Viaje novelado a una época turbulenta

En su último libro “Cuando todo pase”, reeditado varias veces desde su lanzamiento en diciembre de 2020, el escritor uruguayo Diego Fischer introduce al lector en una historia de amor y entrega ambientada en Uruguay y España durante la década de 1930. En una entrevista, repasó detalles de la amplia investigación y el detallado proceso de escritura.

Entrevista realizada por Juan Ignacio Novak. Diario El Litoral – www.ellitoral.com (Argentina)

Diego Fischer es periodista, guionista y productor de teatro y cine. Pero tanto en su país, Uruguay, como en el resto de Latinoamérica, es más conocido por su faceta de escritor. En efecto, lleva escritos varios libros, casi todos consagrados a hechos históricos o a personajes que dejaron huella en el país vecino. “Cuando todo pase” es su último trabajo de esta índole. Publicado en diciembre pasado por Planeta, lleva varias reediciones, la última hace pocas semanas.  

El libro es una pintura de época que lleva a los lectores hasta la década de 1930 y a dos emplazamientos: Montevideo y Madrid. Fischer reconstruye los hechos que concluyeron en “la violación y el asesinato de dos mujeres uruguayas en Madrid como parte de un siniestro plan elaborado por las milicias rojas que, al descubrir el apoyo y la ayuda que los diplomáticos latinoamericanos les brindaban a religiosos y políticos perseguidos por el gobierno republicano, deciden enviar un sangriento mensaje”. En paralelo a esto, narra las vivencias de Daniel Cibils, un joven de la alta sociedad montevideana y sobrino del embajador de Uruguay en Madrid, que cursa sus estudios en el colegio de El Escorial en la misma época. 

Imagen: Planeta

En una entrevista concedida a este medio, Fischer contó pormenores del itinerario de “Cuando todo pase”, que arrancó en una conversación azarosa durante un curso y continuó con la búsqueda de documentación, la visita de emplazamientos específicos y la recolección de testimonios en ambos lados del Atlántico.

Resonancias

-Usted aborda en el libro la violación y el asesinato de dos mujeres uruguayas en Madrid en la década de 1930 ¿Es un caso conocido en Uruguay o salió a la luz a partir de su investigación?

-Era conocido entre la grey católica, en parte. Porque en 2011 fueron repatriados los restos de Dolores y Consuelo. En la catedral de Montevideo hay una urna de mármol, justamente frente a la pira bautismal donde ellas dos fueron bautizadas en 1898. Se conocía y en su momento tuvo algo de difusión en los diarios, pero no demasiada. Se mostró de una manera mucho más masiva a partir de la publicación del libro, o sea desde diciembre del año pasado. 

-¿Qué repercusiones tuvo?

-La historia tuvo un gran impacto. El momento en que transcurre, cuando pasaron cosas terribles, es bastante desconocido. Por múltiples razones, se conoce mucho más lo que ocurrió durante la Guerra Civil Española y en la dictadura de Francisco Franco que lo que fue ese período tan breve de la Segunda República, que va de 1931 a 1936. El tiempo en el que transcurre la parte central de “Cuando todo pase”.

Imagen: Diego Fischer

Extensa investigación

-¿Cómo fue el proceso de investigación que terminó en la escritura de la novela?

