Cubierta o portada… ¿qué sabes del diseño de un libro?

Entrevista a la diseñadora Cristina Campos

…«hay ocasiones en las que necesitas defender tu diseño, porque una creación no funciona mejor por ser más bonita. Todo lo que se elige en un diseño tiene una razón de ser».

Por Ana Lucía Ortega

En la sociedad del siglo veintiuno imperan los ruidos. No es una novedad que un desconocido se puede convertir en un personaje de rabiosa actualidad, gracias a la magia –que nadie sabe bien cómo se logra– de pulsar ese misterioso interruptor que le catapulta a la popularidad con el favor del público. O, todo lo contrario, a tornarse en objeto del maltrato y la mala educación de los memes de turno en las redes sociales. Todo es posible gracias a unos pocos caracteres, a unas escenas de un vídeo brevísimo o a unas imágenes. Da igual si son buenos o malos, lo imprescindible es que opriman esa clavija del éxito. Esa infinita y desconocida vara mágica, que algunas veces roza la insensatez.

Ante la imperante saturación de imágenes, surge la duda de cómo puede destacar una de ellas entre tantas otras. La industria editorial es uno de los sectores abocado –y quizás ya con el agua al cuello– a una atroz competencia. El debate entre el papel y el formato digital, ha sido superado por la avalancha de autores indies que parece incontrolable, con la consiguiente democratización del proceso de edición tradicional. Surge otra duda: la de cómo podrá sobrevivir en la era del ruido el profesional del diseño gráfico, de la imagen, ése que estudió bajo unos cánones aprendidos en el siglo pasado… y que cuenta con la destreza básica para hacer un trabajo de calidad.

Para intentar descifrar estos «enigmas» entrevisto a la diseñadora Cristina Campos:

     ¿Qué significa para ti el trabajo que desempeñas?

Es una forma de expresarme, es lo que más me gusta, sentarme a solas con mis ideas e intentar interpretar lo que el cliente quiere mostrar al público.

     ¿Qué te motivó a cursar estudios de diseño gráfico?

Me gusta poder representar una idea sobre un papel o un soporte digital. Enfrentarte a un “lienzo en blanco” es un reto que a veces asusta, pero que me encanta.

      Teniendo en cuenta cómo avanza en la actualidad el escenario de las nuevas tecnologías, ¿estimas que el diseño es una de esas profesiones que exige un reciclaje continuo o lo estimas irrelevante?

Si, considero que en diseño necesitas actualizarte constantemente, desde los programas que se utilizan, que van variando ,e incluso algunos quedan obsoletos, hasta la forma en que muestras tu trabajo al público objetivo.

Cristina Campos_EL-PARIS-DE-LOS-50

     

       ¿Podrías referirte al papel que juega el diseñador de cubiertas de un libro y en general de cualquier material gráfico?

Creo que el diseñador es el que muestra al comprador potencial delante de qué tipo de libro está. Debemos tener la capacidad de transmitir a través de las imágenes, del color, de la tipografía… de qué trata ese libro. Es importante hablar con el autor, leer la sinopsis del libro, saber qué tipo de relato es, en que época se desarrolla, sobre qué trata, e intentar acercarnos lo más posible a esa persona a la que el escritor se dirige. Será un éxito si entre todos los que hay expuestos, el nuestro es el que llama la atención de esa persona que quiere ese tipo de publicación.

      ¿Un diseñador gráfico debe tener cualidades especiales? En caso afirmativo, ¿cuáles deberían ser? 

Yo pienso que ante todo debe ser creativo, poder expresarse por medio de la imagen, y por supuesto, tener formación en los programas de diseño y estudio sobre tipografía, teoría del color etc.

      ¿Cómo es el proceso creativo de un diseñador y el tuyo en particular?

En general, la editorial me da el título del libro (que es importante), y una sinopsis del mismo. A partir de ese momento, yo pienso cuáles serían las imágenes que cuadrarían con lo que quiero transmitir, y qué color o colores debo elegir. Luego hago varias pruebas y estudio cuál se adapta mejor a la idea que quiero. Entonces elijo una y la desarrollo de manera más exhaustiva. En general suelo presentar varias propuestas.

      ¿Tienes preferencia por trabajar en un sector concreto, diseño editorial, multimedia, diseño gráfico…etc.?

Me gusta el diseño en general, pero mis estudios los he enfocado más al diseño gráfico. Dentro de éste, el diseño editorial es en el que he trabajado más a gusto. Me encantan los libros, me encanta leer y me encanta diseñar. Si juntamos todo el diseño editorial, es la respuesta más acertada.

     ¿Se diferencia una portada de una cubierta? ¿Puedes abundar sobre esta diferencia para que lo entendamos los profanos en la materia?

Si, son diferentes. Básicamente, la cubierta de un libro es lo que lo cubre, lo que está en el exterior del libro. Y la portada está dentro del mismo. El diseñador realiza cubiertas. El interior del libro, si es un libro de lectura, suele realizarlo el maquetador.

      ¿Cuánto tiempo de media se debe dedicar a la creación de un producto de diseño, tanto editorial como multimedia?

El tiempo es muy relativo. La creación de un diseño puede variar desde unas horas hasta días. Hay veces que te pones a trabajar y la idea llega enseguida, y además eres capaz de desarrollarla con rapidez; otras, en cambio, vas desechando trabajos porque no te terminan de convencer.

      ¿Qué consideras más importante en un diseño: las imágenes, la composición o la tipografía?Cristina Campos_arte-y-enigma

Para mí, en el diseño, todo, absolutamente todo, es importante. Las imágenes, la composición, la tipografía, el color. Todo forma un conjunto que es lo que da sentido al diseño.

       ¿Has tenido algún trabajo que haya sido rechazado varias veces por un cliente? ¿Cómo lo has afrontado?

Sí. Hay veces que un cliente tiene una idea predefinida de lo que quiere en su mente y no sabe expresarla, o ni siquiera sabe que la tiene, y lo que presentas no acaba de encajarle. Yo muestro varios diseños diferentes, así el cliente podrá guiarte por lo que más le gusta. De todas formas hay ocasiones en las que necesitas defender tu diseño, porque una creación no funciona mejor por ser más bonita. Todo lo que se elige en un diseño tiene una razón de ser.  Voy a ponerte un ejemplo: una vez me encargaron un diseño para un público objetivo entre 15 y 19 años. La persona que lo solicitaba rondaba los 50. A él no le convencía, y yo le contesté: «Entonces está bien, porque no va dirigido a hombres de 50 si no a chicas de entre 15 y 19». Él no se sentía identificado con el diseño del producto, pero él no iba a comprarlo.

