“Homenaje a la tierra”,

EL VASAR POÉTICO                                                        GRANADA COSTA

                                                                                                 Jorge de Arco

                          RUBÍ ARANA, NACIDA EN LA TIERRA

    Se reedita en Betania “Homenaje a la tierra”, poemario de Rubí Arana. publicado por vez primera en 2008. Esta nicaragüense con residencia en Miami tiene ya publicados cinco libros de versos y alterna su labor lírica con su actividad como promotora literaria.

     En el prefacio al volumen se incluyen dos entrevistas a la autora. En una de ellas, la escritora nicaragüense contesta a la pregunta de “¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?”: “En otras ocasiones he contestado tal pregunta y luego no sucedió como dije. Ahora siento que esta pregunta se debe hacer a personas normales. Yo no lo soy”.

Y desde esa conciencia unívoca, su discurso quiere verse renacido en una suerte de constante mutación, de sonora potencialidad. Sabedora de que la pureza del ánima tan sólo sostiene aquello que es palpable desde el interior de la llama humana, Rubí Arana quiere transformar su energía en plenitud universal. De ahí, que sus versos resuenen desde un horizonte personal, pero común:

El sueño de Quetzalcoatl
envuelto en rosas amarillas huyendo del crepúsculo

entra en el círculo que lento navega el regreso

hacia donde las rosas se marchitaron
un vaho de tenso perfume le hechiza y lo despierta.

    Afirma Sergio Ramírez en su prefacio que “estamos frente a un libro de poesía sobre la tierra, que quiere decir nuestra propia tierra milenaria, y también la tierra universal de todos los seres humanos. Pero Rubí Arana ha escogido el mejor de nuestros símbolos terrenales, los suelos de Acahualinca, donde un tropel de ancestros desconocidos dejó para siempre sus huellas en el lodo, cuando Nicaragua se creaba a sí misma moldeándose en el fuego de sus entrañas, cataclismos que nos dieron vida, y sobre los que aún vivimos”. Junto a esa raíz terrenal surgen gestos, escenas, máscaras que derraman su sagrada plenitud y desentrañan la luz ardida de los poemas al par de los milagros que convoca el verbo:

Palabras palabras palabras empezando a la vida

porque una palabra es primavera fuego sonido

esto viene en suave bendición

Ser como la belleza
Ser sueños
La luz me está hablando

yo no puedo cogerla

solo puedo cantarle

Soy una mujer poeta nacida en tierra

de dioses indios
Incienso de copal está viviendo

donde Quetzalcoatl está muriendo

para ser una lejana estrella.

     Entre serpientes de látigo, negras lunas, doncellas con orquídeas, aguas sagradas, lluvias de mayo, astros del corazón, canciones en el aire…, van sucediéndose estos textos que respiran un cáliz de fuego, un salvaje rocío anunciador del decir de una poetisa que siente la inquietud lirica como un consuelo. Y que clama su plegaria frente al silencio derramado de los crepúsculos:

en la sumergida lentitud, en lo informe
o como se oyen desde el alto de los caminos

cruzar las campanadas en cruz
más allá del pan, más allá del vino, más allá

del fuego
tu luz tocando su misterio
el súper universo tiene vacío lleno
hay algo denso, unido, sentado en el fondo

repitiendo su número, su señal idéntica.

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