Presentación del disco Brasas de la memoria, de José López Martínez en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles

 

Por María José López de Arenosa

 

El pasado 16 de noviembre, en el salón de actos de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, presidido por un busto Antonio Machado, obra de Belliure, y flanqueado por los retratos de ilustres figuras de nuestras letras como Jacinto Benavente, Núñez de Arce, el premio Nobel José Echegaray, se presentó un disco con los poemas del libro de José López Martínez, Brasas de la memoria.

 

José López Martínez, a la izquierda de la mesa
José López Martínez, a la izquierda

Un espacio incomparable para escuchar, además de los poemas de José López Martínez, sus propias reflexiones. «Este libro recoge la palpitación literaria de toda una vida,» dijo.

La presentación corrió a cargo de Emilio Porta, vicepresidente de la Asociación y Mercedes Rodríguez de la Torre declamó algunos de los poemas del libro, editado por Vitruvio, que cuenta ahora con esta versión oral en la que también podemos escuchar la voz del propio autor hablando sobre su poesía.

Emilio Porta hizo una semblanza de José López Martínez quien, además de ser director general de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, es autor de más de 30.000 artículos sobre literatura publicados a lo largo de una larga y fructífera vida entre los que cabe destacar cientos de ellos publicados en La Estafeta literaria.   Autor de libros como Lugares de la Mancha, Castillos de España, Los museos de Toledo y director de los suplementos culturales del periódico Lanza de Ciudad Real y de las revistas La Hora y Luces y sombrasLa suya es una trayectoria inabarcable en estas líneas como escritor que ha cultivado casi todos los géneros.  «Nadie en España sabe más sobre Don Quijote que José López Martínez,» afirmó al referirse a él como el autor vivo que más sabe sobre Cervantes y Don Quijote.  El libro que hoy nos ocupa, es su cuarto poemario, entre los que cabe destacar En el mar riguroso de la muerte, con el que ganó el premio Rabindranath Tagore.

José López Martínez (Tomelloso, 1931), se ha mantenido siempre fiel a La Mancha que, en su caso, además de un origen geográfico, es una vocación cuya impronta queda plasmada en gran parte de la obra de este paciente e infatigable artesano de la palabra en permanente búsqueda de la perfección en el sentido y la forma poética, de la armonía y la metáfora precisa.

En Brasas de la memoria José López Martínez vuelve sobre sus pasos, sobre su propia memoria, y nos sumerge en su lírica rica y en las profundidades de su alma de poeta a través de las palabras, como dice en uno de sus poemas.

 

«Hablar, escribir, soñar acaso

ha de ser la función de las palabras,

que cada cosa por su nombre llegue

a fecundar nuestro conocimiento.»

 

Brasas de la memoria, está hecho de evocaciones y de tiempo y, como bien señala en el prólogo el poeta Miguel Galanes, «responde al inventario más íntimo y personal, tras haberse removido la conciencia, mientras se vuelve a retomar y hacer de nuevo el camino encontrando en el amor la verdad, y lo hasta ahora no hallado.»

 

Los limpios amaneceres, Vigencia de juventud, Mañana gris de la memoria, Nadie nos había dicho, Hoy me despierto, Cuando crece el amor, Alerta, es la palabra… son algunos de los poemas que pudimos escuchar.  El amor, título de otro de los poemas de este libro, es un tema recurrente en la poesía de López Martínez:

«El amor es lo único

que vive tras la muerte,

la referencia clara

de nuestra propia historia.

 

Me estremece pensar en

aquellos que mueren sin que nadie recuerde

su paso por la vida, »

 

Pero como reza otro título, La vida es eso, dolor. Y tristeza «de los amaneceres grises, cuando cae sobre nosotros la lluvia del desamor.»

Llueve sobre los paisajes es el título del soneto dedicado a su gran amigo Juan Van-Halen y que constituye, a mi modesto parecer, una de las composiciones más sublimes y perfectas de este poemario.   No se olvida José López Martínez de sus compañeros de oficio que le han precedido a lo largo del tiempo y acompañado a lo largo de toda su vida: Quevedo, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo de Luis y el último dedicado a Joyce y Sara Bernacle.