-Esto empieza de una manera casual. Doy cursos a grupos reducidos de personas sobre temas históricos y personajes que he estudiado. En uno de esos cursos, un año antes de la pandemia y previo a un viaje a París y a Madrid, una de las participantes hizo un comentario sobre su padre y su pasaje por El Escorial. Me llamó poderosamente la atención. Esta mujer es hija de Cibils y se llama Mercedes. En uno de los cortes del curso, me acerqué a conversar con ella y a pedirle más detalles. Y, como sucede casi siempre con las personas que vivieron determinadas circunstancias desde adentro, contaba episodios con mucha naturalidad, como las privaciones en el monasterio, la disciplina y los hechos que llevaron a Cibils a dar refugio a cientos de personas. Eso despertó en mí mucha curiosidad, me dí cuenta de que había una historia para contar. Empecé a investigar y el primer lugar al que recurrí fue el archivo de la Cancillería uruguaya. Cuando empecé a leer los documentos me encontré con el episodio de Dolores y Consuelo. Había muchos documentos que fueron preparando el ambiente para esa historia que finalmente logré reconstruir. Casi simultáneamente fui a París y a la vuelta pasé por Madrid. Estuve en El Escorial y tomé contacto físico con ese lugar maravilloso que es el monasterio. Y empecé a atar algunos cabos. La idea era volver meses después para ahondar en la investigación, pero estalló la pandemia. Entonces recurrí a una colega, Sully Fuentes, periodista uruguaya que vive desde hace veinte años en España y ella pudo obtener datos que eran claves para poder escribir la historia. Después, la bibliografía que utilicé, que fue mucha, está citada en el libro. El tema de la Guerra Civil Española, quizás porque contiene heridas que todavía están abiertas, sigue despertando gran polémica. Entonces tomé como libro principal de consulta “La Guerra Civil Española” de Antony Beevor. Recurrí a este investigador inglés que hizo un trabajo formidable. Aunque consulté muchos libros, el que marcó el rumbo fue ese. 

Imagen: Planeta

Formato

-¿Por qué elegiste el formato de novela histórica antes que el testimonial?

-Es mi estilo. No soy historiador, soy un periodista que investiga. Esta historia es novela en tanto reproduzco diálogos, pero es un 25 por ciento contra un 75 por ciento de documentos y material histórico. Me explico un poco más: a veces un diálogo, una crónica o un relato implican, en mi caso, llevar un documento a mis propias palabras de una manera más amena y ágil para la lectura. Es el único objetivo. Obviamente respetando estrictamente el espíritu de los documentos y de la historia que pretendo contar. 

“Pintar un cuadro” con palabras

-Además estaba el desafío de poder trasladar al lector a esa circunstancia histórica y a una determinada ebullición política.

-Y sin caer en maniqueísmos, siendo lo más fiel posible a los hechos históricos. Una cosa importante es que repasé muchos documentales televisivos españoles sobre esos años. Más que el relato, lo que aportan son las imágenes, que son brutales y estremecedoras. Inimaginables para un argentino o para un uruguayo. También están los testimonios de personas que vivieron esos tiempos. Son muy mayores, pero han venido tanto a Argentina como a Uruguay y tienen frescos esos momentos. Con todo eso, uno trata de pintar el cuadro.

Entrevista realizada por Juan Ignacio Novak. Diario El Litoral – www.ellitoral.com (Argentina) b style=’mso-bidi-font-weight:normal’>-¿Por qué elegiste el formato de novela histórica antes que el testimonial?

-Es mi estilo. No soy historiador, soy un periodista que investiga. Esta historia es novela en tanto reproduzco diálogos, pero es un 25 por ciento contra un 75 por ciento de documentos y material histórico. Me explico un poco más: a veces un diálogo, una crónica o un relato implican, en mi caso, llevar un documento a mis propias palabras de una manera más amena y ágil para la lectura. Es el único objetivo. Obviamente respetando estrictamente el espíritu de los documentos y de la historia que pretendo contar. 

“Pintar un cuadro” con palabras

-Además estaba el desafío de poder trasladar al lector a esa circunstancia histórica y a una determinada ebullición política.

-Y sin caer en maniqueísmos, siendo lo más fiel posible a los hechos históricos. Una cosa importante es que repasé muchos documentales televisivos españoles sobre esos años. Más que el relato, lo que aportan son las imágenes, que son brutales y estremecedoras. Inimaginables para un argentino o para un uruguayo. También están los testimonios de personas que vivieron esos tiempos. Son muy mayores, pero han venido tanto a Argentina como a Uruguay y tienen frescos esos momentos. Con todo eso, uno trata de pintar el cuadro.

