DE POESÍA IBEROAMERICANA

Jorge de Arco

MANUEL NETO DOS SANTOS, ENTRE EL MAR Y LA TIERRA

Es amplia la obra lírica de Manuel Neto dos Santos. Nacido en 1959 en Alcantarilha, Silves, son ya veinte sus poemarios editados. Profesor de lengua portuguesa, actor y artista plástico dio a la luz su primer libro, “O fogo, a luz e a voz”, en 1988.

Tres décadas, pues, contemplan su quehacer, y ahora, el lector puede acercarse a su quehacer a través de “Teimosa maré / Terca marea” (Ediciones Chamán. Albacete, 2019).

Terca marea

     Sabedor de que la poesía es un puente de palabras entre la realidad y los anhelos, el escritor portugués ha trazado un sugestivo cántico que recorre las fugitivas visones de la vida, sus diversos y espejeantes hechizos. Dejó escrito Luis Cardoza y Aragón que “la danza de la poesía en verso algunas veces puede darse mejor en prosa”. Y haciendo bueno el aserto del vate guatemalteco, Netos dos Santos se ha valido de ella para dar cuenta de sus dichas y sus desamparos:

  Cuando quiero llorar, no lloro la violenta perturbación del ánimo o del cuerpo, pues no sólo me identifico con la naturaleza sino que es mi propia alma la que crea. Por ti fui el amanecer del mundo y de mi esperanza, mucho más grande que todos los nombres con los que bauticé al universo, y así deambulo por caminos estrechos por ver en la lejanía mi llanto; soy poeta.

        El paso del tiempo, la dualidad amor / desamor, la inexorable muerte, la lumbre de los deseos…, son las claves temáticas que abrochan este volumen. Mediante una dicción de súbita trasparencia, dadora de una verdad colmada de lirismo, la palabra del escritor luso se dinamiza y se renueva como íntima conciencia. Su confianza en el poder telúrico y balsámico del lenguaje sitúa su yo frente a un universo ilimitado. Desde él, articula su voz, sin engaños ni artificios, cristalizada desde el asombro que concede la materia visible:

  Todo es sol y sangre de nubes. Florecen los almendros, llora el mar por sí mismo y en los grafismos del poema mi tierra en el sur es como una esquina del aire y así te entrego la forma de mi verso como si fuera un sincero ramillete de suspiros, en mi nombre.

       Pedro Sánchez Sanz se ha encargado de verter certeramente al castellano estos textos y en su esclarecedor prefacio revela que los poemas de Neto dos Santos son “como teselas de un mosaico. Cada uno tiene un brillo, una tonalidad propia, y encierra parte de una imagen fragmentada, cada tesela es una pieza que se hace visible y cobra sentido en el conjunto del libro. Son los pasos de una búsqueda de identidad en su imaginario poético y en las posibilidades expresivas de su idioma”.

Y, en efecto, este conjunto de prosas que parecen mecerse al compás de las olas que remueven el espíritu del sujeto lírico, está escrito bajo la mirada de lo eviterno, de lo que pueda llegar a ser sagrado. Porque en su escritura, en suma, está su estética; o lo que es lo mismo, la luz de su sinonimia:

  Me sumerjo hasta los destrozos; mi patria es el exilio más vacío, aunque más sereno (…) Me sumerjo en el lírico viaje del cual soy poeta dentro del libro hecho otro confín donde se intercambian voces y umbrales…

  Me sumerjo hasta el fondo de un recuerdo en este proceso de búsqueda para que mi corazón sea la voz posible de la expresión poética en prosa. A través de mi cuerpo oscuro, oscuro como la penumbra para que alcance, entre la mar y la tierra, el sur.

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