Tras la pista de Pérez Galdós en Las Palmas

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Por José Manuel González Torga

 

Para cualquier lector de obras de Pérez Galdós, o espectador de versiones audiovisuales de algunas de ellas, una visita a Las Palmas brinda la oportunidad de acercarse a la Casa-Museo del célebre escritor. Por algo la que fue su casa natal (10 de mayo de 1843) y vivienda familiar hasta que marchó a la Península, en la calle Cano del barrio de Triana, constituye una estación obligada, digna de una parada sin prisas, en los itinerarios del turismo cultural por la isla de Gran Canaria y, en particular, por la capital.

Así pues, los participantes en el XXXIII Congreso Nacional de la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET), teníamos programado un alto en la Casa-Museo Pérez Galdós para conocer los recuerdos que alberga y respirar, en su ambiente, la atmósfera evocadora de la máxima figura canaria de las Letras, de primerísima línea en España y también por encima de muchas fronteras.

Ampliada con un edificio colindante, la Casa-Museo es una vivienda originaria de finales del siglo XVIII, renovada y adaptada para la función museística. Conserva los rasgos esenciales de su estilo histórico canario, con dos patios, y unas habitaciones y dependencias que albergan muebles, obras de arte, libros y objetos diversos de las viviendas del escritor en Madrid y en Santander, con lo que quedaba en Las Palmas.

Hay mobiliario diseñado por el propio Benito Pérez Galdós, para biblioteca, despacho y, por ejemplo, comedor.

Abundan las obras de arte. En pintura destaca el retrato que le hizo Joaquín Sorolla, en 1894, sentado muy cerca de una marina, que podría sugerir un paisaje originario compartido por el retratado y el retratista; en la misma sala, sendas pinturas dedicadas, de Aureliano de Beruete y del palmero Manuel González Méndez, así como otros apuntes de pequeñas dimensiones y tema marino, debidos al propio Pérez Galdós.

Tiene interés la caricatura de Luis Bagaría, uno de las firmas consagradas en ese tipo de dibujo intencionado, que capta a Galdós en una tertulia madrileña con otros literatos, como Benavente, los hermanos Álvarez Quintero y Ángel Guimerá. Hay asimismo curiosas fotografías.

En pantalla se puede ver la única filmación que se conoce con presencia de don Benito Pérez Galdós, formando parte del documental “¿Qué es España?”, conservado en Valencia en el organismo regional de cinematografía.

Escultura monumental de Victorio Macho

Para recibir a los visitantes a lo grande está una escultura monumental, salida del estudio de Victorio Macho, en los años 20 del pasado siglo. Antes tuvo otros emplazamientos; había sido concebida para formar parte de un conjunto expuesto al viento y las sales del océano que, en efecto, incidieron sobre la piedra, como había previsto el artista que la cinceló. Finalmente la obra recala en esta Casa-Museo. Además, sobre el aparador del comedor – procedente de la villa “San Quintín”, del escritor en Santander- se ha colocado un busto de Galdós, en terracota, modelado por el escultor alicantino Vicente Bañuls.Galdos

A título de curiosidad será ilustrativo añadir que, en espacios públicos de Las Palmas, cabe contemplar otros dos monumentos galdosianos: la escultura en bronce realizada por Manuel Bethencourt, con inspiración en el original de Victorio Macho, y que está situada frente al Teatro Pérez Galdós; y la estatua cuyo autor fue Pablo Serrano y que ocupa un lugar visible en la Plaza de la Feria. El culto al prolífico autor en la ciudad tiene una manifestación evidente en el populoso barrio de Schamann, cuyas calles están copadas con los rótulos tomados de obras y personajes salidos de la pluma de don Benito.

En librerías de la Casa-Museo de la calle Cano se alinean numerosas obras de la biblioteca del escritor, con múltiples ediciones y traducciones de la bibliografía de su cosecha. En vitrinas, cantidad de originales manuscritos, pruebas de imprenta con correcciones del autor, así como otros documentos muy diversos de su archivo particular. Al rescate de recuerdos procedentes del chalet santanderino de “San Quintín” contribuyó decisivamente el cronista oficial de la capital cántabra, Benito Madariaga de la Campa, que ostentaba el título de “Galdosiano de honor” y es autor, entre otros libros, de “Pérez Galdós en Santander”. Hay que recurrir a sus páginas para conocer los entresijos de la querencia de Galdós por su chalet, próximo a las playas de La Magdalena y del Sardinero, ha tiempo desaparecido bajo la piqueta bárbaramente agresiva contra un edificio tan singular como la imagen del literato, que algunos trataban de borrar.