      ¿Qué porcentaje atribuyes a la cubierta para el éxito de un libro?

Para mí, el éxito del libro depende del escritor. Porque un libro funciona si lo lees. No lo vas a leer porque la cubierta te guste. Ahora, si la cubierta es mala, seguramente ni lo comprarás y no tendrás la oportunidad de empezar a leerlo.

Cristina Campos_treinteañeras

     

       En estos momentos, qué líneas, diseños o tendencias son los más populares a nivel mundial en el diseño editorial?   

Creo que podemos hablar de tendencia en el diseño gráfico, en el diseño web o multimedia, que siempre varía y es bueno conocerlos para saber si usarlos o no. Pero en diseño editorial, para mi claro, siempre dependerá del libro. El escritor marca la tendencia de su diseño. Un libro vive en el “tiempo” en que el escritor decide.

      ¿Qué impacto supones que puede tener la aparición de obras autopublicadas en el comportamiento actual de la industria editorial?

El diseño de una cubierta, según mi parecer, debería dejarse siempre en manos de un profesional. Pero no sé si afecta mucho la autopublicación. En el campo del diseño siempre ha habido intrusismo. Hay autores que llevan su libro a las editoriales, y ellos mismos o algún amigo que sabe usar Photoshop, “diseña” la cubierta. La ven “bonita” y ya está, pero no debe ser “bonita”, debe funcionar y para eso existen todos los fundamentos del diseño, para aplicarlos en una estructura que funcione.

Cristina Campos estudió Diseño Gráfico y Multimedia en el Centro Universitario de Artes TAI , y amplió sus estudios en la Escuela de Artes Gráficas de Tajamar. Hizo un curso de Fotografía en el Centro Buenavista.

Fue socia de la Empresa Grupo Diseño que le permitió trabajar con editoriales como ANAYA, PEARSON EDUCACIÓN, ALGAIDA, ESPEJO DE TINTA… y realizar trabajos de imagen corporativa y páginas web para diversas empresas. Trabajó para Mítica Comunicación en el departamento de desarrollo web. Su portfolio está disponible en el enlace que verás debajo:

Diseño

Las imágenes de este artículo proceden de la página de la diseñadora Cristina Campos (todos los derechos reservados)

Argentina, en su contradicción

 

Por Juan José Echevarría – Opinión

 

Una de las consecuencias de la política nacionalista de Donald Trump, cuya divisa electoral fue, recuerden, América, primero, se empieza a sentir en el resto de aquel continente, de cuyo nombre se apropió  los Estados Unidos ya hace mucho tiempo. Tiemblan el peso mexicano, el colombiano y el chileno, así como el real brasileño, mientras ha mandado a la UVI a Argentina.

La petición de un nuevo rescate sobre la nación austral ha sacado a pasear a todos los fantasmas de ese país, con un enorme potencial, que sin embargo no logra superar sus propias contradicciones. Cuando Mauricio Macri llegó al poder, poniendo fin a doce años de kirchnerismo, la última expresión peronista gobernante en Argentina¡, acabó con la escalada del gasto público que había marcado las presidencias de Ernesto y Cristina, en un intento de frenar la inflación y la depreciación frente al dólar. El nuevo mandatario, ideológicamente más acorde con la interpretación liberal económica, recurrió, incluso, en los últimos días, a subir los tipos de interés. Pero todo fue en vano. Finalmente sacó bandera blanca  y anunció al pueblo argentino que recurriría al FMI, anatema en un país que desde 1957, dos años después del final del primer ciclo peronista, conoce las consecuencias que ello conlleva. Pero fue en la última década del siglo pasado, bajo la presidencia de Carlos Saúl Ménem,  el más liberal de los peronistas que han gobernado Argentina, cuando el recurso al FMI se convirtió en una dependencia, que unida a los efectos negativos de los. recortes sociales, explica la animadversión popular a tal recurso.

Argentina queda así encerrada, de nuevo,  en el bucle perverso, alimentado por una ideología que desde hace cerca de setenta años condiciona el país. Ha sido suficiente que en Estados Unidos gobierne un populista, que amenaza al mundo con aranceles, para que la sombra del corralito vuelva a una Argentina incapaz de romper su nudo gordiano.

 

 

Photo: http://www.tempodeviajar.com

¡Qué desapointin!, diría cualquier mexamericano. Nos watchean, pero no nos quieren ver

 

Por Ana Lucía Ortega

 

A propósito del libro de Fey Berman

«Hoy los indocumentados representan solamente el 16% de la población mexamericana». Mexamérica una cultura naciendo…– Fey Berman

  La frase que da título a este artículo está tomada de la introducción del libro de Fey Berman: Mexamérica. Una cultura naciendo, publicado por la editorial mexicana Proceso. El enunciado es la esencia de esta obra recopilatoria de entrevistas, ensayos y crónicas, que ofrecen la visión de una identidad cultural ignorada –pero vital– y consolidada por una suculenta población de emigrantes mexicanos instalados a lo largo y ancho de los Estados Unidos de América.

«Se estima que la población mexamericana llegó ya a los 37.5 millones. Es decir, si la población mexamericana fuera un país, en la lista de países ordenados según el número de sus habitantes, Mexamérica seguiría a Irak, ocupando el lugar 38, y precedería a Canadá».

Tiene razón su autora, mexamericana convencida, sobre la escasa importancia atribuida a este fenómeno migratorio y social. Lo que todos conocemos, lamentamos o criticamos, va dirigido sólo a las ingentes oleadas de inmigrantes indocumentados. Fey Berman, que reside en Nueva York hace varias décadas, doctora por la universidad de esta ciudad, lleva años analizando y escribiendo sobre la comunidad hispana asentada en suelo estadounidense. Sus trabajos revelan que, tras ese velo de ilegalidad –obviamente punible–, se descubre la esencia y el carácter de un pueblo legítimo, de un sincretismo, y por lo tanto, de una «identidad».

Portada-Mexamerica¿Por qué una cultura naciendo? «La gran expansión de la gente de origen mexicano por Norteamérica ha sucedido en los últimos 30 años. Exceptuando al suroeste de Estados Unidos, las instituciones latinoamericanas y las mexamericanas, los museos, festivales de cine, teatro, música, etc., son un fenómeno reciente. […] La mayoría de la población de origen mexicano no se quedaba –estaba concentrada en California, Texas, Arizona– ahora estamos por todo el territorio norteamericano. Y lo más importante es que ahora nos distingue nuestra transnacionalidad», arguye Berman.