«Cuando Bécquer dice, Poesía eres tú, está mintiendo a la amada. La poesía es él [Bécquer], que es el creador del poema,» reflexionó López Martínez.  La poesía no estaría en el objeto del poema, sino en el poeta y en su mirada. Siguiendo su tesis, me atrevo a responderle en los mismos términos:  poesía eres tú, Pepe.

Fue una tarde memorable para los amantes de la poesía en general y los admiradores de José López Martínez en particular en la que nuestra sensibilidad se vio reconfortada con un acercamiento a su figura y a su obra y amenizada con su rico anecdotario con las grandes figuras de la literatura del siglo XX a las que trató.  Pero, parafraseando a Cervantes en su elogio a Góngora, «temo agraviar en mis cortas alabanças, aunque las suba al grado más supremo.»

José López Martínez, autor de Brasas de la memoria, junto a la autora del reportaje
José López Martínez, autor de Brasas de la memoria, junto a la autora del reportaje

Narciso, la historia de su sed

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Bajo el título de “Narciso y ecos” (Fundación José Manuel Lara. Colección Vandalia. Sevilla, 2017), ve la luz el nuevo libro de Juan Vicente Piqueras.

Este valenciano del 60 -actor, guionista, locutor de radio, traductor, profesor…-, con residencia actual en Lisboa, tiene en su haber una extensa obra lírica, que alcanza casi la veintena de poemarios.

 

Hace tiempo que su decir viene signado por una reposada madurez, por un destacado vitalismo, donde los límites entre el ayer y el mañana pretenden alcanzar un punto de cálida unión. Sus versos abordan el dolor, la ausencia, la memoria, el amor…, y parecen querer construir una morada para refugiar el espíritu y alimentar la fe del alma.

 

Esta vez, Piqueras aborda el tema de Narciso y la condición de solitario a la que se ve abocado: un fugitivo incesante ante el miedo a enfrentarse a su verdad. El propio autor confesaba que el proceso de gestación ha sido muy extenso, casi obsesivo, y que al par de los poemas iban surgiendo aspectos íntimos y complejos que dominaban su día a día: “la sed, el desierto, el agua, los espejos, los pozos, la huida de lo que se necesita (…) lo fatal, el que soy, el que hago yo aquí, el dónde, el cuándo, el no tener un lugar en el mundo, y la voluntad de ser preciso y musical, al expresar este desasosiego”.

 

Sobre estos mimbres, el sujeto lírico siente y piensa a través de la figura de un Narciso atrapado por su ensimismamiento, el mismo, al cabo, que sufre la sociedad contemporánea:

 

Narciso en el desierto, sediento de sí mismo,

del agua equivocada de lo que cree ser,

busca un oasis que le sea espejo,

un espejismo donde reflejarse,

alguna voz que convertir en eco

un gran amor que transformar en propio,

un libro donde hablar de sí consigo,

un cuaderno de arena donde escribir: yo soy,

yosoy yosoy yosoy hasta acabar la tinta,

hasta la flor marchita entre las páginas

de un libro de agua que lleve su nombre,

la historia de su sed, y nadie lea.

 

El discurso del vate valenciano sitúa al lector ante la realidad de un tiempo complejo, en ocasiones irrespirable. La soledad a la que aspira el ser humano resulta no sólo una falacia, sino un estado de ánimo cercano a un laberinto de infelicidad.

La mejor forma de sentirse cómodo con la propia conciencia no es el abandono, la desconexión, sino verse reflejado en un diálogo con el prójimo que nos rodea y nos completa:

 

He huido tanto que me he dado alcance.Narciso y ecos

 

Me he visto por detrás huir de mí,

perseguirme.

                       En qué tregua

de huir me toqué el hombro

y al volverme me dije: ¿adónde vas?,

¿de quién estás huyendo?

 

No supe responder.

 

Tiemblo. Lo escribo.

 

El volumen lo conforman poemas, aforismos y fragmentos en prosa que agilizan la lectura y generan una visión de mayor verosimilitud, de mayor pulsión semántica.

Los textos de Juan Vicente Piqueras atesoran, en suma, el fulgor de la pureza lírica, el enigma que esconde la consciencia literaria. Y todo ello, tamizado por una grata música, por unas tonalidades rítmicas que consuenan con exactitud ante la cotidianidad del hombre y su

irremisible cadena -¿condena?- vital:
     Narciso sabe gramática y las fases del amor para él son los modelos de las conjugaciones: Amar – Temer – Partir. O dicho de otro modo: pasión exacerbada – temor a que la misma lo devore -huida del incendio que él mismo ha provocado y que el aire de su huida avivará.

