La desconocida Cigales no solo huele a vino

Viñedos Bodega Valdelosfrailes

 

Ana Lucía Ortega

 

Elegir un vino rosado, podría imponerse en las mejores mesas. Sobre todo, si es Cigales. Las terceras generaciones de bodegueros de la comunidad vinícola de Castilla y León, ya sacan provecho al potencial de esta tierra, produciendo vino rosado con personalidad y vendiendo calidad a precios muy atractivos. Y los tintos, imposibles antaño, —por el aquello de que no era habitual por estos pagos— han anidado en la comarca, dando como resultado unos crianzas y reservas que han entrado en el sector pisando fuerte, haciéndose notar en los certámenes internacionales.
Retablo Mayor S XIII Iglesia Parroquial cisterciense de Cubillas de Santa Marta, otra comarca vinícola de Cigales.
Retablo Mayor S XIII Iglesia Parroquial cisterciense de Cubillas de Santa Marta, otra comarca vinícola de Cigales.

La ruta enoturística de Cigales es la única en España que se vincula al Canal de Castilla, la obra hidráulica de la Ilustración española que siembra con sus caminos de sirga Palencia, Burgos y Valladolid. Este es un atractivo reclamo para disfrutar del paisaje y la peculiar fauna —nutrias, tejones, jabalíes, patos y martinetes, entre otras especies—; la arquitectura del románico palentino o la compañía de los peregrinos que hacen el Camino de Santiago.

El guiño a la historia está presente. Por aquí discurría el Camino Real que usaban reyes y nobles para llegar a Burgos entre los siglos XIII al XIV. Existen dos joyas cistercienses: el Monasterio de Santa María de Palazuelos —entre las localidades vallisoletanas de Corcos y Cabezón de Pisuerga—, y la Abadía de San Isidro, conocida como “La Trapa”, en el histórico Dueñas.

 

 

Uno de los tintos de la añada 2013 de la bodega Alfredo Santamaría, en Cubillas de Santa Marta, obtuvo Gran Medalla de Oro en el concurso mundial de Bruselas, celebrado este año en Valladolid, entre más de mil vinos de diferentes zonas del mundo que participaron en la cata a ciegas. A pocos kilómetros, la bodega Valdelosfrailes, de Carlos Moro, produce los tres rosados de Matarromera. Además de sus vinos característicos, abastece en varios formatos a hoteles, aerolíneas y a Ikea. Su enólogo, el ingeniero agrícola Francisco Guerra, se crio entre viñedos. Conoce muy bien el lenguaje del vino.

Barrio de bodegas subterráneas de una de las villas vinícolas de la D.O. Cigales, que hacen un guiño a la arquitectura troglodita.
Barrio de bodegas subterráneas de una de las villas vinícolas de la D.O. Cigales, que hacen un guiño a la arquitectura troglodita.

 

x-defaultEsta villa, con menos de cien habitantes durante el invierno, y el doble en temporada de vendimia, luce un horizonte de arquitectura troglodita, habitual en la zona. Elevadas torres de ventilación coronan los tradicionales barrios de bodegas, donde se conservaba la uva y se elaboraba el vino en profundas cavidades, excavadas en la tierra para aprovechar las condiciones climatológicas, que hoy, se consiguen con la tecnología.

Lagar. Estruja la uva para obtener mosto. Bodega, aula de interpretación. Mucientes
Lagar. Estruja la uva para obtener mosto. Bodega, aula de interpretación. Mucientes

En Mucientes, el aula de interpretación Bodega, conformada por dos cavernas del siglo dieciséis, restauradas en 2006, es posiblemente único en España. Se trata de un espacio público, propiedad del municipio, concebido para la difusión y conservación de cuatro siglos de historia vitivinícola. Sus 235 metros cuadrados sepultados bajo tierra, en el “Cuarto” de San Pedro, al norte del casco urbano, muestran la vida de las bodegas, los tipos de lagares y útiles asociados al vino, apoyándose con objetos originales y antediluvianos. Algunas de estas bodegas subterráneas, hoy tienen otra utilidad, asociada al solaz de las familias, que comparten productos de la tierra rociados con vino, como se hacía años atrás en la zona.

Siguiendo la ruta del vino cigaleño se descubren comercios, alojamientos, bares de vinos y museos. En Valoria la Buena, pueblo varado en medio de una encrucijada, se alza el Museo del Cántaro, único en su tipo de la península. Una colección privada donada al ayuntamiento, recopila la nada despreciable cantidad de setecientos cántaros, organizados según su tipología (árabe, íbero, celta, etc…), con mención del nombre del alfarero, en los casos donde se conoce. Algunas piezas datan de hace siglos; otras, recorren parte de la geografía española e incluso, han sido rescatadas en Francia, con el fin de salvar la memoria de un arte ancestral: la alfarería.

Plato del restaurante La Dama de la Motilla. Fuensaldaña.

 

 

La gastronomía se ensambla a la perfección con el retrato del viñedo, como si de un bodegón se tratase. La Cueva de Mucientes, sinónimo de carne jugosa y lechazo asado en horno de leña, es un restaurante edificado en 1856 a catorce metros de profundidad. Los comensales podrán solazarse con los aromas de la comida castellana más vernácula, mientras comen en el interior de una caverna, adaptada para el acceso de minusválidos o personas con movilidad reducida. La Dama de la Motilla de Fuensaldaña, es otro restaurante a tener cuenta. Con decoración “Art Decó”, se precia de contentar al cliente con su cocina creativa, que se agradece, por su contribución a la diversificación de la oferta gastronómica local.

Museo del Cántaro en Valoria La Buena, Valladolid.
Museo del Cántaro en Valoria La Buena, Valladolid.

Si bien Cigales es conocida por sus claretes, fusionados a la tierra castellana, y por su costumbre de beber esos chatos imbricados en el hábito del tapeo, el presente del territorio es apostar por vino de calidad desde sus raíces. Una carrera imparable en estos momentos. A casi 30 años de su nacimiento oficial, esta Denominación de Origen reivindica su lugar entre los grandes bodegueros españoles.

Interior de una de las Bodegas de la DO Cigales en la actualidad.
Interior de una de las Bodegas de la DO Cigales en la actualidad.

www.rutadelvinocigales.com

Publidado en Periódico EMG

La Exposición “Zorrilla, poeta popular” en el Bicentenario de su nacimiento

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Hasta el 21 de Enero del próximo año tendremos la oportunidad de ver esta exposición en la Sala de Las Musas, del Museo de la Biblioteca Nacional de España (BNE)

Con esta exposición, la Biblioteca Nacional quiere recordar al poeta reconstruyendo tanto su biografía como la época en la que vivió. A través de los fondos que se conservan en sus depósitos, la Biblioteca mostrará tanto el rico y plural bagaje del Romanticismo español, en el que Zorrilla ocupa un lugar muy especial, como la trayectoria de un creador que siempre apeló al conocimiento del pasado y de las tradiciones para hacer frente a los desafíos del mundo moderno. Sus leyendas históricas, sus obras teatrales, sus poemas, sus actores favoritos y sus contemporáneos le esperan para recordar con él todo un siglo de historia.

 

cartel casa Zorrilla AnaluciaOrtega

Zorrilla ( Valladolid en 1817 – Madrid 1893) fue el trovador del pueblo, como él mismo se llamó, pues se consideraba la voz y la palabra de las personas comunes, de cuyas leyendas y tradiciones bebió su obra. Precisamente por eso, sus versos fueron tan conocidos y recitados en su tiempo.

La exposición se divide en tres partes. La primera repasa la trayectoria de Zorrilla y la inserta en su tiempo para conocer los lugares que frecuentó en su juventud, sus primeras composiciones, sus amigos, su traslado a México, así como los más importantes reconocimientos públicos que se le hicieron en vida: la coronación como poeta nacional en Granada y el ingreso en la Real Academia Española. Se cierra esta primera parte con el homenaje póstumo que recibió en su funeral. La segunda parte se ocupa de una de sus actividades principales: el teatro, al que dedicó casi toda su vida. Las hermanas Lamadrid, Carlos Latorre o Juan Lombía nos ofrecen sus retratos para conocer a quienes representaron en el escenario las obras del poeta. Además, se expondrán no solo sus piezas teatrales más importantes, sino también algunos de sus manuscritos, lo que nos permitirá examinar su forma de trabajo. La última parte de la exposición se centrará en el mundo legendario que creó a través de composiciones como Cantos del trovador, La leyenda del Cid, Ecos de las montañas, etc. Construyó Zorrilla con su obra un imaginario medievalizante que atrajo enormemente a los ilustradores más importantes de su tiempo, algunos de cuyos trabajos podremos ver también en la exposición.

