Cartografía vital

 

Por Jorge de Arco

 

Porque es la lluvia el clima que más quiero”, dejó escrito tiempo atrás Prieto Bracci. Y he recordado el bello endecasílabo del autor italiano tras la lectura de “Todas las lluvias son la misma tormenta” (Libros del aire. Cantabria, 2018) de Javier Bozalongo.

Con este libro, obtuvo el poeta tarraconense (1961) el premio “Blas de Otero” convocado por la Concejalía de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Majadahonda. Un nuevo título, pues, que suma el quinto poemario editado hasta la fecha por Bozalongo, quien alterna su tarea de escritor con la de responsable de la editorial granadina Valparaíso.

Ocho años después de que viera la luz su última entrega, “La casa a oscuras”, el lector hallará entre estas páginas una cartografía vital donde alma y cuerpo pugnan por ganar su particular batalla. Ya refería Aristóteles en su “Moral a Nicómaco” que “Los padres y los dioses nos han hecho el mayor de los beneficios, porque son los autores de nuestra existencia”. Y desde esa intimidad, desde esos lazos sólidos que abundan en la múltiple unicidad del ser, parecen vertebrarse buena parte de estos poemas que cantan y cuentan de lo cotidiano y lo nostálgico, de lo verdadero y lo anhelado.

Y sobre todo del amor. Porque la sonora soledad del sujeto se dirige hacia un estadio de reconciliación que convierte su perspectiva en comunión, en trascendido regreso:

 

De cualquier arcoíris

se puede deducir una tormenta.

 

Cualquier adiós

fue antes bienvenida.

 

Los amantes merecen el descansoPortada Poesia agosto

sólo si son capaces

de avivar el incendio de sus cuerpos.

 

En tu risa puedo leer las lágrimas

que precedieron al abrazo

y en los pasos de cualquier madrugada

puedo escuchar cristales rotos.

 

Además, la melancolía del sujeto lírico se afana en dar cuenta de instantes de lumbre, de domésticos territorios que fueron una vez  paisajes de estirpe común y bienaventurada. Los pecados no son  ya contradicción, los silencios no son arrepentimiento sino solidaria conciencia y la pretérita ausencia se ha tornado memoria cómplice, llama que abraza una nueva costumbre.

Los años y las vívidas experiencias comportan una madurada distancia desde la que el yo asume una realidad inmanente. El universo gira ahora en derredor de una materia que resulta a su vez temerosa y sugestiva:

 

 

 

Como cerrar los ojos

frente al televisor

y sentir que la luz

atraviesa tus párpados

a más velocidad

de la que eres capaz de soportar.

 

Infinitas imágenes

mientras buscas el aire

y piensas sin querer

que este dolor podría

dejar a los demás

sin recuerdos futuros.

 

No es un túnel ni un valle

                  {ni un abismo.

Es sólo miedo.

 

A esta primera parte del conjunto, “Temporal”, le sigue “El resto de mi vida”, un personal itinerario que Javier Bozalongo traza al par de territorios ya hollados. Así, al hilo de una onírica declaración, “Yo soñé ser avión (…) y poderme volar a cualquier parte”, su voz resuena entre las avenidas de Nueva York, los parque de Berlín, los puentes de Dublín, las palomas de Venecia, los templos de China, las luces de Granada…. Y frente a esos momentos, a esas horas llenas de remembranzas y aventuras, se detiene para decir en el sentir de “El cartógrafo”:

 

Ha roto el pasaporte que tenía guardado,

decidido a que el viaje sea a partir de ahora

tan solo el recorrido de sus dedos

sobre atlas y mapas.

 

Al cabo, un poemario sobrio y de muy grata lectura, en donde los instantes relatados brillan con el color de quien da cuerda a la esperanza. Y a la fragilidad de la vida.

 

Javier Bozalongo (Tarragona, 1961) Ha publicado los poemarios Líquida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí(2005), Viaje improbable (2008) y La casa a oscuras (2009) además de antologías de su obra en Costa Rica, México, Ecuador y Argentina. En 2016 publicó su primer libro de relatos, Todos estaban vivos(Esdrújula Ediciones), y en 2017 un volumen de aforismos, Prismáticos(Trea Ediciones). Su nuevo libro, Todas las lluvias son la misma tormenta, ha sido galardonado con el Premio de Poesía Blas de Otero y será publicado en noviembre de 2017.

Siguiendo las Huellas de Jorge de Arco

Por Juana Rosa Pita

                            …la verdad y la libertad son amantes exigentes, porque tienen pocos novios.

                                                                                                                                Albert Camus

 

Un poeta que desde los inicios asume con garbo apasionado las exigencias de verdad y libertad, que en la poesía lírica son tan difíles como impresindibles, nos hace un regalo innombrable al entregarnos, como acaba de hacer Jorge de Arco (1969), una hermosa y reveladora selección personal de sus primeros casi cinco lustros de trayectoria poética. Poesía portadora de esas certidumbres que solo a fuerza de fervor logra el poeta para sí y sus lectores:  “poemas que han ido surgiendo” –en sus propias palabras– “de la mano de lo vivido”.

 
Ya desde el título austero, Huellas/ Antología 1996-2018 (Ars poetica, Colección Beatus Ille: Oviedo, 2018)  promete la desarmante autenticidad que le concede a todo el que se ha acercado anteriormente a sus versos.  Ocho libros representados por un total de treinta y seis poemas, reunidos por el autor a modo de ofrenda, con urgencia conmovedora, tras el “duelo incurable” de haber perdido a su madre, como nos confiesa en su liminar: “Yo creí que con tanta luz no se atrevería la muerte y, sin embargo, ahora tengo que dejarle aquí encendidos estos poemas –estas huellas suyas y mías– para que su memoria me siga alumbrando”.
La memoria es la clave de este volumen en que los recuerdos van iluminando desde el inicio lo que sin ella sería solo oscura residencia del olvido. Función de la poesía es retomarla mediante la luz del alma y el sonido, convertirla en casa iluminada, no solo porque la oscuridad es capaz de entristecer hasta a los ángeles, sino “para saber qué piel o qué perdón/ nos va poniendo a salvo del silencio”. Estos versos son de Lenguaje de la culpa (1998), segundo poemario del autor de La casa que habitaste (Premio “San Juan de la Cruz2 2009), ese “ámbito oscuro” en que sólo se oyen ya pisadas fantasmales. Poesía como punta de bastón o brújula. Porque la memoria a la que aspiran “Los hijos del alba” es, acaso, la inalcanzable memoria viva que libere de las sombras y la melancolía, dando al corazón “la verdad de cada hora”.

