Madama Butterfly o la seducción de una heroína trágica, frágil y digna.

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Por Norma Sturniolo

Fotos cortesía Javier del Real

Merece destacarse el esfuerzo del Teatro Real por acercar el arte de la ópera a un público amplio. La difusión dada a la representación de Madama Butterfly es admirable. Se barajan cifras importantísimas como las de 120.000 personas en municipios de toda España. La retransmisión en el canal de Facebook del Teatro Real ha sido superior a 800.000.  En Twitter la retransmisión de MadamaButterfly fue trending topic nacional con el hashtag #madamaendirecto, alcanzando una audiencia de 18.000.000 de usuarios con todas las publicaciones. También TVE ha obtenido una excelente cifra de seguimiento en la retransmisión en La 2, con 335.000 espectadores.

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Esta política de divulgación de la ópera está realizada con total acierto porque lo que se ofrece aúna calidad, atractivo y un alto grado de emoción, posibilitando la empatía del público con lo que ve.

Si Madama Buttlerfly es una de las óperas más populares y emocionantes del compositor de Luca, esta Butterfly puede conmover incluso a los más remisos, tanto por los intérpretes como por la reposición de la inteligente y creativa dirección de escena de Mario Gaz, la espléndida escenografía de Ezio Frigerio, los exquisitos figurines de Franca Squarciapino, la dirección musical de Marco Armiliato y dirección del coro de Andrés Máspero. Sobresaliente la interpretación de la soprano Ermonela Jaho en el papel protagonista y de Enkelejda Shkosa en de la fiel Suzuki. Conviene recordar que se representa en el coliseo madrileño desde el 27 de junio al 21 de julio de 2017.

 

El director de escena Mario Gaz opta por el juego de la ficción dentro de la ficción. El juego metaficcional, a veces, produce un distanciamiento, pero, en este caso, el resultado es todo lo contrario, hay un emocionante acercamiento a lo que sucede en escena. Mario Gas sitúa la historia en un plató cinematográfico en los años 30 y los espectadores presenciamos la ópera en sí, la supuesta grabación cinematográfica que se hace de la misma y su reproducción en blanco y negro en una gran pantalla.

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Aparecen un director de cine, los técnicos con su equipo y por encima de los subtítulos, se proyecta la filmación con unos primeros planos que nos permiten apreciar todos los gestos de los personajes. Es como si pudiéramos ver parte de su interioridad, y, sobre todo, nos acerca a esa mujer niña Cio- Cio San o Butterfly, que tiene quince años al comienzo de la historia y al final se suicida con 18. Asistimos a su viaje que es gozoso al principio pero que, muy pronto, se torna doloroso. Pasará desde la inocente, casi pueril felicidad a la posterior esperanza en el regreso del su gran amor y a la necesidad del autoengaño. Todos saben que el oficial de la marina americana de quien se ha enamorado la ha abandonado. Ella, por el contrario, cree que volverá. Pero, ¿su confianza es total o necesita creer para no morir de dolor, servirse del autoengaño para seguir viviendo? Cuando no hay ningún resquicio para la esperanza, la trémula niña se convierte en una mujer capaz de devolverse el honor a sí misma. La música del compositor de Luca, arrebatadora, tiene ecos orientales con los que se subraya la delicadeza del mundo que rodea a Butterfly y, a la vez, su crueldad. ¿Acaso Butterfly tiene una posibilidad de vida mejor acatando a los suyos? A todas luces parece que no. Se insiste en la soberbia del americano, por supuesto que su soberbia queda patente en el primer acto, así como en el conflicto entre dos civilizaciones, una de las cuales se considera superior a la otra, pero no se hace suficiente hincapié en la condición femenina en una sociedad feudal, en la marginación de una mujer pobre como Butterfly en dicha sociedad. ¿Cuál sería su futuro si aceptara las propuestas de quienes la rodean? ¿Casarse con el pretendiente Yamadori que abandonó a sus mujeres, por lo cual podemos prever que haría lo mismo con Butterfly? ¿Volver a ser una geisha obligada a entretener a los demás? Ella sueña con algo diferente, con un amor verdadero. Ama la belleza por eso se encandila con las bellas palabras que no está acostumbrada a oír. Además de la fascinación que le produce el extranjero debido a una extrema juventud más propensa a la ensoñación , la seducen las palabras del yankie Pinkerton que la llama de formas muy bellas, nombres que ellas recuerda con devoción.

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Imposible no conmoverse con ese sueño de amor de Butterfly y más aún cuando la vulnerable japonesa está interpretada por unaButterfly 1826 soprano tan entregada a su papel como la albanesa Ermonela Jaho que transmite todo esa riquísima gama de matices que va desde la fragilidad y los movimientos casi de niña al comienzo de la historia hasta el terrible desgarramiento del final. Jaho hace suyo el personaje y nos transmite su temblor de mariposa herida.

¿Cómo no conmoverse con la obra de Puccini (1858-1924) ese gran conocedor del alma femenina? Recordemos sus propias palabras “ si la obra no me conmueve, si el libreto no me llega al corazón, si no me hace reír y no me hace llorar, si no me exalta y me sacude, no hay nada que hacer . No es cosa para mí. Resultaría una falsedad, una desarmonía”.

 

El emocional maestro, al referirse a Butterfly, afirmó en una de sus cartas “La ópera me conmovía siempre cuando la releía al piano

Sentir, emocionarnos, abrirnos al sufrimiento y los sueños, las grandezas y las debilidades de personajes que son muy humanos y reconocer el poder transformador del arte es algo que hay que agradecer a obras como ésta.

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Neruda, tentativa de hombre infinito

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Por Jorge de Arco

 

Quien junta estas letras tuvo en su adolescencia a Pablo Neruda (seudónimo de Neftalí Reyes Basoalto, chileno, 1904-1973, premio Nobel de Literatura en 1970) como un icono poético fundamental, sin discusión. Los ineludibles Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) siguen reposando en mi cabecera después de mucho tiempo. Y aludo a ellos porque son referencia obligada a la hora de exponer impresiones acerca de tentativa del hombre infinito (Cátedra. Madrid, 2017), su tercer poemario de juventud, y que vio la luz en 1926. El primero fue Crepusculario (1923).

 

Antes del éxito inmediato y descomunal de Veinte poemas…, que él mismo no tardó en considerar obra menor y secundaria en su trayectoria, el poeta ya estaba ensayando otras vías de lenguaje. Algunos textos suyos mostraban incluso un cauto interés por la poesía vanguardista. De ahí a la expresión experimental de esta tentativa solamente quedaba el paso definitivo. En su decisiva edición crítica del texto, Hernán Loyola lo define, tal vertebración temática, como nacido de un viaje nocturno y sustentado en un “lenguaje poético de intención vanguardista basado en la ausencia de puntuación y mayúsculas y dispuesto como una cadena heterogénea, deshilvanada, de sintagmas o segmentos yuxtapuestos en asociación más o menos libre o arbitraria, no desprovista, sin embargo, de una subyacente lógica discursiva”.

En efecto, el pretendido rigor formal encierra dos motivos recurrentes en el devenir lírico nerudiano: El yo humilde, atómico, ante la infinitud cósmica, y enfrentado a él, la mujer sacralizada como móvil de persuasión agente y tal vez pasivo.

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El esbozo originario de tentativa del hombre infinito se centra en un primer verso, “he trabajado solo soy el principio de mí mismo”, el cual se va extendiendo hacia una divagación del propio ser confrontado a horizontes por descubrir, aunque este temor a lo ignoto en absoluto le disuade de continuar una búsqueda necesaria: “oh noche mía en mi hora en mi hora furiosa y doliente/ acoge mi corazón desventurado”. Y como queda dicho, el ser que se le enfrenta es el de la mujer corporeizada y casi intemporal, el de la amante casi infinita que se devuelve al territorio de los sueños del hombre, y que nunca deja de reencarnarse como entelequia y respuesta salvadora, inicio y fin del poema más sincero: “al lado de mí mismo señorita enamorada…/ sin embargo eres la luz distante que ilumina las frutas/ y moriremos juntos”.