Se entiende entonces que, como cualquier emigrante que abandona su tierra, el mexicano que «subió» a Estados Unidos cargó la valija con sus costumbres y, que al llegar al «paraíso del norte», entró en ósmosis con los hábitos gringos. Este proceso suele ser recíproco, desde el punto de vista físico, biológico y hasta social. No cabe duda que un entorno multicultural, como el estadounidense está poblado por otras nacionalidades, que también dejan su impronta en cada individuo, independientemente de su raza u origen.

«…los mexamericanos parecen ser invisibles: en la periferia de la cultura norteamericana y en la periferia de la cultura mexicana».

No vivimos tiempos de exclusión, sino de globalización. Te podrás comer un pretzel o un taco. Y lo podrás hacer en cualquier lugar del mundo. Cada ración está impregnada de la historia de la tierra donde se concibió, pero puede estar elaborada por cualquier ser humano de cualquier nacionalidad.

¿Qué espera la autora de su libro? «Que hablar de Mexamérica deje de referirse exclusivamente a indocumentados, remesas y folclor. Que Mexamérica deje de ser un territorio invisible. Que se reconozca que ser mexamericano no es ser un mexicano que vive del otro lado. Que el mundo se dé cuenta de que, además de ser indocumentados, campesinos, meseros, etc., somos científicos, académicos, diplomáticos, artistas, empresarios…» sostiene Fey Berman

Casi medio siglo después de su muerte, fue descubierta la genialidad pictórica del apodado El Van Gogh mexicano: Martín Ramírez. Un hombre que emigró a Estados Unidos y murió en un hospital psiquiátrico de Auburn, California, donde permaneció por más de treinta años. No está claro si padecía en realidad la demencia y sordomudez que le fueron diagnosticadas, pero durante su

Dibujo Martín Ramírez
Dibujo Martín Ramírez

reclusión creó sus inquietantes y magistrales dibujos, etiquetados como arte marginal, y que le han colocado entre los grandes artistas del siglo pasado, a pesar de haber sido un autodidacta. Berman dedica uno de sus artículos a este aún casi desconocido genio, a quien incluye en la sección del libro “Retratos de inmigrantes trazados en las artes”, una de las cinco secciones que componen Mexamérica Una cultura naciendo...

Los restantes bloques del volumen, se refieren al contexto político y social en el que viven los mexamericanos, incluyendo un apartado dedicado a la frontera, otro al fenómeno mexneoyorquino, otro a Chicago y uno más a Los Ángeles. El tercer bloque está dedicado a los artistas mexicanos que han dejado huella en los Estados Unidos; el cuarto incorpora a  Mexamericanos notables (más que remesas y folclor) y por último el quinto, titulado “Y por fin, el castellano en Estados Unidos”.

Un libro que ofrece datos concisos, que hurga en las heridas y rastrea en las entrañas de problemas que, por ser tan cotidianos, no se distinguen, no se proyectan. Se silencian o se obvian. Indiscutiblemente, merece la pena indagar en la esencia de esa Mexamérica y asistir al acontecimiento de su bautizo formal.

Fey Berman es periodista y publica sus crónicas en las revistas Nexos, Letras Libres, Milenio, Emeequis, Día Siete, Proceso y en los periódicos Milenio y Reforma.

 

La magia y la belleza de “La tempestad” de R. Chapí en el Teatro de la Zarzuela

 

Por Norma Sturniolo

 

Los días 16 y 18 de febrero se representa en el Teatro de la Zarzuela “La Tempestad” con música de Ruperto Chapí y libreto de Miguel Ramos Carrión, en versión concierto y en una nueva adaptación del dramaturgo Alberto Conejero. La dirección musical está a cargo de Guillermo García Calvo. Una excelente decisión la de su actual director. Incomprensible que una obra de tanta belleza haya sido sepultada en un silencio de noventa años.La tempestad 2

La obra es muy exigente y demanda excelentes cantantes por lo cual la elección recayó en : Ketevan Kemoklidze, Carlos Álvarez, José Bros, Mariola Cantarero, Alejandro López y Carlos Cosías.

Además, con gran acierto, se ha incluido a un narrador que nos sumerge en una atmósfera legendaria con un texto literario que desde un futuro nos explica hechos del pasado. El narrador es nada menos que el gran Juan Echanove.

Esta maravillosa obra que es mucho más una ópera que una zarzuela y que el propio Chapí denominó melodrama fantástico se estrenó en el Teatro de la Zarzuela en 1882 y tuvo un enorme éxito para luego, inexplicablemente, caer en el olvido.

El estreno el día 16 dejó sorprendidos a quienes no conocían “La Tempestad”, sorpresa que se repetirá el domingo 18. La música tiene una potencia emocional y una belleza propia de las obras que permanecen en la memoria y atraviesan las épocas sin perder un ápice de su hechizo.

Por otra parte, la ambientación en la brumosa Bretaña, la omnipresencia de la tormenta, un asesinato que ha quedado impune , un culpable que es inocente, unos huérfanos que se aman, un misterioso indiano que regresa a Bretaña y es la hipérbole de la generosidad, un malvado y usurero corroído por la culpa, el mar embravecido, están todos los ingredientes de un melodrama que subyuga al espectador.

Mariola Cantarero
Mariola Cantarero
Joseì Bros
Joseì Bros
Ketevan Kemoklidze
Ketevan Kemoklidze
Carlos Alvarez
Carlos Alvarez

La música es de una gran belleza ya desde el maravilloso preludio con la introducción y el coro que canta la plegaria “Estrella de los mares” donde hay claros ecos wagnerianos para pasar luego a la intervención de Simón, el personaje que encarna la maldad cantando “La lluvia ha cesado” y que el barítono Carlos Álvarez interpretó magistralmente siendo ovacionado por el público.

A ese canto marcado por lo siniestro le sucede una bellísima barcarola con ecos de la famosa barcarola de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach interpretada por la mezzosoprano Ketevan Kemoklidze y la soprano Mariola Cantarero cuyo canto fue ganando en belleza a medida que avanzaba la obra y destacó en la romanza “Ayer toda alegría/hoy luto, llanto y duelo” , lo mismo que  le sucedió al tenor José Bros que encarnó a Beltrán, el indiano bueno y que cantó con gran calidez el tema “Morir ya puedo”.

