Unas horas en la Universidad de Navarra

Museo Daniel Canogar
Obra Sikka Ingentium

 

Por Luis Villanueva de San Sebastián

Contactar con el autor: luism.villanueva@yahoo.es

Conocía muy poco de la Universidad de Navarra en Pamplona. Para ser precisos, yendo en coche, había contemplado el bonito Campus de más de cien hectáreas, ocupado por los edificios, el arbolado y un cuidado césped. Sabía que se trataba de una Universidad de prestigio, que estaba bien clasificada en los ránquines nacionales e internacionales, pero poco más.

Juan Flaquer, amigo y profesor de Tecnun —la Escuela de Ingenieros de la universidad de Navarra en San Sebastián— me propuso visitar el Museo de la Universidad de Navarra en Pamplona. Me pareció muy buena idea. Así, no solo vería el edificio —obra de Rafael Moneo— sino, en su interior, disfrutaría de la colección de arte donada por María Josefa Huarte; también de la obra de Daniel Canogar —una pieza con más de dos mil cuatrocientos DVD, distribuidos en una pared de dieciocho metros de base por tres metros de alto— e incluso del legado fotográfico de Ortiz de Echagüe, junto con todo lo que diera tiempo a ver. Finalizada la visita intentaría conocer de cerca el Campus.

Dicho y hecho. Salimos a media mañana en dirección Pamplona. Dejando el coche aparcado en el parking del Museo, nos adentramos en su interior, no sin antes contemplar la bella factura del conjunto. Verdaderamente Moneo hace honor al premio Priztker que lo consagra como uno de los grandes de la arquitectura mundial. Tuve que pagar una ínfima cantidad por superar una determinada edad. No quiero describir en las líneas que siguen todo lo que contemplé a lo largo del día, más bien aportar algunas impresiones.

Fue común denominador de toda la visita descubrir la limpieza, el orden, el buen gusto, así como palpar un trato delicado (por no decir exquisito) en quienes nos atendieron. Tuvimos la ocasión de saludar a Jaime García del Barrio, actual Director del Museo, quien gastó parte de su precioso tiempo en guiarnos por el edificio e incluso nos enseñó el Auditorio del que quedamos muy impresionados. Setecientas plazas, según nos dijo, con posibilidades de una gran variedad de eventos. Constatamos que la sonoridad era magnífica.

Un impacto especial me lo produjo la obra de Canogar ya citada. Sobre las caras de los DVD se proyectan de modo sincronizado, mediante cinco proyectores, trozos de películas presentadas en diferentes festivales de cine de todo el mundo. La obra se llama “Sikka Ingentium”.

Es un auténtico espectáculo de imagen, luz, movimiento y sonido. Las imágenes dinámicas se reflejan en la pared paralela y en el suelo. La música es de Alexander MacSween, con participación de Canogar. La producción es del propio Museo, con la colaboración de la Fundación Aquae, según me informé posteriormente.

Museo Daniel Canogar Obra Sikka Ingentium
Museo Daniel Canogar
Obra Sikka Ingentium

Seguidamente pasamos a la visita guiada del Campus. En primer lugar nos dirigimos al edificio central, el más representativo, cuyo arquitecto fue Fernando de la Puente, a comienzos de los sesenta. Impacta el hall de entrada, el patio central y la escalera noble que conduce a la zona de Rectorado. Por esta escalera desfilan los profesores con sus vestes académicas hacia el Aula Magna con ocasión de los actos importantes, como por ejemplo, en la investidura de los Doctores Honoris Causa.

Ya en el primer piso, destaca el Salón de Grados, con los cuadros al óleo de los dos primeros Grandes Cancilleres, San Josemaría Escrivá y el Beato Álvaro del Portillo, así como los de los antiguos Rectores.

Se nota que todo ha sido pensado para durar siglos. Ni una mota de polvo, ni un papel por los suelos, ni un roto, ni una bombilla fundida. Se percibe el cuidado de las cosas pequeñas, como me explicaba el profesor, mientras una de las secretarias del Rectorado, María Barcaíztegui, nos acompañaba yendo por delante y aportando cantidad de datos.

Bajamos al bar estudiantil, el Faustino, verdadero contrapunto de todo el lugar. Allí se percibe la camaradería entre los alumnos y las buenas relaciones de alumnos y profesores, conversando amigablemente en la barra o sentados en las mesas tomando unos refrescos.

Todo me parecía muy familiar. Resulta que ya conocía a María, por ser hija de unos amigos míos y también a Juan, el responsable del Faustino.

Una vez en el exterior nos dirigimos al Edificio Amigos de Juan Miguel Otxotorena, arquitecto, construido poco antes que el Museo. El nombre del edificio se debe a la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, responsable de la financiación del mismo con la ayuda de muchas personas que comprenden lo que supone la Universidad para la sociedad.

