Mario Vargas-Llosa Premio Nobel de Literatura 2010

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Por Maria Teresa Rivera

 

Madrid lo recibió con los brazos abiertos y con todos los honores. De manos del Alcalde, Alberto Ruiz Gallardón recibió el nombramiento de Hijo Adoptivo de la ciudad. Dio el saque de honor en el partido de fútbol Real Madrid-Valencia en el Estadio Bernabeu de la capital, y todos estos días, la prensa oral y escrita se ha ocupado de la trayectoria, vida y obra de Mario Vargas Llosa, Premio Nóbel de Literatura 2010.

El amor de España es recíproco, porque el escritor en su discurso en la Academia
sueca, declara que su amor por este país es tan grande como el que siente por su Perú natal. Es en España donde vivió y estudio y donde se han publicado todos sus libros. Fue en Madrid donde escribió “La ciudad y los perros” y donde terminó de escribir su más reciente novela “El sueño del Celta”. Si no fuera por España –dijo- no estaría en este podio.

“Luz literaria”, le llama, el japonés Kenzaburo Oé, otro Premio Nóbel de Literatura, destacando en un artículo, no solo su fuerza creadora, sino también su poderoso magisterio de ensayista. Es, dice, “maestro de la literatura mundial y guía para todos los aspirantes a escribir novelas”.

Fotografiado dando un beso a su nieto o posando en Estocolmo, con la familia en pleno es la imagen del hombre de familia, de la persona llena de humanidad, sensibilidad y ternura, perfiles que salieron a relucir en su discurso en la Academia, calificado como un discurso grandioso y perfecto. “Fue el primer Nóbel que llora en la ceremonia” dice el comentario periodístico, pero también, el primero que hizo llorar de emoción al auditorio, -donde se encontraba su editora, Carmen Balcells, una de las más emocionadas- justamente porque sus palabras fueron un retrato de su vida y de su alma, una exposición sincera, abierta, directa, clara y amena como lo es su escritura.

Su amor por Perú es enorme. Pasó varios años de su niñez y adolescencia en Lima. En cambio Arequipa, su ciudad natal, dice solo haberla conocido a través de los relatos y recuerdos de su madre, abuelos y tíos.

“Lo más maravilloso que le sucedió en la vida” fue aprender a leer en la clase de su primer maestro, el padre Justiniano, en el Colegio La Salle de Cochabamba, Bolivia.
La lectura, para el, convertiría “el sueño en vida y la vida en sueño”.

Y es que el flamante Nóbel de Literatura tiene un especial cariño por Bolivia y en particular por Cochabamba, donde estudió varios años de su etapa elemental teniendo reminiscencias de su primera infancia en aquella casona familiar de tres patios. Tuvo palabras de cariño y singular alabanza por su esposa Patricia, oriunda de esa ciudad boliviana.

De Cochabamba también fue su primera esposa, Julia.

No era el momento ni el lugar para hablar de ella,, pero Julia fue la Musa que le inspiró y le acompañó durante sus años de formación, incluso en la etapa Parisina cuando conoció a muchos grandes de la literatura y donde comenzó a despuntar como el joven y prometedor escritor.

A ella dedicó Mario su novela “La tía Julia y el escribidor”, especie de autobiografía de aquellos años en Lima, cuando todavía un adolescente de18 años, conoció a Julia Urquidi, 14 años mayor que el y hermana de la esposa de un tío carnal, con la que luego casó. La pareja no tuvo descendencia pero Julia, en esa etapa tan importante de su vida, de crecimiento y formación, fue su apoyó, ayuda y compañía.

La dedicatoria de su novela “La tía Julia y el escribidor” hace honor a esta relación:

“A Julia Urquidi Illanes, a quien tanto debemos yo y esta novela”

Seguramente el resentimiento de una ruptura y consiguiente divorcio, llevó a Julia (fallecida hace unos años) a escribir recuerdos de aquellos años juntos en el libro “Lo que Varguitas no dijo” – publicado en Bolivia-. Este libro que trata más bien de aspectos muy personales, de minucias de su vida cotidiana, no tuvo mayor trascendencia, y uno se queda más bien con la imagen de Julia, mujer atractiva, valiente y emprendedora, retratada en la famosa novela del escritor.

Duro en su crítica de las dictaduras, “que deben ser combatidas”, y de las democracias “populistas y payasas” de algunos países en Sudamérica, ensalzó a las democracias que respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder”.

“ Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia, y Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas”,dijo, y es digno de destacar su alegato de que “un mundo sin literatura, sería un mundo sin deseos ni ideales”, y que “tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, que es la más eficaz manera de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.”

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