 

Y sucede que “Agua es el hombre”, y si trata de alzar en torno a sí una cárcel verbal, casa d efulgor perdurable, es para remediar, con su “feraz constancia” (La constancia del agua, 2007), el hecho de que él mismo es río, cuando no diluvio, que tiende a arrastrar todo (escaleras de infancia, playas, azoteas entrañables, y hasta “la piel del paraíso”) en su corriente. Si cómplice es la llama doble del amor y el erotismo que ondea en versos de intensa delicadeza desde De fiebres y desiertos (1999): “Condéname a tus manos (. . .) no me concedas ya nunca clemencia”, hasta otros de Las horas sumergidas (Premio “José Zorrilla” 2013): “Hay una isla al borde de tus ojos,/ un inmenso país/ de ofrendas y caricias”.

 

Decía Borges que le bastaría ser recordado por algún verso. Huellas está sembrado de versos definitivos, inolvidables, como “La dicha es el recuerdo de lo que no se tuvo”,  “Es la hora del trigo y los arcángeles”, “¿Quién sabe del misterio de las islas?”: plenos de hallazgo y sugerencias. Hay que celebrar la generosa constancia vital e imaginaria de Jorge de Arco: novio fiel  de la verdad y la libertad bajo palabra.

 

DOS POEMAS DE “HUELLAS”,  de Jorge de Arco

Foto Jorge de Arco 2017
Jorge de Arco

 

ESTÍO

 

MI voz es la campana

que rompe

el cristal de la tarde

abandonada.

De mis ropajes van cayendo

las tercas gaviotas del estío,

y el resol que se cuela en mi garganta

es un bordón repleto de vendimias,

de frutos y de rezos,

de palabras añiles y lunares.

 

Hacia el Sur se dirigen los vencejos,

los siglos más hermosos de mi infancia.

Rebusco en los andenes, las alcobas,

los puentes de mi piel,

y vuelve

el tacto ardiente y julio de la cal,

el mismo aroma a abuela y albahaca,

la calima febril de sus abrazos.

 

Un pueblo se despierta en mis adentros,

y en mis venas, sus calles;

voy diciendo su rubia melodía,

la luz caliente y sepia de mi ayer.

 

UNA SED IMPOSIBLE DE AZOTEAS

 YO te esperaba al filo

de las tardes calladas, asomado

a la reja que el cielo

apoyaba en mi frente.

El otoño era dócil con nosotros,

con el paisaje tímido

que velaban mis labios.

Olía a incienso

cuando la lluvia hacía fantasmal

el coraje de amarnos

y un fulgor lacerante

se clavaba en el norte de mi cuerpo.

 

Yo te esperaba

del brazo de las calles,

sorbiendo en las aceras aquel frío

que helaba el corazón cansado de otro tiempo.

Quisiera haber vivido entonces

en una casa sin

años, sin escaleras,

sin sombras, sin las alas

de los vencejos idos, recordando

el silencio de un hombre,

la lenta muerte de los días. SoloCubierta Huellas-01

de tu piel y de tu boca,

aguardaba el instante

exacto del reloj

para asomar mi vida a ese cristal

de agua que devolviera tu figura.

 

Yo te esperaba,

te he esperado tantas

veces, tantos abrazos, tantos siglos,

que cada tarde

seguirá siendo

un pedazo de tierra por morder,

una sed misteriosa de azoteas,

la imposible codicia

de un futuro perfecto.

 

La autora, Juana Rosa Pita, es escritora y crítica cubana

Liliana Ancalao, Viento y Semilla

 

Por Jorge de Arco

 

Hace siglos que la literatura viene siendo testigo válido y fiable de su tiempo, indisoluble forma de resistencia frente a los desvaríos políticos, económicos y sociales de la historia. Escritores y artistas han sido –y son– la voz del pueblo y han vertebrado a través de la palabra el sentir de su época: dichas, desdichas, placeres, sufrimientos, venturas, desamparos…

La poesía se mantiene –hoy día– como eficaz herramienta para denunciar la injusticia, el abuso, y la inmoralidad. Y, precisamente, desde estas premisas, ve la luz “Resuello” (Marisma, 2018) de Liliana Ancalao. La autora argentina (1961) reúne en esta entrega su poemario “Mujeres a la intemperie” y varios ensayos aunados bajo el título “Andás bien”.

 

    Su condición de mujer, poeta y mapuche –al margen de su actividad docente y de investigación–, la ha convertido en una convencida activista en pro de la recuperación y conservación de la cultura mapuche. Desde la marginalidad de una tradición que ha visto violentada tantas veces su identidad, Liliana Ancalao se posiciona rotunda:

 

     «La función de nuestra poesía como actividad actual del pueblo originario mapuche es aportar a la tarea colectiva devolver la transparencia al territorio. Un territorio de tiempos y espacios reconstruidos desde la memoria y la militancia.

Vivimos en un territorio del cual se ha escrito mucho, un territorio sobre los que los vencedores militares y financistas de la guerra del desierto de la pacificación de la Araucania han mentido durante ciento veinte años.

Vivimos en un territorio saqueado en el que sobrevuela la rapiña con garras sacrílegas, despiertas». 

 

El espíritu solidario de las letras se ha mantenido siempre vigente a la hora de batallar contra lo adverso. Su intrínseca estética sugeridora ha ejercido sobre la historia el infinito poder de la memoria y ha servido como denuncia mediante la multiplicidad de su semántica. No en vano, cuando años atrás la UNESCO fundó en Verona la Academia Mundial de la Poesía, expresó su convencimiento de que su principal fin era la de “recolocar la poesía en el centro del mundo”. Y, también Liliana Ancalao, quiere con sus versos favorecer el diálogo entre culturas y fomentar el respeto y la tolerancia:

 

Yo a las palabras las pienso

y las rescato del moho que me enturbia05_Resuello_ok.indd

cada vez puedo salvar menos

y las protejo

son la leña prendida de Atahualpa

que quisiera entregar a esas mujeres

las derramadas las que atajan sus pájaros.