 

Pablo Neruda se sentía a gusto explorando una dimensión poética que se supone inefable, o, lo que es igual, anhelaba la percepción de un logos indefinible, el acercamiento a una experiencia imposible de abarcar con la palabra única. Eso sí, su constancia y su labor indesmayable se plasma en la autoría de una obra representativa de las distintas orientaciones literarias que jalonan el siglo XX: el simbolismo, la poesía comprometida, las tendencias más reveladoras están presentes en su dilatadísimo quehacer. Todo ayuda a que el concepto de originalidad, tan extenso e intenso en cualquier caso, pueda verificarse como la más importante característica de sus creaciones. Además, su claro dominio de la lengua española y de la sintaxis poética se lo ponían en bandeja: “yo soy el que deshoja nombres y altas constelaciones de rocío/ en la noche de paredes azules alta sobre tu frente/ para abordarte a ti palabra de alas puras”.

Bomarzo en el Teatro Real y la sugerente estética de la ensoñación

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Por Norma Sturniolo

Fotos Javier del Real

 

 

Del 24 de abril al 7 de mayo en el Teatro Real se representa Bomarzo, ópera del músico Alberto Ginastera (1916-1983) basada en la novela homónima del escritor Manuel Mujica Láinez (1910-1984) que es, asimismo, el autor del libreto. Ambos, músico y escritor, son argentinos.

 

Bomarzo, estrenada en el Lisner Auditorium, en Washington, D.C en 1967, está considerada una obra fundamental del reportorio operístico contemporáneo. Esta nueva producción del Teatro Real es una coproducción con De Nationale Opera de Ámsterdam. La orquesta titular del Teatro Real está dirigida por David Afkham, actual director de la ONE, la dirección de escena corre a cargo de Pierre Audi, la escenografía e iluminación,de Urs Schönebaum, la coreografía de Amir Hosseinpour y Jonathan Lunn,  los figurines, de Wojciech Dziedzic, la dramaturgia, de Klaus Bertisch y el video de Jon Rafman, el coro titular del Teatro Real, dirigido por Andrés Máspero y la escolanía de los Pequeños Cantores de la Orcam dirigidos por Ana González. Todos realizan una labor encomiable.

 

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En el exigente papel protagónico de Pier Francesco Orsini, hay que destacar al tenor británico John Daszak que da muestras de su solidez como cantante y como actor. Está siempre presente en el escenario y debe memorizar un texto extenso y complejo.

 

Cabe recordar el argumento de la ópera para entender la opción de Pierre Audi.

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Mujica Láinez cambió el orden cronológico de la novela. Decidió emplear la técnica de la analepsis, es decir, eligió alterar la secuencia cronológica de la historia. El libreto comienza con el momento próximo a la muerte de Pier Francesco Orsini. En su agonía, el duque rememora distintas escenas de su pasado donde hay una asfixiante omnipresencia del horror que le produce su cuerpo debido a su joroba a la que nombra repetidamente. Ese rechazo, esa repulsión a esa parte de su cuerpo la aprendió de su propia familia. Todos lo desprecian menos su abuela que lo adora y termina siendo nociva para él, inculcándole la ambición por el poder y la idea de inmortalidad.

 

La ópera comienza con el duque bebiendo una pócima que le da un astrólogo asegurándole que la misma le dará la inmortalidad pero sobre esa pócima su sobrino ha vertido veneno, vengando así el asesinato de su padre. Y el duque moribundo recuerda escenas de su vida pasada desde la niñez donde hay sufrimiento, violencia, fantasías eróticas, sexo, bisexualidad, impotencia e incitado por su abuela, sed de poder e inmortalidad. Hay perversión y crueldad.

 

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Rememora cuando es travestido y violado por los hermanos, encerrado por su padre en una habitación con un esqueleto, multiplicado en los espejos el reflejo de sí mismo con su monstruosa joroba cuando va a ver a la prostituta Pantasilea, las muertes de sus hermanos, el casamiento con la bella Julia Farnese que prefiere a uno de sus hermanos. Todo es angustioso y  desasosegante en esta ópera que consta de dos actos y 15 escenas, todas con la misma estructura interna y articuladas por interludios, a la manera de la ópera Wozzeck de Alban Berg. Hay un predominio de los instrumentos de percusión y algunos instrumentos exóticos como la mandolina y la viola d’amore, entre otros. La música mezcla atonalidad con una escritura que se acerca al modal y hay formas arcaicas tradicionales como el madrigal, la musetta, o la villanella. La dirección musical de David Afkham como la del coro por parte de Máspero y la escolanía a cargo de Ana González son excelentes.

Las partes corales van desde el canto a base sólo de consonantes hasta la utilización fonética de la palabra ‘amor’ en cuarenta y cuatro idiomas.

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Habiendo leído la novela y conociendo el libreto de la ópera que reduce la acción a casi una acción interior porque todo se desarrolla en la rememoración del protagonista, considero que la opción de Pier Audi es una lúcida exploración del mundo desasosegante, opresivo, lleno de angustia y obsesiones del duque, un mundo que refleja lo deforme y la desazón de una mente encerrada en sí misma, donde la tortura primera del rechazo familiar se convierte en autotortura. Tanto el decorado, como las luces y las proyecciones del videoartista Rafman traducen ese mundo mental, un mundo que nos acerca al drama de ese personaje dice de sí mismo  poco antes de morir que es un pobre monstruo de Bomarzo, pobre monstruo pequeño, ansioso de amor y de gloria, pobre hombre triste.

De la Monarquía al Estado – nación

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Por Juan José Echevarría – Opinión

La presentación de la novela histórica la “Colosal Guerra Dominicio-Española 1863-1865”  de José Rafael Laine Herrera, fue una oportuna ocasión de conocer uno de los acontecimientos más desconocidos, a ambas orillas del Atlántico, de la historia reciente iberoamericana.

 

Sabido es que lo que hoy se conoce como República Dominicana se independizó en 1821, dentro de la primera oleada revolucionaria que vivió el hemisferio occidental. Más ignorado es lo que vino a continuación, con un incipiente Estado preso de su propia posición geoestratégica. En efecto, la desconexión con el reino de España fue seguida de inmediato de una invasión de Haití, la porción oeste de la compartida isla que desde los primeros años de la conquista recibió la denominación de La Española. La violencia y estado de guerra consiguiente se extendió durante décadas, asolando la isla y contrastando con la situación de las cercanas Cuba y Puerto Rico, donde aquella primera oleada independentista no había arribado. BanderaRepDominicana

 

Esas circunstancias explican la posición de una parte de la población dominicana favorable al regreso de la soberanía española, liderada por el general Pedro Santana, hecho que se concretó en 1861, pero que desató un nuevo ciclo de violencia, materializado en una nueva guerra que no finalizó hasta 1865 y que se saldó con la definitiva expulsión de España. Contienda sangrienta con decenas de miles de muertos.

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Cuestión interesante al respecto es la diferencia entre 1821 y 1861. En la primera de las fechas, la Monarquía Hispánica, un imperio con tres siglos de existencia abandonó la isla, regresando cuarenta años después como un Estado-nación. La diferencia no es baladí y explica muchas de las circunstancias que sobrevolaron el primer siglo de la Contemporaneidad: el XIX.

 

La primera oleada revolucionaria acabó con el imperio español. Las independencias de las primeras décadas del XIX pusieron fin a aquella estructura estatal diseminada por grandes extensiones del planeta, compuesta por múltiples reinos y virreinatos sobre las que pivotaba la figura de un monarca. De esa implosión surgieron dos decenas de Estados-nación, entre ellos la República Dominicana, pero también México, Perú, Argentina y… España. Todos ellas desgajadas de aquel tronco común: de la Monarquía Hispánica. Un nuevo tiempo había empezado: el protagonizado por los nacionalismos.

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Cuarenta años después, los barcos que llegaron a la Española no eran de aquel imperio ya desaparecido, sino de un Estado-nación que se había construido en el ínterin, al igual que otras ramas de aquel árbol hacían lo propio, entre ellas la propia República Dominicana. El enfrentamiento de ambas naciones, jóvenes en edad, provocó aquella colosal contienda, que Laine Herrera describe y que desde aquí invitamos a su lectura.