También cabe destacar las interpretaciones del bajo mexicano Alejandro López en el papel del juez que, equivocadamente cree que Beltrán es el asesino y la del tenor barcelonés Carlos Cosías, en el papel de Mateo el pescador, que terminará descubriendo al verdadero asesino.

Asimismo, el coro titular del Teatro de la Zarzuela que tiene un gran protagonismo, encarnando temores, sueños, consejos y recordando al protagonismo de los grandes coros románticos.

Es de agradecer esta recuperación que permite conocer el valioso patrimonio de la música española.

La tempestad 2

La desconocida Cigales no solo huele a vino

 

Ana Lucía Ortega

 

Elegir un vino rosado, podría imponerse en las mejores mesas. Sobre todo, si es Cigales. Las terceras generaciones de bodegueros de la comunidad vinícola de Castilla y León, ya sacan provecho al potencial de esta tierra, produciendo vino rosado con personalidad y vendiendo calidad a precios muy atractivos. Y los tintos, imposibles antaño, —por el aquello de que no era habitual por estos pagos— han anidado en la comarca, dando como resultado unos crianzas y reservas que han entrado en el sector pisando fuerte, haciéndose notar en los certámenes internacionales.
Retablo Mayor S XIII Iglesia Parroquial cisterciense de Cubillas de Santa Marta, otra comarca vinícola de Cigales.
Retablo Mayor S XIII Iglesia Parroquial cisterciense de Cubillas de Santa Marta, otra comarca vinícola de Cigales.

La ruta enoturística de Cigales es la única en España que se vincula al Canal de Castilla, la obra hidráulica de la Ilustración española que siembra con sus caminos de sirga Palencia, Burgos y Valladolid. Este es un atractivo reclamo para disfrutar del paisaje y la peculiar fauna —nutrias, tejones, jabalíes, patos y martinetes, entre otras especies—; la arquitectura del románico palentino o la compañía de los peregrinos que hacen el Camino de Santiago.

El guiño a la historia está presente. Por aquí discurría el Camino Real que usaban reyes y nobles para llegar a Burgos entre los siglos XIII al XIV. Existen dos joyas cistercienses: el Monasterio de Santa María de Palazuelos —entre las localidades vallisoletanas de Corcos y Cabezón de Pisuerga—, y la Abadía de San Isidro, conocida como “La Trapa”, en el histórico Dueñas.

 

 

Uno de los tintos de la añada 2013 de la bodega Alfredo Santamaría, en Cubillas de Santa Marta, obtuvo Gran Medalla de Oro en el concurso mundial de Bruselas, celebrado este año en Valladolid, entre más de mil vinos de diferentes zonas del mundo que participaron en la cata a ciegas. A pocos kilómetros, la bodega Valdelosfrailes, de Carlos Moro, produce los tres rosados de Matarromera. Además de sus vinos característicos, abastece en varios formatos a hoteles, aerolíneas y a Ikea. Su enólogo, el ingeniero agrícola Francisco Guerra, se crio entre viñedos. Conoce muy bien el lenguaje del vino.

Barrio de bodegas subterráneas de una de las villas vinícolas de la D.O. Cigales, que hacen un guiño a la arquitectura troglodita.
Barrio de bodegas subterráneas de una de las villas vinícolas de la D.O. Cigales, que hacen un guiño a la arquitectura troglodita.

 

x-defaultEsta villa, con menos de cien habitantes durante el invierno, y el doble en temporada de vendimia, luce un horizonte de arquitectura troglodita, habitual en la zona. Elevadas torres de ventilación coronan los tradicionales barrios de bodegas, donde se conservaba la uva y se elaboraba el vino en profundas cavidades, excavadas en la tierra para aprovechar las condiciones climatológicas, que hoy, se consiguen con la tecnología.

Lagar. Estruja la uva para obtener mosto. Bodega, aula de interpretación. Mucientes
Lagar. Estruja la uva para obtener mosto. Bodega, aula de interpretación. Mucientes

En Mucientes, el aula de interpretación Bodega, conformada por dos cavernas del siglo dieciséis, restauradas en 2006, es posiblemente único en España. Se trata de un espacio público, propiedad del municipio, concebido para la difusión y conservación de cuatro siglos de historia vitivinícola. Sus 235 metros cuadrados sepultados bajo tierra, en el “Cuarto” de San Pedro, al norte del casco urbano, muestran la vida de las bodegas, los tipos de lagares y útiles asociados al vino, apoyándose con objetos originales y antediluvianos. Algunas de estas bodegas subterráneas, hoy tienen otra utilidad, asociada al solaz de las familias, que comparten productos de la tierra rociados con vino, como se hacía años atrás en la zona.

Siguiendo la ruta del vino cigaleño se descubren comercios, alojamientos, bares de vinos y museos. En Valoria la Buena, pueblo varado en medio de una encrucijada, se alza el Museo del Cántaro, único en su tipo de la península. Una colección privada donada al ayuntamiento, recopila la nada despreciable cantidad de setecientos cántaros, organizados según su tipología (árabe, íbero, celta, etc…), con mención del nombre del alfarero, en los casos donde se conoce. Algunas piezas datan de hace siglos; otras, recorren parte de la geografía española e incluso, han sido rescatadas en Francia, con el fin de salvar la memoria de un arte ancestral: la alfarería.

Plato del restaurante La Dama de la Motilla. Fuensaldaña.

 

 

La gastronomía se ensambla a la perfección con el retrato del viñedo, como si de un bodegón se tratase. La Cueva de Mucientes, sinónimo de carne jugosa y lechazo asado en horno de leña, es un restaurante edificado en 1856 a catorce metros de profundidad. Los comensales podrán solazarse con los aromas de la comida castellana más vernácula, mientras comen en el interior de una caverna, adaptada para el acceso de minusválidos o personas con movilidad reducida. La Dama de la Motilla de Fuensaldaña, es otro restaurante a tener cuenta. Con decoración “Art Decó”, se precia de contentar al cliente con su cocina creativa, que se agradece, por su contribución a la diversificación de la oferta gastronómica local.

Museo del Cántaro en Valoria La Buena, Valladolid.
Museo del Cántaro en Valoria La Buena, Valladolid.

Si bien Cigales es conocida por sus claretes, fusionados a la tierra castellana, y por su costumbre de beber esos chatos imbricados en el hábito del tapeo, el presente del territorio es apostar por vino de calidad desde sus raíces. Una carrera imparable en estos momentos. A casi 30 años de su nacimiento oficial, esta Denominación de Origen reivindica su lugar entre los grandes bodegueros españoles.