Mercedes Roffé, el rostro en el espejo

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954) lleva décadas entregada al ámbito de la poesía. Tiene en su haber doce poemarios y está considerada una de las voces más destacadas de la actual lírica argentina. Ahora, ve la luz “Las linternas flotantes” (Madrid, 2017), una oportuna reedición de este libro de Roffé, el cual tuviera ya su primer bautismo en 2009.

 

La poetisa bonaerense escribe:

 

El poema es el rostro en el espejo

más verdadero que el rostro y que el espejo.

El poema es el flujo de la sangre

más allá del cuerpo

(…)
El poema es el ritmo de lo otro en mí

más allá de mí, siempre más allá.

 

Y, precisamente, desde ese azogue revelador va alumbrando un decir que se hace brasa, nostalgia, remembranza. La distancia que roza sus párpados se torna reencuentro y la presencia cambiante de la realidad busca la raíz ensoñadora de la palabra más sincera.

Su entorno es una hilera de cromáticas sensaciones donde se conjugan “el azul del azul” o el “verde vida del prado”, mientras la luz que alienta los versos salpica la febril mudanza de lo que ayer fue palpable:
Un álgebra superior

equipara

el día y la nocheMercedes Roffé... Portada

lo que será y lo que ha sido

lo que vendrá y el origen

sereno de las cosas

tumulto y paz

convulsión y mar calma

la realidad se ofusca

           [en el retorno.

 

La multiplicidad del verbo de Mercedes Roffé permite al lector sumergirse como un ilusionista en el lado desconocido del tiempo y del espacio. El yo lírico devela las estancias íntimas por las que pasea su conciencia y dibuja un detallado mapa de sus silentes sentimientos.

Hay preguntas que surgen como fogonazos de incertidumbre y que parecen no encontrar respuesta sino detrás de las umbrías madrugadas:

 

¿El amor será al cuerpo

lo que la contemplación

                      [al alma?

¿Ese sosiego?

¿Esa intuición?

del todo en el instante?

¿Ese relámpago en el que

lo real se revela

acorde con su eco?

¿Será aquel hiato en

     [el fluir del tiempo

el único hogar y

    [patria verdadera?

 

Los veinte poemas que integran el conjunto retratan el fuego y el olvido, la sombra y la sangre, la máscara y el horizonte donde las reminiscencias de la vida cobran trascendente tentación.

En su prefacio, afirma Ángeles Mora: `Las linternas fotantes´ es un libro que quiere ser total y al mismo tiempo particular, que arrastra, que nos presenta una especie de ontología de nuestro mundo, de nuestro ser, desde el origen y la infinitud del universo”.

 

Un volumen, al cabo, ungido por el poder del amor, por la insistencia y el misterio de la palabra extendida en sus cinco sentidos:
Ese vaivén

Esa duda que insiste

somos

Esa esquirla clavada en el costado

del ángel que nos guarda.

La Exposición “Zorrilla, poeta popular” en el Bicentenario de su nacimiento

zorrilla BNE

 

 

Hasta el 21 de Enero del próximo año tendremos la oportunidad de ver esta exposición en la Sala de Las Musas, del Museo de la Biblioteca Nacional de España (BNE)

Con esta exposición, la Biblioteca Nacional quiere recordar al poeta reconstruyendo tanto su biografía como la época en la que vivió. A través de los fondos que se conservan en sus depósitos, la Biblioteca mostrará tanto el rico y plural bagaje del Romanticismo español, en el que Zorrilla ocupa un lugar muy especial, como la trayectoria de un creador que siempre apeló al conocimiento del pasado y de las tradiciones para hacer frente a los desafíos del mundo moderno. Sus leyendas históricas, sus obras teatrales, sus poemas, sus actores favoritos y sus contemporáneos le esperan para recordar con él todo un siglo de historia.

 

cartel casa Zorrilla AnaluciaOrtega

Zorrilla ( Valladolid en 1817 – Madrid 1893) fue el trovador del pueblo, como él mismo se llamó, pues se consideraba la voz y la palabra de las personas comunes, de cuyas leyendas y tradiciones bebió su obra. Precisamente por eso, sus versos fueron tan conocidos y recitados en su tiempo.