Podremos averiguar muchos detalles, como la compra de los terrenos al Marqués del Robrero, para edificar el palacete, al decir de la Condesa de Pardo Bazán, y poder disponer de jardín y de una huerta. De la tendencia a rodearse de una fauna variopinta da idea esta concreción por parte de Benito Madariaga que es además, Doctor en Veterinaria: [[ llegó a tener en “San Quintín” dos cabras, llamadas “Quintina” y “La Chica”; dos gansos, a los que bautizó “Rinconete” y “Cortadillo”; y hasta tres perros, llamados “Polo”, “Titi” y “Canario”]].

Con otro jardinillo contó don Benito en la casa madrileña al comienzo de la calle Hilarión Eslava, donde queda memoria de su residencia hasta el final de sus días, entre las tinieblas de la ceguera. Pero lo que, desde hace muchos años, son edificios de pisos en régimen de propiedad horizontal, entonces era un terreno con un hotelito de estilo árabe. Así lo definía un periodista célebre, José Mª Carretero Novillo, que firmaba como “El Caballero Audaz”. Éste cultivó, durante largo tiempo, relaciones de amistad con el autor isleño, que entró en la Academia Española, con asiento en el sillón de la letra N, y figuró como candidato al Nobel. Le entrevistó para la revista La Esfera y esa conversación abre las sostenidas con una extensa colección de celebridades que, llevadas al libro, ocupan varios tomos, bajo el título general de “Galería”.
Cuando “El Caballero Audaz” le pregunta que cuánto le han producido sus libros, el laureado escritor asegura: “A mí, muy poco; a otros, los han hecho ricos”.

Dibujaba a sus criaturas literarias

Aquel famoso entrevistador, que se batió en duelo catorce veces y resultó herido unas cuantas, conocía y admiraba ya desde la niñez a don Benito y, desde la primera visita que le hizo, en el número 132 de la calle de Hortaleza, su residencia por entonces, recordaba algunas cosas escuchadas: “…antes de crear literariamente los personajes de mis obras, los dibujo con el lápiz, para tenerlos después delante mientras que hablo de ellos…Es muy curioso…Tengo dibujados a lápiz todos los personajes que he creado…”

Pérez Galdós contribuyó a encarrilar por el camino de las letras, a muy temprana edad, a José Mª Carretero. También ayudó, al parecer, a Valle Inclán, quien aspiraba, inicialmente, a trabajar en el teatro como intérprete. La profesora Mª Paz Díez Taboada, en su texto introductorio a una edición que incluye “Voces de gesta” y “Cuento de abril”, del autor galaico, evoca: “…en 1898 le escribe a Pérez Galdós pidiéndole su apoyo para ser admitido como actor en alguna compañía teatral. Debió de prestárselo Galdós y también Benavente, pues Valle-Inclán debutó poco después en dicho teatro con la obra benaventina “La comida de las fieras”; pero su carrera de actor fue truncada por la pérdida de la mano izquierda a causa de la herida que en una famosa pelea le infligió el escritor Manuel Bueno”.

Entre los amigos canarios de Galdós, con mayor recorrido, sobresale Fernando de León y Castillo, nacido en la ciudad grancanaria de Telde, donde está abierta su propia Casa-Museo. Diputado y senador por el Partido Liberal, ministro, primero con la cartera de Ultramar y luego con la de Gobernación, terminó su existencia en Biarritz, mientras seguía al frente de nuestra Embajada en Paris. León y Castillo había sido coeditor y director de la Revista de España, en la que publicó, por entregas, la novela de más éxito de Juan Valera: “Pepita Jiménez”. El mismo Fernando de León y Castillo escribe, como memorialista en “Mis tiempos”, sobre quien centra nuestra atención: “Otra de las joyas de la literatura española contemporánea publicose también, por vez primera y en igual forma, en las páginas de la Revista de España. Es la novela “Doña Perfecta”, de Benito Pérez Galdós. Había ya debutado mi paisano y amigo como novelista y consagrábase al periodismo político. En la misma Revista de España, Galdós escribió con frecuencia, ya revistas políticas, ya críticas musicales”.