Interior de una de las Bodegas de la DO Cigales en la actualidad.
Interior de una de las Bodegas de la DO Cigales en la actualidad.

www.rutadelvinocigales.com

Publidado en Periódico EMG

El diputado Rufián, entre El rock de la cárcel y el Borriquito como tú

Tribulaciones de un peluquero charnego

Por: María José López de Arenosa – Opinión

Contactar con el autor: mjarenosa@hotmail.com

 

[…] ven aquí volando a rocanrolear

que el rock de la cárcel va a comenzar, el rock

todo el mundo bailar […]

 

Un retrato de Luis Bárcenas presidía el altar con velas y flores colocado en la entrada de la sede de Esquerra Republicana de Catalunya de Barcelona.  «Es nuestra fuente de inspiración», dijo el diputado Rufián mientras estrechaba la mano del peluquero.  Le tengo una especial devoción. Nadie me ha ayudado tanto como él. Tenga en cuenta que soy hijo de Twitter y pienso en 140 caracteres. Ni uno más. Bárcenas me facilita mucho el trabajo para mandar mensajes rotundos y sin matices para echar a Rajoy».

― Pero, si el dos de octubre Cataluña va a ser independiente, no entiendo esa obsesión. ¿Qué más les da a ustedes quién gobierne en España? Podrían acusarles de injerencia en asuntos internos de un país vecino.

El señor de Murcia sudaba la gota gorda cardando y poniendo laca al tupé de Rufián para que se mantuviese erguido sin doblegarse ante los embistes, por fuertes que fuesen. De no ser por la naricita respingona, su poca talla, sus ojillos minúsculos y otros detalles menores, le habría parecido que estaba peinando al mismísimo Rey del Rock redivivo.  «Dime cómo te peinas y te diré quién eres», le dijo mientras su cliente tarareaba el Rock de la cárcel.

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Rufián había convocado a sus camaradas para el ensayo general y quería que su look fuese más Elvis que nunca. La cresta que coronaba su cabeza era como una tiara plebeya y republicana.  El diputado quería que fuese una seña de la identidad catalana tan reconocible como el peinado de Carles Puigdemont, declarado de Interés Turístico Internacional, según adelantó Joan Marsé en una primicia mundial para El País. «Será difícil igualar ese éxito», pensó el artífice del flequillo del President.

― No tenemos mucho tiempo― dijo Rufián. Me gustaría hacer el preestreno del Rock de la cárcel  en el Congreso de los Diputados antes de que la Guardia Civil nos meta en el furgón. La guitarra es un arma más cómoda que la impresora y da mucho más juego. ¿Cree que le gustará a Soraya?

― No le quepa la menor duda. El factor sorpresa es muy importante y más tratándose de la vicepresidenta, que tiene respuesta para todo. Dudo que ese día vaya pertrechada con castañuelas para darle la réplica. Pero si está inspirada, igual hasta se anima con una rumba de Peret, ese gran catalán y español, y le canta el Borriquito como tú. Un espectáculo memorable para que los españoles veamos que no todo va a ser fútbol y que nuestros impuestos están bien empleados.

― Me despidieron de mi trabajo anterior por absentismo laboral. Me aburría mucho, ¿sabe? ¿Cree usted que podremos seguir como diputados en Madrid cuando declaremos la independencia? Echaré de menos los juegos florales parlamentarios.  ¡Qué tiempo tan feliz!

― Lo comprendo. ¡Con lo bien que se vive contra España! Lo pasan ustedes en grande en esta cárcel de sus libertades. Pero los catalanes no se merecen que les ponga los cuernos dedicando su tiempo y su talento al parlamento español. Aunque los españoles estén deseando tenerle en el hemiciclo como emisario de un gobierno extranjero y tenga usted el corazón partío y le guste viajar a la capital de España, está casado con la república de Cataluña y ha prometido serle fiel todos los días de su vida.  ¡No vea qué collejas me suelta Eutimia cuando miro a otra por la calle!  Dice que elegir es renunciar.  Por eso usted, que ya selló su compromiso, tendría que dejar inmediatamente su escaño en Madrid.

Se abrió la puerta y entró Joan Tardá. «Yo solo pasaba por aquí», dijo, como si hubiera visto a Belcebú cuando Andrés le saludó con la cabeza. Llevaba toda una vida defendiendo su pelambre como símbolo de la rebeldía y resistencia del pueblo catalán frente al peine invasor y los peluqueros le ponían siempre en guardia.  El señor de Murcia que, además de tener un gran apego a su instrumental de trabajo, era consciente de que la barricada de enredos y nudos era infranqueable, ni siquiera se ofreció para darle servicio y siguió con el penacho rufianesco.

― Si nos mandan a vivir entre barrotes de los de verdad tendremos que esforzarnos para mantener alta la moral. Por eso he pedido a todos que vengan hoy a ensayar el Rock de la cárcel.

― Le sugiero que ponga a Carme Forcadell para dirigir el coro. Tiene un don innato para acallar las voces disonantes.

― Está usted en todo. Ponerla de espaldas será un gesto de consideración hacia el público, que se ahorrará la visión de su cara de navaja fría. Lo que más me gusta de usted, es que también es charnego. Hablamos el mismo idioma.

― Sí, el español.

― Necesito un consejo, Andrés, y le suplico que sea sincero.  ¿Usted le compraría un crecepelos a Raül Romeva?

Poco a poco iban llegando los convocados.  Forcadell, Puigdemont, Anna Gabriel, Artur Mas, Raül Romeva y hasta el mismísimo Molt Honorable Jordi Pujol.

El joven diputado de orígenes jienenses saltó para incorporarse al grupo en cuanto el peluquero dio por concluida su tarea.  Mientras este guardaba lacas, cepillos y peines, la música retumbaba y las caderas de un Rufián eufórico amenazaban con dislocarse e incluso con declarar unilateralmente la independencia de su amo.

«Los fans de Elvis que juran que vive, están en lo cierto», pensó mientras dirigía una última mirada al improvisado escenario, ya en pleno ensayo.

 

Un día hubo una fiesta aquí en la prisión

la orquesta Junqueras empezó a tocar

tocaron rockanroll y todo se animó.

Tardá se puso en pie y empezó a bailar el rock

todo el mundo a bailar,

todo el mundo en la prisión

corrieron a bailar el rock.

 

Uno del tres percent le dijo a Pujol

vente con Rufián, vamos a cantar

que la Agencia Tributaria nos quiere escuchar.

