La poética de la realidad en “Sanfelices”

El poder de emocionar

                            Norma Sturniolo

Roberto Lázaro con los actores que encarnan a Elena y Manuel

Cuando algo nos emociona, se produce una agitación en nuestro interior, algo transforma nuestro estado de ánimo, lo pone en movimiento y, cuando ese algo es una película, nuestra participación afectiva puede dejar una huella pasajera después de que abandonamos la sala o permanecer con nosotros. Esto último sucede con Sanfelices, una película que, con sencillez, muestra la riqueza y el misterio de la vida, tratando aspectos sociales e íntimos del ser humano con amor a la verdad por lo que llega a todos los públicos.  

Cuando Elena es una joven maestra.

En la película se defiende la enseñanza pública y ella misma es un excelente ejemplo de la importancia de esa enseñanza. El proyecto de la película surgió a raíz de que unos ex alumnos de Ciclos Formativos de Imagen y Sonido de Formación Profesional del  IES Pradolongo,  un instituto de enseñanza pública de Madrid, en el barrio de Usera, se dirigió a  quien fue su profesor, el director Roberto Lázaro (Soria, 1964, Premio Goya, 1997 a su cortometraje “La Viga”) y le plantearon la posibilidad de realizar un proyecto cinematográfico, algo que el director soriano, apoyó con el entusiasmo, con la entrega propia de alguien que ama el cine y la enseñanza y que, también, es un defensor de la enseñanza pública. Al proyecto se unieron ex alumnos del Centro de Formación Profesional de la Comunidad de Madrid , José Luis Garci, en Alcobendas, con su profesora de Producción de cine  de Imagen y sonido, Tania Jiménez Palacio que realiza su primer largometraje como productora. Esto demuestra que, cuando un grupo de personas están guiadas por un ideal y trabajan con un esfuerzo sostenido,  el resultado siempre es satisfactorio. El guión de la película fue escrito por el director Roberto Lázaro y Miguel Muñoz Baeza,un exalumno suyo. La artista Ana Belén ha colaborado con el proyecto cantando una canción, escrita por Paco Ortega.

“Sanfelices “ participa en Festivales de Cine, Campañas de Cine Solidario cuyo objetivo es financiar proyectos sociales y Muestras de Cine Español en el Extranjero.

Elena y Lola Dos colegas inseparables

Los actores, tanto principales como secundarios realizan una sólida y convincente actuación contribuyendo a crear esa atmósfera real que destila la película.

Recordemos brevemente el argumento que tiene que ver con la alteración de dos vidas. Elena,(Flora López) profesora de primaria sufre una embolia y eso no solo cambiará su vida sino también la de su hijo, Manuel (Óscar Abad), un joven universitario que dejará de salir con sus amigos y de realizar las cosas propias de un chico de su edad para cuidar a su madre. Manu decide trabajar en una granja de acogida de animales, a pesar de que no le resulta fácil compaginar el trabajo con el estudio pero lo hace para poder pagar un Centro de Día que cuide a su madre. Ahí, Elena establecerá amistad con Carmelo, (Julio Arnau) un hombre llegado de un pueblo que no se acostumbra a vivir en la ciudad. Él le habla de su pasión por la astronomía y el estudio del infinito universo de las estrellas así como de la importancia de volver a las raíces . Aportará alegría  a la vida de Elena que ha pasado de ser una maestra vitalista a una persona dependiente que tiene que volver a aprender a leer y escribir. La relación con Carmelo le amplía su forma de ver el mundo. Pero la renovada alegría dura poco, su enfermedad se agravará y ello determinará que viaje con Manuel al pueblo de Sanfelices donde ella se enamoró, donde ejerció de maestra de primaria y nació su hijo. Una vez allí tomará una decisión en la que queda patente su preocupación por el bienestar de su hijo.

La ternura de madre e hijo

En la película como en la vida se alternan los momentos difíciles, duros con otros divertidos y tiernos.

La historia está contada con sinceridad, sin artificios  y por eso establece una comunicación fluida con el espectador. Conmueve sin acudir a estridencias y nos hace reflexionar no solo sobre las relaciones materno- filiales que son las que tienen mayor protagonismo en el film sino también sobre temas como el de la crisis de la enseñanza pública,  el menosprecio hacia los ancianos, el abandono de los pueblos, la importancia de las relaciones familiares y de la amistad, la necesidad de una sanidad pública y en cómo enfrentarnos al trance de la enfermedad y la muerte.

Se describe con certero realismo los opuestos que luchan en un mismo corazón humano como es el amor y la rabia, la esperanza y la desesperanza y también, algo tan paradójico como el saber sin saber al que nos referiremos más adelante.

Hay momentos de gran intensidad dramática donde se mezcla la alegría y la más honda tristeza.  Un ejemplo culminante de ello es toda la escena que se desarrolla en la verbena del pueblo cuando bailan Manuel y Elena. Rodeados de la frescura y el alborozo popular, el hijo va desgranando en los oídos de su madre todos sus proyectos de vida en común en el pueblo y la cámara enfoca el rostro entre alarmado y asustado de la madre, que no quiere que el hijo se vea perjudicado por algo que además no durará mucho. Es digno de destacar la delicada narración fílmica. En esa escena intuimos el saber sin saber del hijo. Él desconoce el último diagnóstico del médico porque su madre lo engaña, sin embargo, su vehemente reacción de tener a la madre consigo, sus enfervorizadas declaraciones de quedarse a vivir con ella en el pueblo nos parecen un síntoma del que desesperadamente quiere impedir la separación, la pérdida del ser querido. ¡Qué forma tan sutil de expresar la resistencia del ser humano a perder lo que ama! Al mismo tiempo la cámara, enfocando el rostro de la madre,  nos permite adivinar su zozobra, su inquietud, su desazón y el comenzar a cavilar sobre la decisión que va a tomar.

San Felices en Soria

El pueblo soriano de San Felices- que da nombre a la película- encaramado en lo alto sobre unas rocas evoca el encanto de  las estampas antiguas.

La imagen nocturna de Elena sentada al aire libre contemplando un cielo estrellado y evocando las palabras de Carmelo está impregnada de una íntima poesía. A la hermosura de la tierra se une la del cielo estrellado. Estremece ese lazo de unión que se establece entre la realidad terrestre y la celeste.  Y la cámara nos  permite acceder a la zona espiritual íntima y reservada de Elena en ese momento misterioso que constituye el tránsito final y elevarnos hasta las estrellas con su indescifrable código del infinito.

Hay una poética de la realidad en este film que nos recuerda el ciclo de la vida con las imágenes en flashback de un Manu bebé y la imagen del final de la vida de Elena.

Premios de Roberto Lázaro

Deseamos que la película tenga el reconocimiento que se merece y que su director, Roberto Lázaro, continúe trabajando en obras como ésta que parecen seguir las recomendaciones  de aquellos versos de Juan Ramón Jiménez :“Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen”

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