Zorrilla, quien confesaba que en su juventud iba a la Biblioteca Nacional para no pasar frío, regresa ahora y halla, de nuevo, abiertas sus puertas para encontrar “amigos que me esperan y hospitalario hogar”.

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La Exposición está Comisariada por Raquel Sánchez García.

Información práctica

  • Del 19 de septiembre de 2017 al 21 de enero de 2018
    De martes a sábado de 10 a 20 h.
    Domingos y festivos de 10 a 14 h.
    Último pase media hora antes del cierre. Entrada libre y gratuita.
  • Sala de las Musas del Museo de la BNEzorrilla cup

Nota de Prensa BNE

 

 

 

 

 

Vista de Valladolid (al fondo la Academia de Caballería) Ana Lucía Ortega ©
Vista de Valladolid (al fondo la Academia de Caballería)
Ana Lucía Ortega ©

El diputado Rufián, entre El rock de la cárcel y el Borriquito como tú

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Tribulaciones de un peluquero charnego

Por: María José López de Arenosa – Opinión

Contactar con el autor: mjarenosa@hotmail.com

 

[…] ven aquí volando a rocanrolear

que el rock de la cárcel va a comenzar, el rock

todo el mundo bailar […]

 

Un retrato de Luis Bárcenas presidía el altar con velas y flores colocado en la entrada de la sede de Esquerra Republicana de Catalunya de Barcelona.  «Es nuestra fuente de inspiración», dijo el diputado Rufián mientras estrechaba la mano del peluquero.  Le tengo una especial devoción. Nadie me ha ayudado tanto como él. Tenga en cuenta que soy hijo de Twitter y pienso en 140 caracteres. Ni uno más. Bárcenas me facilita mucho el trabajo para mandar mensajes rotundos y sin matices para echar a Rajoy».

― Pero, si el dos de octubre Cataluña va a ser independiente, no entiendo esa obsesión. ¿Qué más les da a ustedes quién gobierne en España? Podrían acusarles de injerencia en asuntos internos de un país vecino.

El señor de Murcia sudaba la gota gorda cardando y poniendo laca al tupé de Rufián para que se mantuviese erguido sin doblegarse ante los embistes, por fuertes que fuesen. De no ser por la naricita respingona, su poca talla, sus ojillos minúsculos y otros detalles menores, le habría parecido que estaba peinando al mismísimo Rey del Rock redivivo.  «Dime cómo te peinas y te diré quién eres», le dijo mientras su cliente tarareaba el Rock de la cárcel.

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Rufián había convocado a sus camaradas para el ensayo general y quería que su look fuese más Elvis que nunca. La cresta que coronaba su cabeza era como una tiara plebeya y republicana.  El diputado quería que fuese una seña de la identidad catalana tan reconocible como el peinado de Carles Puigdemont, declarado de Interés Turístico Internacional, según adelantó Joan Marsé en una primicia mundial para El País. «Será difícil igualar ese éxito», pensó el artífice del flequillo del President.

― No tenemos mucho tiempo― dijo Rufián. Me gustaría hacer el preestreno del Rock de la cárcel  en el Congreso de los Diputados antes de que la Guardia Civil nos meta en el furgón. La guitarra es un arma más cómoda que la impresora y da mucho más juego. ¿Cree que le gustará a Soraya?

― No le quepa la menor duda. El factor sorpresa es muy importante y más tratándose de la vicepresidenta, que tiene respuesta para todo. Dudo que ese día vaya pertrechada con castañuelas para darle la réplica. Pero si está inspirada, igual hasta se anima con una rumba de Peret, ese gran catalán y español, y le canta el Borriquito como tú. Un espectáculo memorable para que los españoles veamos que no todo va a ser fútbol y que nuestros impuestos están bien empleados.

― Me despidieron de mi trabajo anterior por absentismo laboral. Me aburría mucho, ¿sabe? ¿Cree usted que podremos seguir como diputados en Madrid cuando declaremos la independencia? Echaré de menos los juegos florales parlamentarios.  ¡Qué tiempo tan feliz!

― Lo comprendo. ¡Con lo bien que se vive contra España! Lo pasan ustedes en grande en esta cárcel de sus libertades. Pero los catalanes no se merecen que les ponga los cuernos dedicando su tiempo y su talento al parlamento español. Aunque los españoles estén deseando tenerle en el hemiciclo como emisario de un gobierno extranjero y tenga usted el corazón partío y le guste viajar a la capital de España, está casado con la república de Cataluña y ha prometido serle fiel todos los días de su vida.  ¡No vea qué collejas me suelta Eutimia cuando miro a otra por la calle!  Dice que elegir es renunciar.  Por eso usted, que ya selló su compromiso, tendría que dejar inmediatamente su escaño en Madrid.

Se abrió la puerta y entró Joan Tardá. «Yo solo pasaba por aquí», dijo, como si hubiera visto a Belcebú cuando Andrés le saludó con la cabeza. Llevaba toda una vida defendiendo su pelambre como símbolo de la rebeldía y resistencia del pueblo catalán frente al peine invasor y los peluqueros le ponían siempre en guardia.  El señor de Murcia que, además de tener un gran apego a su instrumental de trabajo, era consciente de que la barricada de enredos y nudos era infranqueable, ni siquiera se ofreció para darle servicio y siguió con el penacho rufianesco.

― Si nos mandan a vivir entre barrotes de los de verdad tendremos que esforzarnos para mantener alta la moral. Por eso he pedido a todos que vengan hoy a ensayar el Rock de la cárcel.

― Le sugiero que ponga a Carme Forcadell para dirigir el coro. Tiene un don innato para acallar las voces disonantes.

― Está usted en todo. Ponerla de espaldas será un gesto de consideración hacia el público, que se ahorrará la visión de su cara de navaja fría. Lo que más me gusta de usted, es que también es charnego. Hablamos el mismo idioma.

― Sí, el español.

― Necesito un consejo, Andrés, y le suplico que sea sincero.  ¿Usted le compraría un crecepelos a Raül Romeva?

Poco a poco iban llegando los convocados.  Forcadell, Puigdemont, Anna Gabriel, Artur Mas, Raül Romeva y hasta el mismísimo Molt Honorable Jordi Pujol.

El joven diputado de orígenes jienenses saltó para incorporarse al grupo en cuanto el peluquero dio por concluida su tarea.  Mientras este guardaba lacas, cepillos y peines, la música retumbaba y las caderas de un Rufián eufórico amenazaban con dislocarse e incluso con declarar unilateralmente la independencia de su amo.

«Los fans de Elvis que juran que vive, están en lo cierto», pensó mientras dirigía una última mirada al improvisado escenario, ya en pleno ensayo.

 

Un día hubo una fiesta aquí en la prisión

la orquesta Junqueras empezó a tocar

tocaron rockanroll y todo se animó.

Tardá se puso en pie y empezó a bailar el rock

todo el mundo a bailar,

todo el mundo en la prisión

corrieron a bailar el rock.

 

Uno del tres percent le dijo a Pujol

vente con Rufián, vamos a cantar

que la Agencia Tributaria nos quiere escuchar.

Anímate Artur Mas a rocanrolear

que el rock de la cárcel va a comenzar, el rock

todo el mundo bailar

todo el mundo en la prisión

corrieron a bailar el rock.

 

La CUP desafinaba para no variar

ellos iban por libre, faltaría más.

Junqueras no sabía darle al saxofón,

Romeva resoplaba junto a Puigdemont

y toda la cárcel se puso a bailar el rock

corrieron a bailar el rock.

 

«Si Cataluña se declara independiente, yo seguiré siendo peluquero.  Pero, ¿esta criatura? ¡Alma de cántaro! Sin tener –todavía– un escaño en el parlamento catalán, ¿en qué teatro podrá desarrollar su prometedora carrera artística?  ¿Tendrá que pedir la readmisión en la empresa de trabajo temporal donde tanto se aburría antes de su salto al estrellato?»

No entendía mucho de aquelarres y quizás por eso ni Eutimia ni él sabían por qué razón la Guardia Civil no había empezado por el principio, deteniendo a los autores intelectuales –y confesos– de los delitos de desobediencia en lugar de jugar al ratón y al gato con los dueños unas imprentas. Razones jurídicas que el corazón de un peluquero no alcanzaba a comprender.

