La vida verdadera

De Poesía Iberoamericana                                            Jorge de Arco

La certeza de un cielo inconfundible

     Testimonio póstumo y emotivo el que abriga “La vida verdadera” de Mariano Altermir y que ahora llega hasta el lector en una esmerada edición (Ars Poetica. Oviedo, 2020).

     Nacido en Salas Altas, Huesca, en 1993, el poeta aragonés dio a la su luz su primer poemario, “Búsqueda”, en 196. Tras un largo silencio, obtuvo en 2004 el premio “Paul Beckett” con “El arte de los sueños, al que seguiría, década y media después “Regiones abandonadas de mi vida. Tres volúmenes, al cabo, que daban cuenta de un quehacer pausado, riguroso, y sostenido sobre un ritmo armónico y de cadencia clásica.

    Al hilo de ese penúltimo libro citado, apunté que su decir surgía como una manera de responderse a las incógnitas del ser humano, como una forma de desasirse del silencio del creador y bordear con su cántico las esquinas de la vida. Desde su soledad, iba desgranado la incierta apuesta que signara la existencia y su voz se tornaba desahogo, conciencia íntima.

En verdad, su palabra se mantuvo siempre bañada por un afán de pulcritud, la cual conjugaba sabiamente con una ensoñación que dejaba abierta las puertas de sus anhelos.

     Ahora, la voz que nos dejó, sigue resonando con vigor en un libro donde anidan ilusiones y heridas muy humanas. Sus versos se alzan desnudos frente a todo lo que aún queda por descubrir, a todo cuanto refleja el combate del ser contra su finitud:

A veces adivino los temores

de esas cosas que tú nunca me dices,

e intuyo lo que esconde ese silencio:

el arriesgado vértigo mortal

de tu salto al vacío de mi vida.

     Dividido en seis apartados, “La belleza de lo inútil”, “Verdades imposibles”, “Búsqueda”, “Un gran sueño”, “El desencanto”, Poética”, más una “Coda”, el poemario signa una geografía que convierte en lumbre el fulgor de la existencia, un mapa interior de sentimientos en los que se adivina la dimensión de lo amado:

Tú eres mi única vida indispensable,

la certeza de un cielo inconfundible,

un lejano espejismo inalcanzable.

Yo apenas sé quién soy. Quizás he muerto

intentando vivir y hacer creíble

que todo lo imposible es lo más cierto.

     En su prefacio, Carlos Murciano anota que “el lector tiene ante sí un conjunto de piezas por completo cerradas, donde los personajes, objetos y territorios nombrados nacen alejados de cualquier injerencia que afecte a su acontecer”. Porque el vate oscense quiso, sin duda, que estos textos fueran también memoria viva de su pasión por la escritura, por la verdad que esconde la lírica.

     En suma, un libro para degustar lentamente y sumergirse en la conciencia de un poeta cercano y virtuoso:

Soy como un dios herido, y sin embargo,

mi amor por las palabras va en aumento;

me destruyo al unirlas, me fragmento

hasta encontrar el nexo más amargo.

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