Literatura y vida

/// Por Norma Sturniolo //

Las dos primeras  presentaciones del libro Invención de la Vida. Memorias (editorial San Pablo, 2022)de la inconmensurable polígrafa Carmen Bravo Villasante (1918-1994)han tenido lugar en Madrid. Una en la Fundación Universitaria Española y otra, en la Librería Juan Rulfo. Entre los numerosos asistentes se encontraban familiares, escritores, profesores universitarios, estudiantes y público en general, amante de la buena lectura.

Los ponentes han sido la hija de la autora Carmen Ruiz Bravo Villasante, especialista en literatura árabe y catedrática de la UAM, María Jesús Fraga, catedrática de UPM, autora de la excelente introducción al libro y en el acto de la FUE también intervino Javier Huerta director del seminario Menéndez Pelayo. En el de la librería Juan Rulfo, a las dos ponentes se sumó Cristina Ruiz Fernández, periodista y nieta de la autora. Fueron unas presentaciones que le hubieran gustado a Carmen Bravo Villasante porque en ellas se combinó sabiduría, entusiasmo y emoción.

Quienes  tuvimos la suerte de conocer personalmente a Carmen Bravo Villasante (aunque sea en sus últimos años, como es mi caso) llevamos impreso el recuerdo de su  desbordante vitalidad, su brillante conversación, entusiasmo, inteligencia, afectividad y sentido del humor. También sigue viva en los numerosos libros que escribió y tradujo donde siempre encontramos el sello de su personalidad. Cuando se le otorgó el Premio Nacional de Literatura Infantil a la Mejor labor de Investigación hizo unas declaraciones a la periodista Rosana Torres en julio de 1980 que son una perfecta explicación de  su estilo :He tenido un gran maestro que ha sido Dámaso Alonso; en él además de la crítica y de la investigación y de la creación literaria, hay un sentido estético y yo creo que lo he heredado, ese sentido de la belleza y la emoción; yo no comprendo una sola antología ni un solo estudio de la literatura en el que no se dé el sentido de la estética y de la emoción literaria. Esos son los principales elementos que intento transmitir en mis libros, en los que he seguido un criterio histórico y estético, por lo que además de ser una labor de investigación son absolutamente subjetivos y personales.

En su Invención de la vida, encontramos estética, emoción y una prodigiosa capacidad de acercamiento al lector. Es como si en lugar de leerla, estuviéramos oyéndola. Empieza a escribir estas memorias a partir de 1967, (las interrumpe en 1977), porque teme que el paso del tiempo pueda borrar, equivocar , olvidar detalles  ya que “ la edad avanzada no es el mejor momento para escribir una biografía”. En las primeras páginas se encuentran alegres recuerdos de la infancia y descripciones de la naturaleza que tanto amaba. Enseguida descubrimos una profundización en el yo que quiere recordar a través de la escritura: “tengo que escribirme”. En los capítulos iniciales nos habla de  sus años de niñez, de los juegos con su hermana Juanita, de una niña mandona llamada Sindita que en los juegos infantiles siempre quería ser reina y que lo menciono aquí porque es un pequeño  botón de muestra  del sentido del humor de Carmen Bravo Villasante asociado a sus conocimientos históricos: califica de Aldosinda  a la niña, aludiendo así a la reina asturiana Aldosinda del s. VIII.

Hija de una familia acomodada, culta y liberal, la autora comunica las vivencias de ese tiempo de feliz y despreocupada infancia con gran vivacidad. En ese paraíso de la infancia ella y su hermana iban al cine los sábados a las sesiones infantiles con su querida ama, leían cuentecitos populares, cuentos de Calleja en colores, semanarios infantiles, la series escritas por Bartolozzi, los libros de Salgari, en la editorial juventud, entre otros, su libro preferido  Peter Pan y Wendy, poesía y mucho más.

Algo que añade interés y amenidad a la ya atractiva escritura de Villasante es la intercalación de redacciones infantiles, cartas , poemas, artículos de prensa que revelan la perspectiva moderna de la autora al escribir estas memorias.

A lo largo de las mismas nos habla de sus constantes viajes, de su gran trabajo de investigación,  de su amor de bibliófila, de su asistencia a congresos en diferentes países y de su intensa participación en la vida literaria. Literatura y vida se fusionan en su brillante personalidad. Sin ninguna exageración, podemos asegurar que el libro constituye un viaje apasionante alrededor de la vida de una mujer inteligente y sensible cuya curiosidad infinita, su capacidad de trabajo, de gozar y compartir la vida no deja de asombrarnos.