¿Aprender inglés o wólof? Desmontando los argumentos de Izquierda Unida

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Por María José López de Arenosa – Opinión

 

Bajo el título Informe Bilingüismo (sin preposición), Izquierda Unida presentó un documento contra la educación bilingüe en la Comunidad de Madrid que denuncia la concentración de recursos “que se detraen de otros programas educativos como el de compensación de desigualdades.”

La adquisición de una segunda lengua es un tema complejo que ha generado tantas teorías como académicos y científicos dedicados a su estudio. Destaca entre ellos Noam Chomsky, padre de la gramática generativa y de la teoría de Gramática Universal y uno de los intelectuales y activistas favoritos de la izquierda por causas ajenas a la lingüística y a quien, curiosamente, no se cita en este informe.  En lugar de recurrir a la literatura especializada, los voluntariosos muchachos de IU despachan el asunto apoyándose en autores ajenos a la ciencia del lenguaje y haciendo una interpretación sesgada de los trabajos que cita; un popurrí  que tiene entre sus contundentes citas bibliográficas la carta de una madre al periódico El País.  Ese es el nivel.

¿Educación bilingüe al alcance de todos o sólo para la (carísima) escuela privada?

La educación bilingüe encierra no pocos obstáculos. Conlleva requisitos, como profesores nativos para impartir las materias en inglés y, en el caso de la escuela pública, su contratación tiene el problema añadido de que buen número de docentes tienen plaza vitalicia por oposición.

El ambicioso (y costoso) proyecto de educación bilingüe de la Comunidad de Madrid es mejorable, pero desde el punto de vista social es justo al revés de lo que define  IU “como un elemento de segregación en las aulas”.  Una educación bilingüe al alcance de todos contribuye a eliminar barreras socioeconómicas y no a aumentar la brecha, como alega su informe, del que extraigo algunas perlas, que para eso me he molestado en leerlo íntegramente y en buscar sus fuentes bibliográficas:

  • «… la mayor parte de las familias “asocian” [las comillas son de los autores] que una consecuencia de matricular a sus hijos e hijas en un programa bilingüe es la necesidad de un apoyo externo, bien sea en el propio entorno familiar, bien en academias o clases particulares. Apoyo que las familias de contextos sociales más desfavorecidos no disponen o no pueden permitírselo».

La palabra “asocian”, con su entrecomillado, sugiere que el apoyo externo  es una percepción subjetiva de los padres, no una necesidad demostrada.  No obstante, es cierto que los alumnos de entornos desfavorecidos obtienen, estadísticamente, peores resultados académicos. Con o sin bilingüismo, esto es una realidad sangrante; razón por la cual la situación socioeconómica del alumno es uno de los baremos del informe PISA (de lectura obligada para quienes diseñan políticas educativas y que los responsables de Educación de IU ni siquiera mencionan).

Siempre ha habido padres que ayudan a sus hijos con las tareas o pagan clases particulares de Matemáticas o cualquier otra materia y quienes no pueden hacerlo por falta de medios o formación. Otros, entre los que felizmente me encuentro,  hemos preferido que nuestros hijos aprendan a estudiar solos asumiendo sus responsabilidades, con sus derrotas y victorias. En el colegio, como en cualquier otro ámbito, alguien tiene una bicicleta mejor, una casa más grande o un papá más guapo, listo y pudiente. Flaco favor haremos a nuestros niños si “asociamos” las diferencias y dificultades como agravios y barreras y no los educamos en la diversidad económica, social, física y cultural asumiendo sus propias limitaciones como retos a superar porque tendremos criaturas sobreprotegidas e inadaptadas.

Resulta falaz definir el programa de bilingüismo de la Comunidad de Madrid como “la herramienta de discriminación social más ambiciosa que se ha creado en España” por el hecho de que algunos alumnos dispongan de apoyo fuera del aula y otros no.  ¿Es una herramienta de discriminación poner la educación bilingüe al alcance de todos, independientemente de sus recursos o extracción social?  ¿Hay algo más elitista que los colegios privados bilingües que sólo una minoría ―muy minoritaria― puede pagar?

Según estas mentes preclaras la implantación del inglés «refleja no solo una cierta mentalidad colonial, sino que asume que la finalidad primordial de la educación obligatoria se debe orientar a su inserción en el futuro mercado laboral».

¡Acabáramos…! ¿Será mejor orientar la educación para la inserción en el paro?

Un segundo idioma, ¿para qué?

Se pregunta IU si la dinámica de conocer segundos idiomas para tener éxito en un mundo cada vez más interconectado «es o debe ser la finalidad de la educación obligatoria para la clase trabajadora. Porque parece que más bien se orienta para un determinado modelo de negocio internacional destinado a determinadas élites».

El conocimiento de otros idiomas no es una finalidad educativa, sino disponer de una herramienta que permite seguir aprendiendo, como ocurre con la lectura o la multiplicación. Objetar que los más desfavorecidos puedan participar activamente en la economía global me recuerda la prohibición de que los esclavos negros de EEUU aprendieran a leer y escribir porque podrían abrirse a otras ideas y horizontes y buscar oportunidades lejos de sus amos. ¿Qué mejor para dominar al otro que mantenerlo aislado e ignaro de sus posibilidades de desarrollo?

  • «No se tendrá el máximo provecho si no utilizan el inglés fuera del aula en un entorno real […]. La alternativa evidente ―nos dicen― es la inmersión, largas estancias en otros países, bibliotecas bilingües en los centros educativos, intercambios de estudiantes, etc.  El aprendizaje de idiomas necesita ayudar al alumnado para pensar en la lengua adquirida como si fuera la nativa. Para conseguir esto hacen falta recursos en forma de becas y dotaciones a los centros».

¿No contradicen estas líneas su propio argumento de que la educación bilingüe concentra demasiados recursos que privan  a “otros programas educativos como del de compensación de desigualdades”?   Parafraseando a Orwell, algunas desigualdades son más desiguales que otras.

Y la cuenta, ¿quién la paga?

Tal vez no sepan los autores del documento que los centros educativos de este programa ya cuentan con bibliotecas bilingües y el uso del inglés como lengua vehicular en nuestras aulas es una suerte de inmersión lingüística para quienes no tienen oportunidad de utilizarlo fuera del colegio. En cuanto a los programas de intercambio que IU propone, como su nombre indica, suponen traer a España alumnos extranjeros en igualdad de condiciones a las de los que enviaríamos fuera y que, no os olvidemos, son menores de edad.  ¿Con qué países firmaríamos los acuerdos? ¿Dónde se alojarían estos menores? ¿Quién asumiría la responsabilidad de su tutela y la gestión de su tiempo libre los fines de semana?  ¿A partir de qué edad los enviaríamos fuera de España teniendo en cuenta que la óptima adquisición de una segunda lengua se produce a edades tempranas?

Si enviamos miles de niños a la vez a estudiar a países de habla inglesa, ¿no acabarían hablando entre ellos en español?  ¿Alguien piensa que basta con enviarlos un solo curso o los veranos para un completo dominio del idioma? ¿Convertimos los internados extranjeros en parte obligatoria de la educación? Los mismos niños que necesitan apoyo externo, ¿se vuelven más listos al cruzar el Canal de La Mancha y podrán estudiar solos? A pesar de las becas, ¿cuántas familias podrían o estarían dispuestas a enviar a un hijo a estudiar al extranjero?  ¿No sería esto un agravio comparativo hacia los niños cuyas circunstancias –de salud, por ejemplo—  no les permitieran alejarse de sus familias?

Ni de cuánto costaría todo esto ni cómo se haría y lo único que está claro es quiénes pagaríamos la cuenta. Tampoco se mencionan las dificultades de los alumnos castellanoparlantes en nuestras comunidades autónomas bilingües españolas, como Cataluña, Vascongadas, Valencia o Galicia. ¿Allí el bilingüismo no plantea problemas?