La exposición se divide en tres partes. La primera repasa la trayectoria de Zorrilla y la inserta en su tiempo para conocer los lugares que frecuentó en su juventud, sus primeras composiciones, sus amigos, su traslado a México, así como los más importantes reconocimientos públicos que se le hicieron en vida: la coronación como poeta nacional en Granada y el ingreso en la Real Academia Española. Se cierra esta primera parte con el homenaje póstumo que recibió en su funeral. La segunda parte se ocupa de una de sus actividades principales: el teatro, al que dedicó casi toda su vida. Las hermanas Lamadrid, Carlos Latorre o Juan Lombía nos ofrecen sus retratos para conocer a quienes representaron en el escenario las obras del poeta. Además, se expondrán no solo sus piezas teatrales más importantes, sino también algunos de sus manuscritos, lo que nos permitirá examinar su forma de trabajo. La última parte de la exposición se centrará en el mundo legendario que creó a través de composiciones como Cantos del trovador, La leyenda del Cid, Ecos de las montañas, etc. Construyó Zorrilla con su obra un imaginario medievalizante que atrajo enormemente a los ilustradores más importantes de su tiempo, algunos de cuyos trabajos podremos ver también en la exposición.

Zorrilla, quien confesaba que en su juventud iba a la Biblioteca Nacional para no pasar frío, regresa ahora y halla, de nuevo, abiertas sus puertas para encontrar “amigos que me esperan y hospitalario hogar”.

zorrila europapress

 

La Exposición está Comisariada por Raquel Sánchez García.

Información práctica

  • Del 19 de septiembre de 2017 al 21 de enero de 2018
    De martes a sábado de 10 a 20 h.
    Domingos y festivos de 10 a 14 h.
    Último pase media hora antes del cierre. Entrada libre y gratuita.
  • Sala de las Musas del Museo de la BNEzorrilla cup

Nota de Prensa BNE

 

 

 

 

 

Vista de Valladolid (al fondo la Academia de Caballería) Ana Lucía Ortega ©
Vista de Valladolid (al fondo la Academia de Caballería)
Ana Lucía Ortega ©

Cuando duele el recuerdo

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

Contactar con el autor: jorgedearco@telefonica.net

 

Bajo el título de “La fábrica” (Devenir. Madrid, 2017), ve la luz el primer poemario de Borja Campo Alange. Este madrileño del 79, ya tiene en su haber dos novelas, “La vida epifita” (2012) y “Séale la tierra ligera” (2014)

En este su bautismo lírico, expone un tejido de homogéneas reflexiones, de vívidas experiencias, de sólidas creencias, que devienen en un mapa íntimo y trascendido. Su viaje interior se rodea de un expreso deseo por reconocerse al par de su conciencia y anudar el tamaño de su espacio y de su tiempo a la mudanza del alma:

 

Y acepto mi presencia más allá del sistema,

de la memoria.

Mi mundo supera mi lenguaje.vasar poetico jdArco

`¿Cómo probarlo?´, dirán.

 Y yo contesto con la ventaja

de la poesía

(…)

`La materia prima no es la palabra,

ni la partícula.

La materia prima soy yo´.

 

Dividido en tres apartados, “Materias primas”, “Productos terminados” y “La fábrica”, el volumen mantiene una anímica eficacia, una sugerente tensión, que contribuye a  que el lector se aproxime con mayor fluidez a su ulterior mensaje. Los ecos de una palabra transformadora e inquietante, sobrevuela buena parte de estos poemas en donde anidan una luz vulnerable y un universo solidario.

Con una voz sostenida en una significativa narratividad, el sujeto lírico se va inquiriendo sobre la existencia, sobre la verdadera libertad que rodea su ser. Preguntas, al cabo, que encuentran -o no- respuesta, pero que le sirven como desahogo humano y necesario:

 

¿Puede ser, dime, puede ser un eco

 este grito

 este llanto

esta cura

esta herida

este sin nombre

consentido?.

 

En su “Poética”, Julio Cortázar dejó cincelado este personal pensamiento: “La poesía prolonga y ejercita la oscura e imperiosa angustia de posesión de realidad, esa licantropía ínsita en el corazón del hombre que no se conformará jamás –si es poeta- con ser solamente un hombre”. Campo Alange parece sentirse deudor de la máxima cortazariana, pues su discurso crece unido a una verdad que no cede y que profundiza en una materia candente, muy próxima a su palpable cotidianeidad. Su verbo se expande y se derrama de forma valiente, y se torna dador de una certidumbre reveladora:

 

Que no es un fracaso darnos cuenta

[de que no podemos cambiar el mundo.