 

La percepción de mantener hacia la Tierra Madre una ética ecológica es otro de los grandes temas que ocupan y preocupan a la autora argentina. No se trata sólo de respetar los dones que nos concede la Naturaleza, sino de girar nuestra conciencia hacia una integración total con el entorno. De ella, nos nutrimos, y a ella debemos otorgar nuestro profundo agradecimiento:
 

Este es un olmo

y señala mi hermano

un tallo y unas hojas

alzándose del suelo

desafiantes

pienso que el viento nos trajo su semilla…

 

 

En suma, “Resuello” es una bella compilación donde la palabra eleva la universalidad de su voz y sirve de nexo vehicular para confrontar el dolor de una comunidad que ha vivido el miedo y el desconsuelo. Y donde el poder balsámico del verbo demuestra ser capaz de trasformar la intrahistoria y colectivizar las preguntas y respuestas del mañana.

Pablo Anadón: La niebla de los años

 

Por Jorge de Arco

 

El Vasar Poético

 

Crítico, traductor, editor y poeta, Pablo Anadón (1963), ha publicado hasta la fecha siete poemarios. Ahora, ve la luz un nuevo volumen de versos bajo el título de “Hotel Hispania. Poesía 2009 – 2014” (Pre-Textos. Valencia, 2017).

 

En estos seis años, el vate argentino ha ido puliendo su decir y desde una óptica de emotiva contemplación ha articulado un cuadro íntimo y sugeridor. Sus textos vienen envueltos bajo el manto de un acontecer confesional, que lleva al lector hasta una atmósfera de complicidad. El pasado ya es imborrable en la memoria del yo, pero a su vez responde a la actual existencia. El tiempo no se alza como antagonista de cuánto resta por venir, sino que se presenta como aprendizaje para afrontar las dichas y las sombras del vivir:

 

La noche en vela, se consume

Silenciosa en el lento

Goteo de las horas.

 

Hay quien, en la penumbra,

Busca un cuerpo o una copa

Para saciar una insondable sed.

 

Y hay quien, al resplandor

Difuso de una lámpara,

Acodado en la mesa,

 

Espera una palabra,

La palabra precisa

Que le dé, finalmente, la ilusión

 

De una vida cumplida.

 

Pablo Anadón establece un diálogo liberador con el cual pretende ahuyentar una soledad creciente y, en ocasiones, involuntaria. Su temor nace del tránsito de la edad, de la batalla signada por el humo fugitivo de los días, que acaba hiriendo, inevitablemente, su existencia.

La esposa y los hijos ocupan un lugar prominente en el segundo apartado del libro y en él se encuentran poemas de altísima temperatura lírica, plenos de emotividad. Así sucede con “Escuchando música con Mariana”, un bellísimo himno paterno-filial:

 

Y pensar que en un tiempo

(Mítico para vos y para mí

Tan próximo y no obstante tan borroso

En la memoria, una fotografía

De un instante feliz, fuera de foco)

Cabías toda entera entre mis brazos

 

(…)

 

Y del pasado vuelo hacia el futuro.

Allí te veo, sola, ya sin mí.

Oyendo nuevamente estas canciones,

Y me pregunto si estará el recuerdo,

Entonces de este instante con tu padre.

 

Aunque sea brumoso como una mala foto,

Si a pesar de la niebla de los años,

La muerte y la distancia,

Este abrazo de hoy podrá ampararte.

 

 

El poeta cordobés se alimenta de la palabra y de esa misma palabra nace todo aquello que lo rehabilita y lo convierte en perdurable. Lo fijo, lo que sabe presente y presencia se torna, pues,  privilegio. Desde su interior, se hace aún más consciente de que cuanto hay en derredor es imprescindible para que el alma siga reconociéndose en su esencia vívida.

 

 Un libro, a fin de cuentas, que diagrama de forma cálida y emocionante las huellas de un inventario personal. Y también común:

 

Pero miro el paisaje

Que, incluso en este día

Gris y lluvioso, muestra una infinita

Gama de azules, verdes y ocres,

 

Y lo comparo con el de mis versos

Que se diría todo escrito en sepia:

Así también los días y los años

Hoy me parecen una música

 

Que amamos en un tiempo,

Y nos hizo tan larga compañía,

Y cuya melodía

Apenas si podemos recordar.

Cubierta o portada… ¿qué sabes del diseño de un libro?

 

Entrevista a la diseñadora Cristina Campos

…«hay ocasiones en las que necesitas defender tu diseño, porque una creación no funciona mejor por ser más bonita. Todo lo que se elige en un diseño tiene una razón de ser».

 

Por Ana Lucía Ortega

En la sociedad del siglo veintiuno imperan los ruidos. No es una novedad que un desconocido se puede convertir en un personaje de rabiosa actualidad, gracias a la magia –que nadie sabe bien cómo se logra– de pulsar ese misterioso interruptor que le catapulta a la popularidad con el favor del público. O, todo lo contrario, a tornarse en objeto del maltrato y la mala educación de los memes de turno en las redes sociales. Todo es posible gracias a unos pocos caracteres, a unas escenas de un vídeo brevísimo o a unas imágenes. Da igual si son buenos o malos, lo imprescindible es que opriman esa clavija del éxito. Esa infinita y desconocida vara mágica, que algunas veces roza la insensatez.

Ante la imperante saturación de imágenes, surge la duda de cómo puede destacar una de ellas entre tantas otras. La industria editorial es uno de los sectores abocado –y quizás ya con el agua al cuello– a una atroz competencia. El debate entre el papel y el formato digital, ha sido superado por la avalancha de autores indies que parece incontrolable, con la consiguiente democratización del proceso de edición tradicional. Surge otra duda: la de cómo podrá sobrevivir en la era del ruido el profesional del diseño gráfico, de la imagen, ése que estudió bajo unos cánones aprendidos en el siglo pasado… y que cuenta con la destreza básica para hacer un trabajo de calidad.

Para intentar descifrar estos «enigmas» entrevisto a la diseñadora Cristina Campos:

     ¿Qué significa para ti el trabajo que desempeñas?

Es una forma de expresarme, es lo que más me gusta, sentarme a solas con mis ideas e intentar interpretar lo que el cliente quiere mostrar al público.

     ¿Qué te motivó a cursar estudios de diseño gráfico?

Me gusta poder representar una idea sobre un papel o un soporte digital. Enfrentarte a un “lienzo en blanco” es un reto que a veces asusta pero que me encanta.

      Teniendo en cuenta cómo avanza en la actualidad el escenario de las nuevas tecnologías, ¿estimas que el diseño es una de esas profesiones que exige un reciclaje continuo o lo estimas irrelevante?

Si, considero que en diseño necesitas actualizarte constantemente, desde los programas que se utilizan, que van variando e incluso algunos quedan obsoletos, hasta la forma en que muestras tu trabajo al público objetivo.

 

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       ¿Podrías referirte al papel que juega el diseñador de cubiertas de un libro y en general de cualquier material gráfico?