Al doblar la esquina de la calle Calabria con la Gran Vía de las Cortes Catalanas se cruzó con unos furgones de la Guardia Civil y se puso a tararear alegremente…

 

Borriquito como tú.

¡Tu-ru-rú!

Que no sabes ni la U

¡Tu-ru-rú!

Borriquito como tú

¡Tu-ru-rú!

Yo sé más que tú…

 

 

Foto montaje: Autora

 

Julian Assange nuevo icono del prusés

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Tribulaciones  de un peluquero charnego

Por María José López de Arenosa – Opinión

Contactar con el autor: mjarenosa@hotmail.com

 

 

Después de cumplir con los encargos de Eutimia, Andrés González, nuestro peluquero  más cotizado, aprovechó que había salido el sol para pasear por los alrededores de Harrods antes de su cita en el 10 de Downing Street para cardar la melena de la primera ministra.

Se sobresaltó al ver tras los visillos de un balcón un espectro extraño, una figura fantasmal. ¿Sería el niño fotofóbico de Los otros, ya crecidito?  Una docena de curiosos, casi todos periodistas, se había congregado en aquella esquina y un cámara de la televisión catalana le puso al corriente.

—Assange apoya el prusés— le dijo satisfecho.

El señor de Murcia se quedó absorto mirando aquella pálida figura y sintió lástima.  Más de cinco años de encierro viendo pasar la vida entre las brumas de Londres, tras los visillos de un balcón en la esquina del culo de saco donde está la embajada de Ecuador, habían nublado la visión de la realidad al fundador de Wikileaks.  Se sorprendió más de los estragos que había causado el aburrimiento en el okupa más famoso del mundo, que el hecho de que las aguerridas feministas de la CUP se hicieran las suecas  y no estuvieran  allí protestando por la intromisión oportunista de alguien acusado por violación que, para colmo, había apoyado a Marie Le Pen.

—Al menos habrá pagado los cinco euros.

—¿Cuáles?— preguntó el cámara.

—Los de la colecta solidaria para pagar la multa de Artur Mas.

Pensó en la alegría de Raül Romeva.  Puigdemont le comentó en una ocasión, mientras le recortaba el flequillo, los desvelos del Consejero de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia de la Generalidad de Cataluña para encontrar una figura carismática y de fama mundial que apoyase el prusés.

—Copito de Nieve, el gorila albino, icono de Barcelona, era independentista y decía una y otra vez que Espanya ens roba, pero se nos murió justo cuando estaba aprendiendo a decirlo en catalán— dijo el President a su peluquero, sin ocultar su desolación.

—Será difícil encontrar a alguien con ese perfil, President.

Romeva no estaba entre sus clientes ni tenía visos de llegar a serlo. Pero sabía que, quizás por tener la mollera a la intemperie, don Raül era un hombre muy sensible. Su propia madre declaró en una entrevista: “es una de esas personas que si le llaman tonto se pasa toda la noche sin dormir”.

Un hito en la gloriosa historia de la diplomacia catalana

El consejero calvo había sabido invertir bien el tiempo ahorrado en el sillón de la barbería. Había recorrido el mundo buscando una figura icónica, reconocible en todas partes y capaz de aprender catalán o por lo menos que pudiera decir con soltura que Barcelona és bona si la bossa sona.  Por fin, cientos de miles de euros y veinte meses de trabajo rendían su fruto: un apoyo en Europa para el prusés, de un australiano acogido a sagrado en territorio ecuatoriano de Kensington.  Un hito en la gloriosa historia de la diplomacia catalana que Raül Romeva, madrileño por nacimiento y catalán por adopción, habría de celebrar descorchando una botella de cava del Penedés.  Don Raül podía dormir, por fin, a pierna suelta.

Andrés miraba absorto a aquella alma en pena. No era la primera personalidad internacional en sumarse al proceso independentista. Antes lo había hecho Nicolás Maduro, pero la pálida figura del australiano le daba un aire más cosmopolita y más respetable que la del ex conductor de autobuses y ahora conductor sin frenos de la gran ruina venezolana.

En honor a la verdad, no había sido el único apoyo en el continente europeo para la causa. Arnaldo Otegui, el terrorista y prócer de la nación vasca, ya había desfilado en la Diada con su ofrenda floral, como corresponde a un hombre de paz.  La vomitona que le dio a la pobre Eutimia viéndolo por televisión y acordándose de las 54 víctimas mortales y más de doscientos heridos de ETA en Cataluña, dejó la alfombra del cuarto de estar para tirarla.

Esto era diferente y más respetable.  Aunque estuviera acusado de violar a dos activistas suecas que, al contrario que las nuestras, eran implacables y no estaban dispuestas a que se fuera de rositas, Julian Assange le daba al prusés  una vitola…, un aire de glamour… un… no sabía qué del que carecía el etarra con su cara de bruto y su pasado sangriento. Otro a quien jamás cortaría el pelo, aunque por razones distintas a las de Romeva.

El fundador de Wikileaks no le parecía a Andrés tan inteligente y simpático como Copito de Nieve, pero comprendía el entusiasmo del consejero quien pensaría, de buena fe, que los catalanes llegarían a quererlo tanto como al añorado bípedo.

El cámara de TV3 le contó que el famoso inquilino de la sede diplomática llevaba muchos años preparándose para el momento de la verdad —que ya había llegado—, estudiando a fondo la Historia de España y los agravios cometidos contra Cataluña. En su debut se hizo un pequeño lío con Sancho Panza y Pedro Sánchez, pero ahí estaba Pérez-Reverte para darle clases a golpe de twit y aclararle que el escudero de Don Quijote no se llamaba Pancho Sánchez.  Y gracias a un manual de catalán sin esfuerzo podía lanzar twits en esa lengua con una soltura que era la envidia de Donald Trump.

La manutención del fichaje estelar era un punto delicado que se había resuelto con inteligencia. No corría a cargo de las mermadas (e intervenidas) arcas del ayuntamiento ni de la Generalidad, sino del erario ecuatoriano.  Todo un detalle que él, como contribuyente, le agradecía. La pela es la pela, en Badalona o en Caravaca de la Cruz.

Un acuerdo ventajoso para todos

El arreglo con Assange parecía muy ventajoso para todas las partes implicadas y confirmaba que el pseudoministro de Asuntos Exteriores de la Generalidad no tenía un pelo de tonto.  ¿Había algo más congruente para ganar credibilidad que fichar a alguien con experiencia —según dos suecas—  en violaciones, para violar la Constitución española?

El australiano también obtenía buenos réditos del acuerdo.  Había encontrado una vía para salir –sin pisar la acera—  del callejón del olvido de la mano de sus nuevos amigos sin necesidad de pagar una campaña en los medios.

—Un artista— pensó Andrés, acordándose de que Iberdrola le había subido la factura de la luz y Assange tenía calefacción gratis.

La condición de albino que el fundador de Wikileaks compartía con Copito de Nieve, el llorado gorila de Barcelona, le daba un aspecto de recién salido de un baño de lejía. No podía decirse de él que daba el toque de color a la gesta independentista, pero de eso se encargaba la CUP.

—Este chico necesita un poco de sol en Castelldefels, un bañito en el mar y un horizonte más amplio.

La brisa marina y la luz mediterránea, pensaba Andrés, harían milagros y le darían una visión más clara de las bondades de nuestro Estado de Derecho para que no tuviera que pisar los charcos del patio de aquel edificio y chapotear en el fango del odio a España que, a fin de cuentas, no le había hecho nada.

—Incluso en la jaula vacía del zoo de Barcelona estaría mejor que aquí—pensó. Los niños le alegrarían la vida tanto como a Copito, aunque no sé si lleguen a quererlo tanto.

Ahora que volvía a estar en el centro de la atención mundial, el señor Assange necesitaba un peluquero para representar a los catalanes dignamente.  Sus guedejas desaliñadas pedían a gritos un toque de tinte.  El castaño claro le daría un aire a Putin que le sentaría francamente bien y él mismo podría aplicárselo a buen precio.

Mientras, a unas manzanas de allí, las campanas del Big Ben daban los cuartos — Sol, Fa, Mi, Si…—,  en la esquina de Hans Cres se abrió el ventanal.  Julian Assange saludó a la multitud, la docena de personas allí congregadas que aplaudía entusiasmada.  Al señor de Murcia la escena le recordó a la del edificio de La Equitativa, en Madrid, frente al Congreso de los Diputados, cuyas simpáticas figuras se asoman al balcón cuando el reloj da las doce del mediodía. Carlos III, la duquesa de Alba, Goya, el torero Pedro Romero y una manola dan una vuelta, saludan a los madrileños con una coreografía perfectamente orquestada y vuelven a resguardarse del bullicio de la ciudad.  Además de echar en falta la música del carrillón, se quedó esperando la aparición del resto del elenco para completar el cuadro:  Artur Mas, Carme Forcadell, Raül Romeva y la madre superiora de la congregación con el misal en la mano. Seguramente estaban dentro, en un salón, dando buena cuenta del ceviche que les servía  el mayordomo de la embajada mientras redactaban el siguiente twit en la cuenta de Julian.