Anímate Artur Mas a rocanrolear

que el rock de la cárcel va a comenzar, el rock

todo el mundo bailar

todo el mundo en la prisión

corrieron a bailar el rock.

 

La CUP desafinaba para no variar

ellos iban por libre, faltaría más.

Junqueras no sabía darle al saxofón,

Romeva resoplaba junto a Puigdemont

y toda la cárcel se puso a bailar el rock

corrieron a bailar el rock.

 

«Si Cataluña se declara independiente, yo seguiré siendo peluquero.  Pero, ¿esta criatura? ¡Alma de cántaro! Sin tener –todavía– un escaño en el parlamento catalán, ¿en qué teatro podrá desarrollar su prometedora carrera artística?  ¿Tendrá que pedir la readmisión en la empresa de trabajo temporal donde tanto se aburría antes de su salto al estrellato?»

No entendía mucho de aquelarres y quizás por eso ni Eutimia ni él sabían por qué razón la Guardia Civil no había empezado por el principio, deteniendo a los autores intelectuales –y confesos– de los delitos de desobediencia en lugar de jugar al ratón y al gato con los dueños unas imprentas. Razones jurídicas que el corazón de un peluquero no alcanzaba a comprender.

Al doblar la esquina de la calle Calabria con la Gran Vía de las Cortes Catalanas se cruzó con unos furgones de la Guardia Civil y se puso a tararear alegremente…

 

Borriquito como tú.

¡Tu-ru-rú!

Que no sabes ni la U

¡Tu-ru-rú!

Borriquito como tú

¡Tu-ru-rú!

Yo sé más que tú…

 

 

Foto montaje: Autora

 

Julian Assange nuevo icono del prusés

 

Tribulaciones  de un peluquero charnego

Por María José López de Arenosa – Opinión

Contactar con el autor: mjarenosa@hotmail.com

 

 

Después de cumplir con los encargos de Eutimia, Andrés González, nuestro peluquero  más cotizado, aprovechó que había salido el sol para pasear por los alrededores de Harrods antes de su cita en el 10 de Downing Street para cardar la melena de la primera ministra.

Se sobresaltó al ver tras los visillos de un balcón un espectro extraño, una figura fantasmal. ¿Sería el niño fotofóbico de Los otros, ya crecidito?  Una docena de curiosos, casi todos periodistas, se había congregado en aquella esquina y un cámara de la televisión catalana le puso al corriente.

—Assange apoya el prusés— le dijo satisfecho.

El señor de Murcia se quedó absorto mirando aquella pálida figura y sintió lástima.  Más de cinco años de encierro viendo pasar la vida entre las brumas de Londres, tras los visillos de un balcón en la esquina del culo de saco donde está la embajada de Ecuador, habían nublado la visión de la realidad al fundador de Wikileaks.  Se sorprendió más de los estragos que había causado el aburrimiento en el okupa más famoso del mundo, que el hecho de que las aguerridas feministas de la CUP se hicieran las suecas  y no estuvieran  allí protestando por la intromisión oportunista de alguien acusado por violación que, para colmo, había apoyado a Marie Le Pen.

—Al menos habrá pagado los cinco euros.

—¿Cuáles?— preguntó el cámara.

—Los de la colecta solidaria para pagar la multa de Artur Mas.

Pensó en la alegría de Raül Romeva.  Puigdemont le comentó en una ocasión, mientras le recortaba el flequillo, los desvelos del Consejero de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia de la Generalidad de Cataluña para encontrar una figura carismática y de fama mundial que apoyase el prusés.

—Copito de Nieve, el gorila albino, icono de Barcelona, era independentista y decía una y otra vez que Espanya ens roba, pero se nos murió justo cuando estaba aprendiendo a decirlo en catalán— dijo el President a su peluquero, sin ocultar su desolación.

—Será difícil encontrar a alguien con ese perfil, President.

Romeva no estaba entre sus clientes ni tenía visos de llegar a serlo. Pero sabía que, quizás por tener la mollera a la intemperie, don Raül era un hombre muy sensible. Su propia madre declaró en una entrevista: “es una de esas personas que si le llaman tonto se pasa toda la noche sin dormir”.

Un hito en la gloriosa historia de la diplomacia catalana

El consejero calvo había sabido invertir bien el tiempo ahorrado en el sillón de la barbería. Había recorrido el mundo buscando una figura icónica, reconocible en todas partes y capaz de aprender catalán o por lo menos que pudiera decir con soltura que Barcelona és bona si la bossa sona.  Por fin, cientos de miles de euros y veinte meses de trabajo rendían su fruto: un apoyo en Europa para el prusés, de un australiano acogido a sagrado en territorio ecuatoriano de Kensington.  Un hito en la gloriosa historia de la diplomacia catalana que Raül Romeva, madrileño por nacimiento y catalán por adopción, habría de celebrar descorchando una botella de cava del Penedés.  Don Raül podía dormir, por fin, a pierna suelta.

Andrés miraba absorto a aquella alma en pena. No era la primera personalidad internacional en sumarse al proceso independentista. Antes lo había hecho Nicolás Maduro, pero la pálida figura del australiano le daba un aire más cosmopolita y más respetable que la del ex conductor de autobuses y ahora conductor sin frenos de la gran ruina venezolana.

En honor a la verdad, no había sido el único apoyo en el continente europeo para la causa. Arnaldo Otegui, el terrorista y prócer de la nación vasca, ya había desfilado en la Diada con su ofrenda floral, como corresponde a un hombre de paz.  La vomitona que le dio a la pobre Eutimia viéndolo por televisión y acordándose de las 54 víctimas mortales y más de doscientos heridos de ETA en Cataluña, dejó la alfombra del cuarto de estar para tirarla.

Esto era diferente y más respetable.  Aunque estuviera acusado de violar a dos activistas suecas que, al contrario que las nuestras, eran implacables y no estaban dispuestas a que se fuera de rositas, Julian Assange le daba al prusés  una vitola…, un aire de glamour… un… no sabía qué del que carecía el etarra con su cara de bruto y su pasado sangriento. Otro a quien jamás cortaría el pelo, aunque por razones distintas a las de Romeva.

El fundador de Wikileaks no le parecía a Andrés tan inteligente y simpático como Copito de Nieve, pero comprendía el entusiasmo del consejero quien pensaría, de buena fe, que los catalanes llegarían a quererlo tanto como al añorado bípedo.