Imagen: Diego Fischer

Entrevista realizada por Juan Ignacio Novak. Diario El Litoral – www.ellitoral.com (Argentina)

Luis Cantarell Gregori: “Sin el arte el mundo no tendría ningún sentido”

El escritor madrileño y Licenciado Superior de Arte Dramático en una extensa y rica conversación nos habló sobre sus inicios en la literatura, sus influencias familiares y autorales, y de su primera y reciente publicación “Great Song by Piano” de Avant Editorial. “Me gustaría pensar que sigo escribiendo sobre cosas pequeñas que a ciertas personas les hace ilusión”, se confesó.

Por Luis Viviant Arias / Periodista de ACPI

El autor de «Great Song by Piano» Luis Cantarell Gregori

Luis, ¿Cuál fue tu primer contacto con la literatura?             

Mi primer contacto con la literatura es de muy chico, prácticamente desde el comienzo. Mi padre, que era un ser muy peculiar, nos contaba cuentos que él mismo se inventaba como hacen muchos padres y, bueno, él tenía esa forma de comunicarse a través de la música y a través de la literatura como, además buen lector que era y que fue toda su vida hasta el final, ese fue el primer contacto que tengo.

Me acuerdo perfectamente de pasar a leer cuentos a mis dos hermanas pequeñas cuando estaban malas un día. A una de ellas le leía el cuento de «El Príncipe y la Golondrina».

Pero mi hermano Juan, que va justo delante de mí, me situó frente a la página en blanco. Recuerdo que tenía que llevar una redacción al colegio y él escribió una cosa alucinante sobre dos personajes, dos protagonistas que huían de un vampiro, se refugiaban en una iglesia chiquitita, en una cripta, y el vampiro les seguía, había llegado a una estación de tren y allí las luces de los flashes, de las cámaras de los fotógrafos le deslumbraban y daba su primera muestra de maldad. Juan fue el que puso la puntilla final para que de alguna manera se fuese desatando en mí todo lo que a posteriori ha pasado. Él es la mano que abrió la puerta de una manera directa e indirecta los influjos que tarde o temprano llegarían a entrar.

¿Qué importancia tuvieron tus hermanos y tus padres en ese primer contacto? ¿Qué te aportaron cada uno?

Su importancia es clave, es brutal, mi familia es lectora desde que recuerdo y desde antes por supuesto. Entonces, su importancia fue toda y hay una parte inconsciente que no te das cuenta de ello hasta que llevas un tiempo, aunque lo sepas. Mi padre me aportó una imaginación desbordante en una persona a la que le era tan difícil comunicarse con los demás si no era a través de la música y la literatura que veíamos que leía, porque él no solía comentar absolutamente nada, se encerraba en su despacho y allí se pasaba horas leyendo. Llegó a leer un libro sobre cómo manejar un ordenador sin tener un ordenador a mano, que yo le decía «papá, mira, te enseño con el ordenador fijo en el cuarto». «No, no, primero la teoría y luego la práctica».

Por otra parte mi padre me aportó esa seriedad, ese humor negro mezclado con una ternura especial que tenía y mi madre esa gracia muy de andaluza y al mismo tiempo esa energía y esa rabia, ese genio.

Mi hermano Juan fue clave en empezar a dejar bullir todo sentado delante de una máquina Olivetti que pesaba más que el cuarto donde dormíamos. Pero yo estaba asombrado, para mí era lo más preciado y precioso de este mundo. Luego ya pasamos a los ordenadores.  Juan es un creativo nato, no sabe música, pero se atrevía a tocar instrumentos sin saberlo, es un melómano, es una persona muy peculiar.

Pami, la mayor de todos, escribía canciones en una guitarra de mi abuelo, sin saber música, le escribía canciones a un osito que tenía, escribía cosas que se le ocurrían a ella. Mi hermana tiene esa dulzura y tiene algo de esa inocencia de mi madre y ese genio que hemos heredado todos de una u otra manera.

Ana, que es la pequeña, es una persona muy particular y con ella me he acercado, en cierta manera a lo que es lo «sobrenatural», pero sí aquello que no se puede explicar.