Hay argumentos (es un decir) sorprendentes como este:

  • ”Y ya hay quien presume de la categoría bilingüe del colegio de su prole”, denuncia el informe.

¡Ay, la vanidad! ¿Vamos a utilizar este pecadillo tan español como prueba irrefutable de las perversidades del sistema?   ¿Son los alardes de la vecina del quinto restregándonos en las narices la escuela de su retoño los razonamientos de ese  “debate serio de toda la comunidad escolar” que reclama IU?

Pero hay más…

  • «Parece que el propósito de la derecha conservadora y de los sectores neoliberales está siendo utilizar el inglés como un elemento discriminatorio y de ventaja comparativa para las clases sociales más altas».

¿Creía usted, amable lector, que democratizar la competencia en la lengua de Shakespeare, otrora reducida a las élites, era algo bueno para los bolsillos rotos de quienes no pueden pagar un exclusivo colegio bilingüe o veraneos en Irlanda?  Pues estaba equivocado. La derechona ultramontana y liberal tiene un plan premeditado para extender el inglés como una hidra y asegurar así la ventaja comparativa de las clases más altas que, naturalmente, son las únicas que le votan.

¿Por qué inglés y no wólof?

No niego las deficiencias y retos del programa bilingüe de la Comunidad de Madrid o de cualquier escuela privada. En el caso de la enseñanza pública, tengo mis reservas sobre si el reciclaje de los profesores les ha dado un nivel de inglés como para impartir sus asignaturas en esa lengua con la misma soltura y riqueza léxica que si lo hicieran en español.  Además, el inglés nunca debería primar sobre nuestro idioma.  Pero de ahí a decir que:

  • «Ninguna administración educativa ni centro considera implantar un programa bilingüe en wólof (la lengua del alumnado que proviene de Senegal y Gambia), en árabe o amazigh (los idiomas del alumnado marroquí), o rumano, que hablan tantos chicos y chicas de nuestros colegios que provienen de Rumanía, con quienes el alumnado de primaria y secundaria sí que tienen que convivir en sus centros. No veremos en la inmensa mayoría de los centros educativos prácticamente ningún compañero inglés, francés o alemán. Pero los niños y niñas deben aprender cuanto antes esos idiomas. Con vistas a tener mayores ventajas competitivas en el futuro mercado laboral».

Preocupa, y mucho, que unos políticos que aspiran a gobernar —solos o en compañía de otros—,  tengan una visión tan corta de miras y piensen que una segunda lengua se aprende para hablar con el compañero de pupitre y lamenten que la enseñanza del inglés, francés o alemán tenga como objetivo competir en el mercado laboral.

Tenemos un senador de ERC de origen indio que no habla español ni para jurar su cargo y quizás algún día tengamos representantes de origen senegalés, dispuestos a defender nuestros intereses en wólof en el parlamento europeo.  Pero mientras el wólof o el amazigh no sean lingua franca en el mundo de la ciencia, del comercio, de la técnica y de la política internacional, ¿no será más práctico aprender inglés?

Inglés, ¿un idioma para camareros?

  • «Las investigaciones coindicen [sic] en que el conocimiento de “esos” segundos idiomas [con énfasis despectivo al entrecomillar el demostrativo “esos” referido a los segundos idiomas, que son el inglés, francés y alemán, como algo ajeno a nuestra cultura], “es ampliamente reconocido como esencial para que los trabajadores tengan éxito en un mundo de negocios cada vez más interconectado y para el desarrollo en el comercio internacional de un país” (Ginsburgh & Prieto-Rodríguez, 2011; Fidrmuc & Fidrmuc, 2009). La pregunta es si ésta es o debe ser la finalidad de la educación obligatoria para la clase trabajadora. […] también sería necesario el inglés en un modelo de desarrollo de un país basado en el turismo y la emigración, afianzando un precariado en constante rotación por puestos de trabajo temporales, precarios y mal pagados».

No sé si la lectura que IU hace de los escritos de Ginsburgh & Prieto-Rodriguez (Returns to Foreign Languages of Native Workers in the EU) y de Fidrmuc & Fidmurc (Foreign Languages and Trade) es sesgada o simplemente errónea por estar escritos en  uno de “esos” segundos idiomas tan ajenos a su comité de sabios que producen erisipela a sus integrantes.  Ambos trabajos analizan con modelos económicos los beneficios de hablar otras lenguas, tanto en términos salariales, como es el caso de Ginsburgh & Prieto, como de desarrollo e integración comercial en el caso Jan y Jarko Fidrmuc.  Pero el temor de nuestros aprendices de brujo a que su claque se aburguese y los mande al paro convierte en Belcebú algo que es bueno para el empleo, los salarios y el equilibrio de nuestra balanza comercial.

¿Es la educación bilingüe una condena a la precariedad del trabajo temporal en el sector servicios para el turismo o la emigración? Pensar que el inglés sólo sirve para pedir o servir un café o no pasar apuros con la sueca de turno como Alfredo Landa en las películas sesenteras es  una simplificación indigna del área de Educación de un partido político fuera del cual, intuyo, estos señores no han tenido que buscar trabajo.

El inglés, imprescindible en el siglo XXI

Hablar inglés no es un adorno en el currículum, sino algo que se da por supuesto en cualquier ámbito profesional; salvo en la política, lo cual no  honra a nuestros representantes, cuyos traductores e intérpretes pagamos todos para que negocien nuestros intereses en foros internacionales. Es un idioma imprescindible para estar en la vanguardia del conocimiento y participar en congresos científicos y leer o publicar descubrimientos en revistas especializadas que, mal que les pese a algunos, se escriben en inglés. Su desconocimiento supone un hándicap casi comparable al analfabetismo en otros tiempos felizmente superados.

Invito a los miembros del sanedrín de Izquierda Unida a viajar y leer más, sin descuidar su español que, a juzgar por este estudio, necesita un repaso. Vayan a Londres, señores, y vean cómo nuestros graduados universitarios que hablan inglés desarrollan sus carreras profesionales compitiendo con sus colegas en igualdad de condiciones, mientras quienes no pueden hacerlo trabajan como mano de obra barata no cualificada; muchos con el solo propósito de costearse la estancia y las clases de un idioma que necesitan para ejercer su profesión.

Y de vuelta a España apresúrense a matricular a sus hijos en clases de wólof o amazigh, si les place.  O en pitjantjatjara, idioma del desierto de Australia y que tiene en su haber el topónimo más largo de ese país: ‘Mamungkukumpurangkuntjunya, que significa “donde el diablo orina”. Ignoro cómo se llama el lugar donde el diablo echa sus cagadas, pero después de leer el informe sobre bilingüismo de IU ya sé dónde encontrar algunas.

Del Rif a la Patagonia y retorno a España

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Por: Vicente López Pérez

La historia que nos relata Liliana es parte de la vida de tres generaciones de Rodríguez que estuvieron vertebradas por un símbolo, un trozo de tela que los acompañó a lo largo y ancho del planeta, que fue testigo de guerras, desarraigos e injusticias pero también testimonio de alegrías, reencuentros y logros conseguidos. Este, es el relato de una bandera española de Mochila o Percha, que escoltó los rumbos de esta familia gallega en la búsqueda de una mejor oportunidad de vida.

 

El abuelo César Rodríguez Pardo, como en casi todas las familias del norte de España, respondía mejor a su mote que a su apellido, allá por Orense en la aldea de la Bugariña “Los Candongos”; eran conocidos por ser alegres y divertidos además de por ser los panaderos de la comarca. César El Candongo, era el mayor de siete hermanos y se correspondía en su forma de ser y vivir perfectamente con su mote.

 

 

Pero todo cambia cuando en 1921 con apenas 20 años, las necesidades del Ejército Español deciden reclutar masivamente hombres jóvenes y fuertes en la zona para transformarlos en soldados. Las posesiones españolas del norte de África habían estallado en guerra y así el panadero transformado en cabo Rodríguez llega al Batallón de Cazadores en la ciudad de Melilla donde le entregaron junto con su mísero equipo la bandera de mochila o percha que le serviría para marcar siempre su posición, elevar la moral y en caso de muerte como mortaja.