 

Museo en la Universidad de Navarra Vistas al campus
Museo en la Universidad de Navarra
Vistas al campus

Dentro del mismo se halla principalmente la Facultad de Económicas. El hall es muy amplio. Intentamos entrar en el Oratorio, pero desistimos porque estaba teniendo lugar en ese momento una misa.

Luego visitamos la Facultad de Comunicación, del arquitecto Ignacio Vicens. Las aulas me parecieron auditorios. Vimos un plató y los estudios de grabación. Llama la atención un gran mural del pintor Fernando Pagola.

Delante de la fachada se extiende una gran plaza flanqueada por la nueva Biblioteca, que también visitamos, y el Edificio Amigos ya citado.  Me sorprendió la carencia de ventanas exteriores y sin embargo la buena luminosidad interior. Todo el conjunto me agradó sobremanera. ¡Dan ganas de matricularse!

Se echaba el tiempo encima y se nos ocurrió comer en los comedores universitarios, como unos estudiantes más. Hicimos cola, nos servimos con bandejas y nos sentamos en una mesa corrida. El ambiente era universitario “a tope”. Se añadió José Ignacio Nava para estar con nosotros, ingeniero de Tecnun, que es responsable del programa Campus Inclusivo, para la continuación de la formación universitaria que reciben las personas con capacidades diversas. Fue casualidad, pues con el nuevo comensal me unían, sin saberlo, cantidad de amigos comunes. Está claro que universidad y universalidad son términos entrelazados.

Después del almuerzo nos tomamos un café en el Faustino y seguidamente nos dirigimos a la Ermita de la Universidad, dedicada a la Madre del Amor Hermoso. El año pasado se cumplía el cincuentenario de la llegada de la imagen al Campus.

Se trata de una escultura en mármol, en tamaño natural, de la Virgen sentada con el Niño bendiciendo este, de pie, sobre un montón de libros académicos. La obra es del escultor italiano Emilio Sciancalepore, donación de San Josemaría en el año 1965. La bendijo el Papa Paulo VI en Roma al año siguiente, y ese mismo año 1966 fue trasladada a la Ermita donde se encuentra actualmente.

Delante de la imagen estuvimos largo rato. Como la Ermita está en un lugar de paso abierto a la ciudad, era frecuente que pasaran cerca muchas personas. Me gustó  verlas mirar o saludar a la Virgen, e incluso acercarse y rezar brevemente.

Mi amigo, el profesor, me contó que en determinadas fechas alumnos y alumnas de los Colegios Mayores van a rondar a la Virgen cantándole canciones, acompañadas por las guitarras.

Estas líneas son como flashes, recuerdos que se quedan en la retina y en la memoria, de unas horas inolvidables, en las que uno vuelve a ser joven (aunque nunca haya dejado de serlo).

Tengo una segunda oportunidad para completar la visita, ya que estoy invitado, como miembro de la ACPI (Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana), al espectáculo de flamenco de la Compañía de María Pagés que inicia la temporada de eventos del Museo y, al día siguiente, participo en tres sesiones que organiza la ACPE (Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera) con la Universidad de Navarra.

 

 

La revista Periférica en la OEI para la Educación, la Ciencia y la Cultura

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La revista Periférica ha sido presentada hoy en la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Este miércoles 21 de junio tuvo lugar,  en la Secretaría General de la Organización de Estados Iberoamericanos, el acto de presentación de esta publicación para el análisis de la Cultura y el Territorio, editada por el Servicio de Extensión Universitaria del Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Extensión Cultural y Servicios de la Universidad de Cádiz.

La revista “Periférica” se enmarca en el ámbito del Observatorio Cultural del Proyecto Atalaya de la consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía, en el que están implicadas las diez universidades públicas de la Comunidad Autónoma.

El director general de Extensión Cultural, José Marchena, ha tenido a cargo la presentación de esta publicación pionera en Andalucía, de gran trayectoria, con 17 ediciones ya editadas.

La revista pretende aportar una visión internacional sobre el fenómeno socio-cultural y aspira a convertirse en una herramienta útil, tanto para profesionales de la gestión cultural como para los ciudadanos implicados e interesados en la cultura.

Han asistido al acto además, José Luis Ben Andrés, miembro del Consejo Científico de la revista Periférica y técnico de cultura de la Diputación Provincial de Cádiz y Salvador Catalán Romero, miembro del Consejo Científico de la revista Periférica y director del Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de Cádiz.

 

 

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En la imagen, en al segunda línea los tres representantes de Periferica y el resto de                                                                       asistentes de la ACPI y los anfitriones: OEI.

 

Más información: Servicio de Extensión Universitaria de la Universidad de Cádiz