Por su parte Bernardo es el que menos lee de los seis; lee, pero no llega al nivel de mis hermanos, que a veces leen dos y tres libros, Juan llega a leer dos y tres libros y al final ya no sabe cuál es cuál, y él es la paciencia absoluta y te pregunta, porque se interesa mucho por saber cómo estás, cómo te va todo, pero de una manera ciertamente aséptica y un poco desde ese punto de vista de tu asesor que te lleva las cuentas para que te vaya todo bien y es muy curioso, es un personaje de libro mi hermano Bernardo; bueno, en realidad lo son todos.

Y María, la que va detrás de mí, es mi mano derecha, es la primera que lee todo y es muy especial, es una persona que tiene una visión psicológica de las cosas, al mismo tiempo tiene mucha imaginación y es una grandísima escritora que todavía no ha dado el paso

Todos me han aportado los colores de una casa de cinco hermanos, de mi padre y mi madre que son, que eran cada cual muy diferentes y creo que es un caldo de cultivo, un caldo de cultivo de un libro.

El autor que encendió en mí esa necesidad, esa chispa para empezar a contar mis propias historias fue Mario Benedetti

En ese crecimiento literario, ¿Qué libro o autor fue el que encendió la chispa para empezar a contar tus propias historias?

Realmente empecé a escribir antes de ser consciente de que para escribir necesitaba leer. He escrito y leído desde muy pequeño y he pasado temporadas en que no leía tanto. Pero la lectura ha sido como la voz del narrador de “Great Song by Piano”, siempre ha estado ahí, pero de esa manera casi invisible.

Si hablamos de libro y de autor que encendió en mí esa necesidad, esa chispa para empezar a contar mis propias historias, el primero que siempre nombro y pongo de ejemplo fue Mario Benedetti. No sé en qué momento comencé a leer a Mario Benedetti, pero me acuerdo perfectamente de una serie de relatos cortos, cuentos, historias cortas, y cuando leí uno concretamente que me dejó impactado  es «El Hotelito de la Rue Blomet»  y a partir de ahí empezó, digamos, a relacionarse de una manera muy estrecha con la literatura, en general todo el arte, pero la literatura con lo que escribía. Pero todavía no era consciente de que para escribir necesitaba leer. Ese libro fue brutal.

Y por otro lado Louis de Bernières. Me acuerdo de que estaba esperando un autobús y en una tienda de la estación del tren de Villalba vi un libro que se titulaba «La Mandolina del Capitán Corelli». Me atrapó la portada y lo que leí en la contraportada me pareció sencillamente precioso. Lo compré y lo devoré.

Después llegó JRR Tolkien con su «Hobbit», con «El Señor de los Anillos» y «El Silmarillion», que me parece una obra, no sólo de orfebrería, si no una obra mágica impresionante.

Y luego Eduardo Galeano, Antonio Gamoneda con «Libro del Frío»; Milena Tusquets que me dejó impresionadísimo. Pero los dos pilares, por así decirlo, de forma consciente han sido Mario Benedetti y Louis de Bernières. Sin ellos, mi mundo no creo que no llegaría a verse como se ve.  

Cantarell Gregori junto a Sully Fuentes presidenta de ACPI en la presentación en Madrid

Estas de estreno como autor con “Great Song by Piano”, de que ya vamos hablar más adelante en la que hay una conexión entre la literatura y la música. ¿Qué tan importante es la música en tu vida como escritor?

Esa es una pregunta para mí básica, muy personal, y creo que universal. Una vez vi escrita una frase de George Michael, que para mí es, digamos mi santo patrón, que decía que «él escribía sobre cosas muy personales, pero a la vez las hacía universales». Para mí, la música tiene una importancia que la no puedo medir en mi vida como escritor.

