El calor extremo es solo el síntoma

Un síntoma es la señal o indicio de que algo sucede o va a suceder (RAE, 2ª acepción). Se aplica sobre todo a la manifestación reveladora de una enfermedad (RAE, 1ª acepción). Si hablamos del cambio climático en la Tierra, ambas acepciones pueden guiarnos para trazar unas pinceladas sobre la realidad y el futuro previsible. Tengo por cierto que el globo terrestre se encuentra enfermo y que su enfermedad, se revela, como en las humanas, a través de un aumento de la temperatura: la fiebre. La primera tarea de los médicos del planeta -los científicos que se dedican a analizar su estado y evolución-, como cuando consultamos nuestras dolencias personales, es establecer un diagnóstico correcto. Otra cosa es que algunos de nosotros, temerariamente, nos posicionemos con una actitud negacionista activa o simplemente adoptemos la táctica del avestruz: esconder la cabeza para ocultarnos la visión de realidades incómodas.

En el Informe de 2020 sobre el Estado del Clima publicado por la OMM (Organización Mundial del Medio Ambiente) podemos ver un gráfico sobre el incremento de la temperatura en el mundo desde 1850 hasta la actualidad. Aparece en él una línea horizontal (incremento cero) durante un siglo, hasta 1950. A partir de ahí, la línea asciende y en los últimos 40 años lo hace en un ángulo de 45º, alcanzando un grado de aumento. Empieza a subir la fiebre, pero lo más alarmante es la tendencia: con ese ritmo, en 2060 habremos superado en 2 grados las temperaturas de 1950. Este hecho supondrá inevitablemente temperaturas y sequías extremas, mayor riesgo de incendios y, paradójicamente, más inundaciones.

Tras el diagnóstico/pronóstico, debe llegar el remedio. Aquí los expertos son contundentes: es necesaria una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero inmediata, rápida y a gran escala. Las medidas gubernamentales van en esa dirección pero hasta ahora son más tímidas de lo que exige la gravedad de la situación. Todas las naciones y especialmente las desarrolladas deben comprometerse con el esfuerzo. La Unión Europea debe abanderar esa política. España -gobierno y oposición alalimón- deben implicarse, apuntándose con las fuerzas empresariales al nuevo paradigma: energías renovables, respeto medioambiental… Y el papel de los ciudadanos, individualmente, agrupados y concienciados, es fundamental. ¿Estamos dispuestos, en serio y de una vez, a curarnos?

Por Jaime de Vicente / Socio colaborador de ACPI

https://www.huelvainformacion.es/opinion/articulos/calor-extremo-solo-sintoma_0_1602439816.html

Fuente: www.huelvainformacion.es