 

En esos tiempos … la firma del Tratado de Fez con Francia que concedía la soberanía del norte de Marruecos a España desata las iras de Abdelkrim, un poderoso líder del Rif marroquí, conocedor de las estrategias y pensamiento español por haber trabajado anteriormente para ellos como funcionario. España contaba con un ejército desabastecido, mal armado y con soldados campesinos apenas entrenados y desmoralizados, en cambio el líder rifeño tenía hombres altamente motivados y dispuestos a todo por conservar su territorio independiente.

 

En 1921 las tropas españolas sufren su peor derrota conocida como el desastre de Annual, donde el líder

En el centro, con los cachorros, D. César Rodríguez Pardo
En el centro, con los cachorros, D. César Rodríguez Pardo

rifeño creyó haber conseguido la independencia  de la República del Rif. Finalmente terminaría rindiéndose y el sueño de un Rif libre se diluyó para siempre. En esta guerra destacó y se catapultó la carrera militar de otro joven gallego Francisco Franco que llegó a ser General a los 33 años. Las muertes se contaron por decenas de miles y para nuestro cabo Rodríguez la pesadilla, el hambre, la malaria y demás calamidades se terminan cuando en 1925 regresa a Galicia vivo y con la bandera que lo había acompañado en todo momento. Allí lo estaba esperando Perfecta González la novia que él había dejado al irse y que se mantuvo fiel a su promesa esperándolo. La boda se celebró inmediatamente.

 

El 18 de Junio de 1927 nace el segundo protagonista de esta historia César Rodríguez González, el alumbramiento sucede en la casa familiar de la aldea Soutelo parroquia de San Benito de Rabiño (Orense).

 

En Julio del mismo año César Rodríguez padre, embarca con destino a Argentina en busca de un futuro mejor para su familia. Solos en la aldea quedan Perfecta y su hijo César de un mes de vida. La cartas desde allí hablan de la tremenda soledad de César padre en Buenos Aires al estar lejos de su familia y Perfecta decide no dejar solo a su marido en esta empresa de abrir un nuevo camino al otro lado del charco. César hijo, con apenas un año, queda en la aldea al cuidado de su abuela Dolores y Perfecta marcha al encuentro de su esposo.

 

Es la abuela Dolores quien mantiene fresca en la infancia de César hijo la figura de sus padres. Es ella quien le cuenta las historias de la familia y de la guerra en la que participó su padre mientras le enseña la bandera que también había quedado junto al niño en la aldea como su custodia. Periódicamente Dolores llevaba a su nieto a una aldea cercana donde vivía una mujer pelirroja como su madre, y le recordaba “este será el color de pelo que tendrás que buscar cuando te llegue el momento, así lo tiene tu madre”.

 

Al borde de los 12 años recién terminada la Guerra Civil, con aquel joven General gallego transformado en Generalísimo Franco, es cuando llega el tan ansiado pasaje del reencuentro, César hijo debe viajar a Barcelona para embarcar en el buque Vulcania que procedía de Génova.

 

El 4 de Mayo de 1939 César hijo solo, embarcaba rumbo a Buenos Aires, con pantalones largos, una valija de cartón y la bandera que debería blandearla de popa a proa para que sus padres pudieran identificarlo al llegar a puerto. Por aquel entonces las fotografías no abundaban y el niño sabía que su padre era muy moreno y su madre pelirroja y poco más.

 

Casi 20 días duró el trayecto y el entusiasmo se desató al llegar.  El puerto de Buenos Aires estaba lleno y César agitó la bandera todo lo que pudo entre la multitud que poco a poco se disipaba y allí no había ninguna pelirroja acompañada de un moreno esperándolo. Desesperado, su primera intención fue esconderse en el barco para volver de polizón a España, pero el capitán que sabía de su existencia lo descubrió y  lo entregó a las autoridades argentinas. El Hotel de los Inmigrantes era el lugar indicado para casos como este y allí permaneció siempre con el salvoconducto de la bandera a mano para que lo identificasen si llegaba el caso y llorando sin consuelo lejos de la cálida austeridad de la casa de la abuela, sus mimos y la música de los bolillos que siempre la traían entretenida.

 

D. César Rodríguez Pardo Foto tomada al final de sus día.

 

Tres días después llega a la casa de César padre y Perfecta en Bs. As. la carta que avisaba de la llegada del niño (tres días atrás). Salen desesperados hacia el puerto y allí se produce el reencuentro. Ya no se separarían nunca más.

La traumática experiencia de César hijo lo transformó en un hombre fuerte y con las ideas claras. Seis años después de su llegada a Buenos Aires comenzaba sus estudios como alumno regular en la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Farmacia y Bioquímica. Fue un alumno aventajado y supo aprovechar las oportunidades que se presentaban.  Después de tantos sufrimientos aprendió que no se podía perder el tiempo. Agradecido amó siempre a la Argentina y pareció un porteño más. Allí se casó, tuvo dos hijos un varón y una chica que es Liliana nuestra relatora, mujer comprometida, politóloga de profesión, escritora, con una mochila de vida llena de todo (bueno y malo), madre, abuela recolectora y amadora de perros y digna receptora de su linaje celta, orgullosa de su genética y temperamento gallego     y sin dudarlo, argentina de por vida.

 

Junto a su tercer esposo encontró el amor definitivo Angel Accinelli, también padre, abuelo, catedrático y fabricante de cerveza artesanal en los ratos libres.

 

Juntos buscaron vivir el resto que les quedaba en un nuevo entorno, solo que esta vez no hizo falta barco ninguno, La Patagonia se ofrecía como un destino perfecto para románticos, pioneros de mente o urbanitas de campo. El lugar San Martín de los Andes, alejados del centro del pueblo, arriba de la montaña rodeados de bosque nativo conviven con su traviesa manada de canes, las fotos de hijos y nietos, la música del piano, infinidad de libros, los barriles de cerveza, los blogueros seguidores de Liliana y la bandera del abuelo César.

 

Hasta que Liliana y Ángel en un acto de coherencia y conocedores de que esta noble insignia que los acompañó durante tres generaciones ya había cumplido sobradamente con su cometido, decidieron devolverla a su origen, a la cuidadosa tranquilidad y respeto del Museo del Ejército de Toledo. En un afectuoso acto el pasado 24 de Enero del 2017. Después de 96 años acompañando a los Rodríguez, la bandera de mochila del abuelo César, testigo de tantos avatares y paño de lágrimas de esta saga familiar que desafió a la adversidad,  encontró  el  sitio de privilegio que cierra un recorrido histórico y emocional, referente de tantos  otros combatientes españoles.

Museo del Ejército Coronel Pérez Garcia y Liliana Rodriguez 1

La emotiva entrega la realizó Liliana al Coronel Pérez García en Toledo, que en representación de la institución comprendió el tremendo valor sentimental que tenía la bandera para los donantes, lo agradeció y completó el acto recordando la historia de aquella sangrienta guerra y el significado castrense de la noble insignia.

La bandera del abuelo Cesar, o bisabuelo o tatarabuelo según quien lo diga, queda como testimonio de una historia del pasado en una vitrina recordando a los visitantes la historia oficial. La otra historia, la de los Rodríguez, está invisible, secretamente impregnada en cada fibra de la insignia.

 

 

Seguramente los hoy ausentes de esta historia, estarán contentos con el final. La vida continúa, ¡todo vuelve a comenzar!

 

El pasado día 26 de Enero después de haber leído esta historia publicada en el diario El País en un artículo del periodista Manuel Morales Ruiz, la Embajada de la República Argentina en Madrid toma conocimiento de la historia, se interesa y contacta telefónicamente con Liliana Rodríguez para manifestarle el deseo del Embajador Federico Ramón Puerta de recibirla y poder conocer el relato de primera mano, es decir contada por ella misma. El Embajador y el matrimonio Rodríguez-Accinelli empatizaron rápidamente y se resaltó el valor de la historia de esta familia como ejemplo de tantas otras no contadas, que habrán sufrido muchos de los inmigrantes que llegaban a la Argentina desde lejanos lugares a construir una nueva vida y un país, ¡el nuestro!.