—Míster Assange, míster Assange! ¡Un toque de color! A little color for your hair!, gritó, atusándose la cabeza por si acaso no le entendía.

Julian Assange puso su mejor cara de whaat???  Y el peluquero, hombre de recursos, abrió su maletín y alzó las tijeras para ofrecerle sus servicios.

Todo fue muy rápido.  La gente corría despavorida y los policías que custodiaban la legación ecuatoriana lo tiraron al suelo, donde quedaron esparcidos los peines, cepillos, lacas, la maquinilla y todas armas del supuesto terrorista que no entendía a qué venía tanto revuelo.

Què pot sortir mál?

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Los pelillos a la mar de Carles Puigdemont y Theresa May

 

Por María José López de Arenosa – Opinión

 

Contactar con el autor: mjarenosa@hotmail.com

 

La irresponsabilidad y malicia de David Cameron y Artur Mas catapultaron, muy a su pesar, a dos personajes inesperados para dirigir los destinos del Reino Unido y de Cataluña: Theresa May y Carles Puigdemont, quienes tienen en común algo más que haber llegado a sus respectivos cargos sin haber sido votados directamente por sus electores.

Entre los frutos de la casualidad, el destino o el azar, que comparten la señora May y Puigdemont está su peluquero.  Sí, querido lector. No levante usted la ceja con asombro. Así es, y a las pruebas me remito. No tiene usted más que echar un vistazo a las numerosas fotografías de ambos que circulan en internet para corroborarlo. Algunos afirman que el artista se llama Pep y es de Mataró. Otros que, no, que de ninguna manera; que se llama James y sus modales y lealtad recuerdan al señor Stevens, el mayordomo de Lo que queda del día, la novela de Kazuo Ishiguro, cuya película homónima interpretó magistralmente Anthony Hopkins. Están muy equivocados.

Las indagaciones de la legendaria agencia de detectives Pinkerton conducen a un señor de Murcia, Andrés González, cuya familia emigró a Sabadell cuando era niño. Aclaro, antes de que las feministas se me echen encima, que la posibilidad de que tan insignes molleras pudieran estar a cargo de una mujer quedó descartada desde el primer momento. Por mucho que odie a sus semejantes, ninguna peluquera sería capaz de semejantes creaciones a golpe de tijera y secador. En cuanto a la mano que mueve con entusiasmo el hacha para cortar el flequillo de Anna Gabriel, no voy a aventurarme hoy porque esa es harina de otro costal.

Aunque se inició en una barbería de barrio, Andrés supo aprovechar el auge de las peluquerías unisex y con la movilidad europea se lanzó al estrellato convirtiéndose en un profesional que, si bien es desconocido para el gran público, se lo disputan políticos de la talla de Theresa May y Carles Puigdemont.

La primera se encontraba ya entre su selecta clientela cuando David Cameron, ese gran ludópata de las urnas apostó por el referéndum escocés.  Como había adquirido cierta confianza con la señora May, Andrés se aventuró a preguntarle por el futuro del Reino Unido en el caso de que ganara el “Sí” a la independencia de Escocia.  “Don’t worry, Andrew”, respondió condescendiente doña Theresa mientras él le ahuecaba con esmero la melena para evocar la forma de un tomate de su añorada huerta murciana.  Prefería llamarle Andrew para no acordarse de que estaba utilizando mano de obra extranjera, lo que podría generar suspicacias entre sus paisanos; algo que debía evitar como responsable de inmigración.  “El primer ministro estudió en Eton y en Oxford. Está sobradamente preparado para saber lo que tiene que hacer y cómo hacerlo”.  Andrés se sintió muy reconfortado. ¿Qué podría salir mal?

Cada vez que nuestro señor de Murcia expresaba alguna inquietud sobre política británica con su inglés chapurreado, su clienta le explicaba que, como ex alumno de la celebérrima universidad de Oxford, el primer ministro estaba a otro nivel intelectual que le situaba más allá del bien y del mal. Aunque por los pelos —nunca mejor dicho— el resultado de las urnas lo corroboró. Escocia se quedaba dentro del Reino Unido y los escoceses dejarían de dar la tabarra una temporada.

Cortar cabelleras ilustres entre el Reino Unido y España le otorgaba acceso a información de primera mano y también le daba buenas ideas para su familia. Ni en sus mejores sueños habría imaginado que sus nietos podrían estudiar en Londres –incluso en Oxford— gracias al programa Erasmus.  No, no era una idea descabellada.

 

Elecciones plebiscitarias

 

Mientras tanto, aquí en España, concretamente en Barcelona, Artur Mas, otro ludópata de las urnas, adelantaba las elecciones catalanas —las terceras en cinco años— tras el fiasco de su referéndum ilegal. Elecciones plebiscitarias, las llamó. Organizó una gran coalición independentista que garantizaría la victoria por goleada y por obra y gracia de la ley electoral catalana. Pero aquí también falló algo y su coalición, Junts Pel Si, tuvo que cortarle la cabeza (políticamente hablando) para complacer a los anarquistas de la CUP abriendo paso a Carles Puigdemont.  El cráneo del nuevo presidente de la Generalidad, coronado por un voluminoso flequillo causó sensación. Recordaba a un calabacín –naturalmente, murciano— e hizo las delicias de los caricaturistas.

La vida sonreía a Andrés y mientras él paseaba por la Diagonal comentando sus grandes planes de futuro con Eutimia, su mujer, David Cameron hacía lo propio dando vueltas en su despacho de Downing Street pensando en su gran órdago.  La adrenalina descargada con el referéndum escocés se había reducido ya a niveles mínimos y su ludopatía plebiscitaria exigía urgentemente una nueva dosis. Su nueva apuesta, presentada como promesa electoral de obligado cumplimiento, ensalzaría su figura, pasaría a los libros de Historia como el gran estadista que era y dejaría a los críticos con la Unión Europea a la altura del betún. Con el mismo espíritu de quien vuelve al casino tras una racha de suerte, Cameron volvió por sus fueros para fortalecer su posición en el partido conservador. “¿Debería el Reino Unido permanecer en la Unión Europea o salir de la Unión Europea?” Esa era la pregunta del Brexit que el pueblo soberano debía responder.

Mientras daba el toque final de laca al cogote de la señora May, nuestro  humilde peluquero se atrevió a preguntarle con timidez qué pasaría si ganaba el “Sí” al Brexit.  Una vez más, la ministra del gobierno de su Graciosa Majestad lo tranquilizó con una respuesta flemática y condescendiente:  “Andrew… ¿recuerda usted que el señor Cameron estudió en Oxford, igual que yo? Él  sabe qué es lo que tiene que hacer y cómo hacerlo”.

Sin duda, pensó Andrés, David Cameron sabía lo que hacía y no iba a tirarse a la piscina sin comprobar si había agua. A fin de cuentas se había educado en Eton, el colegio más prestigioso del mundo, como corresponde a los grandes hombres de Estado británicos. En algún tabloide leyó algo sobre su pertenencia, durante sus años universitarios, al polémico Club Bullingdon (tuvo que apuntar el nombre para recordarlo y soltarlo después en el bar de su barrio), conocido por agrupar a lo más granado de la aristocracia estudiantil con aficiones a la bebida y al vandalismo. Según aquel artículo, el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, formaba también parte de aquella elitista asociación, dato que restaba credibilidad al periodista —seguramente un envidioso—, para otorgársela a sus distinguidos miembros pues, sin duda, para llegar tan alto y velar por el bien común sus trayectorias tenían que ser impecables.

 

¿Qué podría salir mal? 

 

David Cameron quitaría argumentos a los ignorantes que se quejaban de la competencia de los polacos, portugueses y españoles que, como él, se beneficiaban de la libre circulación de personas trabajando honradamente. Sin duda, el primer ministro lo tenía todo bien calculado –atado y bien atado, que diría otro por estos pagos— para salir airoso y políticamente fortalecido. No había nada que temer. Los descontentos con la UE se callarían en un pispás —en un abrir y cerrar de urnas—, y él, Andrés González , seguiría cruzando el Canal de la Mancha para peinar testas ilustres gracias a Ryan Air, con la misma naturalidad con que otros toman el puente aéreo o el AVE Madrid-Barcelona y presumiendo siempre de murciano y español.

