En recuerdo del siervo de la nación mexicana, Don José María Morelos en el aniversario de su muerte (22-12-1815)

morelos

 

Por Tomas Bethencourt

 

Después de la muerte de Don Miguel Hidalgo padre de la independencia de México el 30 de julio de 1811, Don José María Morelos, cura de Cuarácaro, tomó el relevo de la insurgencia mexicana, dirigiendo sus acciones hacia el Sur y cosechando numerosos éxitos contra las tropas realistas.

El 15 de Junio de 1814 se convocó el Congreso de Anáhuac y el 22 de octubre del mismo año se redactó la Constitución de Apatzingán que proclamaba la Libertad de la América Mexicana. Al termino del Congreso, Morelos se dirigió a Puebla con un grupo de insurgentes. Pero cerca de la localidad de Temalaca fue capturado por el comandante Carranco, antiguo desertor de las tropas insurgentes.

En un juicio marcial, 150 de los 200 prisioneros fueron fusilados en presencia de Morelos, mientras los otros 50 fueron desterrados a trabajos forzados a Manila.

La captura de Morelos fue celebrada con un Te Deum en la Catedral de México el 9 de noviembre de 1815 siendo Arzobispo de esta ciudad Pedro de Fonte. La cúpula realista representada por el Virrey Calleja y la retrógrada Inquisición del Virreinato y otros miembros del Gobierno, vieron la ocasión de dar un escarmiento a la Insurgencia.

El 13 y el 14 de noviembre de 1815 se realizó un Proceso de las Jurisdicciones Unidas que presidió el Auditor de Guerra Miguel Bataller y el delegado del Arzobispado Felix Flores Alatorre.

La acusación se centraba en el delito de alta traición a la Patria, a Dios y al Rey, además de provocar sabotajes y destrozos. En el juicio Morelos dijo “En España ya no había Rey porque se fue a su casa de Francia, pero al volver gobernó como un déspota contaminado de irreligiosidad”.

Después del juicio laico, le siguió un juicio eclesiástico, donde se le acusó de violar el celibato, de tener 3 hijos ilegítimos y de no hacer caso alguno de las excomuniones que pronunció en su contra el obispo de Valladolid (hoy, Morelia) Manuel Abad y Queipo. Morelos argumentó que las excomuniones sólo valían si las daba el Papa o un Concilio. El veredicto fue la condena a la degradación religiosa.

La Junta Insurgente y el Congreso enviaron una carta al virrey Calleja solicitando el perdón para Morelos. Y el 24 de noviembre los tres obispos de Puebla, de Durango y de Oaxaca fueron recibidos en privado por Calleja, a quien pidieron que no se le aplicara la pena de muerte.

El 27 de noviembre por la tarde en la Capilla del Santo Oficio, que actualmente alberga la Facultad de Medicina de la ciudad de México, el Inquisidor General del Virreinato Antonio Bergoza lo redujo a la condición laica. Morelos iba con la sotana amarilla reglamentaria. El Inquisidor dijo lo siguiente: “Apartamos de ti la facultad de ofrecer el sacrificio de Dios y de celebrar misa. Con esta raspadura, te quitamos la potestad que habías recibido en la unción de las manos y te despojamos con razón del vestido sacerdotal. Te privamos del orden levítico, porque no cumpliste tu ministerio dentro de él. Como hijo ingrato, te echamos de la herencia del Señor”. Algunos autores advierten que Morelos lloraba. El juicio eclesiástico le condenaba a reclusión perpetua en un convento africano. Morelos firmó el documento.

Pero el juicio civil le condenaba a muerte. Así que en la madrugada del día 21 de diciembre Morelos escuchó del Coronel De la Concha su sentencia de muerte. La recibió de rodillas. Hacía 18 años que había recibido el sacramento sacerdotal.

El día 22 de diciembre de 1815, sobre las seis de la mañana Morelos recibió en su celda pan con café y después fue encadenado de pies y manos y así subió a una carroza que lo llevaba a Ecatepec custodiada por 50 soldados, donde se realizaría su fusilamiento.

Pero al pasar por la Basílica de la Virgen de Guadalupe intentó hincarse de rodillas, pero no pudo por el peso de las cadenas. El viaje fue penoso, pues llegó a Escatepec a la una de la tarde. Allí lo esperaba un sacerdote con quien se confesó. Y antes de pasar al paredón rezó el salmo 51, oyéndose a continuación los tambores.

Morelos tomó un crucifijo y dijo “Señor, si he obrado bien, tú lo sabes, pero si he obrado mal, me acojo a tu infinita misericordia”. Acto seguido se puso de espaldas al pelotón. A la voz de fuego sonaron dos descargas. Eran las cuatro de la tarde del viernes 22 de diciembre de 1815 cuando nos dejaba Don José María Morelos y Pavón.

Sus restos reposan hoy en la Columna de la Independencia, en la Ciudad de México.

Los siguientes honores, recuerdan a Don José María Morelos:

  • Napoleón Bonaparte dijo “Con cinco generales como Morelos conquistaría el mundo”.
  • En su honor, desde 1828, su ciudad natal Valladolid se denomina Morelia.
  • La estatua ecuestre de Morelos en Morelia (antes Valladolid) fue donada por el emperador Maximiliano de Habsburgo.
  • Su efigie aparece en los billetes mexicanos y en las monedas de varias épocas.
  • Ha sido el tema central de varias obras cinematográficas y televisivas.
  • En el Estado de Quintana Roo, a 36 Km. de Cancún, se encuentra Puerto Morelos, que mantiene una importante actividad marítima nacional e internacional (Ref. de Marta Bethencourt, miembro de ACPI, residente en Cancún).
  • En 1982 México entró en la era satelital y millones de espectadores de México ven todos los días la televisión a través de los satélites Morelos I y Morelos II.

Tomás Bethencourt ha sido miembro de la Junta Directiva de ACPI

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