El cámara de TV3 le contó que el famoso inquilino de la sede diplomática llevaba muchos años preparándose para el momento de la verdad —que ya había llegado—, estudiando a fondo la Historia de España y los agravios cometidos contra Cataluña. En su debut se hizo un pequeño lío con Sancho Panza y Pedro Sánchez, pero ahí estaba Pérez-Reverte para darle clases a golpe de twit y aclararle que el escudero de Don Quijote no se llamaba Pancho Sánchez.  Y gracias a un manual de catalán sin esfuerzo podía lanzar twits en esa lengua con una soltura que era la envidia de Donald Trump.

La manutención del fichaje estelar era un punto delicado que se había resuelto con inteligencia. No corría a cargo de las mermadas (e intervenidas) arcas del ayuntamiento ni de la Generalidad, sino del erario ecuatoriano.  Todo un detalle que él, como contribuyente, le agradecía. La pela es la pela, en Badalona o en Caravaca de la Cruz.

Un acuerdo ventajoso para todos

El arreglo con Assange parecía muy ventajoso para todas las partes implicadas y confirmaba que el pseudoministro de Asuntos Exteriores de la Generalidad no tenía un pelo de tonto.  ¿Había algo más congruente para ganar credibilidad que fichar a alguien con experiencia —según dos suecas—  en violaciones, para violar la Constitución española?

El australiano también obtenía buenos réditos del acuerdo.  Había encontrado una vía para salir –sin pisar la acera—  del callejón del olvido de la mano de sus nuevos amigos sin necesidad de pagar una campaña en los medios.

—Un artista— pensó Andrés, acordándose de que Iberdrola le había subido la factura de la luz y Assange tenía calefacción gratis.

La condición de albino que el fundador de Wikileaks compartía con Copito de Nieve, el llorado gorila de Barcelona, le daba un aspecto de recién salido de un baño de lejía. No podía decirse de él que daba el toque de color a la gesta independentista, pero de eso se encargaba la CUP.

—Este chico necesita un poco de sol en Castelldefels, un bañito en el mar y un horizonte más amplio.

La brisa marina y la luz mediterránea, pensaba Andrés, harían milagros y le darían una visión más clara de las bondades de nuestro Estado de Derecho para que no tuviera que pisar los charcos del patio de aquel edificio y chapotear en el fango del odio a España que, a fin de cuentas, no le había hecho nada.

—Incluso en la jaula vacía del zoo de Barcelona estaría mejor que aquí—pensó. Los niños le alegrarían la vida tanto como a Copito, aunque no sé si lleguen a quererlo tanto.

Ahora que volvía a estar en el centro de la atención mundial, el señor Assange necesitaba un peluquero para representar a los catalanes dignamente.  Sus guedejas desaliñadas pedían a gritos un toque de tinte.  El castaño claro le daría un aire a Putin que le sentaría francamente bien y él mismo podría aplicárselo a buen precio.

Mientras, a unas manzanas de allí, las campanas del Big Ben daban los cuartos — Sol, Fa, Mi, Si…—,  en la esquina de Hans Cres se abrió el ventanal.  Julian Assange saludó a la multitud, la docena de personas allí congregadas que aplaudía entusiasmada.  Al señor de Murcia la escena le recordó a la del edificio de La Equitativa, en Madrid, frente al Congreso de los Diputados, cuyas simpáticas figuras se asoman al balcón cuando el reloj da las doce del mediodía. Carlos III, la duquesa de Alba, Goya, el torero Pedro Romero y una manola dan una vuelta, saludan a los madrileños con una coreografía perfectamente orquestada y vuelven a resguardarse del bullicio de la ciudad.  Además de echar en falta la música del carrillón, se quedó esperando la aparición del resto del elenco para completar el cuadro:  Artur Mas, Carme Forcadell, Raül Romeva y la madre superiora de la congregación con el misal en la mano. Seguramente estaban dentro, en un salón, dando buena cuenta del ceviche que les servía  el mayordomo de la embajada mientras redactaban el siguiente twit en la cuenta de Julian.

—Míster Assange, míster Assange! ¡Un toque de color! A little color for your hair!, gritó, atusándose la cabeza por si acaso no le entendía.

Julian Assange puso su mejor cara de whaat???  Y el peluquero, hombre de recursos, abrió su maletín y alzó las tijeras para ofrecerle sus servicios.

Todo fue muy rápido.  La gente corría despavorida y los policías que custodiaban la legación ecuatoriana lo tiraron al suelo, donde quedaron esparcidos los peines, cepillos, lacas, la maquinilla y todas armas del supuesto terrorista que no entendía a qué venía tanto revuelo.

Què pot sortir mál?

 

Los pelillos a la mar de Carles Puigdemont y Theresa May

 

Por María José López de Arenosa – Opinión

 

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La irresponsabilidad y malicia de David Cameron y Artur Mas catapultaron, muy a su pesar, a dos personajes inesperados para dirigir los destinos del Reino Unido y de Cataluña: Theresa May y Carles Puigdemont, quienes tienen en común algo más que haber llegado a sus respectivos cargos sin haber sido votados directamente por sus electores.

Entre los frutos de la casualidad, el destino o el azar, que comparten la señora May y Puigdemont está su peluquero.  Sí, querido lector. No levante usted la ceja con asombro. Así es, y a las pruebas me remito. No tiene usted más que echar un vistazo a las numerosas fotografías de ambos que circulan en internet para corroborarlo. Algunos afirman que el artista se llama Pep y es de Mataró. Otros que, no, que de ninguna manera; que se llama James y sus modales y lealtad recuerdan al señor Stevens, el mayordomo de Lo que queda del día, la novela de Kazuo Ishiguro, cuya película homónima interpretó magistralmente Anthony Hopkins. Están muy equivocados.

Las indagaciones de la legendaria agencia de detectives Pinkerton conducen a un señor de Murcia, Andrés González, cuya familia emigró a Sabadell cuando era niño. Aclaro, antes de que las feministas se me echen encima, que la posibilidad de que tan insignes molleras pudieran estar a cargo de una mujer quedó descartada desde el primer momento. Por mucho que odie a sus semejantes, ninguna peluquera sería capaz de semejantes creaciones a golpe de tijera y secador. En cuanto a la mano que mueve con entusiasmo el hacha para cortar el flequillo de Anna Gabriel, no voy a aventurarme hoy porque esa es harina de otro costal.

Aunque se inició en una barbería de barrio, Andrés supo aprovechar el auge de las peluquerías unisex y con la movilidad europea se lanzó al estrellato convirtiéndose en un profesional que, si bien es desconocido para el gran público, se lo disputan políticos de la talla de Theresa May y Carles Puigdemont.

