Cecilia Valdés despliega todo su esplendor en el Teatro de la Zarzuela de Madrid

Texto de Norma Sturniolo, socia de ACPI

Por primera vez una zarzuela cubana se ha representado en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Hay que felicitar esta acertada decisión. El título elegido ha sido Cecilia Valdés del compositor cubano Gonzalo Roig (La Habana 1890-1970) con libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez -Arcilla estrenada en el Teatro Martí de La Habana el 26 de marzo de 1932, el mismo día en que se estrenaba Luisa Fernanda en Madrid. Ahora bien, la producción que se ha representado en el coliseo madrileño corresponde a la versión de 1961. Gonzalo Roig, después del estreno de 1932 realizó sucesivas modificaciones, por ejemplo, cuando en 1958 pudo contar con un buen barítono, incluyó para el personaje de José Dolores Pimienta, (un mulato enamorado de Cecilia Valdés que no tiene ninguna posibilidad de ser correspondido), la bella romanza Dulce quimera. En 1961, ya muerto Agustín Rodríguez, uno de los autores del libreto original y exiliado Sánchez- Arcilla, el tenor Miguel de Grandy escribió la versión definitiva de Cecilia Valdés para la cual Roig añadió un “Minué y danza” y un “Cuarteto” a tiempo de gavota y habanera y modificó y amplió otros números. 

Esta zarzuela está basada en la novela más representativa del romanticismo cubano, Cecilia Valdés o La Loma del Ángel de Cirilo Villaverde (Ingenio Santiago, Bahía Honda, Provincia de Artemisa, 28 de octubre de 1812 – Nueva York, 23 de octubre de 1894) , cuya versión definitiva se publicaría en Nueva York en 1882 donde se había exiliado el autor debido a su activismo anticolonialista. 

Aunque el argumento de la novela, como no puede ser de otra forma, está abreviado, se mantienen los aspectos fundamentales de la obra cumbre de Cirilo Villaverde: por un lado, está la tórrida relación amorosa entre la bella mulata Cecilia Valdés, apodada la Virgencita de bronce y el joven blanco y rico, Leonardo Gamboa. Cecilia desconoce que es fruto de la relación extramatrimonial entre un hacendado español, Don Cándido Gamboa y una mujer “de color canela”, Charito Alarcón, que fue desposeída de su hija apenas nació y encerrada en un Hospital. Cecilia ignora la identidad de sus padres y Leonardo Gamboa, también ignora los lazos de sangre que lo unen a la bella mulata. Es decir, que es su hermanastro. Para Leonardo, como para los hombres blancos de la sociedad en la que ha crecido, Cecilia significa un capricho, puede ser una querida, pero no su esposa ya que merced al racismo reinante jamás un hombre como él, blanco y rico, piensa en casarse con una pobre mulata. 

Otro tema que también ha pasado a la zarzuela, es el de la hipocresía y corrupción de hombres sin escrúpulos como Cándido Gamboa que se enriquece con su desalmada trata de esclavos, y el cultivo de la caña azúcar. Un hombre que urde estratagemas para escapar a la vigilancia de los barcos ingleses antiesclavistas y le gusta recordar que “hecha la ley, hecha la trampa”. Por otra parte, en los ingenios azucareros trabajaban hasta el agotamiento los esclavos que no eran vendidos. Asimismo, se ve la indiferencia de su mujer y su falta de sensibilidad hacia el maltrato de los esclavos. Se refleja una sociedad egoísta que centra su interés en la riqueza basada en una inhumana explotación. 

Hay un fuerte racismo. Los blancos son la raza superior, los esclavos eran cosas que se usaban para enriquecimiento personal y los mulatos, aunque menospreciados por los blancos, querían asemejarse a ellos para mejorar su condición. 

Cecilia Valdés, interpretada en la representación a la que asistí por Elizabeth Caballero, prefiere un blanco a un mulato porque quiere tener un lugar en la sociedad. En la novela se destaca el antiguo deseo de blanqueamiento de la piel que se remonta a la bisabuela de Cecilia.

