Astrología interior

De POESÍA IBEROAMERICANA                          Jorge de Arco

   

     La reciente edición de “Astrología interior” (Deslinde. Madrid, 2020) acerca al lector la  obra lírica de Beatriz ViIllacañas. Desde que en 1991 diera a la luz “Jazz”, su poesía ha ido perfilándose y situándose en un estadio de receptivo advenimiento. A través de una palabra madurada, ajena al artificio, la escritora toledana no cede en su afán de afrontar el enigma que rodea al ser humano y hallar, a la postre, esas respuestas necesarias que convierten la vida en un continuo acto de afección.

    Se recoge en esta compilación una muestra de sus diez poemarios publicados, además de un breve apéndice con textos dispersos. En su nota previa, reconoce la autora que “estos poemas nacen del universo interior que nos habita, pues en él coexisten las luces y las sombras, las tormentas y la calma, la belleza y el misterio”. Y, precisamente, frente a ese mestizaje de escenarios, su verso testimonia, en buena medida, la llama de su verbo y su mensaje:


El poema

podrá vivificar

las marchitadas flores del lenguaje

y confrontar

el intimidatorio silencio de la muerte.

Nada como un poema

para servir de puente entre dos mundos.

     El viaje que signa su decir es la búsqueda de esa música antigua que ya naciese con ella. La precisión métrica acompaña y da calidez a un cántico de plástica expresividad, sustentado sobre un deseo de revelación, de retorno a un ámbito de luz primigenia, de encuentro con el ser que la sustenta desde el principio y que debe revelarse al concluir el viaje de retorno. 

El anhelo por fijar un aquí y un ahora que ponga orden a la hora de cumplir sus promesas refuerza simbólicamente la conciencia de su interior y deviene en el desdoblamiento de un yo poético que se torna solidario.

Espérame,

descubrirás mis ojos,

cuando el cuerpo se ajuste a la sustancia

y la vida a la idea de sí misma.

Hay una desnudez

que se ajusta

a la piel de los enigmas

y es caricia perfecta.

Pasa y cierra la puerta:

soñaremos a dúo.

     La variedad estrófica (soneto, haiku…) y la solvencia con que Beatriz Villacañas afronta su quehacer revitalizan su discurso y lo convierten en cómplice de lo creado. Sabedora de que la poesía es “un arma de seducción voraz”, su verso se inclina sin cesuras hacia los territorios de un amor mayúsculo, abarcador de sus actos.

Como un corazón que late desde la íntima sustancia, la celebración de lo amatorio propicia el asombro y la verdad de su geografía. Y junto al manantial que crece por sus palabras, se sintetiza, a su vez, la sabiduría de una forma almada y común, dadora de una poesía honesta y conciliadora:


Te amo

porque crezco en tu voz

y me reduzco.

Porque haces brotar un nuevo abismo

en el país exiguo de mi cuerpo.

(…)

Porque eres mi universo paralelo

gloria de las raíces del enigma,

del deseo y el terror

detrás de nuestra sombra.

Porque eres a la vez

símbolo y carne.

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