Opera de sueños, Doñana es Arte y El salto del ángel. Como ella misma se autodefine, lucha por compaginar su vida laboral y familiar con su pasión por la literatura.

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Los socios de ACPI podrán confirmar su asistencia por el canal habitual. ¡Los esperamos!

Con el rumor de los enjambres

 

Por Jorge de Arco

Con su habitual esmero, el Fondo de Cultura Económica reedita “Vengo del norte”, poemario con el que Aurelio González Ovies obtuviera un accésit del “Adonáis” en 1992. Era éste, entonces, su cuarto libro, tras haber obtenido con los tres anteriores los premios “Ángel González” (1990), “”Ateneo-Jovellanos” (1991) y “Juan Ramón Jiménez”.

 

Veinticinco años después, se brinda la ocasión de reencontrarse con una obra que sorprende por su vigencia,  reivindicadora de una búsqueda permanente del yo lirico y anhelante de un sobrio intimismo comunicativo. Estos versos apuestan por una persuasiva tensión que deviene en creativa libertad, desde la cual surge una esencia íntima que susurra al oído la inminencia de cuanto se ha vivido y resta por vivir:

 
Vengo del norte,

de donde la tristeza tiene forma de alga,

de donde los siglos son muy anfibios todavía,

de donde las grosellas son un veneno puro,

para beber un trago cada noche.

(…)

Quiero vallar aquí la eternidad para

                            [todos los míos.

 

     En su prólogo titulado “La palabra”, Francisco Álvarez Velasco anota que en este volumen están “los temas y motivos que el autor asturiano nunca ha abandonado: la memoria impregnada de melancolía, el doloroso sentir de que el tiempo huye (…), el amor a la naturaleza y a los que le rodean y lo ayudan a hacerse como hombre y como poeta”.

Y, en verdad, al recorrer estas páginas plenas de humanismo y de realidad, se atisban esas claves señaladas al par de la vivísima intuición lírica de la que hace gala González Ovies. La existencia se presenta como una espacio de remembranza que es, a su vez, permanencia y mudanza. Junto a éstas, queda el fulgor de las deshoras que estuvieron muy próximas y, ahora, aguardan el mañana:

 

Vengo del norte,

de donde las sirenas siguen llamando a Ulises,

de donde los recuerdos se borran con la lluvia,

de donde los destinos se reman con los brazos

   muy abiertos.

Ella viene conmigo,

para daros a luz una provincia de perfumes.

Ella trae las cenizas del gélido nordeste.

Vengo del norte,

a encender las luciérnagas de vuestra soledad,

a tatuaros la piel con el rumor de los enjambres.

 

Una declaración de intenciones, al cabo, que sitúa al lector ante  una verdad que nace como relato de un viaje interior. El poeta se asoma al universo que lo rodea con los ojos, con los oídos y con el tacto. Su verbo, ungido de soledades, dialoga con lo pretérito y lo venidero, y por ende, se esfuerza por hallar en los paisajes del ayer el rumbo preciso para afrontar su mortal condición.

“Estas son las tierras honradas de Aurelio González Ovies, siglos de signos grabados sobre el barro emocional de la cultura y las rocas de la decencia que todavía cimentan la cabañuelas y el faro del lenguaje”, escribe Juan Carlos Mestre en su precisa introducción, “El lugar”.

Y, éstas, son también, las imágenes cromáticas que se dan cita en este hermoso poemario, en el cual conjugan con exactitud el vitalismo y la derrota, el esplendor y la calma, las promesas y los adioses, la dicha y las lagrimas.

 

     Poesía, en suma, que respira desde el corazón y que hace de su verso emocionada llama que no quisiera ser pavesa nunca:

 

Soy recuerdo y soy faro,

y soy costa que espera vuestros ágiles remos,portada vengo del norte

vuestro asomo de muelle, vuestra mirada libre.

(…)
Es muy fácil soñar lo que nunca seremos,

lo que, a pesar de todo, hemos perdido.

 

   muy abiertos.

Ella viene conmigo,

para daros a luz una provincia de perfumes.

Ella trae las cenizas del gélido nordeste.

Vengo del norte,

a encender las luciérnagas de vuestra soledad,

a tatuaros la piel con el rumor de los enjambres.

