Poesía Iberoamericana

PINO OJEDA, ENTRE EL VERSO Y LA VIDA

                                               Jorge de Arco

    Hay ocasiones en las que el ser humano resuelve el sentimiento de finitud a través de la introspección, del silencio,pues buscar razones a la propia mortalidad no hace sino que esta se convierta en algo más incomprensible y, tal vez, fatal. Pero hay otras, en las que la palabra se convierte en desahogo, en grito, en protesta. Tal ha sido el caso de tantas y tantos poetas que han convertido su cántico en compromiso, demanda y alivio.

     Tras la lectura de “Más allá del silencio”de Pino Ojeda (Colección Torremozas. Madrid, 2018), he recordado las palabras de Vicente Huidobro: “Las células del poeta están amasadas en el primer dolor y guardan el ritmo del primer espasmo.En la garganta del poeta el universo busca su voz, una voz inmortal. El poeta representa el drama angustioso que se realiza entre el mundo y el cerebro humano, entre el mundo y su representación”.

Precisamente, esa certidumbre inventariada por poeta chileno se refleja en la obra de la escritora grancanaria (1916-2002) desde su primer poemario, “Niebla de sueño” (1947). La muerte de su marido en 1939 -sólo dos años después de haber contraído matrimonio-, la sumió en una profunda depresión. Poco después, inició su carrera literaria y tras publicar algunos poemas en distintos periódicos y revistas, se edita el citado poemario. En él,caminan de la mano el dolor y la ausencia


Déjame colgar mi corazón

en un gajo de tu cuerpo,

vieja higuera,

que ya estoy ya cansada de llevarlo

triste y yerto.

(…)

Déjame rozar su pulpa seca

en tu gajo más árido

y beber un poco

de tu savia amarga.

(…)


Déjame sorber, vieja higuera,

el amargo de tus venas,

que yo quiero saber

si en lo blanco de tus sueños,

hay también la amargura

seca y fría

de mis venas.

 Esta antología poética que ha preparado con esmero Blanca Hernández Quintana, da cuenta del íntimo y ensoñador quehacer de la escritora isleña. En su prefacio,afirma la compiladora: “La poesía de Pino Ojeda amontona imágenes que, de manera subjetiva, ofrecen una interpretación del mundo con una intensa interioridad, desde una perspectiva que reivindica la diferencia en aras de la libertad y la individualidad, y que da paso a nuevas pluridentidades”.

 Se recoge aquí una amplia muestra de siete de sus poemarios, además del inédito”Poemas para sobrevivir”, fechado en 1982. De todos ellos, se desprende un aroma de intenso lirismo, una huella de acendrada humanidad, una honestidad palpitante. Porque Pino Ojeda simbolizó la desposesión que implicó el no sentirse protegida por ese paraíso perdido que fue el Amor. Un amor con mayúsculas,  desnudado y desusado tras aquel cruel viaje sin retorno que fue la Guerra Civil. Allí quedó sesgada la vida de su esposo, Domingo Doreste, y allí también comenzó su singladura teñida de sombras.

 Sin embargo, su vitalismo, su fuerza interior, convirtieron su ser en un irrefrenable ímpetu, en un “trino/ de tierra florecida”. Pues nunca renunció a limitar sus simultáneos enigmas, su incontenible deseo de grafiar la memoria y el mañana:



Yo no quiero morir,

ser una piedra fría sin destino.

No quiero la agonía

de la carne muriendo.

Qué angustia en los ojos abiertos.

Qué tristeza en los labios.

No quiero ser un muerto más

bajo la tierra.

Los gusanos sólo me sirven

de enemigos devoradores.

Me revelo, huyo

de este final que ya muerde mis pasos.

Llegará de la mano amiga

que ahora me salve.

Y caerá sobre mi cabeza

con un gesto blando. Hasta aniquilarme.

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