Un rayo de sombra

DE POESÍA IBEROAMERICANA                              JORGE DE ARCO

Nacido en la Ciudad de México en 1979, Hernán Bravo Varela es poeta, ensayista y traductor.  Licenciado en Literatura y Ciencias del Lenguaje por la Universidad del Claustro de Sor Juana, ejerce como docente desde hace años. Asiduo colaborador en distintas revistas literarias nacionales e internacionales (“Letras Libres”, “Laberinto de Milenio”, “Diario”, “La Tempestad”, “Paréntesis”…), fue Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino (1999) por Oficios de ciega pertenencia y Premio de Literatura Letras del Bicentenario (2010) por Historia de mi hígado y otros ensayos.

   Ahora, la editorial Pre-Textos da a la luz “La documentación de los procesos”, su sexto poemario, en el cual el vate mexicano dialoga con la conciencia del ser humano y pretende disipar la oscuridad que anida en el fondo de tantas almas.

Desde el poema que sirve como pórtico, su intención ya es evidente a la hora de reconocerse al hilo de un discurso envolvente y sugeridor:


Porque al final hablé de un rayo de sombra

y pedí turbiedad, una duda precaria.

                                                      Porque mis vecinos

de abajo, los anticuarios, me obsequiaron

hace tiempo una oración en la que abundan

palabras bíblicas como `áspid´ y `saetas´,

y no entendí.

                   Porque las cosas, cuando más o menos

perduran, se cierran como un ámbar.

                                           Porque no sé empezar.

     Frente al espejo que empaña en muchas ocasiones los reflejos de la vida, Bravo Varela trasciende su cántico y se hace entender mediante un verbo sacro que acota las fronteras de su intimidad. Para borrar la niebla que refrenda la edad y la costumbre, enciende las palabras y las dota de una plural significancia. Así, su mensaje se hace desnudo y doliente, visible y confiado:

Sólo ellos saben la dirección del agua,

cómo inventar su tibieza, cómo hacerla mas líquida.

Hay que pararla en seco, educar su incontinencia,

llevarla al congelador.

Los demás la bebemos

o la codiciamos. Sólo ellos se ahogan.

     Sin perder de vista el compromiso con la cotidianeidad que le circunda, el yo lírico asume la imperfección de la memoria, el presente resignado, el errático futuro, y desde esa atalaya empírica e incierta, va hollando la tierra que pisa y que cobija sus anhelos. Porque bajo el hechizo de un verso desaprendido y personal, percibe la materia que habita el olvido y la acordanza:

     Mi intimidad es tan cuidadosa

     que la tengo en mi vestidor junto con los ahorros,

     los álbumes y el testamento.

     Conforme, en suma, a todo aquello que convoca la lucidez de cuanto acontece, Bravo Varela ha conformado un poemario que persigue la verdad de un largo viaje, que busca la última estación del su nombre y que levanta el vuelo como la paloma que bate las alas del tiempo:

     Así empieza: todo es futuro,

     una nube que no está pero estará,

     fija como un omóplato en el cielo.

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