Un “caballero andante” en Valladolid

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Por  Julián Cid Méndez

 

Valladolid es de esos enclaves de la meseta con un encanto especial, que despiertan el interés del visitante nada más pisar su suelo. Sede de una de las primeras universidades de España gracias a la bula otorgada por el Papa Clemente VI en 1346.

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Valladolid Foto: Ana Lucía Ortega ©

Sus calles y plazas esconden verdaderas obras de arte de la arquitectura: la Plaza de Zorrilla y la Academia de Caballería; el Palacio Real; La Iglesia de San Pablo, fundada por María de Molina en 1286; la Iglesia de Santa María de La Antigua; La Catedral, concebida en el siglo XVI y diseñada por Juan de Herrera, famosa por

Valladolid Foto Ana Lucía Ortega ©
Museo Nacional de Escultura. (antiguo Colegio de San Gregorio)

estar inacabada, y conocida como “La Inconclusa”; la Iglesia de San Benito, adjunta al monasterio del mismo nombre, una de las iglesias más antiguas de Valladolid o el Colegio de San Gregorio, actual sede del Museo Nacional de Escultura Policromada, por citar sólo algunas de sus joyas arquitectónicas.

Pero Valladolid es también una ciudad moderna  y cosmopolita, sede de las actuales Cortes y la Junta de la comunidad autónoma de Castilla y León. Una ciudad con una historia rica en acontecimientos y personas.

En el año 1072 el rey Alfonso VI donó la Plaza al Conde Pedro Ansúrez, uno de los principales impulsores del desarrollo de este enclave. En 1208 la ciudad fue incorporada a la corte de Alfonso VIII y se convirtió en el centro cultural de Castilla.

Los Reyes Católicos celebraron su matrimonio secreto en el Palacio de los Vivero el 19 de octubre de 1469 y en 1489 la ciudad acoge el Tribunal de la  Chancillería. Cristóbal Colón murió en Valladolid en 1506. En 1601 Felipe III, a instancias de su valido, el Duque de Lerma, trasladó la corte a Valladolid convirtiéndose en capital del Imperio Español hasta su traslado definitivo a Madrid en 1606.

Uno de los acontecimientos más tristes para la cuidad fue el incendio acaecido en 1561 que redujo la ciudad prácticamente a cenizas. Felipe II se comprometió a reconstruirla y la dotó de la primera plaza mayor regular de España.

Atraídos por la corte de Felipe III hollaron su calles escritores de nuestro Siglo de Oro como Quevedo y Góngora y en ella nacieron autores tan ilustres como José Zorrilla, un 21 de febrero de 1817, cuya casa natal, en el calle Fray Luis de Granada, puede visitarse hoy en día o, más recientemente, Miguel Delibes que entre 1958 y 1963 dirigió El Norte de Castilla, diario decano de la prensa española fundado en 1854, que hoy en día dirige escritor y periodista Carlos Aganzo.

“Las Cervantas”

Pero sobre todas las cosas, Valladolid es la ciudad de Miguel de Cervantes. Allí llegó por primera vez el escritor alcalaíno en 1551, cuando contaba cinco años, junto con toda su familia,  y allí se publicó  la primera edición del Quijote en 1604.

Casa donde vivió Cervantes Foto Ana Lucía Ortega ©
La única Casa de Cervantes original que existe en el mundo

Volvería Cervantes a la ciudad del Pisuerga en 1603, a punto de cumplir los 57 años. Se instaló en una casa en el suburbio del Rastro de los Carneros, junto al hospital de la Resurrección, a orillas del río Esgueva. Vivian con él su mujer, sus hermanas Magdalena y Andrea; Constanza, su sobrina; Isabel, su hija y una criada, María de Ceballos, llamadas, despectivamente, en Valladolid “las Cervantas”

Ventana con vistas al patio de la que fuera la Casa de Cervantes Foto Ana Lucía Ortega ©
Ventana con vistas al patio de la que fuera la Casa de Cervantes

 

 

 

 

 

En  septiembre de 1604 Cervantes obtiene el privilegio real para publicar El Quijote. Pero como todo no iban a ser alegrías una desgraciada noche de junio de 1605 es herido de muerte, frente a la casa del escritor, el caballero Gaspar de Ezpeleta.  Ante los gritos de socorro de Ezpeleta, Cervantes, junto a otros vecinos de la zona, corre en su auxilio. Como consecuencia de este hecho Cervantes es encarcelado, si bien su encierro parece que fue breve. No obstante, el suceso trajo consecuencias para el escritor y su familia ya que a raíz de las declaraciones que se siguieron durante el proceso se puso en entredicho la moralidad de hogar del autor.

Hojas volanderas

Para algunos estudiosos de la obra cervantina El Quijote podría haber sido concebido en un principio para ser distribuido por entregas, a través de las famosas hojas volanderas tan de moda en tiempos del escritor.

Podría avalar esta teoría el hecho de que los capítulos en que se divide la obra no guardan una uniformidad y parecen estar escritos de forma independiente cada uno de ellos.

Biblioteca en el Museo dedicado a Cervantes Foto Ana Lucía Ortega ©
Biblioteca en el Museo dedicado a Cervantes

Francisco Rico en su “Nota al texto” en la edición  del IV Centenario de la Real Academia Española señala que “el volumen publicado con  el título: “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” contiene páginas escritas en diversas épocas y que a veces tuvieron o pudieron tener vida independiente”.

“El curioso impertinente (capítulos 33-35 de la primera parte de la obra), continúa Rico, se compuso para circular tan al margen de El Quijote como Rinconete y Cortadillo y las demás Novelas Ejemplares.

“En el momento en que se diera la composición por sustancialmente conclusa, el autógrafo del Ingenioso Hidalgo debía ofrecer un aspecto revuelto, desigual y poco legible” finaliza Rico.

Fuera como fuese, lo importante aquí es el legado de Cervantes a Valladolid y el vínculo entre el autor y la ciudad que va más allá de la Historia.

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Fotos: Ana Lucía Ortega ©

 

 

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