Homenaje al castrato Farinelli en el Teatro de la Zarzuela

Norma Sturniolo

Carlo Broschi (Farinelli)

Había una vez un rey llamado Felipe V (1683- 1746) que sufría de una intensa melancolía y un cantante que producía admiración en quienes lo escuchaban, llamado Carlo Broschi (1705-1782), pero conocido por el sobrenombre Farinelli, que después de recorrer muchos países, recaló en España para curar la melancolía del desdichado rey…

Es imposible no dejarse tentar por la magia de una narración fabulosa al recordar los motivos que llevaron al famoso castrato del siglo XVIII a trasladarse a la península ibérica. Carlo Broschi, que adoptó el seudónimo de Farinelli en honor a los hermanos Farina que lo ayudaron a pagar sus estudios, fue llamado por la reina Isabel de Farnesio para que curase la melancolía del rey con su canto. En 1737 llegó a España con la intención de permanecer solo unos meses y acabó viviendo más de veinte años. Además de cantar noche tras noche las mismas canciones al rey, ejerció una importante función cultural. Fue director del Colegio Real de Santa Bárbara de Niños Músicos, del Coliseo del Buen Retiro de Madrid y del de Aranjuez, difundió la ópera italiana y montó muchas obras, las mayoría con libretos del que es considerado el mejor libretista de ópera seria del s. XVIII, Pietro Metastasio (1698-1782). En 1750 fue condecorado con la Cruz de Calatrava. A pesar de su fama, no se dejó llevar por los excesos propios de un divo y gozó de nobleza de espíritu y discreción. Durante el reinado de Fernando VI continuó con sus actividades, pero con la llegada de Carlos III abandonó España y partió hacia Bolonia donde acabó sus días.

La figura de Farinelli se dio a conocer al gran público a través de la película Farinelli, il castrato dirigida por Gérar Corbiau y estrenada en 1994. Aunque con varias inexactitudes histórica, es una película destacable por varios aspectos como la banda sonora, el vestuario y la ambientación.

Es un acierto que el Teatro de la Zarzuela haya querido recordar a este magnífico cantante con un concierto en el que figuran las difíciles arias creadas para él y que la invitada para poner voz a esas virtuosas arias haya sido la mezzosoprano norteamericana Vivica Genaux (1969) que estuvo acompañada por Les Musiciens du Louvre bajo la dirección de Thibault Noally.

Daniel Bianco, el director de la Zarzuela, destacó que Vivica Genaux es deslumbrante no solo por su técnica sino que es una de las intérpretes más eminentes del barroco y del bel canto por su técnica, su timbre y el color de su voz. Y así lo demostró en su memorable recital en el que abundaron las arias de Nicola Porpora (1686-1768) el compositor napolitano y maestro de canto de Farinelli para quien creó numerosas piezas y el que fue durante unos años rival de Handel en la ópera de Londres.

Además de Nicola Porpora del cual Les Musiciens du Louvre interpretaron la Sinfonia de Agrippina, interpretó un aria de Pietro Torri, otra de Geminiano Giacomelli y dos Riccardo Broschi, el hermano de Farinelli. Les Musiciens du Louvre además interpretaron las bellas composiciones Concierto para 2 violas y violonchelo en sol menor, RV 578ª de Antonio Vivaldi y Fuga y Grave en sol menor de Johann Adolph Hasse. El público aplaudió entusiasmado y gritó bravos a los que la mezzo respondió con bellísimos bises donde una vez más brillaron sus admirables trinos y florituras. A las admirables agilidades de la coloratura unió calidez y simpatía, acercamiento al público reflejado en su amplia y luminosa sonrisa. Un bello recordatorio del célebre castrato que habitó este país durante tantos años en aquel ilustrado siglo XVIII.

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