La música a mí me ha dado pasajes enteros, me ha frustrado textos, me los ha torcido, he amanecido en otra galaxia completamente nueva gracias a la música, la música me ha dado el ritmo de un verso libre, con la música he llorado, con la música he reído, la música la he integrado o se ha integrado más bien, o ha integrado lo que escribía en ella, se ha revuelto, lo ha abrazado, para mí la música es a veces más importante, incluso, que escribir. Con eso te lo digo todo. Y ya cuando descubrí a autores que me gustan muchísimo de música instrumental, de música coral, de música polifónica, de música pop, pues mi vida llegó a otro estado de felicidad. Y realmente sin la música, sin el arte creo que nos moriríamos, el mundo no tendría, en absoluto, ningún sentido.

¿Y qué influencia tiene la música al momento en el que te sientas a escribir?

Esa pregunta es muy curiosa y va en relación con la anterior. Al principio escribía escuchando música, pero me di cuenta de que la música, a veces pervierte lo que tú quieres transmitir; te lleva, a veces a cosas muy bonitas, pero que en realidad no son; y tú sabes perfectamente que no son lo que tú querías contar.

Entonces, en el transcurso del tiempo que he tardado en escribir “Great Song by Piano”, que es el título completo de la obra me pasé noches enteras escribiendo y escuchando música, lo que hacía era como el fumador que se cohíbe de fumar un cigarro que le apetece mucho, que necesita desesperadamente durante un tiempo, durante unos minutos, el tiempo que dura ese cigarro. Entonces, lo que hacía era escuchar una pieza de música antes, la apagaba y escribía si realmente necesitaba escribir desde aquello que desprendía, que me transmitía aquella pieza. Si no, escribía sin música. Y cada vez escribo menos con música. También porque me he dado cuenta de que el gran alimento para escribir es la lectura.

Estoy muy contento de poder seguir escribiendo de aquello que a mí realmente me importa, hacerlo personal, pero al mismo tiempo que cada vez lo vaya haciendo más universal

Hablemos de “Great Song by Piano”. ¿Cómo surgió el nombre? Y ¿Cómo fue el armado la historia? ¿Te has basado en algún hecho real?

La historia de “Great Song by Piano” surgió de una manera muy curiosa. Yo soy seguidor, como te he dicho, mi Santo patrón desde los noventa, desde que escuché «Listen Without Prejudice», y concretamente la canción «Praying For Time» me enamoré absoluta, perdida e instantáneamente de George Michael, me llevó, de alguna manera, a sumergirme en su mundo y me acuerdo que en el 99 editó un trabajo que se llamaba «Las Canciones desde el Último Siglo» en el que hacía una revisión, una adaptación de canciones del siglo XX de grandes compositores y grandes intérpretes. Entonces, en ella, la segunda canción es una versión de jazz preciosa de un tema mítico de Sting: Roxane y no sé por qué, tiempo antes de empezar a escribir, de que esto surgiese cambié Roxane por Great Song, entonces, en vez de decir Roxane decía Great Song. Pero ahí quedó, alguna vez me escuchaba y decía “qué curioso, Great Song”. Un tiempo después, estaba viendo fotos de la página web de un grupo que me gusta mucho, Coldplay —también británicos— y vi una foto del líder de Coldplay, Chris Martin, de espaldas, sentado en un teatro precioso de maderas, unas maderas tostadas, de un color precioso, como si fuera roble, barnizadas, unas luces tremendas cayendo sobre él, de espaldas, no le veía la cara y sentado al piano. Llegó ese momento, fue ver esa foto y empecé a escribir de manera compulsiva.

¿Qué fue lo más curioso con lo que te has encontrado en el camino de creación de “Great Song by Piano”?

Realmente, lo más curioso es que me he dado cuenta de que a veces tenía la sensación de que no estaba escribiendo la historia. Es decir, tenía impresión de que era un amanuense que estaba siendo dictado para escribir las palabras que alguien sugería. Entonces, ya me quedé más tranquilo cuando se lo escuche decir a gente como Jean Michel-Jarre: “A veces creo que no soy del todo yo a la hora de crear algo”.