 Que es vida no conseguir casi  nunca

[lo que queremos.

 Que duele el recuerdo

[a causa de la eternidad del presente.

 

La espiritualidad del amor y el peso de la memoria se alinean, a su vez, en estas páginas y se hacen temática recurrente. La detenida observación de cuanto gira en derredor de Dios y de la naturaleza sostienen, también, un ámbito que desvela la quimera de cuanto el poeta madrileño reescribe en su corazón.

 

En suma, un poemario  intenso y atractivo, ajeno a oropeles y que signa en su interior los acentos de un escritor de hondo aliento:

 

Tan sólo en esta fábrica de versos

 en la que espero, y tú me esperas, y nos

cierne el sentido último, estar quiero,

solos, tú y yo.

Entre las flores frías – Nuria Barrios

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

    Con “La luz de la dinamo” (Fundación José Manuel Lara. Colección Vandalia. Sevilla, 2017), Nuria Barrios obtuvo el VII premio de poesía iberoamericano “Hermanos Machado”. La autora madrileña suma con éste su tercer poemario, tras “El hilo del agua” y “Nostalgia de Odiseo”, editados en 2004 y 2012 respectivamente.

A la naturaleza circular del poemario obedece, precisamente, su título, así como al incesante girar de las ruedas de la bicicleta, las cuales resultan familiares y evocadoras para el sujeto lírico.

Atravesado por tres temas fundamentales, la infancia, el amor y la muerte, el decir de Nuria Barrios se vertebra desde una óptica de intencionada transparencia. Su verso discurre sereno, sin alteraciones y remite a una semántica amatoria, reveladora:

 

Yo antes quería todo

ahora nada significa lo mismo.

Me perdí

no sabía dónde estaba

te decía perdida en ti

tú lo negabas

en ti sólo estabas tú.

Yo había desaparecido

olvidada de mí.

Sin mí, vacía de sí

la realidad vibraba.

 

Las cicatrices del corazón y la dicha que alimentó el alma se tornan protagonistas de buena parte de estos textos, que se mueven entre la luz y la penumbra. Los escenarios que antaño fueran cobijo amante son ahora refugio para una realidad distinta, adulta. Los años cumplidos dibujan una verdad construida sobre la experiencia, un mapa íntimo del que brotarán más recuerdos que sorpresas:

 

Hoy

que por siempre ya serás pasado

Portada del VII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado
Portada del VII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado

conjuramos tu futuro en nuestro presente

y en tu cuerpo inerte insuflamos vida

rescatada la flor de tu carne

entre las flores frías

más tu muerte devora el Tiempo

y fosiliza nuestro aliento

igual que insectos

    [atrapados eternamente

en el interior dorado

de una gota de resina.

 

      La poetisa madrileña recupera su niñez a través de la revisión de antiguas canciones infantiles. El eco de sus melodías, de su mensaje, tiene aquí un espacio novedoso para su relectura. Los protagonistas familiares también ocupan su antiguo lugar y los paisajes que sostuvieron el sabor pretérito vuelven a pintar los colores presentes. Ese retorno vivencial suena así:

El cocherito leré

la invitó a la botica, leré

para que el boticario, leré

le diese pastillas.

 

A comprar pastillas, leré

para el mareo, leré

Gretel va y viene, leré

sentadita en el coche.
 

Un poemario, en suma, que se adentra en el denso espacio de la vida, en el latir incesante de la esencia humana y que recorre de parte a parte la reflexiva liturgia de los anhelos, el hechizo dorado del destino, la rayuela última de la existencia:

 

Separar la piel de la vida

no hablo de mudar la piel

sino de eliminarla.

 

 

Raíces de la luz necesaria

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Más de cuatro décadas lleva Xavier Seoane (1954) dedicado al ámbito de la cultura en sus muy distintas expresiones. Escritor, profesor, conferenciante, articulista, comisariado de exposiciones…, su pasión por el mundo artístico y literario se ha mantenido constante a lo largo de todos estos años. Y sobre todo en su Galicia natal, donde ha desarrollado la mayor parte de sus actividades.

