Moros y cristianos en Ontinyent

desfile

 

Por Sully Fuentes

 

España si de algo puede presumir es del inagotable fervor por sus tradiciones. Estas que marcan a los pueblos por su historia y su geografía. Pero lo que merece rememorar (y no se pierde ocasión en revivirlo durante siglos) es ese acervo cultural como consecuencia de la convergencia de los dos factores que antes mencionábamos.http://wp.me/a7E7EM-yH

Un ejemplo de una espectacularidad increíble es la festividad “ Moros y Cristianos”. Nos referimos a un encuentro anual y popular celebrado en España, principalmente en el sur de la comunidad Valenciana y en otras zonas del sureste peninsular. Son la representación de las batallas que se libraron durante la Reconquista, durante la cual los reinos hispánicos cristianos retomaron los dominios ocupados por los musulmanes. Se conmemora asimismo todo el período de rebeliones sarracenas, ataques de piratas berberiscos, y la expulsión de los moriscos, que tiene lugar en el siglo XVII.

Estas fiestas son celebradas fundamentalmente en el Levante español, teniendo su mayor despliegue en la provincia de Alicante y sur de la provincia de Valencia donde están las ciudades en las que se celebran las fiestas más coloridas y multitudinarias, tales como Alcoy, Cocentaina, Elda, Petrel, Onteniente, Villena, Bocairent, Bañeres Guardamar o Villajoyosa. También se celebran en la Región de Murcia, la provincia de Albacete, el este de Andalucía y algunas otras zonas limítrofes con la Comunidad Valenciana.

desfile moros y cristianos

Concretamente en la ciudad de Ontinyent (en español Onteniente) en Valencia, rememora cada año desde 1860 la conquista cristiana de la villa contra las tropas musulmanas.

Las calles de Ontinyent se llenan de fiesta, color y música para representar la conquista cristiana de la villa por parte de Jaime I en el siglo XIII. Los festejos tienen lugar a finales del mes de agosto  y en ellos participa toda la ciudad formando parte de cada uno de los bandos (moros y cristianos) y escenificando momentos como la entrada a la ciudad, desfiles de cada bando o las recepciones de sus embajadas. Todas las calles huelen a vida, a pólvora, a fragancias antiguas y persistentes, a madera de naranjos, a incienso, a arroces mediterráneos, a dulces árabes, pero también aroma a “ pasión de interculturalidad” que van dejando las multitudes en su desfile.

Son celebraciones lúdicas, religiosas y artísticas donde toda la población se implica. Crece el entusiasmo y el compromiso cuanta más generaciones hayan participado en cada familia. Lo que hace que todo un pueblo se mantenga en vigilia y fuera de sus roles habituales porque su función es trasladarse al pasado con tal vehemencia que a veces se puede dudar si es ficción o realidad.

Ontinyent, con sus 35.000 habitantes despierta al mundo en los últimos días del verano español, con estas tradiciones que se preparan durante todo el año desde hace más de siglo y medio. Es un verdadero ejemplo de integración. Nadie queda fuera, salvo que expresamente lo desee. Aquí no hay distinción de razas, de estratos sociales, ni de edad ya que los niños desde bebés están preparados para seguir este torrente de personas convencidas de que el pasado se hace también en el presente para proyectar un futuro más tolerante, más rico, más humanizado. Si alguien que llega por primera vez a esta celebración no siente que por sus venas- precisamente en estos días -han pasado hechos reales, leyendas y secretos de antiguas civilizaciones que modelaron nuestra forma de ver el mundo, seguro, seguro… estaba  “anestesiado”.

 

 

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