Creo que el diseñador es el que muestra al comprador potencial delante de qué tipo de libro está. Debemos tener la capacidad de transmitir a través de las imágenes, del color, de la tipografía… de qué trata ese libro. Es importante hablar con el autor, leer la sinopsis del libro, saber qué tipo de relato es, en que época se desarrolla, sobre qué trata, e intentar acercarnos lo más posible a esa persona a la que el escritor se dirige. Será un éxito si entre todos los que hay expuestos, el nuestro es el que llama la atención de esa persona que quiere ese tipo de publicación.

      ¿Un diseñador gráfico debe tener cualidades especiales? En caso afirmativo, ¿cuáles deberían ser? 

Yo pienso que ante todo debe ser creativo, poder expresarse por medio de la imagen y por supuesto tener formación en los programas de diseño y estudio sobre tipografía, teoría del color etc.

      ¿Cómo es el proceso creativo de un diseñador y el tuyo en particular?

En general la editorial me da el título del libro (que es importante) y una sinopsis del mismo. A partir de ese momento yo pienso cuáles serían las imágenes que cuadrarían con lo que quiero transmitir y qué color o colores debo elegir. Luego hago varias pruebas y estudio cuál se adapta mejor a la idea que quiero. Entonces elijo una y la desarrollo de manera más exhaustiva. En general suelo presentar varias propuestas.

      ¿Tienes preferencia por trabajar en un sector concreto, diseño editorial, multimedia, diseño gráfico…etc.?

Me gusta el diseño en general pero mis estudios los he enfocado más al diseño gráfico. Dentro de éste, el diseño editorial es en el que he trabajado más a gusto. Me encantan los libros, me encanta leer y me encanta diseñar. Si juntamos todo el diseño editorial es la respuesta más acertada.

     ¿Se diferencia una portada de una cubierta? ¿Puedes abundar sobre esta diferencia para que lo entendamos los profanos en la materia?

Si, son diferentes. Básicamente la cubierta de un libro es lo que lo cubre, lo que está en el exterior del libro. Y la portada está dentro del mismo. El diseñador realiza cubiertas. El interior del libro, si es un libro de lectura, suele realizarlo el maquetador.

      ¿Cuánto tiempo de media se debe dedicar a la creación de un producto de diseño, tanto editorial como multimedia?

El tiempo es muy relativo. La creación de un diseño puede variar desde unas horas hasta días. Hay veces que te pones a trabajar y la idea llega enseguida, y además eres capaz de desarrollarla con rapidez; otras, en cambio, vas desechando trabajos porque no te terminan de convencer.

      ¿Qué consideras más importante en un diseño: las imágenes, la composición o la tipografía?Cristina Campos_arte-y-enigma

Para mí en el diseño todo, absolutamente todo, es importante. Las imágenes, la composición, la tipografía, el color. Todo forma un conjunto que es lo que da sentido al diseño.

       ¿Has tenido algún trabajo que haya sido rechazado varias veces por un cliente? ¿Cómo lo has afrontado?

Sí. Hay veces que un cliente tiene una idea predefinida de lo que quiere en su mente y no sabe expresarla, o ni siquiera sabe que la tiene, y lo que presentas no acaba de encajarle. Yo muestro varios diseños diferentes, así el cliente podrá guiarte por lo que más le gusta. De todas formas hay ocasiones en las que necesitas defender tu diseño, porque una creación no funciona mejor por ser más bonita. Todo lo que se elige en un diseño tiene una razón de ser.  Voy a ponerte un ejemplo: una vez me encargaron un diseño para un público objetivo entre 15 y 19 años. La persona que lo solicitaba rondaba los 50. A él no le convencía y yo le contesté: «Entonces está bien, porque no va dirigido a hombres de 50 si no a chicas de entre 15 y 19». Él no se sentía identificado con el diseño del producto, pero él no iba a comprarlo.

      ¿Qué porcentaje atribuyes a la cubierta para el éxito de un libro?

Para mí, el éxito del libro depende del escritor. Porque un libro funciona si lo lees. No lo vas a leer porque la cubierta te guste. Ahora, si la cubierta es mala, seguramente ni lo comprarás y no tendrás la oportunidad de empezar a leerlo.

 

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       En estos momentos, qué líneas, diseños o tendencias son los más populares a nivel mundial en el diseño editorial?   

Creo que podemos hablar de tendencia en el diseño gráfico, en el diseño web o multimedia, que siempre varía y es bueno conocerlos para saber si usarlos o no. Pero en diseño editorial, para mi claro, siempre dependerá del libro. El escritor marca la tendencia de su diseño. Un libro vive en el “tiempo” en que el escritor decide.

      ¿Qué impacto supones que puede tener la aparición de obras autopublicadas en el comportamiento actual de la industria editorial?

El diseño de una cubierta, según mi parecer, debería dejarse siempre en manos de un profesional. Pero no sé si afecta mucho la autopublicación. En el campo del diseño siempre ha habido intrusismo. Hay autores que llevan su libro a las editoriales y ellos mismos o algún amigo que sabe usar Photoshop “diseña” la cubierta. La ven “bonita” y ya está, pero no debe ser “bonita” debe funcionar y para eso existen todos los fundamentos del diseño, para aplicarlos en una estructura que funcione.

Cristina Campos estudió Diseño Gráfico y Multimedia en el Centro Universitario de Artes TAI , y amplió sus estudios en la Escuela de Artes Gráficas de Tajamar. Hizo un curso de Fotografía en el Centro Buenavista.

Fue socia de la Empresa Grupo Diseño que le permitió trabajar con editoriales como ANAYA, PEARSON EDUCACIÓN, ALGAIDA, ESPEJO DE TINTA… y realizar trabajos de imagen corporativa y páginas web para diversas empresas. Trabajó para Mítica Comunicación en el departamento de desarrollo web. Su portfolio está disponible en el enlace que verás debajo:

Diseño

 

Las imágenes de este artículo proceden de la página de la diseñadora Cristina Campos (todos los derechos reservados)

Homenaje al poeta Leopoldo de Luis en el centenario de su nacimiento

 

Por María José López de Arenosa

El pasado 9 de mayo, la Asociación de Escritores y Artistas Españoles AEAE rindió un emocionado homenaje a Leopoldo de Luis con ocasión del centenario de  su nacimiento.

El acto, en el que se recordó al poeta en toda su dimensión humana y literaria, estuvo presidido por Juan Van-Halen, presidente de la Asociación, y contó con la participación de Emilio Porta, Juan Manuel de Prada y el hijo de Leopoldo de Luis, el catedrático de literatura y escritor, Jorge Urrutia.

