Memoria del ayer y del mañana

DE POESÍA IBEROAMERICANA Jorge de Arco       

MEMORIA DEL AYER Y DEL MAÑANA

     Avalado por el premio “Claudio Rodríguez”, ve la luz “Lengua de lobo”, noveno poemario de Rodolfo Häsler.

Nacido en Santiago de Cuba en 1958, reside en Barcelona desde los diez años donde desarrolla desde hace tiempo una intensa actividad literaria como traductor, crítico y poeta.

    Al hilo de la concesión del citado certamen, Häsler declaró que era éste un libro articulado por «experiencias que me han marcado como la persona que soy ahora; vivencias de viajes, junto a recuerdos de mi infancia en Cuba y de mi padre que era pintor». Y, en efecto, esa dualidad puede apreciarse nítidamente a lo largo de estas páginas mediante la simbiosis alterna de la escritura y la pintura.

     Como si de un cuadro multiforme y cromático se tratara, el yo lírico va indagando en su interior mediante un diálogo con el tiempo y el espacio que lo vieron crecer. Las fronteras entre ambos universos van diluyéndose y, seducido por la memoria que cabe en los recodos del alma, surge una melodía que respira acompasadamente:

    algunas palabras justas que crecen

en lengua española, paternal alemán,

excelente francés que usa cuando quiere,

en un instante desaparece el aire

y una isla sigue a otras más lejanas

(…)

ya se sabe,

aunque vuelva, deja su acento atrás,

su marca de nacimiento

de delicada habladuría.

     Los poemas se suceden como puertas que se abren de par en par y descubren ciudades, enigmas, olores, cifras, playas…, por donde el autor ha ido paseando su mirada, pero también conformando un personal mapa de sentimientos y soledades. Su existencia se orilla entre la espera y la acción, entre la pausa y la prisa, entre el barro y la flor, pero sin dejar de aprehender la materia poética que caligrafía su interior:

un lápiz inclinado

llena la página en blanco,

se agria el pan, se oscurece el té,

veo tirar de la punta del hilo

que más aprieta

    Son muchos los protagonistas y escenarios que aquí se reúnen y en los cuales Rodolfo Häsler pone sus acentos. Con una pluma que pareciera un pincel traza con su verso las semillas donde fueron esparciéndose sus huellas: la rosa de Celan se entremezcla con la cuerda dorada de Hilde Domin, Beirut  aparece más próxima a Rijeka, una lámpara azul de Bosnia ilumina una calle de Zurich, Zweig conversa en voz baja con Baudelaire, una sinfonía de Debussy suena en la calidez de Formentera, el verbo de Umberto Saba recorre un callejón de Ljubljana… Y así, pasado, presente y futuro se refugian en la tentación lírica de una aventura distinta y original:

La ciudad inexistente

se intuye en la bebida,

crece en mi interior un deseo

que hunde sus raíces en la sorpresa,

me convierte en mi propio patrón

y abordo a los que van entrando,

estrella de la mañana para irse a dormir

con una corona debajo del brazo


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