 

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Durante la visita nos contó Liliana se sintieron como en casa, y compartieron charla, café y mate cocido en uno de los salones de la residencia del Embajador tanto con él como con algunos de los funcionarios allí presentes, un acercamiento no buscado entre la institución y los protagonistas que anónimamente y solo movidos por la coherencia, efectuaron este viaje de restitución del emblema que consideraron ya nos les correspondía y debían devolverlo. Agradecieron el interés de los integrantes de la Embajada por esta historia de su familia que no genera ningún tipo de réditos, es humana sin más. Contentos y agradecidos, Liliana y Ángel regresan para Argentina sin la bandera de mochila pero con la mochila cargada de satisfacciones. Tanto España como Argentina a través de su representante, los recibieron con los brazos abiertos y sin haberse ido aún, ya tienen ganas de volver. Eso sí, solo de visita.

La Silla del Águila, cuando la realidad supera la ficción

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Por: María José López de Arenosa – Opinión

 

En su novela epistolar La Silla del Águila, Carlos Fuentes narra una distopía de política-ficción situada en el año 2020.  En ella, Condolezza Rice es presidenta de Estados Unidos y toma represalias contra México dejándolo incomunicado: sin internet, teléfono, fax… Nada. Los protagonistas, miembros del gobierno mexicano, se ven obligados a comunicarse por carta, revelando la trama a través de sus misivas en papel.

 

En la vida real poco nos acordamos de Condolezza Rice, pero no andaba desencaminado el novelista mexicano pronosticando la llegada de una persona de raza negra a la Casa Blanca, aunque no haya sido una mujer quien lo hiciera.  Lo que el ganador del premio Príncipe de Asturias de las Letras de 1994 no pudo imaginar (¡sólo los dibujos animados de los Simpson se atrevieron a tanto!), es que Donald Trump se sentaría en el despacho Oval y amenazaría con cortar la comunicación— como en su novela— más no a través de las telecomunicaciones (todavía), sino con un muro que pretende que pague México.

NAFTA

En diciembre de 1988, al iniciarse la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, su secretario de Comercio, Jaime Serra Puche, configuró un dream team de economistas con posgrados de las mejores universidades de Estados Unidos para continuar la apertura comercial de México, iniciada bajo el mandato de su predecesor, Miguel de la Madrid. En 1989 se iniciaba la negociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA por sus siglas en inglés).

 

En aquella época yo residía en México y viví muy de cerca el proceso, porque quien era entonces mi marido trabajaba en la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI).  Tengo grabadas en la memoria las conversaciones, tanto a pie de calle como con los protagonistas mexicanos de aquella difícil negociación.  Fue una tarea compleja, por tratarse de economías tan desiguales, de las cuales una de ellas había estado cerrada a la competencia exterior. Un encaje de bolillos que requería escuchar a los sectores afectados, período transitorio para adaptarse y, sobre todo, mucho tacto político. Una vez firmado, el camino para la aprobación por los congresos de los tres países tampoco fue fácil. El 1 de enero de 1994, el NAFTA entró en vigor.

..."en ningún momento dejaban de verse camiones, en fila, uno tras otro, en sentido contrario, rumbo al norte. Me pareció la imagen que ilustra lo que NAFTA ha supuesto para la transformación de México. "
…”en ningún momento dejaban de verse camiones, en fila, uno tras otro, en sentido contrario, rumbo al norte. Me pareció la imagen que ilustra lo que NAFTA ha supuesto para la transformación de México. Ninguna medida fronteriza ha hecho tanto para reducir la entrada ilegal de mexicanos en Estados Unidos como NAFTA. Los beneficios han sido mutuos. “

Dejo a los especialistas los datos económicos sobre lo que esta alianza tripartita supuso para los tres países. Pero me permito opinar como consumidora sobre la vida en una economía cerrada por décadas de proteccionismo, como había sido hasta entonces la mexicana; sin la saludable competencia exterior.  Cualquier artículo de consumo fabricado en México tenía un precio superior al de cualquier otra parte.  Tener un mercado cautivo resultaba particularmente grave en algunos sectores, como el farmacéutico.  Conseguir medicamentos para enfermedades raras podía ser una odisea, al no fabricarse en México ni tampoco importarse por no ser rentable. Hacía falta un médico que pudiera recetar en Estados Unidos y tener un conocido que comprara el fármaco “al otro lado”, teniendo en cuenta que, dependiendo de donde estuviera registrado el médico para ejercer, la receta podía no ser válida en algunos estados de la Unión.  Quien no tuviera esos contactos estaba, como dicen allá, fregado.

 

Apenas diez días después de las pasadas elecciones norteamericanas viajé a México. Estuve con algunos de aquellos negociadores de NAFTA y sus familias, que me honran con su amistad, y constaté la preocupación ante las amenazas del ya presidente electo.  Una tarde, volviendo a la Ciudad de México desde San Miguel de Allende, la bellísima ciudad refugio de norteamericanos pudientes, me sorprendió gratamente que en ningún momento dejaban de verse camiones, en fila, uno tras otro, en sentido contrario, rumbo al norte. Me pareció la imagen que ilustra lo que NAFTA ha supuesto para la transformación de México.  Ninguna medida fronteriza ha hecho tanto para reducir la entrada ilegal de mexicanos en Estados Unidos como NAFTA. Los beneficios han sido mutuos.  The New York Times recoge en un editorial reciente que, según un estudio de 2014, 1,9 millones de empleos  dependen de las exportaciones a México.

 

El muro lo pagará el consumidor estadounidense

Veintitrés años después de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el nuevo inquilino de la Casa Blanca amenaza con un arancel del 20 por ciento a las importaciones de México para pagar su muro dando al traste con una alianza que ha tenido beneficios para ambas partes. Pero está muy equivocado Donald Trump. El muro no lo pagará México. Correrá a cargo de los consumidores estadounidenses cuando compren mangos, coches o cualquier otro producto mexicano con un 20 por ciento de recargo. En cualquier caso, me duele — porque me toca muy de cerca— que se tire irresponsablemente por la borda tanto esfuerzo. Pobre México lindo y querido, tan lejos de Dios y tan cerca de Donald Trump.

 

Además de una provocación, la idea de que los mexicanos paguen recuerda modos y maneras de un tiempo trágico. El presidente Ulysses S. Grant, quien vivió la guerra contra México como joven oficial del ejército de Estados Unidos –y que definió como la más injusta  de una nación fuerte contra otra más débil—,  dejó este testimonio en sus memorias, que traduzco para el lector:

 

«Tras la caída de la capital y la dispersión del gobierno de México, parecía muy factible que resultase necesaria una ocupación del país durante un largo plazo. El General Scott [al mando de las tropas norteamericanas] empezó enseguida a preparar las órdenes, normas y leyes para esta contingencia. Contempló hacer que el país pagara por todos los gastos de la ocupación, sin que el ejército fuese una carga perceptible sobre el pueblo. Su plan era gravar un impuesto directo sobre los estados por separado y cobrar, en los puertos abiertos al comercio, un impuesto sobre todas las importaciones».

 

Trump parecería un digno heredero del general Scott, a quien quedarse con el país no debía parecerle botín suficiente y quería que sus habitantes pagaran por la ocupación.  Pero al proponer justo lo contrario, para que paguen el muro los contribuyentes de su propio país con un arancel, el señor del flequillo amarillo muestra la misma prepotencia que aquel militar, pero menos inteligencia.  Por otra parte, México no es el mismo país de 1994. La apertura comercial ha hecho sus empresas más competitivas y mantiene acuerdos de libre comercio con muchos países, por lo que, a largo plazo, las barreras comerciales de EEUU podrían resultar oportunidades en otros mercados.