Juan Van-Halen se refirió a él como uno de los poetas más importantes del siglo XX.  Colaborador de las revistas Garcilaso y Espadaña en la posguerra, fue también buen conocedor de la filosofía existencialista, especialmente de Sartre y Camus, cuya influencia se reflejó en su poesía. Pertenecer al bando de los vencidos en la Guerra Civil y estar señalado como republicano le llevó a renunciar a su primer apellido –Urrutia―  para su producción literaria, pero jamás hubo en él un ápice de resentimiento.  Destacó Van-Halen su gran categoría humana y su generosidad, así como los muchos años en los que Leopoldo de Luis formó parte de la Junta Directiva de la Asociación impartiendo consejos y sabidurías.  Manifestó, además, su agradecimiento personal por el apoyo que le brindó en sus comienzos literarios y por el prólogo que escribió para su poemario Púrpura y ceniza.

Juan Van-Halen recordó que tuvo el honor de formar parte del jurado que otorgaría el Premio Nacional de las Letras Españolas a Leopoldo de Luis en el año 2003 y de comunicárselo personalmente. Terminó su intervención leyendo el soneto elegíaco En la muerte de Leopoldo de Luis, que le dedicó a su fallecimiento y que reproduzco ―con su permiso y mi agradecimiento por ello―  a continuación de esta reseña.

Emilio Porta recordó su relación personal y literaria con el poeta, quien lo apoyó y aconsejó en los inicios de su carrera literaria. «No es un poeta social, sino un poeta profundo, profundo ante la vida, con una poesía, sobre todo, humanista,» dijo. Para Emilio Porta, cuya intervención concluyó también con un poema dedicado a Leopoldo de Luis, se trata de uno de los máximos representantes de la poesía española del siglo XX, pero también de la dignidad, con una gran sencillez como escritor y como persona que hablaba también a través de sus silencios.

«Tenía la música de los clásicos y la fibra moral del 98 y del 27, pero también una verdad doliente, pero sin resentimiento,» dijo Juan Manuel de Prada, a quien el destino le tenía reservado ser testigo de su fallecimiento, en el año 2005. «Fue una muerte apacible, desvaneciéndose sin sufrimiento.  Estoy seguro de que al morir tenía en mente a su mujer,» dijo.  Destacó cómo Leopoldo de Luis, pese a su estigma republicano, hizo bandera de la reconciliación y del perdón y terminó su intervención con la lectura de la necrológica que publicó en ABC.

La intervención del hijo de Leopoldo de Luis, Jorge Urrutia, estuvo llena de recuerdos personales y familiares e hizo un repaso a su trayectoria literaria, desde sus primeros poemas publicados en la revista Pregón Literario.   Recordó también a los amigos de su padre: Miguel Hernández, Luis Rosales, Dámaso Alonso, León Felipe y José García Nieto, entre otros.  Destacó que para su padre la Asociación de Escritores y Artistas Españoles fue un segundo hogar, especialmente después de enviudar, lo que le ayudó a sobrellevar su soledad, sintiéndose acompañado y en familia.

El acto terminó con la lectura de poemas de Leopoldo de Luis por parte de todos los ponentes, además de Milagros Salvador y Consuelo Triviño.

 

EN LA MUERTE DE LEOPOLDO DE LUIS

 

Se fue Leopoldo por donde solía:

calle de la verdad a media tarde.

Se fue por donde el verso en fuego arde:

plaza mayor de la melancolía.

 

Y le estoy esperando todavía.

El corazón me grita que le aguarde,

que le veré otra vez, que le resguarde

en esta noche eterna de tan fría.

 

La muerte es una sombra silenciosa

que no podrá apagar la voz que truena

en sus particulares universos.

 

Vencerá su palabra luminosa

sobre la nada, sobre la condena,

en la vida sin diques de sus versos.

 

Juan Van-Halen  (2005)

 

(Publicado en “Quien conmigo va”. Col. Los Cuadernos de Sandua, Córdoba 2008.

Con alguna variación en “Escribo tu nombre”. Col. Gotas del Alma, Madrid,  2013)

 

 

Foto de portada: De izquierda a derecha Jorge Urrutia, Juan Van-Halen, Emilio Porta y Juan Manuel de Prada

Las sátiras de Arturo Dávila

 

Por Jorge de Arco

 

Bajo el título de “Sátiras” (Hiperión. Madrid, 2018), se reúnen tres poemarios de Arturo Dávila, “Catulinarias” (1998), “Poemas para ser leídos en el metro” (2003) y “La cuerda floja” (2016),  los cuales obtuvieron los premios Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Nicolás Guillén, respectivamente.

Nacido en Ciudad de  México, Dávila lleva años alternando la docencia –es director del Departamento de Lenguas Modernas en Laney College, Oakland, donde enseña español para estudiantes bilingües– con su labor literaria y, es ésta, un excelente oportunidad para acercarse al universo de su quehacer.

 

En la nota que el propio autor firma a modo de epílogo, reconoce que esta trilogía “contiene múltiples ecos, referencias, homenajes” y añade algunos nombres que han ido signando su decir: Quevedo, Ezra Pound, T. S. Eliot, Ernesto Cardenal y Nicanor Parra. Escritores, al cabo, que le han servido para hallar una voz personal con la cual “burlarse seriamente de lo contemporáneos sin referirme específicamente a ninguno de ellos”.

Portada Sátiras Arturo Dávila
Portada Sátiras Arturo Dávila

 

Con un verso ágil y narrativo, el poeta mexicano va conformando un singular imaginario donde la ironía, el amor y la desdicha conjugan con una verdad trascendente: la necesidad de vivir restándole importancia a nuestra condición mortal. Mantener una actitud escéptica, si complaciente, derivará en una manera de afrontar la cotidianeidad con una dosis mayor de vitalismo:

¡Qué felices son los gordos! 

Cuando bajo la mirada

de un sol rubicundo

se deleitan comiendo una hamburguesa

o despachando una docena de tacos,

¡qué alegría!, ¡qué hermosura!

 

Botero lo ha dejado constatado

.
Sancho Panza les da su bendición

desde el umbral de los siglos. 

El mismo Buda sonríe ante sus excesos.