Entonces, el impulso de la creación es indescriptible, es algo que se escapa al raciocinio por muchos estudios que se hagan —porque hay muchos estudios sobre el acto de la creación—, creo que es algo tan personal y tan poderoso que es imposible de captar ni en una película, ni en obra. Lo más cercano que he leído ha sido «El Perfume», de Süskind, y ni aun así.

¿Por qué la elección de personajes femeninos? Aunque hay un narrador externo que es masculino.

En cuanto a la elección de personajes femeninos para la historia no hay un por qué consciente. Han ido surgiendo de una manera totalmente libre. Es cierto que, me imagino, de una forma, sí, inconsciente, o llevado por ese dictador que te dicta que te dice «No, pues ahora vas por aquí, ahora cuentas esto o te dejo caer esta idea», pues surgieron personajes femeninos; esta historia no la podía haberla contado, para nada, un personaje masculino. Los personajes del libro no podían haber sido masculinos.

Entonces sí hay un narrador externo que es masculino, un narrador también muy particular, muy personal en cuanto a que no es un narrador que cuenta una historia que la ve lejana, si no que es un personaje que anda por ahí.

Al ser una obra en el tiempo en que es desarrollada, en 1953, en Madrid, en esa casa, pues la mujer siempre ha jugado un papel secundario de cara a la galería. Pero realmente, es incluso muy gracioso el ver —cuando lo vives desde dentro no es tan gracioso—, pero cuando desde fuera vez a un personaje masculino, que es el que trae el dinero y la comida a casa y pone la típica imagen que pone los pies encima de la mesa, o le traen el puro y el ron después de comer, o el coñac. Tengo una parte de la familia por el lado paterno que había miembros que les gustaba mucho fumar puros. Entonces, claro, tú les veías fumar puros, se sentaban en el sofá, era muy curioso, era muy pictórico, pero curiosamente la que llevaba los pantalones en la casa era la mujer. Pero siempre, hasta hace muy poquito eso ha sido así, la mujer prácticamente no digo la totalidad porque ya no estaban en las cocinas, o en los cuartos donde aprendían a coser, o aprendiendo a tocar el piano, o yendo al mercado, pero de fondo realmente eran lo que alimentaban después a la casa en el aspecto simbólico y en el aspecto real: si no iban a la compra, al mercado, no había alimentos.

Entones, la historia de ser personajes femeninos, aparte de que le da una fuerza diferente, surgió de una manera como lo de la alimentación de la música y de la literatura fue impregnándose en mí, yo me fui impregnando de ellas.

¿Por qué los capítulos del libro están nombrados con canciones? ¿Qué significado tiene? Y ¿Por qué decidiste realizarlo así?

El hecho de que los capítulos del libro estén nombrados con canciones es precisamente por eso, porque quería encontrar la forma de comunicarlo al lector: es un libro sobre música, con un respeto que le puedo tener a la música y el que le puedo profesar y le profeso, entonces me parecía una forma muy sugerente, muy especial que no había visto hasta este momento y por eso lo he nombrado a través, no con canciones, si no con algo, con un elemento que tenga que ver con la música, ya sea un instrumento musical, un movimiento —un allegro, por ejemplo—, un cantante, un intérprete, un compositor y ese es el motivo. Además de ser un tributo a la música, un reconocimiento a la música y un amor a la música, pues hacerlo de una manera especial. Porque, en definitiva, lo que  quiero es que cuando la gente lo lea, diga: “Mira, me ha parecido esto, aquello, pero es diferente, es especial, creo que es de lo más bonito que puede pasar”.

¿Por qué elegiste como contexto para “Great Song by Piano” la década del 50?

El hecho de elegir como contexto para la historia la década de los 50 no tiene una razón lógica. Cre que viene, seguramente, alimentado pues por un montón de cosas. Desde alguna historia que estuviese leyendo, algún comentario que recordaba de mi padre, en alguno de los paseos con mi madre alguna frase.

