El ejercicio despótico del poder y la imposibilidad del amor

  El ejercicio despótico del poder y la imposibilidad del amor

             -Don Carlo de Giuseppe Verdi en el Teatro Real de Madrid-

                                                         Norma Sturniolo


 Marcelo Puente (Don Carlo); Maria Agresta (Elisabetta de Valois) Foto Javier del Real

El teatro Real ofrece 14 funciones de Don Carlo de Giuseppe Verdi (1813-1901) entre los días 18 de setiembre y 6 de octubre, en una producción procedente de la Ópera de Frankfurt a partir de la versión en cinco actos  que se estrenó en Módena el 26 de diciembre de 1886. La dirección musical está a cargo de Nicola Luisotti y el director escénico es David  Mcvicar, la figurinista, Brigitte Reiffenstuel, Robert  Jones, el coreógrafo, Joachim Klein, el iluminador y Andrés Máspero, el director del coro.


Maria Agresta (Elisabetta de Valois) Foto de Javier del Real

Hay tres repartos:  Marcelo Puente (en sustitución de Francesco Meli ), Andrea Carè, Alfred Kim(Don Carlo) y Sergio Escobar ; Maria Agresta, Ainhoa Arteta y Roberta Mantegna(Elisabetta de Valois); Luca Salsi, Simone Piazzola y Juan Jesús Rodríguez (Rodrigo, marqués de Posa); Ekaterina Semenchuk, Silvia Tro Santafé y Ketevan Kemoklidze (La princesa de Éboli);Dmitry Belosselskiy, Michele Pertusi y  Dmitry Ulyanov (Filippo II); y Mika Kares y Rafał Siwek (El gran Inquisidor).

El libreto de Don Carlo se debe a  J.Mèry y C. de Locle, basado en el drama Dom Karlos, Infant von Spanien escrito por Schiller entre 1783 y 1787. La ópera se estrenó en París el 11 de marzo de 1867.

Verdi hizo varias versiones de esta ópera. En la Scala de Milán, en 1884 se estrenó la versión de  la traducción italiana de Angelo Zanardini, que utilizó gran parte de la traducción original de Achille de Lauzieres, suprimiendo el primer acto.  La estrenada en Módena en 1886 incluía el primer acto, que es la que se representa en el Teatro Real.

El drama de Schiller, típicamente romántico, recoge la difundida leyenda negra española con inexactitudes históricas. El mismo Verdi era consciente de ello. En una carta a Giulio Ricordi de 1883 entre otras cosas dice: “en este drama espléndido por la forma y por la generosidad de concepto, todo es falso, Don Carlos, el verdadero Don Carlos , era un necio furioso, antipático. Elisabetta no se enamoró nunca de él. Posa es un ser imaginario que nunca habría podido existir en ese reinado”.

Don Carlo Foto de Javier del Real

Está claro que es el potencial dramático de la obra, el interés teatral que ofrecía la trama  lo que interesó a ese genio de la música y gran hombre de teatro que fue Verdi. Le interesaba la idea de la lucha de la libertad contra la opresión del poder despótico tanto del monarca Felipe II como de la Iglesia. A este asunto político religioso se unía  otro gran tema romántico  como es el del amor y su imposibilidad y algo recurrente también en Verdi, como la relación paterno-filial.

En la ópera, el hijo de Felipe II, Don Carlos y su prometida, Isabel de Valois, hija del rey de Francia se encuentran en Fontainebleau y  se enamoran inmediatamente. Su felicidad dura poco porque se les anuncia que por el Tratado de Cateau -Cambresis que establece la paz entre España y Francia, el rey de Francia otorga la mano de su hija al rey Felipe II. A partir de ahí se desencadena la desolación de Carlos, la tristeza de Isabel y la desconfianza y celos de Felipe II. Pero no acaban aquí las frustraciones. También el deseo de la Princesa de Éboli se frustra  porque el ser al que ama es nada menos que Carlos.

Don Carlo. Foto de Javier del Real

A la desesperación amorosa se suma también la desesperación por ideales políticos que no pueden llevarse a cabo.  Rodrigo, Marqués de Posa quiere que Carlos ayude al pueblo flamenco a liberarse del yugo de Felipe II. Carlos lo intentará, pero tanto Posa como él serán condenados por el Gran Inquisidor con la aquiescencia de Felipe II.

David  Mcvicar vuelve a trabajar con el escenógrafo Robert Jones y la figurinista Brigitte Reiffenstuel. De todos ellos tuvimos un ejemplo sobresaliente también en el Teatro Real cuando se representó Gloriana de Britten. Aquí, de nuevo, sobresale su buen quehacer. En Don Carlo el escenario único, austero, con predominio del gris  transmite una sensación opresiva y asfixiante donde queda claro que el dominio despótico aplasta cualquier destello de felicidad. Los soberbios trajes de época contribuyen con su color negro al clima de extremo rigor  y  tristeza. Hay momentos de gran belleza como el de la coronación y auto de fe de Felipe II y otros de gran intensidad dramática.

Escena del dolor y la tragedia en Don Carlo Foto de Javier del Real

En el cuadro II del primer acto, el diálogo entre Posa, interpretado por el barítono italiano Luca Sasi y Felipe II, con el bajo Dmitry Ulyanov resplandeció por su fuerza dramática así como  el aria O don fatale  en boca de la mezzo Ekaterina Semenchuk que representa a la  princesa de Éboli. De innegable belleza, la magnífica aria Ella giammai m´amó noblemente cantada por Dmitry Ulyanov. Esta es una de las arias más bellas de la historia de la ópera y que mejor transmite la dolorosa soledad del poderoso.

Don Carlo Foto de Javier del Real

 La profunda mirada del compositor nos devuelve un retrato complejo del monarca. Verdi sobrepasa el melodrama romántico y con una música comunica una riquísima gama de emociones. Doy la razón a quienes consideran Don Carlo entre las mejores óperas verdianas.

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