 

Este retablo poético incluye muy distintos protagonistas. En muchos casos, la pluma de Alberto Dávila es osada y punzante, en otras, burlesca y divertida, y en su mayor parte ingeniosa y, por ende, satírica. Confiesa el propio Dávila que esa forma suya –tan lacerante– de hacer versos, le ha credo distintos enemigos que han querido ver su cabeza rodar. “Afortunadamente –dice– la he podido levantar, herida y maltrecha”. Y lúcida se mantiene para hilvanar textos como éste:

 

 

Dices que tu libro es bueno,

Porcillo,

que vas a sorprender a la crítica,

que “derramará más tinta que un pulpo”,

y que te espera la fama.

 

Tienes razón

muchos lectores ya te lo agradecen,

pues no han vuelto a comprar papel higiénico: 

porque tu novela es mala

con m de mierda.

 

     El conjunto que integra la compilación se presenta, en suma,  como testigo de un modo de hacer distinto, tentador, en donde la parodia y la broma juegan un papel destacado, pero sin perder nunca de vista el componente de originalidad que comporta el ámbito de la sátira. Un arte tan complejo como delicado, y al que el poeta mejicano ha sabido sacar –en estas dos últimas décadas– muy buen partido:

 

 

La riqueza Bonifacio,

sólo lleva a la pobreza.

 

Antes no tenías nada

y eras bueno para todo;

ahora que tienes todo

eres bueno para nada

y sabe sacar muy buen provecho.

 

¡Qué desapointin!, diría cualquier mexamericano. Nos watchean, pero no nos quieren ver

 

Por Ana Lucía Ortega

 

A propósito del libro de Fey Berman

«Hoy los indocumentados representan solamente el 16% de la población mexamericana». Mexamérica una cultura naciendo…– Fey Berman

  La frase que da título a este artículo está tomada de la introducción del libro de Fey Berman: Mexamérica. Una cultura naciendo, publicado por la editorial mexicana Proceso. El enunciado es la esencia de esta obra recopilatoria de entrevistas, ensayos y crónicas, que ofrecen la visión de una identidad cultural ignorada –pero vital– y consolidada por una suculenta población de emigrantes mexicanos instalados a lo largo y ancho de los Estados Unidos de América.

«Se estima que la población mexamericana llegó ya a los 37.5 millones. Es decir, si la población mexamericana fuera un país, en la lista de países ordenados según el número de sus habitantes, Mexamérica seguiría a Irak, ocupando el lugar 38, y precedería a Canadá».

Tiene razón su autora, mexamericana convencida, sobre la escasa importancia atribuida a este fenómeno migratorio y social. Lo que todos conocemos, lamentamos o criticamos, va dirigido sólo a las ingentes oleadas de inmigrantes indocumentados. Fey Berman, que reside en Nueva York hace varias décadas, doctora por la universidad de esta ciudad, lleva años analizando y escribiendo sobre la comunidad hispana asentada en suelo estadounidense. Sus trabajos revelan que, tras ese velo de ilegalidad –obviamente punible–, se descubre la esencia y el carácter de un pueblo legítimo, de un sincretismo, y por lo tanto, de una «identidad».

Portada-Mexamerica¿Por qué una cultura naciendo? «La gran expansión de la gente de origen mexicano por Norteamérica ha sucedido en los últimos 30 años. Exceptuando al suroeste de Estados Unidos, las instituciones latinoamericanas y las mexamericanas, los museos, festivales de cine, teatro, música, etc., son un fenómeno reciente. […] La mayoría de la población de origen mexicano no se quedaba –estaba concentrada en California, Texas, Arizona– ahora estamos por todo el territorio norteamericano. Y lo más importante es que ahora nos distingue nuestra transnacionalidad», arguye Berman.

Se entiende entonces que, como cualquier emigrante que abandona su tierra, el mexicano que «subió» a Estados Unidos cargó la valija con sus costumbres y, que al llegar al «paraíso del norte», entró en ósmosis con los hábitos gringos. Este proceso suele ser recíproco, desde el punto de vista físico, biológico y hasta social. No cabe duda que un entorno multicultural, como el estadounidense está poblado por otras nacionalidades, que también dejan su impronta en cada individuo, independientemente de su raza u origen.

«…los mexamericanos parecen ser invisibles: en la periferia de la cultura norteamericana y en la periferia de la cultura mexicana».

No vivimos tiempos de exclusión, sino de globalización. Te podrás comer un pretzel o un taco. Y lo podrás hacer en cualquier lugar del mundo. Cada ración está impregnada de la historia de la tierra donde se concibió, pero puede estar elaborada por cualquier ser humano de cualquier nacionalidad.

¿Qué espera la autora de su libro? «Que hablar de Mexamérica deje de referirse exclusivamente a indocumentados, remesas y folclor. Que Mexamérica deje de ser un territorio invisible. Que se reconozca que ser mexamericano no es ser un mexicano que vive del otro lado. Que el mundo se dé cuenta de que, además de ser indocumentados, campesinos, meseros, etc., somos científicos, académicos, diplomáticos, artistas, empresarios…» sostiene Fey Berman

Casi medio siglo después de su muerte, fue descubierta la genialidad pictórica del apodado El Van Gogh mexicano: Martín Ramírez. Un hombre que emigró a Estados Unidos y murió en un hospital psiquiátrico de Auburn, California, donde permaneció por más de treinta años. No está claro si padecía en realidad la demencia y sordomudez que le fueron diagnosticadas, pero durante su

Dibujo Martín Ramírez
Dibujo Martín Ramírez

reclusión creó sus inquietantes y magistrales dibujos, etiquetados como arte marginal, y que le han colocado entre los grandes artistas del siglo pasado, a pesar de haber sido un autodidacta. Berman dedica uno de sus artículos a este aún casi desconocido genio, a quien incluye en la sección del libro “Retratos de inmigrantes trazados en las artes”, una de las cinco secciones que componen Mexamérica Una cultura naciendo...

Los restantes bloques del volumen, se refieren al contexto político y social en el que viven los mexamericanos, incluyendo un apartado dedicado a la frontera, otro al fenómeno mexneoyorquino, otro a Chicago y uno más a Los Ángeles. El tercer bloque está dedicado a los artistas mexicanos que han dejado huella en los Estados Unidos; el cuarto incorpora a  Mexamericanos notables (más que remesas y folclor) y por último el quinto, titulado “Y por fin, el castellano en Estados Unidos”.

Un libro que ofrece datos concisos, que hurga en las heridas y rastrea en las entrañas de problemas que, por ser tan cotidianos, no se distinguen, no se proyectan. Se silencian o se obvian. Indiscutiblemente, merece la pena indagar en la esencia de esa Mexamérica y asistir al acontecimiento de su bautizo formal.