 

A la Silla del Águila, el sillón presidencial que da título a la novela de Carlos Fuentes, símbolo y metáfora del poder, se refiere uno de los personajes en estos términos: «es nada más y nada menos que la montaña rusa que llamamos la República Mexicana».  Alguien parece haber metido una silla así en el despacho Oval –cuya alfombra tiene, precisamente, un águila. ¿Tendremos que achacar a NAFTA, entre otros males, la exportación de semejante asiento hacia el número 1600 de la Avenida Pennsylvania? ¿O culparemos a la perversa mano de un inmigrante ilegal que, tras cruzar a pie el desierto de Arizona, llegó a trabajar en la otrora próspera industria del mueble de Carolina del Norte?  Lo cierto es que en esta montaña rusa vamos todos como pasajeros, así que, abróchense los cinturones y preparen las bolsas para el vómito porque las van a necesitar. El viaje acaba de empezar.

 

La realidad, una vez más, supera la ficción y la pena es que no esté Carlos Fuentes entre nosotros para corroborarlo y contarlo.

 

foto de portada: tomada de internet: noticias.arq.com.mx

Los políticos y la Lengua, más allá del gazapo

diccionario webperiodismo

 

Por María José López de Arenosa

 

En menos de una semana los errores gramaticales y ortográficos de Carles Puigdemont –en su carta a Rajoy— y del Partido Popular, en el lema para su próximo congreso —al que tuvo que añadir a posteriori el signo de exclamación inicial y la coma del vocativo—, han puesto en la picota a sus protagonistas para regocijo de twitteros.

 

El crítico y escritor Antonio de Valbuena (Pedrosa del Rey 1844-1929), aristarco de la Lengua y azote de académicos, políticos y malos poetas, no dejó títere con cabeza señalando errores lingüísticos en las postrimerías del siglo XIX y albores del XX. Lo pagó con la inquina del gremio de las Letras, pasando de la popularidad al olvido de las siguientes generaciones. Más tarde, Lázaro Carreter haría lo mismo desde su columna “El dardo en la palabra”, publicada en El País, pero, quizás porque escarmentó en cabeza ajena, la suya tuvo un fin más didáctico y fue menos mordaz que la de El Melladín de Pedrosa, como apodaban a Valbuena por un corte labial congénito.

 

Sin color político

 

El yerro lingüístico no es patrimonio de ningún partido en particular, pero su difusión se amplifica  cuando se trata de quienes tienen, o han tenido, responsabilidades en Cultura y Educación. Tal fue el caso de Mayrén Beneyto, quien se despidió como consejera de Cultura de la Comunidad Valenciana con un mensaje en las redes sociales plagado de faltas. O el de Javier Solana Madariaga quien dijo ser el catorceavo ministro de Cultura durante el primer gobierno de Felipe González.  Su confusión con los partitivos y los ordinales hizo las delicias de Jaime Campmany, quien lo apodó El Catorceavo.  Seguramente fue un lapsus linguae,  pero su condición de nieto del pedagogo y editor de libros Ezequiel Solana y sobrino nieto de Salvador de Madariaga no sirvió como atenuante.

 

Otra titular de dicha cartera, Carmen Calvo, denunció el uso de anglicanismos en el idioma para referirse a los anglicismos.  Como si yo ahora confundiese latinismo con catolicismo o las churras con las merinas. Se superaría a sí misma y, hasta al mismísimo Cantinflas, afeándole en una réplica al senador Juan Van Halen que la citara con la expresión latina dixit (“Calvo dixit”).  “Usted nunca será Van Halen Dixie ni Pixie; será su señoría”, pensando que la estaba apodando como un personaje de dibujos animados (Dixie, pareja de Pixie).  Por su parte, Esperanza Aguirre, quien también fue ministra de Cultura en el gobierno de Aznar, fue acusada por los profesores de los colegios madrileños de enviarles una carta con faltas ortográficas y gramaticales siendo ya presidenta de la Comunidad de Madrid. Ella se defendió acusando a los sindicatos de distribuir una misiva falsa, pero la polémica estaba servida.

 

Lenguaje e ideología

 

Harina de otro costal, —el de la manipulación del lenguaje—, que guarda los frutos de la ideología y el adoctrinamiento, son palabros como jóvenas y miembras, pronunciados por Carmen Romero y Bibiana Aído respectivamente.  La ministra de Igualdad del gobierno de Zapatero se aventuraría más allá de la Gramática, metiéndose en el jardín de la Biología cuando dijo que “un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no es un ser humano”.  Aunque  algunas personas evolucionan hasta asemejarse a ciertas especies del reino animal, doy fe de que lo que se gestó en mi vientre fueron dos seres humanos que evolucionaron como dignos ejemplares de su especie Nada más y nada menos. Pero dejo el binomio lenguaje-ideología para otra ocasión.

 

Más que un error puntual

 

El mejor escriba suelta un borrón, empezando por quien firma este artículo, y no se trata de caer en tromba en las redes sociales sobre quien tiene un desliz.  García Márquez confesó en Vivir para contarla sus problemas con la ortografía. Pelillos al mar, pues el Nobel de Literatura, además de contar con los correctores profesionales de su editor, demostró con creces su dominio del idioma para expresar cualquier concepto por abstracto que fuera y narrar una historia.  Por el contrario, en el caso que nos ocupa, las anécdotas lingüísticas de nuestros dirigentes revelan, en muchos casos, descuidos que trascienden el error puntual. Les pagamos la nómina —sí, nosotros: usted, amable lector, y esta servidora— a ellos y a sus equipos de asesores (nombrados a dedo) y resulta que el colosal presupuesto no alcanza para contratar a nadie capaz de corregir ciento cuarenta caracteres en Twitter antes de escupirlos; no digamos pergeñar un buen discurso.  Con su falta de rigor y atención al detalle para presentar un trabajo bien hecho, los ciudadanos percibimos la chapuza, les retiramos la credibilidad en temas de mayor envergadura y les perdemos un respeto que tampoco ellos parecen tenerse a sí mismos.

 

Deficiencias educativas

 

En el mundo clásico la oratoria y la retórica eran materias de estudio indispensables en la formación de un líder.  En los últimos años, conscientes de que para negociar en un mundo globalizado hay que saber argumentar y estructurar las ideas, algo que no dan las carreras técnicas, en  China se intenta captar a los mejores alumnos para que cursen Humanidades y sepan articular discursos sólidos y coherentes en la defensa de sus intereses. Un giro que se ha producido también en otros países asiáticos. En el Reino Unido, los graduados en Filosofía, Filología o Historia de Oxford y Cambridge aterrizan en el mundo empresarial y financiero —además de la política— y desarrollan carreras profesionales exitosas en empresas e instituciones que consideran que el conocimiento de un sector específico se aprende trabajando, pero la capacidad para analizar y comunicar se adquiere con una sólida formación en Letras.

 

En España vamos al revés.  Está muy extendida la creencia de que las carreras de Letras no son “prácticas” y que “solo” sirven para dedicarse a la docencia. Así nos va, con dirigentes que, para hilar dos frases seguidas, necesitan leer las consignas preparadas por un equipo de Comunicación cuyas carencias son tan evidentes como las de sus jefes. Animo al lector a escuchar los debates parlamentarios en el Palacio de Westminster y sacar sus conclusiones.  Aquí, con estos mimbres no podemos esperar que el debate político se asemeje al del siglo XIX, cuando Emilio Castelar batía el cobre consolidándose como el mejor parlamentario español.

 

Mientras la enseñanza de Lengua Española no fomente la lectura, la comprensión y la expresión oral y escrita, poco podremos esperar. El lenguaje es la herramienta que estructura el pensamiento sin la cual las ideas quedan amorfas. Sin descuidar la teoría, su estudio debe ser eminentemente práctico porque de nada sirve hacer complicados arbolitos sintácticos si no somos capaces de entender lo que leemos ni de comunicarnos correctamente.

Deuda con latinoamérica – Obituario de Mario Soares

mariosoares

 

Por Juan José Echevarría

 

 

La muerte de Mario Soares, a quien tuvimos el honor de otorgar la Carabela de Plata, la máxima distinción de nuestra Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana, ha traido el homenaje unánime de los medios de comunicacion, a quien está considerado, con toda justicia, como uno de los padres de la democracia portuguesa. Pero, desde aquí, prefiero centrarme en un aspecto crucial de su biografía y en el desarrollo de su pensamiento político, aquel que incide en su relación con Iberoamérica, menos mencionado estos días.