Cirilo Valdés subraya el alegato contra el esclavismo en digresiones discursivas. En la zarzuela, se pone en boca del personaje de la novia criolla de Leonardo, Isabel Ilincheta, interpretada por Cristina Faus, la denuncia de los horrores e injusticias cometidos contra los esclavos. Hay momentos en que no se necesitan discursos para comprobar las iniquidades cometidas contra los esclavos como cuando Leonardo Gamboa, interpretado por Martín Nusspaumer, azota injustamente al esclavo Tirso, interpretado por Giraldo Moisés Cárdenas. Otro momento de evidente dolor es cuando interviene el coro y en la canción de los esclavos se muestra la añoranza de la Guinea natal y el ferviente deseo de no sentir el látigo, el anhelo de no oír “como suena el cuero del mayorá”. O el caso de Dolores Santa Cruz, una mujer que trabajó muy duro para dejar de ser esclava y por culpa de un blanco que quiso desposeerla de lo que había conseguido acabó perdiendo todos sus ahorros y enloqueciendo. Impresiona la intensa expresividad que otorgó al personaje la soprano Linda Mirabal, sobre todo, su interpretación de la Conga Tango “Popo , Popo» que cantó en el pasillo central del patio de butacas. 

Otra lacra moral que se denuncia es el machismo. Todo lo que se narra, el machismo, el racismo, la corrupción, la pasión, la sociedad en que se mezclan blancos, negros y mulatos, todo está magníficamente plasmado en la música que presenta una enorme riqueza donde se combinan ritmos afroamericanos y música de tradición europea. Hay habaneras, guarachas , tango-conga, minuet , contradanza, momentos de gran lirismo como por ejemplo el bello duetino entre Leonardo e Isabel o la romanza Dulce Quimera, andante religioso, incluso, un motivo musical que se repite asociado al personaje de Cecilia.

Todos los que intervienen en esta producción tienen un nivel muy bueno, los cantantes , los actores y la orquesta realiza una excelente ejecución. Hay que felicitar a Óliver Díaz y los músicos porque hacen honor a la brillante instrumentación de Roig. Además, el escenario, con una ambientación donde la caña de azúcar es símbolo de la economía floreciente, se llena de color con fiestas, celebraciones y danzas. El cuerpo de baile realiza una espléndida actuación que transmite toda la vitalidad y energía del pueblo cubano.

El mestizaje del cual Cecilia Valdés es símbolo queda bellamente expresado en la escena final. Cecilia, por ser instigadora del asesinato de Leonardo, es encerrada en el Hospital de Paula y ahí se produce la anagnórisis, el reconocimiento final entre Charito y Cecilia, es decir entre la madre, que ha vivido encerrada en ese hospital y la hija que acaba de llegar. La estatua de la Virgen que preside la escena empieza a girarse y del otro lado es una representación de Obatalá, una de las deidades de la religión yoruba. Es una magnífica expresión de esa fusión de culturas a través del sincretismo religioso. 

Muy emotivo el coro final con su glorificación en latín. En resumen, una obra y una representación deslumbrante.

Cecilia Valdés, comedia lírica en un prólogo, dos actos, un epílogo y una apoteosis.

Reparto: Elaine Álvarez/Elisabeth Caballero (Cecilia Valdés), Enrique Ferrer/Martín Nusspaumer (Leonardo Gamboa), Eleomar Cuello/Homero Pérez-Miranda (José Dolores Pimienta), Linda Mirabal (Dolores Santa Cruz), Cristina Faus (Isabel Ilincheta), Alberto Vázquez (Don Cándido Gamboa), Isabel Cámara (Doña Rosa), Lilián Pallarés (Charito Alarcón), Eduardo Carranza (Don Melitón Reventós). Coro y Orquesta titulares del Teatro de la Zarzuela.

Música: Gonzalo Roig; libreto Agustín Rodríguez y José Sánchez -Arcilla, estrenada en el Teatro Martí de La Habana, el 26 de marzo de 1932, basada en la novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel de Cirilo Villaverde. En la versión de Miguel de Grandy como zarzuela cubana en dos actos , divididos en un prólogo, ocho cuadros , un epílogo y una apoteosis, estrenada en el Teatro Payret de la Habana el 25 de diciembre de 1961.

Dirección de escena: Carlos Wagner. Dirección musical: Óliver Díaz.

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