Fey Berman es periodista y publica sus crónicas en las revistas Nexos, Letras Libres, Milenio, Emeequis, Día Siete, Proceso y en los periódicos Milenio y Reforma.

 

José Angel Buesa, como lluvia en el alma

 

Por Jorge de Arco

 

Con buen criterio, la editorial Betania da a la luz una compilación de José Ángel Buesa (1910 – 1982) y, bajo el título de “Sus mejores poesías”, reúne una amplia muestra del decir del vate cubano.

 

La edición y selección ha corrido a cargo de Carlos Manuel Taracido, quien en su introducción afirma: “Fue un poeta natural, no escritor para minorías. Su verso, melodioso y atrayente, se pega al oído. Hilvanaba el verso con una destreza que debiera ser irrefutable, como irrefutable ha de ser su condición de poeta. Fue por muchos años el poeta más leído y recitado en toda Hispanoamérica y el único que logró vender un millón de copias de los más de veinte cuadernillos que conformaron sus libros, una hazaña que no ha podido superar poeta alguno en nuestra lengua”.

   Buesa editó su primer poemario en 1932, “La fuga de las horas”. Contaba entonces con veintidós años y en la siguiente década publicó otros diez volúmenes: “Misas paganas”, 1933; “Babel”, 1936; “Canto final”, 1938; “Oasis”, 1943: “Hyacinthus”, 1943: “Prometeo”, 1943: “La vejez de don Juan”, 1943; “Odas por la Victoria”, 1943; “Muerte divina”, 1943 y “Cantos de Proteo”, 1944.

Esta etapa de febril creación coincidió con la complicidad de la crítica y de los lectores, quienes aclamaron la emotividad de su poesía y la solidaridad afectiva de un verso que nacía desde el corazón:

 

Gracias, amor, si hiciste que llovieraBUESA antologia

en el último instante de este día,
pues, por ser una lluvia triste y fría,

hubo un rayo de sol sobre una hoguera.

 

Gracias, amor, si tu designio era

que lloviera del modo que llovía

para ofrecerme en una flor tardía

todo el perfume de la primavera.

 

Gracias, amor, si no la merecía,

gracias, amor, aunque la mereciera;

gracias también por la melancolía.

 

Que llueve dentro cuando escampa afuera,

y haz que vuelva a llover de esa manera

como llueve en mi alma todavía.

     El autor isleño viaja con su verbo por referencias temporales y espaciales varias. Y éstas, a su vez, le sirven para alumbrar los estados de ánimo que generan las edades. En algunas ocasiones, pretende sacudirse la enredadera vital que conduce hacia la inquebrantable finitud, el habitual fatalismo del ser humano. Y, en su ánima, reconoce que queda lugar para vertebrar la tristura, pero también la dicha que escriba con su duradera la llama los dones de la existencia:

 

Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,

en un fugaz anhelo de gloria y de poder;

Subió la escalinata de un palacio de oro
y quiso abrir las puertas… Pero no pudo ser.


y quiso abrir las puertas… Pero no pudo ser.

 

Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,
por vivir plenamente la fiebre del placer;
Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,

un goce para él solo… Pero no pudo ser.

 

La sensación de embriagador latido que envuelve el conjunto de estos versos se une a su íntima sensación de anhelo y residencia en la tierra. El yo lírico se cobija en un existir donde las heridas pretenden ser  efímeras, ajenas a cuanto la vida conjuga en su multiplicidad y progreso ontológicos. El amor, el olvido y la muerte se van presentando como tipologías temáticas recurrentes y sobre esta materia irán alzándose textos de calado hondo y sugestivo.

     En suma, una compilación donde lo romántico ahonda sin premura en la cotidiana realidad y dinamiza la  meditación de lo perdurable, muy cerca del profundo sentimiento:

En el áureo esplendor de la mañana,

viendo crecer la enredadera verde,

mi alegría no sabe lo que pierde


y mi dolor no sabe lo que gana.

 

Yo fui una vez como ese pozo oscuro,

y fui como la forma de esa nube,

como ese gajo verde que ahora sube

mientras su sombra baja por el muro.

 

La vida entonces era diferente,

y, en mi claro alborozo matutino,


yo era como la rueda de un molino

que finge darle impulso a la corriente.

 

Pero la vida es una cosa vaga,
y el corazón va desconfiando de ella.

 

webmaster: Ana Lucía Ortega

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda

 

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda

Javier Lostalé

 

Redacción

Con la primera frase de la Confesión* del poeta Javier Lostalé, la representante de la Biblioteca pública Clara Santiró de Valencia, Cristina Delgado Moyano, animaba a las tres escritoras a que contasen al auditorio el motivo que las inspiró a ellas para escribir sus novelas.

Fue el pasado 8 de Marzo, el Día Internacional de la Mujer en el que muchas féminas salieron, a las calles, a pedir que se las oyera, alto y claro.

Aquel 8 de marzo fue un día tan especial, como la presentación que hiciera de las obras de las tres escritoras, la presidenta de la Asociación de Corresponsales de Prensa iberoamericana (ACPI) Sully Fuentes Ciocca, quien las definió como mujeres que tienen algo en común, creativas, emprendedoras, que han delineado en sus obras personajes femeninos especiales, criaturas propias, y momentos tan rotundos y complejos, que nos atrapan desde el primer momento.

Ana Lucía Ortega, autora de Vivir fingiendo, María M. Campos, de Alicia lo sabe y María Villamayor de Años Muertos, representaron por segunda vez en lo que va de año, el evento “Tres Mujeres, tres miradas, un encuentro” que tiene el propósito de visibilizar las obras escritas por mujeres en un entorno iberoamericano, tanto en lo referido a los personajes como a los escenarios geográficos donde transcurren las historias narradas.

Las tres novelas presumen de descubrir personajes femeninos de gran calado. «Los personajes —reflexionaba la presidenta de ACPI— están en esa línea entre la vulnerabilidad y la fortaleza, en esa lucha por salir adelante, aunque  muchas veces se quedan atrapados en esa especie de sufrimiento o autocastigo hasta que encuentran el qué y el cómo para dar un paso adelante, y salir de una situación incómoda o límite, y superarla».

«Una de nuestras funciones —reafirmaba Cristina Delgado aludiendo a las bibliotecas públicas — es brindar posibilidades para un desarrollo personal creativo, estimular la imaginación y la creatividad (…) la gente necesita tener acceso al conocimiento y a las obras de la imaginación. Aquí están, (…) para que de forma libre, gratuita y democrática todas las personas puedan acceder a los principales fondos de la literatura y la sabiduría del mundo».

