Aromas líricos y gastronómicos


De Poesía Iberoamericana

Jorge de Arco                                                                                      

En la editorial Verbum ve la luz “De mil aromas”, una atractiva compilación que reúne veintinueve poemas gastronómicos. En su prólogo, David Grande anota que estas páginas “contienen un poder de sugestión que nos hará desear encender los fogones y ponernos a cocinar mientras rectamos en voz alta la oda al cachopo, o al cebiche, al mismo pan y al vino, al platillo mexicano, la tortilla, las gachas o a ricos postres como el merengue”.

Y, en verdad, que son muchas y variadas las propuestas que aquí presentan esta casi treintena de autoras y autores.

     Se abre el volumen con Gabriela Mistral (Chile, 1889 -1957) y se cierra con el Daniel Velarde (España, 1990). Entre ellos, encontramos, entre otras otras, la voz del peruano César Vallejo:

Y en esta hora fría,

en que la tierra trasciende a polvo humano,

y es tan triste, quisiera yo tocar todas las puertas,

y suplicar a no sé quién, perdón,

y hacerle pedacitos de pan fresco aquí,

¡en el horno de mi corazón!

     Que los alimentos son poesía y que la poesía alimenta es algo bien sabido por comensales y lectores, pues es larga la tradición que los distintos manjares y caldos han inspirado a escritores de España y América. Se recuerda, p.ej., aquí, “Al vino” de Jorge Luis Borges:

Con otoños de oro la inventaron. El vino

fluye rojo a lo largo de las generaciones

como el río del tiempo y en el arduo camino

nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa

exalta la alegría o mitiga el espanto.

     Rafael Alberti le escribe “Al poeta cubano Nicolás Guillén agradeciéndole un jamón”, Pablo Neruda nos ilustra con “Oda al caldillo del congrio”, Miguel Hernández evoca a los “Aceituneros”, Gloria Fuerte nos advierte de una “Receta de cocina para los días de hambre” o la premio Nobel Wislawa Szymborska  recomienda “La cebolla”.

     Cecilia Álvarez, en “Estrellas de invierno”, se hace niña de nuevo entre los huecos de la memoria:

Tan sólo abuela sabe

la forma

de desprender del cielo

la Osa Mayor, y mi luz perdida,

para poder llevarme hasta la boca

-pausadamente-

este mar de recuerdos

donde crece el aroma a hierbabuena.

     La boliviana Elizabeth Johannessen Lino promete que “Iremos de tapas esta noche”, la mexicana Verónica Valadez López es consciente de que “felices seremos disfrutando un son/ y de la comida haremos canción”, la chilena Daniela Sol lleva su verso hasta los domingos del ayer con “tinto, tangos/ y platos de harina, dorada y salpicón”, y el colombiano Daniel Montoya no olvida el primer plato que probó:

…una hormiga.

Una brava alada y colorada hormiga

de tamaño y la corpulencia

de un frijol.

        Tan sólo una recomendación final: acompáñense estos poemas con una tierna hogaza. Que sal ya llevan.

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