 

 

Webmaster: Ana Lucía Ortega

 

Las soledades de Pablo Medina

 

Por Jorge de Arco

 

       Novelista, traductor y poeta, Pablo Medina (La Habana) lleva décadas entregado al ámbito de las letras. Su tarea docente como profesor de literatura en el Emerson College de Boston no le impide mantener, a su vez, una intensa actividad literaria.

Desde que en 1975 viera la luz “Pork Rind and Cuban Songs” (1975), el escritor cubano ha mantenido su fidelidad al verso en sus siete poemarios ya editados.

Ahora, se publica “Soledades” (Betania. Madrid, 2017), una nueva entrega donde podrán hallarse muy distintos territorios, personajes, escenas…, en las que el yo poético revive y reinventa su ayer y su mañana.

Dividido en cinco apartados, “Hacia la Isla”, “El sueño de la razón”, “Manual de las estrellas”, “El gran despertar” y “Cuaderno de Bitácora”, el libro oscila entre el aprendizaje y la revelación, entre el tiempo y el poder, entre el asombro y el abandono, ente la dicha y la tristura. Y todo ello, a través de un discurso heterogéneo e insomne:
Paraíso perdido entre la luna linterna

y un rayo silente.poesiaportada_diciembre20171

 

En el patio yo me entendía con los arcabuceros.

Hay hombres que son piedras

y otros que son pétalos.

 

No hay nada que no sea sacrificio,

umbral, término de un franco tirador

que no disputa los derechos de las alimañas.

Cuando llega el sufragio de los platos rotos.

 

Un ocaso azafranado nos espera,

allí donde hay playa,

franja verde, tierra firme,

ahora espectro, ausencia

 

ganso ciego ante el mar

husmeando la concupiscencia.

 

En las esquinas de su quehacer, se alinean también el extrañamiento de un verbo reflexivo y dialogante. Sus soledades andan y desanda lo vivido, batallan con cuanto se ha convertido en anhelo y se refugian es escenarios más allá de lo terrenal.

Lo creado se convierte entonces en misterio, en visionaria conceptualización, en fidelidad a su propio y ajeno acontecer:
Y así queda patente en su poema “El concierto de la indiferencia”:

 

Hay días soleados en que uno está ausente.

Se abre la tarde como un gran melón.

El sol pare ochenta y ocho teclas.

 

Me dirigía al parque y apareció

una memoria en traje de baño,

junto al mar, mirando al horizonte,

 

pero no tenía cara y no tenía alma,

como la belleza del hielo o del azar,

como el concierto de la indiferencia.

 

Con fecunda naturalidad, Pablo Medina ha vertebrado un volumen en el que reivindica un estado de permanente alerta. A través del amor y del deseo hilvana un azar comunicativo que, sin embargo, no siempre puede revelarse en una primera lectura. Su lenguaje se extrema y mantiene una tensión lirica que surge con liberadora intimidad.

 

Un poemario, en suma, sonoro y multiforme, evocador y cósmico:

 

Los lagos dilatados de tus ojos

son como las bocas de Dios,

insaciable comelotodo,

gran artista del ocio y de la furia.

Los campos elíseos se sumergen

en los humos de las factorías.

Cae una lluvia de cenizas.

Hay un nido debajo del silencio,

nido llanto, nido escombro, nido nada.

 

webmaster: Ana Lucía Ortega

Presentación del disco Brasas de la memoria, de José López Martínez en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles

 

Por María José López de Arenosa

 

El pasado 16 de noviembre, en el salón de actos de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, presidido por un busto Antonio Machado, obra de Belliure, y flanqueado por los retratos de ilustres figuras de nuestras letras como Jacinto Benavente, Núñez de Arce, el premio Nobel José Echegaray, se presentó un disco con los poemas del libro de José López Martínez, Brasas de la memoria.

 

José López Martínez, a la izquierda de la mesa
José López Martínez, a la izquierda

Un espacio incomparable para escuchar, además de los poemas de José López Martínez, sus propias reflexiones. «Este libro recoge la palpitación literaria de toda una vida,» dijo.

La presentación corrió a cargo de Emilio Porta, vicepresidente de la Asociación y Mercedes Rodríguez de la Torre declamó algunos de los poemas del libro, editado por Vitruvio, que cuenta ahora con esta versión oral en la que también podemos escuchar la voz del propio autor hablando sobre su poesía.