“Siempre nos quedará París”, respondió lacónicamente cuando Eutimia irrumpió nerviosa en la habitación aquella mañana de junio para comunicarle el resultado del Brexit que había oído por la radio. Intentó explicarle, una vez más, que Cameron tenía una mente brillante, educada en las instituciones más prestigiosas del mundo y sus decisiones jamás pondrían en riesgo la rutilante carrera de un peluquero de altos vuelos como él. Seguro que un hombre tan alto de miras y tan preocupado por el bien común tenía un as en la manga, la fórmula para que todo siguiera igual. Nadie en su sano juicio prescindía de un buen peluquero así como así. “Un buen peluquero es tan importante como un buen neurólogo”, —-solía decir a sus amigos—, sólo que en vez de trabajar en las profundidades del cerebro con las neuronas, lo hace sobre la cubierta y esto le da un conocimiento del ser humano y sus vanidades que ya quisieran tener muchos hombres de ciencia”.

Sintió lástima por ella al ver su gesto preocupado mientras se abrochaba la bata de Harrods que él le regaló por Navidad. A pesar de la fama de lista que tenía en su pueblo, no dejaba de ser una mujer muy elemental que, al contrario que él, vivía ajena a los círculos de poder. “No seas tontorrona. ¿Qué puede salir mal?” “Nada, supongo que nada”, respondió aturdida, intentando acallar esa vocecita interior tan pedestre y vulgar que invitaba a la desconfianza.

Todo sucedió con enorme rapidez. David Cameron tuvo que marcharse a su casa o, mejor dicho, a las playas de Córcega para esconderse del ridículo y el whatsapp de Theresa May solicitando un peinado urgente para la votación del Partido Conservador no se hizo esperar. Sin rivales en su partido y sin haber sido votada para ello, la señora May se mudó al 10 de Downing Street el 13 de julio de 2016 con el pelo perfectamente cardado.

Con May en Downing Street y Puigdemont en el palacio de San Jaime se dispararon las teorías conspiratorias con un misterioso peluquero en el epicentro de las redes sociales. Ajeno a todo eso, no tardó Andrés en advertir que, además de Oxford, Theresa May compartía con su antecesor en el cargo la afición por las apuestas de riesgo para consolidar su posición en su propio partido. Pero la suya no sería un referéndum, sino unas elecciones anticipadas –muy anticipadas- para afianzar su liderazgo.

“El problema con las urnas es que las carga el diablo”, le susurró tímidamente al oído mientras le recortaba la melena. Como su inglés no era muy bueno, le pareció que la respuesta de la primera ministra era algo así como nuestro “¡pelillos a la mar!”   Algo avergonzado por su atrevimiento, barrió los mechones grises esparcidos por el suelo.  ¿Cómo iba a darle él, un pobre señor de Murcia, lecciones a una mente preclara, formada, al igual que la de su antecesor y sus numerosos asesores, en Oxford?  No había más que echar un vistazo a las encuestas para responder la pregunta retórica de su clienta: What could go wrong?

Algo no salió como se esperaba y mientras los sesudos analistas debatían en televisión sobre lo que pudo salir mal, descargando la culpa sobre los encuestadores y sondeos de opinión, la señora May se apañaba con sus nuevos socios parlamentarios del partido Unionista de Irlanda para seguir en Downing Street.

 

Socios de los antisistema

 

La semana pasada, mientras Andrés le peinaba la melena, Carles Puigdemont afirmaba categórico: “Espanya ens roba. Pero después del referéndum de independencia que, por supuesto, ganaremos, la doble nacionalidad nos permitirá a los catalanes cobrar las pensiones de la Seguridad Social española y beneficiarnos de la pertenencia de  España a la UE sin poner un céntimo ni renunciar a nada. Se van a enterar de lo que vale un peine.” A Andrés, buen conocedor del precio de un peine, le parecía todo un poco raro. Era como divorciarse y seguir casado, obligando a Eutimia a dejarle la casa y el coche para que él viviera con otra señora, mientras ella pagaba la hipoteca, la gasolina, el seguro y hasta las medicinas.

Aunque fuese un presidente sobrevenido, sin haber sido votado directamente por los ciudadanos, Puigdemont no se comparaba con Theresa May. Sus socios, los chicos antisistema de la CUP no eran tan antipáticos como los energúmenos irlandeses que la tenían como rehén en el Palacio de Westminster. ¡Donde iba a parar!

Los anarquistas ya no eran los enemigos de la burguesía catalana. Ahora eran sus socios. O quizás era al revés, y ellos eran los socios necesarios para que los antisistema cumplieran su objetivo de arrasar con todo. En fin… ¿qué más daba el orden de los factores? Eran unos simpáticos alborotadores que le acompañaban alegremente, no hacia el borde de una piscina sin agua, sino el de un acantilado majestuoso bajo el cual podía contemplar un Mediterráneo azul y más catalán que nunca. La vista era sobrecogedora y él, Carles Puigdemont, seguiría avanzando por aquel precipicio imponente con su flequillo al viento dirigiendo al pueblo de Cataluña. Mirando arrobado hacia el horizonte, alzaría las tablas de la Ley de Transitoriedad como lo habría hecho el mismísimo Moisés. Todo ello con paso seguro, triunfal, y sin necesidad de bajar la vista para ver si en ese terreno bajo sus pies que España reclamaba como suyo había algún pedrusco con el que pudiera tropezar.

“Las urnas las carga el diablo”.  El susurro del peluquero en su oído despertó al Molt Honorable de su cabezada. “Haremos el referéndum porque llevamos cuarenta años haciendo lo que nos sale de la barretina y en eso nadie tiene más experiencia que nosotros.  Què pot sortir mál?  ¿Qué puede salir mal?”.  Lo dijo bostezando, pero sin despeinarse, detalle que Andrés agradeció, pues ya había terminado su trabajo.

El señor de Murcia sacudió discretamente la caspa de los hombros del president. No es que desconfiara de su cliente por no haber estudiado en Oxford. Ni muchísimo menos. Ni Eutimia ni él habían terminado el colegio y sabían con toda seguridad que cuando algo podía salir mal, salía muy mal.  A ver ahora cómo la tranquilizaba cuando viera que ni el referéndum ni la Ley de Transitoriedad reparaban en las becas Erasmus y que a sus nietos ni siquiera les quedaría París.

¡No exagere, señoría!

Adaptado por ACPI: Mosaico Skyline Barcelona

 

Por Juan José Echevarría – Opinión

Contacto con el autor: juanjoseechevarria@hotmail.com

 

A principios de 2016, un año y medio antes del atentado de las Ramblas, un policía belga alertó a un mosso d’Esquadra, en concreto a un jefe de la relevante labor policial de información, de las sospechas existentes sobre Abdelbaki es Satty, quien había viajado a los países bajos con la intención de liderar religiosamente alguna comunidad musulmana local. El contenido de sus prédicas y la imposibilidad de demostrar que carecía de antecedentes policiales, aunque solo fuera por tráfico de drogas, le obligaron a regresar a España.

Probablemente, Bélgica se libró así de un grave atentado, que el destino quiso que fuese en Barcelona, aunque tal vez se hubiera impedido si sobre Satty se hubiera impuesto una vigilancia preventiva a su regreso a nuestro país. No fue así, los Mossos no lo hicieron, ni tampoco compartieron tal información con el resto de policías, con la Guardia Civil y Policía Nacional.

A su regreso y durante más de un año, Satty continuó de imán en la mezquita de Ripoll, un pueblo con apenas diez mil habitantes, adoctrinando a una docena de jóvenes en la Yihad. Ni, los Mossos, la policía desplegada por toda Cataluña, ni la Guardia Civil, ni la Policía Nacional se dieron cuenta de tales hechos.

A las once y media de la noche del 16 de agosto pasado una potente explosión redujo a escombros una vivienda en Alcanar, donde la célula terrorista almacenó durante meses, mediante su traslado a ella, de más de un centenar de botellas de gas, explosivos y tornillería. Los Mossos se hicieron cargo de la investigación y tras rechazar en dos ocasiones la ayuda de los expertos en explosivos de la Guardia Civil, calificaron el suceso como un caso de drogas.  Una juez se personó a la mañana siguiente, el fatídico 17 de agosto, en Alcanar y preguntó a los Mossos si no se trataría de terrorismo, a lo que fue contestada con un: ¡no exagere señoría!  A las cinco y media de la tarde de aquel día, un miembro de la célula, Younes Abouyaaqoub, atropelló mortalmente a catorce viandantes de las Ramblas y luego acuchilló a una persona más en su huida. Esa misma noche, otros cinco yihadistas mataron a una persona más en Cambrils.