ACPI_Biblioteca con mujeres al fondo

Ana Lucía Ortega, habanera y madrileña, inició el coloquio comentando las dos partes contenidas en Vivir fingiendo, su primera novela de ficción. El hilo argumental comienza en Cuba, refiriendo hechos históricos como el primer éxodo masivo de cubanos de la década del ochenta del pasado siglo —primera muestra pública contraria a la revolución cubana— y el periodo especial en tiempo de paz, una década más tarde. El cordón umbilical es Paula, un personaje femenino que finge para lograr sus objetivos apoyándose en su sensualidad. Esta mujer, se tiene que enfrentar a las situaciones que todo emigrante sufre cuando sale de su tierra. Entre sus trabajos aparece la línea erótica, donde conoce a personajes perturbadores que la hacen sufrir y soñar. Ideal para quienes adoren conocer detalles morbosos o singulares, disfruten con el erotismo, y deseen desde el principio, conocer el final.

«Cuando conoció a Paula, vio a un ejemplar de ser humano único y excepcional. Paula era ambigua, delicada y a la vez hombruna. Un binomio que lo excitó tanto física como intelectualmente. Sin embargo, esta chica comenzó a acudir a las mismas reuniones de intelectuales a las que él acudía, y tardó mucho en reconocer en ella un cuerpo apetecible. No fue solo Oscar quien adivinó las cualidades de Paula, otros muchos de los varones que allí acudían a descargar sabiduría y talento, acechaban a la nueva tertuliana con objetivos deshonestos. Pero fue ella quien se acercó a Oscar, contra todo pronóstico. El único macho macilento que había en aquel grupo de hombres cubanos, bebedores de ron y bailadores de salsa. Cuando digirió que había sido elegido por aquella hembra rica, su orgullo se subió por las paredes y durante un tiempo —un par de meses— parecía otra persona. La vanidad de Oscar creció como una enredadera y cada miércoles lanzaba ideas tan inverosímiles como geniales, que lo hacían descollar en las mesas de té.  Cuando entregó su cuerpo y mente a Paula, no sospechó que su acercamiento contenía dobleces».  

Fragmento de Vivir fingiendo

María M. Campos, madrileña, refirió los detalles estructurales de su novela, Alicia lo sabe, dividida en tres partes. Todos se preguntan ¿qué es lo que sabe esta terapeuta y dónde está instalada para conocer tanto de todos? La autora desvela que su historia no tiene un personaje definido, sino tres visiones de un solo hecho, relatado por tres personas distintas. Campos asegura que todos disfrutamos la existencia según nuestro pasado, y tanto las experiencias vitales como los acontecimientos, son interpretados según la perspectiva de quién lo mire y según lo que exista, en cada uno de nosotros. Alicia lo sabe es una novela coral, costumbrista y con un toque psicológico, que hará las delicias del lector amante de la intriga.

«Inclinó la cabeza hacia atrás, bebió más agua, la escupió, sacudió la cabeza, recordando el accidente. Volvió el dolor. Se tocó el pecho. Esa cicatriz que dividía su pecho en dos bajo el vello canoso. De arriba a abajo, casi vertical, del cuello hasta el ombligo. No era un dolor físico. Sus ojos se humedecieron, las lágrimas querían salir. Las detuvo con un movimiento brusco de su cabeza. Dio un manotazo en la pared, bajo el agua. Gritó. Un grito sordo y callado. Volvió a gritar. Esta vez fuerte, sin acallar el tormento que su mente quería dejar salir. Cuatro manotazos más en la pared bajo el agua.

Salió de la ducha y se envolvió de cintura para abajo en su toalla azul de siempre. Se miró al espejo. Ya no se le notaban las cicatrices. No era su cara. ¡La mierda puta del accidente! Le había jodido la vida. Su cara, su puta cara no era la misma».

Fragmento de Alicia lo sabe

María Villamayor, valenciana, se declaró honrada por «contribuir a fortalecer los lazos de unión entre las naciones iberoamericanas, dar a conocer nuestras obras, y que éstas no tengan fronteras». Recordó a propósito del 8 de marzo que la valentía es una cualidad que caracteriza a la mujer y por ello es patente la indignación ante los titulares de acoso sexual y discriminación que leemos en los medios de comunicación. En su tercera novela,  Años Muertos, María reivindica a la mujer, y hace que aflore el respeto que a veces no tiene.  En los “años perdidos” a los que alude en su obra, se esconde la esencia de querer vivir, con dignidad y respeto. «Esa positividad es la que me gusta trasmitir a mis personajes»—concluyó.

«El calor de la noche había agrupado a decenas de mosquitos que revoloteaban en una farola de la calle principal del Puerto de Santa María. Su amarillenta luz se filtraba por una ventana del primer piso, dejando la estancia llena de sombras que, mezcladas con el desorden de la habitación, hacían brillar la hoja de un cúter manchado de sangre. Un llanto, apenas perceptible, se escuchaba en un rincón. Una mujer, acurrucada en el suelo, con la cabeza escondida entre sus rodillas, permanecía inmóvil, salvo el vibrar de su espalda al sollozar.  Nadie la consolaba.

Levantó la cabeza con lentitud, delatando su corta edad. Con la mirada perdida, las mejillas tiznadas de rímel, los cabellos enmarañados, y el labio inferior hinchado estiró las piernas y gritó de dolor. Se llevó las manos al vientre, como si con ese gesto, pudiera calmar su mal. Y con torpes movimientos, se incorporó camino del baño. La luz la cegó por unos instantes, acentuando el escozor de sus ojos, el espejo le devolvió su rostro y los moratones de su cuerpo. Tenía la boca seca y pastosa, abrió el grifo, se enjuagó y escupió en la pila. Debía poner fin a esa situación». Fragmento de Años Muertos

De izquierda a derecha: María Villmayor, Cleo Costa (periodista iberomericana) Sully Fuentes Ciocca, Cristina Delgado, Ana Lucía Ortega y María M. Campos
De izquierda a derecha: María Villmayor, Cleo Costa (periodista iberomericana) Sully Fuentes Ciocca, Cristina Delgado, Ana Lucía Ortega y María M. Campos

 

 

 

 

 

ACPI agrade la colaboración de Cristina Delgado Moyano y la biblioteca Clara Santiró del Centro Cultural La Rambleta, Valencia

*Javier Lostalé, La rosa inclinada (poesía 1976-2001), Calambur, Madrid, 2002, p. 143.