“Vinos de Pérez Galdós”, firma familiar

La familia de Galdós poseía propiedades rústicas en el pueblo de Valsequillo, así como viñedos en el Monte Lentiscal (comarca de Santa Brígida), cuya cosecha les permitía elaborar su marca “Vinos de Pérez Galdós”.
Don Benito tuvo su faceta política. El dedo de Sagasta le designó diputado por el distrito puertorriqueño de Guayama, sin desembarcar en aquellas tierras. Ocupó su escaño, cambiando el cometido que antes había tenido en la tribuna de Prensa. Volvió a ser diputado, en 1907, por Madrid, en función de su alineamiento republicano; en 1910, como republicano-socialista, con Pablo Iglesias; y, en 1914, nuevamente obtiene su acta como diputado republicano por Las Palmas, a donde no había vuelto desde veinte años atrás.
Nuestro hombre viajó ampliamente por España, así como a varios países europeos. Estuvo invitado a ir a Buenos Aires, pero no se animó a realizar esa travesía, entre otras cosas porque rechazaba vestirse de etiqueta y preveía la asistencia a actos que la impondrían. Por otro lado, tuvo la intención de pasar un par de meses en Cuba para documentarse, sobre el terreno, con vistas a otro de sus “Episodios Nacionales”, que no alcanzó a llevar al telar.

Solterón, mujeriego y gran trabajador

Solterón empedernido, a Benito Pérez Galdós, nada menos que su médico, el endocrinólogo Gregorio Marañón, lo tipifica como “super-viril y mujeriego”.

Se impone el retorno a la lectura de las páginas bien informadas de Benito Madariaga: “Hacia 1883, año en que Emilia Pardo Bazán se separó de su marido, inicia [Pérez Galdós] su amistad y correspondencia con la escritora gallega, que duró hasta 1915, con la que tuvo unos amores que ambos ocultaron cuidadosamente. En los viajes que realizaron, visitaron Zúrich, Múnich, Núremberg, Fráncfort y tenían previsto ir juntos a Moscú. A la vez mantuvo don Benito relaciones con Concha Morell, a la que dio un papelillo en el drama “Realidad” y a cuyo estreno, el 15 de marzo de 1892, asistió doña Emilia”.Galdos1

“Otros dos amores – reseña más adelante Madariaga de la Campa – van a tener una proyección en Santander: los de Concha Morell y Lorenza Cobián, la madre esta última de su hija María”. La niña nació en la capital de Cantabria, en 1890. “Su último y gran amor – enfatiza el cronista santanderino – fue la viuda vasca Teodosia Gandarias Landete”.

Como era lógico y natural, la visita a la Casa-Museo de Galdós nos ha llevado a otras pesquisas sobre su personalidad y algunas de sus andanzas. Del espíritu independiente de Galdós, afín a Sagasta durante años, da idea su opinión cuando, en “Recuerdos y Memorias”, valora a Cánovas del Castillo, asesinado en el balneario guipuzcoano de Santa Águeda, como “el más alto de nuestros estadistas”.
En definitiva, la herencia más valiosa que nos queda es la obra galdosiana: los 46 volúmenes, agrupados en cinco series, de los “Episodios Nacionales”; las novelas del maestro del realismo; las obras teatrales y el resto de sus libros; a todo lo cual hay que añadir su labor periodística, dispersa en las hemerotecas.

Eduardo Marquina le dedica un poema inspirado ante sus restos mortales, en su último escritorio de la calle de Hilarión Eslava. Finaliza así:

Ahora aprendo en tu labio, aunque no hable;
y leo , aunque hayas muerto, en tu mirada;
y entrego a España el ejemplo admirable
de tu energía hasta el final gastada:
“Sembró ciencia y amor, sueños y besos;
para trillar azul, segó lo bajo;
hoy da a la tierra, la piel y los huesos;
y todo el resto se lo dio al trabajo”.

Si de algo no cabe duda es de que don Benito Pérez Galdós trabajó como un titán.

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