Emilio Porta hizo una semblanza de José López Martínez quien, además de ser director general de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, es autor de más de 30.000 artículos sobre literatura publicados a lo largo de una larga y fructífera vida entre los que cabe destacar cientos de ellos publicados en La Estafeta literaria.   Autor de libros como Lugares de la Mancha, Castillos de España, Los museos de Toledo y director de los suplementos culturales del periódico Lanza de Ciudad Real y de las revistas La Hora y Luces y sombrasLa suya es una trayectoria inabarcable en estas líneas como escritor que ha cultivado casi todos los géneros.  «Nadie en España sabe más sobre Don Quijote que José López Martínez,» afirmó al referirse a él como el autor vivo que más sabe sobre Cervantes y Don Quijote.  El libro que hoy nos ocupa, es su cuarto poemario, entre los que cabe destacar En el mar riguroso de la muerte, con el que ganó el premio Rabindranath Tagore.

José López Martínez (Tomelloso, 1931), se ha mantenido siempre fiel a La Mancha que, en su caso, además de un origen geográfico, es una vocación cuya impronta queda plasmada en gran parte de la obra de este paciente e infatigable artesano de la palabra en permanente búsqueda de la perfección en el sentido y la forma poética, de la armonía y la metáfora precisa.

En Brasas de la memoria José López Martínez vuelve sobre sus pasos, sobre su propia memoria, y nos sumerge en su lírica rica y en las profundidades de su alma de poeta a través de las palabras, como dice en uno de sus poemas.

 

«Hablar, escribir, soñar acaso

ha de ser la función de las palabras,

que cada cosa por su nombre llegue

a fecundar nuestro conocimiento.»

 

Brasas de la memoria, está hecho de evocaciones y de tiempo y, como bien señala en el prólogo el poeta Miguel Galanes, «responde al inventario más íntimo y personal, tras haberse removido la conciencia, mientras se vuelve a retomar y hacer de nuevo el camino encontrando en el amor la verdad, y lo hasta ahora no hallado.»

 

Los limpios amaneceres, Vigencia de juventud, Mañana gris de la memoria, Nadie nos había dicho, Hoy me despierto, Cuando crece el amor, Alerta, es la palabra… son algunos de los poemas que pudimos escuchar.  El amor, título de otro de los poemas de este libro, es un tema recurrente en la poesía de López Martínez:

«El amor es lo único

que vive tras la muerte,

la referencia clara

de nuestra propia historia.

 

Me estremece pensar en

aquellos que mueren sin que nadie recuerde

su paso por la vida, »

 

Pero como reza otro título, La vida es eso, dolor. Y tristeza «de los amaneceres grises, cuando cae sobre nosotros la lluvia del desamor.»

Llueve sobre los paisajes es el título del soneto dedicado a su gran amigo Juan Van-Halen y que constituye, a mi modesto parecer, una de las composiciones más sublimes y perfectas de este poemario.   No se olvida José López Martínez de sus compañeros de oficio que le han precedido a lo largo del tiempo y acompañado a lo largo de toda su vida: Quevedo, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo de Luis y el último dedicado a Joyce y Sara Bernacle.

«Cuando Bécquer dice, Poesía eres tú, está mintiendo a la amada. La poesía es él [Bécquer], que es el creador del poema,» reflexionó López Martínez.  La poesía no estaría en el objeto del poema, sino en el poeta y en su mirada. Siguiendo su tesis, me atrevo a responderle en los mismos términos:  poesía eres tú, Pepe.

Fue una tarde memorable para los amantes de la poesía en general y los admiradores de José López Martínez en particular en la que nuestra sensibilidad se vio reconfortada con un acercamiento a su figura y a su obra y amenizada con su rico anecdotario con las grandes figuras de la literatura del siglo XX a las que trató.  Pero, parafraseando a Cervantes en su elogio a Góngora, «temo agraviar en mis cortas alabanças, aunque las suba al grado más supremo.»

José López Martínez, autor de Brasas de la memoria, junto a la autora del reportaje
José López Martínez, autor de Brasas de la memoria, junto a la autora del reportaje