Nos cuenta cómo su pasión investigadora la llevó a comprar libros, a consultar en bibliotecas de distintas partes del mundo y a intercambiar cartas con especialistas. Gracias a ella se introdujo en España el estudio universitario de la literatura infantil. Pionera en ese estudio publicó Historia de la literatura infantil española (1959, reeditada y revisada en 1961, 1968 y 1979), Antología de la literatura infantil en lengua española (1962), La Historia y antología de la literatura infantil iberoamericana (1966,).Infatigable, publica en 1971 Historia de la literatura infantil universal y Antología de la literatura infantil universal, Dos siglos de libro infantil (1980), Cuentos populares de Iberoamérica (1984) que han constituido un verdadero tesoro para investigar en el folclore y la literatura escrita para niños en Iberoamérica, Diccionario de autores de la literatura infantil mundial, 1985 y Ensayos de literatura infantil, 1989.

A su impulso se debe la fundación en cada país de Iberoamérica de las secciones del IBBY (International Board on Books for Young People.

También en estas memorias encontramos páginas maravillosas dedicadas a otra de sus grandes pasiones: las biografías. Podemos comprobar el grado de fusión que se producía en la autora con la personalidad a la que dedicaba su biografía. Ese desbordante entusiasmo la llevó a viajar y recorrer los lugares en los que había vivido y paseado el personaje estudiado. Su Vida de Bettina Brentano. De Goethe a Beethoven recibió el premio Aedos en 1956. Todas sus biografías son fruto del estudio escrupuloso y de su pasión subjetiva porque como ella misma decía quería ser subjetiva. Entre sus biografías se encuentra la de Juan Valera y confiesa haber estado enamorada de él cuando se dedicó a la misma, se entusiasma con la vida y obra de  otra de sus biografiadas Emilia Pardo Bazán y sobre todo se siente identificada con Gertrudis Gómez de Avellaneda. De ella dice: Aquel espíritu  se quemaba todos los días  para volver a renacer(…)Solo quien ha amado y ha sufrido humillaciones puede comprenderla.

Como mujer que dominaba varias lenguas realizó destacadas traducciones. Amante del romanticismo y de la literatura germánica, obtuvo el Premio Fray Luis de León por  la traducción de Los elixires del diablo, de E. T. A. Hoffmann en 1975.

El libro se complementa con varias fotografías de la autora en distintas etapas de su vida.

Algo que aumenta aún más la admiración hacia esta autora es su valor para acercarnos aspectos muy íntimos de su vida, transformando a los lectores en sus confidentes. Hay un capítulo titulado El confidente en el que habla de la necesidad que tiene el ser humano de comunicarse. Asegura que no se puede vivir sin confidente aunque las confidencias puedan ser peligrosas e incluso entrañar un riesgo. Concluye con algo que también nos hace comprender el valor de sus confesiones en los capítulos finales : para el escritor, el lector es el verdadero confidente.

Hay páginas en estas memorias que muestran un esfuerzo de desentrañamiento de la propia personalidad y que nos recuerda aquello de que profundizar en el propio yo posibilita la emergencia del otro. En algunas de sus dudas y tribulaciones, sus alegrías y frustraciones, sus deseos y ensoñaciones podemos reconocernos. Sí, hay una invención de la vida como dice el acertado título de estas hermosas memorias. La palabra invención proviene etimológicamente del latín inventio y significa  idea que viene hacia dentro de uno, creación, descubrimiento, innovación. Este es un sentido que podemos encontrar en estas memorias y también podemos añadir otro, que tampoco tiene que ver con decir mentiras sino que está relacionado con imaginar, con soñar parte de la vida para ampliarla. De lo que escribe en unos poemas afirma: Todo era mentira, todo era deseado, pero era verdad en mi imaginación. Carson McCullers decía que no hay nada más intimo que la imaginación. Afirmaba que  la imaginación combina memoria con intuición, combina realidad y sueños algo que encontramos al leer este libro.

Así como era necesario un confidente, creemos que también era necesario un padecimiento romántico para Carmen Bravo Villasante, enamorada de la belleza y enamorada del amor.  Al referirse a sus años de padecimiento amoroso confiesa: He estado rabiando y pataleando, pero nunca me he sentido más viva ni he tenido más deseos, ni más esperanzas. Me gustaría vivir siempre así.