 

Ahora, la editorial ourensana Linteo, da a la luz una oportuna compilación en versión bilingüe y traducida por el propio autor bajo el título “Elogio del vivir”. El volumen reúne una amplia muestra de trece de los poemarios editados por Seoane hasta la fecha, desde “La nuca del pájaro” (1978) hasta “Espiral de sombras” (2013).

El quehacer del vate coruñés se orilla desde una visión de la existencia en la cual confluyen la celebración del vivir y lo frágil del ser humano ante su finitud. Como es lógico, sus primeros libros se sostienen sobre componentes más gozosos y derraman un verso liberador y cómplice. Tal y como puede leerse, p.ej., en su libro “El canto de la tierra” (1987):

Portada Raíces....

Ved

la transparencia

el aire

olas cubren montañas

valles se abren al mar

el amor es diadema

de inmensidad

como fruto sonámbulo

resplandece el rocío en el huerto irreal

la luz radiante pasa acariciando

hombres bestias y aves

 

La amplitud de su obra deviene en una latente variedad temática que escenifica territorios, protagonistas, acordanzas, experiencias…, las cuales se aúnan a la hora de conformar su personal mapa lírico. A su vez, los elementos ficticios, reales, visionarios, alegóricos, quiméricos, vitalistas y amatorios se ordenan de manera coherente y rigurosa para dar cuenta de un cántico de sobria modulación:

Danzaremos.

En el azul danzaremos

Más allá del silencio danzaremos,

detrás del corazón, en la paz de los cielos,

más allá del deseo danzaremos.

 

En su estudio previo, Xosé María Álvarez Cáccamo analiza con precisión las etapas y claves de la poesía de Seoane. Y en él, reconoce hallar “la inteligente selección de adjetivos vitalizadores, el manejo de un léxico culto y rico en matices y la habilidad rítmica”. Todo ello, sumado a las trascendentes características renovadoras que trajo la Generación de poetas gallegos de los 80, de la que Seoane fue parte muy activa.

 

La lírica del poeta gallego tiene un hálito biográfico que hace de su palabra geografía cercana. El tiempo y el espacio que articulan la verdad de sus textos remiten a un relato solidario que retorna al origen y se deja ganar por la vigencia de unos sentimientos plenos de certidumbre:

 

Regálame tus ojos.

Son pétalos que arrastran lentas aguas.

Regálame tus labios.

Son raíces de la luz necesaria.

Deja

que nuestros cuerpos se alcen

a la intacta serenidad de un grito o un disparo.

Regálame el crepúsculo de todas las derrotas,

la más lenta promesa de los días y los años.

 

Cabe destacar también que el tema de la muerte signa en buena medida el conjunto y, aún a sabiendas de que Seoane revela la falta de opciones ante su íntima caducidad, ensaya la manera de asumir y modelar tan complejo trance:

 

La muerte es un horizonte

en el que todos los sueños

pueden cumplirse

cuando la vida no tiene nada que darnos.

 

En suma, una antología elocuente y llena de atractivos, que acerca al lector el decir de un escritor de largo aliento lirico, con “ese misterio insomne y silencioso” que necesita toda buena poesía.

Neruda, tentativa de hombre infinito

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Quien junta estas letras tuvo en su adolescencia a Pablo Neruda (seudónimo de Neftalí Reyes Basoalto, chileno, 1904-1973, premio Nobel de Literatura en 1970) como un icono poético fundamental, sin discusión. Los ineludibles Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) siguen reposando en mi cabecera después de mucho tiempo. Y aludo a ellos porque son referencia obligada a la hora de exponer impresiones acerca de tentativa del hombre infinito (Cátedra. Madrid, 2017), su tercer poemario de juventud, y que vio la luz en 1926. El primero fue Crepusculario (1923).

 

Antes del éxito inmediato y descomunal de Veinte poemas…, que él mismo no tardó en considerar obra menor y secundaria en su trayectoria, el poeta ya estaba ensayando otras vías de lenguaje. Algunos textos suyos mostraban incluso un cauto interés por la poesía vanguardista. De ahí a la expresión experimental de esta tentativa solamente quedaba el paso definitivo. En su decisiva edición crítica del texto, Hernán Loyola lo define, tal vertebración temática, como nacido de un viaje nocturno y sustentado en un “lenguaje poético de intención vanguardista basado en la ausencia de puntuación y mayúsculas y dispuesto como una cadena heterogénea, deshilvanada, de sintagmas o segmentos yuxtapuestos en asociación más o menos libre o arbitraria, no desprovista, sin embargo, de una subyacente lógica discursiva”.