Sí hay cosas personales dentro del libro, generacionales, familiares, pero la elección de la década de los 50, yo recuerdo que mientras había empezado el libro, o estaba a punto de empezarlo estuve leyendo «El Tiempo Entre Costuras» que me encantó, me pareció buenísimo. Cuando empece a escribir “Great Song, by Piano” recuerdo que le dije a mi madre: «El libro tiene algo, me recuerda algo a El Tiempo Entre Costuras». Y, bueno es obvio que lo estaba leyendo, pero yo le daba un aire que en cierta manera se parecía porque al final estamos hablando de Madrid, las dos historias tienen lugar, al principio en Madrid, en una época similar, bastante similar. Pero surgió así desde el principio mas todo lo que he vivido dentro de mi familia.

La tapa del libro está representada por una rosa arrancada de la tierra ¿Qué significado tiene?

Principalmente significa una cosa: La vida arrancada de la tierra y que, aún arrancada sigue significando la vida. Eso es. La rosa, la flor es arrancada de su tierra pero sigue viva, sigue con ese color tan precioso y que representa la tierra a la que pertenece, ese personaje de esa historia secundaria que le da y le roza a la historia principal, el lugar donde viven. La tierra es vida, la tierra es pertenencia y esa rosa ha sido arrancada de su pertenencia, pero sigue teniendo parte de esa tierra a la que pertenece en el viaje hacia algún sitio al que se la llevará, eso para mí es vital.

¿Cómo describirás tu literatura?

Respecto a estoalgo que me ha venido a la cabeza últimamente y que, bueno, que llevo pensando un tiempo: Yo quiero pensar que sigo escribiendo sobre cosas pequeñas, siempre, mi hermana María me dice: “Luis, a ver si alguna vez puedes escribir algo en el que a un personaje no le pase algo tremendo, no sea complicado…”, pero cuando me metí en lo siguiente —en lo que, bueno, en lo siguiente mío, en mi siguiente proyecto personal—, que, además, de lo que estoy muy contento es de poder seguir escribiendo de aquello que a mí realmente me importa, hacerlo personal, pero al mismo tiempo que cada vez lo vaya haciendo más universal, como esa frase de mi Santo Patrón.

Aquello sobre lo que escribo, es una literatura sobre cosas pequeñas. De aquello que, aparentemente no tiene importancia. Me gustaría pensar que sigo escribiendo sobre cosas pequeñas que a ciertas personas les hace ilusión.

“Great Song by Piano” es la primera publicación pero tienes otras obras inéditas. ¿Qué es lo próximo que estas preparando?

Tengo otras obras inéditas, y lo próximo que estoy preparando, bueno, son dos proyectos: uno del que no puedo hablar aun y el otro, del que sí puedo hablar, es una historia propia que está construida en forma de cuatro historias independientes que no tienen nada que ver entre sí, pero que hablan sobre un mismo tema, un mismo sentimiento: es el sentimiento de la soledad. Pero un sentimiento de la soledad desde la soledad sufrida de distintas formas y la soledad escuchada,  cómo alguien que escucha a una persona que está en absoluta soledad, o en soledad relativa, o en cierta soledad, cómo no sólo la persona que lo sufre cómo lo cuenta, si no cómo el que escucha lo asimila e impacta o no impacta en esa persona. Es la que tengo iniciada y es muy personal. El título es “Soledades”.

¿Qué es lo que te motiva para escribir?

Lo principal que me motiva para escribir es lo que veo; lo que veo pasa por el tamiz de cada uno, por su cerebro propio y personal y bueno, pues en mí deriva a veces en cosas en lo que siento, en lo que absorbo, en lo que escucho, en lo que sueño, todo eso es lo que me motiva para escribir. A veces es algo muy personal, a veces es algo que no es personal, pero que ves y que no se sabe por qué lo atrapas o te atrapa, muchas veces es una frase, una imagen. Sin leer no puedes escribir.

Lo que me motiva para escribir es seguir vivos, contemplar, me encanta no perder el tiempo, estar mascullando, elucubrando, pergeñando y dejarte llenar por ese aparente vacío de nada.