Ese amor desencadena una producción poética y lo que llama estilización literaria de la vida. “En la imaginación suceden cosas fabulosas”, asegura. Ella que amaba tanto la literatura nos ha legado una hermosa obra donde literatura y vida se entrelazan.

Desde este lado de la vida damos gracias a Carmen Bravo Villasante por haber confiado en los  lectores de sus memorias  y habernos convertido en su confidente.

Queremos recordar que en ciudades como Madrid, Santander y Málaga encontramos calles que llevan su nombre y seguirán añadiéndose otras ciudades.

Desde que tú viniste 

De poesía IBEROAMERICANA                                            Jorge de Arco

    Conocí la poesía de Amaya Blanco (1979) hace ya más de una década. En 2009, vio la luz su primer libro, “Letras de tierra”, que venía avalado por la concesión del premio “El Ermitaño”. Por entonces, su voz derramaba el ímpetu juvenil y emotivo que suele acompañar los inicios líricos, pero, a su vez, ya se adivinaba un decir sugestivo, sincero, desde el cual se articulaba un discurso pleno de coherencia:

Soy yo

te hablo

desde los minerales.

Mi voz de savia y clorofila

se alimenta de luz

de lluvia

y de recuerdos.

   Tras la aparición en 2010 de “Materia viva”, un breve e intenso cuaderno lírico, Amaya Blanco ha estado formando y alimentando su voz a través de lecturas, traducciones, …, de muy diversa índole, además de acercarse a la docencia a través de la enseñanza de Escritura Creativa. Todos estos años se han visto ahora aunados en torno a “La voz encinta” (Ayuntamiento de Talavera de la Reina, 2019), premio “Joaquín Benito de Lucas” de Poesía.

A través de él, y como anota en su introducción Mercedes Escolano, sabe el lector que “tras un primer intento frustrado de maternidad, por fin el hijo ansiado va creciendo en su interior, pequeña semilla de la Naturaleza, átomo girando en su inverso”. Dicha frustración lleva a la poeta malagueña a reconocer:

Abajo, más abajo,

donde ya no se puede ir más hondo

allí está mi tristeza,

tan sólo yo lo sé

y eso me basta.

    Dividido en cinco apartados, “La búsqueda”, “La ilusión”, La desesperanza”, “La buena esperanza” y “El hallazgo”, el volumen signa el atlas íntimo de un proceso de reconstrucción personal en el que la sombra y la dicha se reparten las deshoras de un complejo laberinto emocional. Con sabia tensión versal y con un ritmo muy bien trenzado Amaya Blanco va puliendo su verbo y dejando entrever el gozo de la procreación y del descenso que provoca su ruptura:


No importa que te sigan

otros hermanos tuyos.

Tú eres mi primogénito,

no consiento olvidarte.

     A sabiendas de que habrá otra oportunidad para que el corazón abrigue un nuevo latido, el yo lírico se afana en rescatar alma y cuerpo, y tornar ese triste adiós en un lazo posible y deseado con los seres que vendrán. Al cabo, como ya nos enseñase Antígona, cuidar a los que se fueron es integrarlos aún más en nuestro acontecer.

Sin dar la espalda a lo común, sus consiguientes poemas van abriendo las puertas a un mañana que anhela una semántica más feliz:

Ya nada me importuna

porque estoy habitada

      y sólo eso importa.

    En uno de sus poemas, Emily Dickinson dejó escrito: “Perdemos al ganar./ Y, al saberlo, tiramos/ nuestros dados de nuevo”. Amaya Blanco lanza, sí, los dados de su poesía y de sus deseos y en las dos últimas secciones remonta un vuelo que nace desde sus adentros. Su batalla contra el tiempo y el espacio da sus frutos y su palabra se encarama hasta el bordón de su alquimia mejor:

Todo el vocabulario,

el tremendo y sublime,

de todos los idiomas de la Tierra

debería reunirse para hacer una alquimia

e inventar un vocablo poderoso,

infinito, irrompible,

que expresara siquiera una centésima

cómo ha cambiado el mundo

desde que tú viniste a hacerlo cierto.

     En suma, un poemario envuelto en una delicada materia humana, que respira, siente y se vertebra sobre un verso sólido y confesional.