En efecto, el pretendido rigor formal encierra dos motivos recurrentes en el devenir lírico nerudiano: El yo humilde, atómico, ante la infinitud cósmica, y enfrentado a él, la mujer sacralizada como móvil de persuasión agente y tal vez pasivo.

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El esbozo originario de tentativa del hombre infinito se centra en un primer verso, “he trabajado solo soy el principio de mí mismo”, el cual se va extendiendo hacia una divagación del propio ser confrontado a horizontes por descubrir, aunque este temor a lo ignoto en absoluto le disuade de continuar una búsqueda necesaria: “oh noche mía en mi hora en mi hora furiosa y doliente/ acoge mi corazón desventurado”. Y como queda dicho, el ser que se le enfrenta es el de la mujer corporeizada y casi intemporal, el de la amante casi infinita que se devuelve al territorio de los sueños del hombre, y que nunca deja de reencarnarse como entelequia y respuesta salvadora, inicio y fin del poema más sincero: “al lado de mí mismo señorita enamorada…/ sin embargo eres la luz distante que ilumina las frutas/ y moriremos juntos”.

 

Pablo Neruda se sentía a gusto explorando una dimensión poética que se supone inefable, o, lo que es igual, anhelaba la percepción de un logos indefinible, el acercamiento a una experiencia imposible de abarcar con la palabra única. Eso sí, su constancia y su labor indesmayable se plasma en la autoría de una obra representativa de las distintas orientaciones literarias que jalonan el siglo XX: el simbolismo, la poesía comprometida, las tendencias más reveladoras están presentes en su dilatadísimo quehacer. Todo ayuda a que el concepto de originalidad, tan extenso e intenso en cualquier caso, pueda verificarse como la más importante característica de sus creaciones. Además, su claro dominio de la lengua española y de la sintaxis poética se lo ponían en bandeja: “yo soy el que deshoja nombres y altas constelaciones de rocío/ en la noche de paredes azules alta sobre tu frente/ para abordarte a ti palabra de alas puras”.

Los líricos hilos de Natalia Tentori

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Galardonado con el premio internacional “Ciudad de Orihuela” de poesía para niños, ve ahora la luz “Arroz con leche” (Faktoría K de Libros. Pontevedra, 2017).

 

Su autora, Natali Tentori, nacida en Buenos Aires en 1982, ha formado parte de grupos de investigación, acción poética y poesía escénica. Es autora del álbum “Una mitología de las flores” y del libro de relatos “Mil clavados”. Ha sido cofundadora y editora de la Revista Infantil de “Juego Poético Cháchara” y en 2008, ganó el concurso internacional de cuentos “Horacio Quiroga” de 2008 en Uruguay.

 

La unánime esencia del poemario parte de un “guiño solidario a la campaña NiUnaMenos contra la violencia de género, desarrollada en Argentina a través de las redes sociales”.

Pero además de esa cómplice intención, la autora bonaerense se afana en alcanzar una atmósfera de matiz femenina, de la que van surgiendo madres, abuelas, hijas…, protagonistas principales, al cabo, del conjunto.

 

Mi abuela me enseñó a bordar,

me mostró un enorme mantel blanco

lleno de pájaros azules.

Ella lo había hecho con su hermana.

Enhebramos los hilos, nos sentamos

ante un género virgen…

 

…, reza el segundo poema del volumen. Y de esos “hilos” familiares y tan sentidos van naciendo los recuerdos, las anécdotas, los sentimientos que tejen la materia temática del libro.

 

Los poemas de Natalia Tentori se acercan mucho a una prosa poética que agranda su intención narrativa. Carente de rima, con ausencia de ritmo y un notable número de asonancias, sus versos se resienten, en ocasiones, ante la falta de cadencia musical:

 

Una anciana viaja

medio día en burroportada arroz.indd

a visitar a su amiga

de sorpresa.

Cuando llega,

la otra está esperando

el mate calentito,

tortas fritas recién hechas.