Eso son los hechos. Luego está la interpretación política. Para la Generalitat, Cataluña ha demostrado que puede ser un Estado independiente, con una policía perfectamente capacitada y preparada para minimizar el desafío islamista.

Los elogios a los Mossos, que después de todos esos hechos logró la neutralización de la célula en cuatro días, han llegado desde muchos sectores, incluidos los no independentistas, destacando el comportamiento de la policía catalana como defensora de los derechos de todos los catalanes frente a la agresión terrorista. Así lo hizo el periódico El País en un editorial que pecó cuando menos de ingenuidad.

Publicado el 26-agosto-2017 en Blog de Juan José Echevarría

RTVE ©
RTVE ©

 

Adaptado por ACPI: Mosaico Skyline Barcelona
Adaptado por ACPI: Mosaico Skyline Barcelona

 

 

De la Monarquía al Estado – nación

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Por Juan José Echevarría – Opinión

La presentación de la novela histórica la “Colosal Guerra Dominicio-Española 1863-1865”  de José Rafael Laine Herrera, fue una oportuna ocasión de conocer uno de los acontecimientos más desconocidos, a ambas orillas del Atlántico, de la historia reciente iberoamericana.

 

Sabido es que lo que hoy se conoce como República Dominicana se independizó en 1821, dentro de la primera oleada revolucionaria que vivió el hemisferio occidental. Más ignorado es lo que vino a continuación, con un incipiente Estado preso de su propia posición geoestratégica. En efecto, la desconexión con el reino de España fue seguida de inmediato de una invasión de Haití, la porción oeste de la compartida isla que desde los primeros años de la conquista recibió la denominación de La Española. La violencia y estado de guerra consiguiente se extendió durante décadas, asolando la isla y contrastando con la situación de las cercanas Cuba y Puerto Rico, donde aquella primera oleada independentista no había arribado. BanderaRepDominicana

 

Esas circunstancias explican la posición de una parte de la población dominicana favorable al regreso de la soberanía española, liderada por el general Pedro Santana, hecho que se concretó en 1861, pero que desató un nuevo ciclo de violencia, materializado en una nueva guerra que no finalizó hasta 1865 y que se saldó con la definitiva expulsión de España. Contienda sangrienta con decenas de miles de muertos.

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Cuestión interesante al respecto es la diferencia entre 1821 y 1861. En la primera de las fechas, la Monarquía Hispánica, un imperio con tres siglos de existencia abandonó la isla, regresando cuarenta años después como un Estado-nación. La diferencia no es baladí y explica muchas de las circunstancias que sobrevolaron el primer siglo de la Contemporaneidad: el XIX.

 

La primera oleada revolucionaria acabó con el imperio español. Las independencias de las primeras décadas del XIX pusieron fin a aquella estructura estatal diseminada por grandes extensiones del planeta, compuesta por múltiples reinos y virreinatos sobre las que pivotaba la figura de un monarca. De esa implosión surgieron dos decenas de Estados-nación, entre ellos la República Dominicana, pero también México, Perú, Argentina y… España. Todos ellas desgajadas de aquel tronco común: de la Monarquía Hispánica. Un nuevo tiempo había empezado: el protagonizado por los nacionalismos.

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Cuarenta años después, los barcos que llegaron a la Española no eran de aquel imperio ya desaparecido, sino de un Estado-nación que se había construido en el ínterin, al igual que otras ramas de aquel árbol hacían lo propio, entre ellas la propia República Dominicana. El enfrentamiento de ambas naciones, jóvenes en edad, provocó aquella colosal contienda, que Laine Herrera describe y que desde aquí invitamos a su lectura.

Vidas pintadas para sobrevivir

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Por Sully Fuentes

Libro “Vidas pintadas para sobrevivir”   de Ana Lucía Ortega.

 

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Hoy es el día que se cierra el capítulo de homenajes a Fidel Castro y la isla cubana ”vivida a su manera”.  Por eso nos vamos a permitir pasar de la realidad a la ficción, es decir, a compartir lo que se ha dicho en secretos…pero  que en CUBA  no se contado en voz alta.

Lo acercamos a través del libro “Vidas pintadas para sobrevivir” de la escritora  cubano- española Ana Lucía Ortega. Lo hacemos en este momento cuando las coincidencias son una señal de la semiótica histórico -cultural  de algunos pueblos. En el preciso momento que dejaba este mundo el líder cubano (el pasado fin de semana), el libro –por  guiños del destino-  partía de España hacia Miami para llegar con sus mensajes arrancados de la realidad  isleña y con la invitación a presentarse en un geografía prestada, en la que residen los  que  no estaban de acuerdo con el régimen, los llamados disidentes.

Quien ha escrito este libro, de relatos cortos pero intensos; es una periodista con dilatada experiencia. Es una gran persona, generosa e inteligente que ha elegido siempre respetar las diferentes posturas ideológicas, como lo hacen los buenos profesionales aunque les toque vivirlas y/o analizarlas. Sin embargo, no ha podido conjugar sus ilusiones personales y profesionales con el reloj de su entorno, ni tampoco la de sus emociones al vivir “sin disponer de su propia voluntad”. Por ello ha decidido volcarlo en la literatura con las luces y las sombras de lo vivido  en las últimas décadas del siglo XX en una incomparable tierra caribeña.

Vidas pintadas para sobrevivir

PRÓLOGO

El malecón ha olvidado sus silencios. Ahora tiene voz de argento, tiene suculentas historias, tiene vidas singulares para compartir con los lectores. Vivencias, datos, emociones encontradas, recuerdos incómodos, situaciones jocosas y una realidad tan colorida que no se podría confundir con ningún otro lugar del mundo.  Es CUBA. Ana Lucía Ortega como periodista y explícita narradora ha tejido esta “elección de relatos con los hilos más delicados  de la  sensibilidad y las emociones  de sus protagonistas. Son realidades que parecen unas impostoras de la felicidad. Pero no. Es exactamente como han pasado. Son viscerales, dramáticos e hilarantes momentos de unos seres que siempre han soñado con una  isla  que se extiende más  allá  de sus límites.  No por eso dejan de creerse que es esa “su realidad“ más auténtica. ¿La desean? ¿La cuestionan? ¿La transforman? Lo dirá el lector al llegar a la última página. Lo que sí comprobamos  al leer este trabajo  de testimonios es que, a pesar de una  rutina que se anuda a las horas y a los escenarios  más  pintorescos, adquiere cada secuencia una fuerza, una sonoridad  y un protagonismo  que  las echa  a volar  por sí solas. Por momentos, nos cuesta creer de lo que es capaz un ser humano cuando todo es escaso, racionado, controlado. Pero lo más bonito de esta realidad es saber que esa materia gelatinosa que se ha quedado suspendida en un “tenderete  límbico  del cerebro”, hoy es deconstruido y rehecho con la magia y el talento de quien se desnuda y se “abre en canal”  generosamente, para que seamos  partícipes y espectadores  de estas  historias verídicas. Es sin duda emocionante y desesperante a la vez no poder leer más rápido para llegar hasta la última página. Todo lo que aquí sucede está cargado de vidas intensas, coloridas, de pruebas superadas en cada amanecer, de realidades paralelas, de hilaridad terapéutica, de verosimilitud algunas veces hasta escatológica, de reflejos  y agudeza  para superar escollos, de resignación y esperanza. Todo bulle como un río turbulento del que se ven las barcas cargadas de energía vital, con seres expuestos al sol y al viento, – porque no poseen otra cosa-, rodeados de delfines y tiburones que se acercan a sus sueños pero que al menos, dejan a los protagonistas un resquicio para la ficción de cada día. Estos hombres y mujeres saben, en el fondo, que la realidad es otra cosa; un espacio lejos de sus esperanzas pero animado de tal manera que lo que falta, no se ve desde fuera, no tiene forma de drama. Hay que hurgar en los resortes –  quizás- de la desesperación y la impotencia por no poder cambiar, para saber realmente si hay congruencia  entre lo que se dice, se expresa y se vive. Es un trozo de la historia de un querido país, contado por una fecunda escritora que se mimetiza entre experiencias propias y ajenas, que pasea a los habitantes de esta tierra moviéndolos con sus voces profundas, su música, sus onomatopeyas cargadas de mensajes y su canto a la existencia  que les ha tocado vivir.  Apuesta por lo más humano y sonoro de esa realidad. Todo es color, sonido y silencios. Sensorialidad isleña a la sombra de un árbol sagrado que trae nuevos tiempos dando vida a las calles de la Habana y a tantos otros rincones donde el escenario sobresale por el colorido humano, la autenticidad y la consistencia de sus historias.  Al terminar el último relato se puede decir que nos ha prestado una geografía y un tiempo que tiene voz. Ese lugar en el mundo existe y ha soltado a la mar las cometas de la esperanza.