 

Durante los oscuros años del Estado Novo, durante la sórdida dictadura que padeció Portugal, Soares compaginó su activa lucha por las libertades, dando con sus huesos en la cárcel en diversas ocasiones, con reiterados viajes a Sudamérica. En ellos contactó con relevantes figuras que desde la izquierda renovaban el pensamiento de apoyo a los más desfavorecidos. El que luego sería el fundador del Partido Socialista Portugués labró una relación especial con Allende o el también chileno Carlos Altamirano. O el fundador del APRA Víctor Raúl Haya de la Torre. O los venezolanos Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez. O los mejicanos López Portillo y Porfirio Muñoz Ledo. De todos ellos, Soares supo extraer más que consejos, configurando el desarrollo intelectual político de quien llegaría a ser presidente de Portugal.

 

Una deuda del país lusitano con Latinoamérica, que podemos extender a España. No en balde, Adolfo Suarez hizo su primer viaje al extranjero como presidente del Gobierno a Portugal, Allí fue recibido por Soares, quien en una larga conversación intercambiaron muchas confidencias y experiencias en la gobernanza, además de suscitarse una mutua confianza que ayudó a que en toda la península Ibérica se pasara felizmente página.

Centenario de Walter Cronkite, el hombre más fiable de América

Tomada de http://www.pbs.org/

 

Por: María José López de Arenosa

 

El pasado 4 de noviembre Google dedicó un “doodle” al célebre periodista Walter Cronkite, conocido (y reconocido) como “el hombre más fiable de América”, con motivo del centenario de su nacimiento. Una efeméride de la que también se hizo eco el foro The Downhold, que acoge a quienes hemos trabajado en la agencia UPI (United Press International) y que tiene a Cronkite como uno de los “Unipressers” más ilustres.

Walter Cronkite trabajó como corresponsal para la agencia United Press (más tarde United Press International) en Londres, donde ejerció durante la Segunda Guerra Mundial, siendo el único periodista invitado a acompañar a las tropas aliadas en el Día D.   Más tarde, durante la Guerra Fría, sería su corresponsal en Moscú.

Desde su incorporación a la cadena de televisión CBS, en 1961, como presentador del noticiero del prime time, hasta su retirada del mismo, su voz narró todos los acontecimientos históricos:  el alunizaje del Apolo XI, el asesinato de Kennedy, la lucha por los derechos civiles, Watergate…  Y también el 23-F, cuyas imágenes vio esta servidora en Washington a través de su programa.  Apenas unos días después, el 6 de marzo, Cronkite se despidió dando paso a Dan Rather, pero no me consta que el “se sienten coño” de Tejero tuviera algo que ver.

El hombre más fiable de América fue el primer periodista en transmitir la noticia por televisión del atentado contra Kennedy tras leer el teletipo enviado por el corresponsal de la agencia UPI, Merriman-Smith, quien se adelantó al periodista de AP adueñándose del teléfono del vehículo que compartían. Pero aquella victoria informativa de UPI es otra historia que merece ser narrada aparte.

 

“Si perdemos a Cronkite, perdemos a la clase media”

Como no es posible abarcar en este espacio su trayectoria periodística, me detengo en un momento crucial en el que decidió, de manera excepcional, apartarse de su papel de presentador imparcial.

Fueron varias ocasiones en las que Cronkite viajó a Vietnam para tomar sobre el terreno el pulso a la guerra. Como experimentado corresponsal de guerra que era, desconfiaba de las declaraciones oficiales recibidas a miles de kilómetros del lugar de la acción después de pasar todos los filtros militares y políticos.  Tras constatar durante su última visita la inutilidad del alto coste en vidas humanas de aquella aventura bélica, presentó a su regreso un programa especial en el que se pronunció sobre el tema.  “Decir hoy que estamos más cerca de la victoria, -declaró- es creer, a la vista de la evidencia, a los optimistas que han errado en el pasado. Sugerir que estamos en el borde de la derrota, es ceder a un pesimismo no razonable. Decir que estamos en un callejón sin salida, parece la única conclusión realista, aunque insatisfactoria….  Para este reportero está cada vez más claro que la única salida razonable es, por tanto, negociar, no como ganadores, sino como personas honorables que han cumplido con su promesa de defender la democracia y que lo hicieron lo mejor que pudieron.”

La reacción no se hizo esperar. “Si perdemos a Cronkite, perdemos a la clase media”, fue la frase del presidente Johnson tras escuchar a Cronkite.  Apenas cinco semanas después Johnson anunció  que no se presentaría  como candidato en las elecciones presidenciales.  El periodista David Halberstan diría en su libro  Los poderes que son  que, por primera vez en la historia, había sido un locutor quien declarase el final de la guerra.  Claro que la guerra continuó, pero empezó a buscarse la forma de salir del embrollo al tornarse insostenible por la falta de apoyo ciudadano.

 

Así son las cosas

“Así son las cosas”, era la rotunda frase con la que concluía cada noche su programa. Y, aunque la expresión es atribuible a Herodoto, las crónicas de Cronkite le valieron, con su firme defensa de la verdad, respaldada por los hechos, el reconocimiento como el hombre más fiable de América, título otorgado por una encuesta realizada en los años 70 y que lo acompañaría siempre. Ninguna noticia se daba por válida si “el tío Walter” no se había hecho eco de ella.

Tomada de ethicsalarms.com WALTER CRONKITE ©DM/GLOBE PHOTOS, INC.
Foto tomada de ethicsalarms.com WALTER CRONKITE
©DM/GLOBE PHOTOS, INC.

En su autobiografía, Vida de un reportero, Cronkite se defiende de las críticas de sus colegas de prensa impresa por no implicarse personalmente, aferrándose exclusivamente a los hechos, con objetividad e imparcialidad.  “Ellos eran la página editorial, pero yo era la portada. Mi trabajo era esforzarme para apartar cualquier traza de opinión en la transmisión. Si la gente sabía cómo me sentía sobre un tema, o creían discernir alguna opinión a través de mí sobre Columbia Broadcasting System [CBS], yo habría fracasado en mi cometido”.

 

Noticias vs “infotainment”

Retirarse como presentador del noticiero del prime time para hacer otro tipo de programas le ahorró la presión del “infotainment”, es decir, la simbiosis de información y entretenimiento hacia la que han evolucionado, en la lucha por la audiencia, unos medios más centrados en el lucro que en el derecho del ciudadano a estar informado.  Su visión sobre la encrucijada –o laberinto, que diría el periodista José Manuel González Torga–  en la que se encuentran los medios, no tiene salida fácil con el pernicioso y frívolo amancebamiento del entretenimiento y las noticias por parte de unos gigantes de la industria cuyos accionistas, inversores enfocados en la rentabilidad, a menudo carecen de conocimiento y experiencia en la Información. Para Cronkite, los recortes en los contenidos de los noticieros frente al empuje de programas pseudonoticiosos han travestido la información convirtiéndola en un espectáculo que renuncia a lo importante y a la búsqueda de la verdad en aras de lo “interesante”.

 

Políticos y televisión

Su reflexión, en el último capítulo de su libro, sobre los políticos y la televisión podría ser extrapolable a España con el desembarco, desde los platós de televisión, de algunos tertulianos televisivos con pico de oro hasta los escaños del Congreso de los Diputados.  Su análisis sobre los debates presidenciales le lleva decir que son “parte del fraude en el que se han convertido nuestras campañas electorales”; una pantomima hecha al dictado de los candidatos en la que los medios tienen un papel cuestionable como comparsa.  Una visión que cobra especial vigencia después de las últimas elecciones americanas.

Doy fe de que para los veteranos de UPI Walter Cronkite sigue siendo una presencia permanente en sus chats y un referente profesional y humano de aquellos días de gloria en los que ésta era la segunda agencia de noticias del mundo.

El hombre más fiable de América merece que, además de Google y de sus colegas jubilados, el público recuerde también el legado de quienes entendieron el periodismo con criterios distintos a la tiranía de la audiencia y la caja registradora. Pero las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran.

Foto tomada de: www.pbs.org