Se ven y estalla una risa de tormenta

truenos resuenan en sus panzas

el burro corre asustado

y ellas a carcajadas

cataratas de alharaca

como esqueletos de fiesta bailan…

 

 

     El ámbito pretérito que sobrevuela estas páginas convierte en íntimo recuerdo las vidas que continúan entrelazadas. La memoria de otro tiempo se anuda al corazón y a la pluma de la poetisa argentina y, de su ensoñadora realidad, crecen sugerentes instantes, resueltos con una ilimitada y certera semántica.

 

Los elementos míticos, fantásticos y reales que pueblan la Naturaleza, son también protagonistas de estos textos donde se dibuja un universo entrañable y fraternal y donde se aúnan los hábitos, los rituales, las celebraciones… que miran hacia un tiempo y un espacio muy íntimos:

 

En Cuzco subiendo la montaña

una mujer coya lleva a su hija en la espalda

dentro de una tela que se llama aguayo.


La niña lleva en la espalda una muñeca

atada con otro aguayo más pequeño

y las tres cantan una canción

que llama a la Madre Tierra.

 

La ilustradora colombiana Elizabeth Bulles ha mezclado sabiamente sus bellos retratos con una atractiva y cromática vegetación, completando así, el fiel empeño de un libro de grata y seductora lectura.

Con una brisa del norte

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

     Bajo el título de “Nortes” (Norbanova. Madrid, 2016), se edita el tercer poemario de Antonio Linares Familiar. Este salmantino (Peñaranda de Bracamonte, 1962) afincado en Madrid, lleva años alternando su labor docente con su actividad lírica y traductora.

 

En 2011, veía la luz “El perfil de la torre”. En esta entrega, Antonio Linares apoyaba su contemplación sobre un tiempo distinto y renovador, y sus ojos se detenían en los perfiles y las luces de una Naturaleza fraternal y sanadora:

 

La mirada se torna familiar

ante el diálogo de las piedras;

los días caen entre los surcos

arados con sal de lagrimas

bajo un sol en agonía,

mientras, ajeno a mi caminar,

busco una flor azul.

 

Ahora, en “Nortes”, la “flor” sobre el que pinta su cotidianeidad, se va plagando de incertidumbres, de ausencias, de aguaceros, de nombres, de soledades, de insomnios… que susurran junto al corazón la llama del tiempo inexorable.

La memoria se derrama y se recuesta en los silencios que sirven de reflexión a un yo poético esperanzado si descreído:

 Nortes portada

Miro hacia donde no estoy

y descubro una figura

perdida en la esquina de la edad:

con una señal me indica

trazos de mi sombra y

con una brisa del norte

los arrastra hacia una escalera de caracol

y nos reúne a la mesa

par diluirnos en este momento.

 

 

En el decir del vate salmantino se funden elementos de indudable interés: un personal simbolismo, una íntima reflexión sobre el  ceremonial de la existencia y una visión realista y, en cierta medida, descarnada, sobre la finitud del ser humano. Elementos, al cabo, que se conjugan de manera solidaria bajo una luz común y reveladora.

 

Dividido en cuatro apartados, “Norte de lugares y memorias”, “Norte de las convicciones”, “Norte de los silencios” y “Norte de la (in)con(s)ciencia”, el volumen va trazando un mapa de andanzas y remembranzas, de soles y lunas, de  pavesas y llamas.., que sostienen las pretéritas y las vigentes vivencias que conforman el día a día del poeta:

 

Aquí ahora, asumo los requisitos de estar vivo.

Injerto mi alma en su cauce,

disuelvo los miedos en la esperanza

para que mis cenizas en alguna mirada

sean viento, lluvia, árbol, o una lágrima.

 

Después de leer -y releer- los versos de Antonio Linares, he recordado, al poeta suizo Hans Grapp, quien dejara escrito en su libro “Monólogos del tiempo”: “Mi Norte no tiene fronteras./ Mi Norte es una herida,/ una palabra huérfana./ Mi Norte es el rincón de mis anhelos”.

Los anhelos, sí, las inquietudes, las preguntas, que van surgiendo al hilo de estas paginas, conforman el universo almado de un escritor de palabra viva y verdadera, honda y  desnuda, que pugna por salir ileso de la desigual batalla contra la vida:

Escucha a las urracas,

graznan mis pecados

más allá de esta copa

que se vierte sobre mi tumba.