Un libro magnífico que nos invita a conocer a sus personajes, estén donde estén. Una obra que se mece entre la escasez y la esperanza, el miedo y la alegría, entre el encierro y los sueños. Una vida contada al oído. Un libro lleno de pinceladas para fotogramas. Un libro para no olvidar.  Le puede pasar a cualquiera. Descubrir a una persona que esconde en su interior una entrañable colega con la que compartió espacios de formación y risas … (muchas  risas) y un buen día te sorprende con su cosecha. Les dejo con sus vivencias.  Hoy agradezco a la vida haberla conocido. Hoy vuelvo a leer una y otra vez sus relatos.

            Sully Fuentes Ciocca
 Periodista y escritora. Madrid. 2015

                                                                                                                                                cuba-en-imagenes

Compartimos un relato de este libro.

 

La  autoevaluación

 

Ramón comenzó a leer en voz alta la autoevaluación de Mariana. Como preámbulo, consideró necesario comentar con los reunidos allí, en carácter de militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, la insólita característica del documento que conocerían en escasos minutos: su brevedad. Sin dudas, creyó a la autora demasiado modesta.

Era una de esas reuniones en las cuales, ante la proximidad del fin de año, debería discutirse, debatirse, analizarse, en fin, evaluarse, la trayectoria de cada uno de los integrantes de la membresía de la citada organización política. Léase trayectoria laboral. Léase actitud ante la defensa de la Patria… Léase disposición a participar en las tareas agrícolas por un período de quince días. Léase asistencia a trabajos voluntarios de toda clase. Léase relaciones humanas, tanto en el trabajo como en el barrio, con los vecinos. Léase y piénsese hasta en relaciones familiares… En resumen, ¡entiéndase!, todo aquello que se halla en el plano de lo íntimo del ser humano. Aquello simplemente, que usted no desearía debatir, analizar, ni mucho menos ¡evaluar! absolutamente con nadie.

Las autoevaluaciones de Mariana eran siempre muy convincentes y saturadas de relevancias, hechos extraordinarios, felicitaciones sin par. Todo redactado con grandilocuencia. Estaban ahora en presencia de una autoevaluación que vestía otras prendas. Mayúsculas. Oraciones cortas y simples. Telegráficas. Mecanografiado. Y cierto matiz, ¡cuánta gracia causó! de revolucionario lirismo. Y para impresionar: una cita traída a colación. De Martí, ese gran poeta cubano que pertenece a los cubanos. Expresaba que la crítica se acepta bien cuando no es mordida, o sea, cuando no es una dentellada. Algo así. Algo así escribió Martí. scribió Martí.

-¡Caramba, Mariana, cuánto pasaste por alto! Este año te destacaste muchísimo. Algunas oraciones merecieron ser repetidas al público:

(…) DETECTÉ, DISCUTÍ Y DENUNCIÉ A UN HOMBRE QUE PUSO UN CARTEL DE “ABAJO FIDEL” Y FUI A RECONOCERLO A “VILLA”.

La reiteración de la frase, pronunciada por Ramón en tono jocoso, causó risa. Algunos semblantes expresaban franca curiosidad, común entre los profesionales de la comunicación. Y la risa. “A ese la crítica sí lo mordió duro, ¿no es verdad Mariana?” Ramón la instó a que relatara la anécdota.

Su narración estuvo interrumpida por la lógica del interés: “¿Quién?” “¿Dónde?” “¿Cuándo?” “¿Cómo?” “¿Por qué?” La protagonista, con cordial deleite y la soltura habitual de sus ademanes, respondía una a una cada pregunta, y conformaba el lead de la inesperada noticia que no hallaríamos nunca en ningún diario nacional de Cuba.

Sucedió en los alrededores de la Plaza Julio Antonio Mella, en el Vedado. Ella residía entonces en un edificio aledaño a la Universidad y por lo tanto, allende a la Plaza. Eran aproximadamente las siete y media de la noche y preparaba la comida, cuando su ex suegra le avisó haber avistado desde el balcón a un individuo escribiendo un letrero en uno de los muros sempiternos. Sin pensarlo dos veces ni deshacerse tan siquiera del tenedor, con el delantal encima y sin ninguna pereza; se lanzó escaleras abajo en pos del desconocido quien ya caminaba rumbo al Malecón.

Por supuesto, DETECTÓ a un ser que al principio se hizo el desentendido; pero DISCUTIÓ con un hombre que escuchó la terrible acusación y se sintió solo en medio de una ya crecida aglomeración de transeúntes; y DENUNCIÓ en público a un individuo que se supo perdido y se soltó en desesperada huida.

A gritos siguió ella defendiendo a ultranza aquél nombre, escrito con letras rojas sobre las piedras del añejo muro. Con irrevocable decisión, sobre los rasgos de la palabra que inauguraba el letrero, trazó el antónimo. Y sabiamente, aplacó las recriminaciones de los celadores de aquella Plaza considerada monumento nacional y sobre la que pesaba la prohibición de variar la fisonomía de sus verticalidades, porque conservaban letreros históricos estampados por jóvenes manos estudiantiles en la década del cincuenta: ¡Batista, Asesino! ¡Abajo la Dictadura! ¡Muera el Tirano!

“Pero, ¿a qué villa fuiste a reconocerlo?”, preguntó alguien en el mismo tono de jácara. “Tienes que ponerle apellido, porque puede pensarse que fue en Villa Ensueño”; aseveró irónicamente otro joven comunista. Había sonado muy cómico el ingenuo paralelismo entre el albergue destinado a las parejas de enamorados que, furtivas, van a saciar sus apetitos sexuales y el conocido edificio de Villa Marista donde tiene su cuartel general la policía política del régimen de los Castro.

“Yo fui a hacer el retrato hablado”, – cortó Mariana el coro de carcajadas-. “Pero no fue por él que lo encontraron”. Y volvió a ser interrumpida: “¿Cómo fue la cosa, chica? ¡Termina el cuento!”

Mariana en su relato reconoció que el escritor de letreros no era un antisocial ni un delincuente. Todo lo contrario, era una persona decente; un ingeniero trabajador desde hacía tres años, de una microbrigada a pulmón, ésas que existen en algunos centros de trabajo donde los necesitados de vivienda emprenden la construcción con medios propios. Pero con los aires de la perestroika y la glásnost soviéticas, el hombre había variado su perspectiva y aunque trabajaba a pulmón, su respiración no se avenía ya al ritmo de la Revolución.

Con el tiempo, decidió hacer algo más que el edificio que sería su vivienda y se asoció a un grupo anticomunista clandestino. Su misión, diaria, consistía en dibujar ¡Abajo Fidel! sobre el muro centenario de la céntrica Plaza. Y cumplía su tarea. Durante meses lo estuvo haciendo. Hasta el día en que tuvo la mala suerte de que la ex suegra de Mariana lo pillara desde el balcón de su apartamento y diera la voz de alarma a la ex esposa de su hijo. A partir de ese día cambió su vida.

Fue cuando apresaron al jefe del grupúsculo como lo llamaría cualquier vocero del gobierno, que al descubrirse las actividades que hacía y los lugares donde operaba, pudo asociarse el añejo muro con el retrato hablado que durante meses permaneció archivado en una de las gavetas del Departamento de Técnicas de Investigación del Ministerio del Interior.

“Fue difícil para mí. Cuando me vi delante de seis hombres, sin un cristal siquiera separándonos…” -Mariana intentó trasladar la emoción de aquellos momentos al grupo de jóvenes comunistas-. “Lo reconocí por los ojos, porque había bajado más de cincuenta libras. ¡Era otra persona! ¡Imagínense! Había estado trece días sin dormir a causa del estrés. Yo les dije que era una persona decente”.

Y también contó cómo la fotografiaron en Villa. De frente y desde el costado. Ella con el brazo extendido señalando al depauperado pintor de muros.

El paréntesis marianístico dilató la reunión. Por espacio de una hora más, continuaron analizando, debatiendo. Evaluándose unos a otros. Salieron a la calle cuando ya la noche se había echado sobre las calles y avenidas. No había luna. Solo tenía luz eléctrica el edificio de la Televisión Nacional que ellos abandonaban, y el Hotel Habana Libre, en la acera de enfrente, porque es para turismo internacional. Era el día del apagón programado para el municipio Plaza y con un extraño sabor en la boca continuaron andando a ciegas, a sabiendas que junto a ellos caminaban otros seres. No más que sombras.

En Coppelia se toparon con el típico e inconfundible murmullo de los que en vano esperaban convertirse en pasajeros de algún ómnibus. Tropezaron con varios cuerpos. Sintieron el lugar atestado, y alcanzaron a vislumbrar gracias a la luz de los faros de un taxi para turistas, la muchedumbre que se agolpaba en la parada del ómnibus de la acera de enfrente.

El grupo, sin dispersarse, continuó caminando unido. Cuando llegó a la amplia Avenida de los Presidentes permaneció largo rato dudando si cruzar o no la calle Veintitrés. Escuchaba la constante circulación de anónimas bicicletas y el silbato agudo de un policía. Era extraño que algún agente pudiera trabajar en aquella oscuridad pero el farol de una ruta 174 detenida en la intersección de ambas vías, descubrió a un ciclista que silbaba sin parar, para anunciar al pseudomundo circundante, su paso por la vía. Fue un momento de alucinación. El grupo no supo si moverse o quedarse allí, estampado sobre el pavimento. En su consciente delirio, recibió el azote de un relámpago que ofrecía con absoluta nitidez, la visión de los muros de la Plaza Mella con rojas impresiones.

Una sonora carcajada devolvió a los integrantes al sitio donde aún permanecían. La absurda estridencia de la risotada que continuaba en el aire, ofrecía la clave del grupal desasosiego.  Porque era una expresión jacarandosa; no de pavor o nerviosismo.  Aquél ser estrepitoso pudo ser testigo de lo que hizo Mariana aquél día. Y hasta pudo parecerle un interesante espectáculo el acoso de un hombre que solapadamente defendía una IDEA; o esa noche pudo tomar como una burlesca distracción aquella vigilia horrenda en La Habana.

La Habana Octubre, 1992

 

Este libro se presenta esta semana Día 8 de diciembre  a las 7.30 p.m. en MIAMI.

 

La diosa Cibeles y la ciudad de Madrid

Autor Carlos Delgado
From Wikimedia Commons

 

Por: Tomás Bethencourt

 

La Cibeles es el símbolo de referencia de la Ciudad de Madrid y uno de los lugares más populares de la Capital de España. Es zona de cita de eventos deportivos, políticos, sindicales y turísticos y por tanto un espacio familiar de trabajo para reporteros y periodistas.

 

Su origen data del Siglo XVIII, cuando el Rey Carlos III siguiendo la corriente neoclasicista de la época se propuso embellecer la ciudad con monumentos de la cultura clásica grecorromana como la Fuente de Neptuno, el Museo del Prado, La Puerta de Alcalá y otros que dieran a Madrid el nivel monumental propio de las grandes ciudades europeas.

 

Cibeles era la diosa de la Madre Tierra, de la naturaleza, de las montañas, de los ríos, de los animales y también de las obras humanas como murallas y fortalezas. Tanto ella como su consorte Atis fueron motivo de culto en todo el Oriente Próximo.

 

En la obra madrileña, la diosa va en un carro tirado por leones. Lleva una corona en forma de muralla y porta las llaves que dan acceso a todas las riquezas de la Tierra. El carro simboliza la superioridad de la Madre Naturaleza, a la que se subordinan los poderosos leones.cibeles1

 

En los panteones griegos y romanos, Cibeles se identifica con la esposa de Crono (Saturno), padre de Zeus. Cibeles viene de Kubele, una piedra negra (meteorito) que cayó en el monte Pessinus de Grecia.

En el año 204 a. de C. durante la Segunda Guerra Púnica, los romanos, obedeciendo a una profecía del Oráculo de Delfos, emprendieron la difícil tarea de llevar la piedra sagrada a Roma, lo que hicieron con una escolta de cinco barcos. El templo a la diosa Cibeles fue consagrado en el Monte Palatino en 191 a. de C.

 

La diosa se veneró como una escultura atendida por sacerdotes, que debían ser extranjeros, castrados por su propia voluntad. Con ello se homenajeaba a Atis, el esposo amado de Cibeles que tras engañarla con la ninfa Sagaritis fue castigado con la locura por la diosa celosa, tras lo cual Atis se castró y se suicidó.

 

Hay dos réplicas exactas del monumento madrileño a Cibeles. Una está en la Avenida de Oaxaca, en Ciudad de México, que fue donada por la comunidad de residentes españoles en México como símbolo de hermanamiento entre ambas ciudades. Fue inaugurada el 5 de septiembre de 1980 por el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. La segunda reproducción está en la Plaza Presidencial de una zona residencial de Pekín.

 

Varios historiadores iberoamericanos manifestaron encontrar paralelismos y similitudes entre Cibeles y la Pachamama – Madre Naturaleza andina.

 

Tomás Bethencourt Machado. Socio nº 29 de ACPI.

Photo: Autor Carlos Delgado
From Wikimedia Commons

La campaña de Rajoy

Foto politica.elpais.com

 

Por Juan José Echevarría
Opinión
       El discurso de Rajoy en las Cortes ha tenido múltiples interpretaciones, desde la que enfatiza que el candidato se limitó a cubrir el expediente, abundando en su fama de indolente, hasta aquella más propagandística que incide en resaltar la necesidad de gobernabilidad, evidenciando la actitud empecinada del principal partido de la oposición. Del éxito de la consolidación en la opinión pública de uno u otro relato, depende algo crucial: la reponsabilidad del fracaso de la sesión investidura recaería en Pedro Sánchez o en el candidato; detalle muy relevante si terminamos abocados a unas nuevas elecciones, las terceras que viviríamos en un año, anormalidad que el entorno democrático europeo vería con estupor.
      Sin embargo, la interpretación más obvia ha pasado más desapercibida: aquella que apunta que Rajoy ya ha iniciado la campaña electoral. Avalan tal consideración diversas circunstancias. La más relevante es que Rajoy no hizo un discurso de investidura, propiamente hablando. No presentó un programa de gobierno, ni apeló a otras formaciones a sumarse a la minoría mayoritaria de 170 escaños, cifra insuficiente para superar el listón.
      Rajoy no parecía dirigirse a quienes tenía enfrente, sino más bien a los electores. Así dedicó casi la mitad de su discurso a la gobernabilidad, otorgándose el papel de estadista y negándoselo al líder del PSOE. La economía ocupó el segundo lugar, resaltando así la importancia de la misma para una sociedad que ha salido muy tocada de la grave crisis padecida. En cambio, el combate contra la corrupción, el flanco más débil de Rajoy, fue despachado en dos minutos.
      El último indicador que confirma que el presidente del PP está en campaña lo apunta el tono emotivo que empleó para hablar de la unidad de España. De repente, Rajoy dejó la frialdad que había caracterizado hasta entonces su discurso para adentrarse en los vericuetos de la épica del Estado-nación español, pese a que eso le cerrase la posibilidad de que el PNV cambiase su voto y facilitase su investidura. Su objetivo era otro: cohesionar a los fieles votantes del PP y arañar votos socialistas, convencido de que en unas terceras elecciones la alta abstención otorgue actas parlamentarias mucho más baratas en sufragios.
      El horizonte, pues, de unos terceros comicios se afianza en la lontananza. Tan solo cabe ya una última posibilidad que impida que los ciudadanos se han convocados por tercera vez. Y ésta pasa por la circunstancia de que el PNV necesite, tras las elecciones vascas del 25 de septiembre, del apoyo socialista y del PP para poder formar gobierno, frente a la opción que encarnarían Podemos y EH-Bildu. Eso podría suponer que el PNV diese sus cinco diputados para una tercera votación de investidura de Rajoy. Aún así, faltaría un escaño más. Tan sólo un pacto PNV-PSE-PP en Euskadi podría hacer cambiar a Pedro Sánchez.
      En cualquier caso, tanto Rajoy como Sánchez se juegan su continuidad si finalmente hay nuevas elecciones, en la medida en que difícilmente cambiaría el panorama político existente. Un descenso en escaños de cualquiera de ellos debería traducirse en la muerte política de uno u otro, o de los dos.
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