La primera se encontraba ya entre su selecta clientela cuando David Cameron, ese gran ludópata de las urnas apostó por el referéndum escocés.  Como había adquirido cierta confianza con la señora May, Andrés se aventuró a preguntarle por el futuro del Reino Unido en el caso de que ganara el “Sí” a la independencia de Escocia.  “Don’t worry, Andrew”, respondió condescendiente doña Theresa mientras él le ahuecaba con esmero la melena para evocar la forma de un tomate de su añorada huerta murciana.  Prefería llamarle Andrew para no acordarse de que estaba utilizando mano de obra extranjera, lo que podría generar suspicacias entre sus paisanos; algo que debía evitar como responsable de inmigración.  “El primer ministro estudió en Eton y en Oxford. Está sobradamente preparado para saber lo que tiene que hacer y cómo hacerlo”.  Andrés se sintió muy reconfortado. ¿Qué podría salir mal?

Cada vez que nuestro señor de Murcia expresaba alguna inquietud sobre política británica con su inglés chapurreado, su clienta le explicaba que, como ex alumno de la celebérrima universidad de Oxford, el primer ministro estaba a otro nivel intelectual que le situaba más allá del bien y del mal. Aunque por los pelos —nunca mejor dicho— el resultado de las urnas lo corroboró. Escocia se quedaba dentro del Reino Unido y los escoceses dejarían de dar la tabarra una temporada.

Cortar cabelleras ilustres entre el Reino Unido y España le otorgaba acceso a información de primera mano y también le daba buenas ideas para su familia. Ni en sus mejores sueños habría imaginado que sus nietos podrían estudiar en Londres –incluso en Oxford— gracias al programa Erasmus.  No, no era una idea descabellada.

 

Elecciones plebiscitarias

 

Mientras tanto, aquí en España, concretamente en Barcelona, Artur Mas, otro ludópata de las urnas, adelantaba las elecciones catalanas —las terceras en cinco años— tras el fiasco de su referéndum ilegal. Elecciones plebiscitarias, las llamó. Organizó una gran coalición independentista que garantizaría la victoria por goleada y por obra y gracia de la ley electoral catalana. Pero aquí también falló algo y su coalición, Junts Pel Si, tuvo que cortarle la cabeza (políticamente hablando) para complacer a los anarquistas de la CUP abriendo paso a Carles Puigdemont.  El cráneo del nuevo presidente de la Generalidad, coronado por un voluminoso flequillo causó sensación. Recordaba a un calabacín –naturalmente, murciano— e hizo las delicias de los caricaturistas.

La vida sonreía a Andrés y mientras él paseaba por la Diagonal comentando sus grandes planes de futuro con Eutimia, su mujer, David Cameron hacía lo propio dando vueltas en su despacho de Downing Street pensando en su gran órdago.  La adrenalina descargada con el referéndum escocés se había reducido ya a niveles mínimos y su ludopatía plebiscitaria exigía urgentemente una nueva dosis. Su nueva apuesta, presentada como promesa electoral de obligado cumplimiento, ensalzaría su figura, pasaría a los libros de Historia como el gran estadista que era y dejaría a los críticos con la Unión Europea a la altura del betún. Con el mismo espíritu de quien vuelve al casino tras una racha de suerte, Cameron volvió por sus fueros para fortalecer su posición en el partido conservador. “¿Debería el Reino Unido permanecer en la Unión Europea o salir de la Unión Europea?” Esa era la pregunta del Brexit que el pueblo soberano debía responder.

Mientras daba el toque final de laca al cogote de la señora May, nuestro  humilde peluquero se atrevió a preguntarle con timidez qué pasaría si ganaba el “Sí” al Brexit.  Una vez más, la ministra del gobierno de su Graciosa Majestad lo tranquilizó con una respuesta flemática y condescendiente:  “Andrew… ¿recuerda usted que el señor Cameron estudió en Oxford, igual que yo? Él  sabe qué es lo que tiene que hacer y cómo hacerlo”.

Sin duda, pensó Andrés, David Cameron sabía lo que hacía y no iba a tirarse a la piscina sin comprobar si había agua. A fin de cuentas se había educado en Eton, el colegio más prestigioso del mundo, como corresponde a los grandes hombres de Estado británicos. En algún tabloide leyó algo sobre su pertenencia, durante sus años universitarios, al polémico Club Bullingdon (tuvo que apuntar el nombre para recordarlo y soltarlo después en el bar de su barrio), conocido por agrupar a lo más granado de la aristocracia estudiantil con aficiones a la bebida y al vandalismo. Según aquel artículo, el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, formaba también parte de aquella elitista asociación, dato que restaba credibilidad al periodista —seguramente un envidioso—, para otorgársela a sus distinguidos miembros pues, sin duda, para llegar tan alto y velar por el bien común sus trayectorias tenían que ser impecables.

 

¿Qué podría salir mal? 

 

David Cameron quitaría argumentos a los ignorantes que se quejaban de la competencia de los polacos, portugueses y españoles que, como él, se beneficiaban de la libre circulación de personas trabajando honradamente. Sin duda, el primer ministro lo tenía todo bien calculado –atado y bien atado, que diría otro por estos pagos— para salir airoso y políticamente fortalecido. No había nada que temer. Los descontentos con la UE se callarían en un pispás —en un abrir y cerrar de urnas—, y él, Andrés González , seguiría cruzando el Canal de la Mancha para peinar testas ilustres gracias a Ryan Air, con la misma naturalidad con que otros toman el puente aéreo o el AVE Madrid-Barcelona y presumiendo siempre de murciano y español.

“Siempre nos quedará París”, respondió lacónicamente cuando Eutimia irrumpió nerviosa en la habitación aquella mañana de junio para comunicarle el resultado del Brexit que había oído por la radio. Intentó explicarle, una vez más, que Cameron tenía una mente brillante, educada en las instituciones más prestigiosas del mundo y sus decisiones jamás pondrían en riesgo la rutilante carrera de un peluquero de altos vuelos como él. Seguro que un hombre tan alto de miras y tan preocupado por el bien común tenía un as en la manga, la fórmula para que todo siguiera igual. Nadie en su sano juicio prescindía de un buen peluquero así como así. “Un buen peluquero es tan importante como un buen neurólogo”, —-solía decir a sus amigos—, sólo que en vez de trabajar en las profundidades del cerebro con las neuronas, lo hace sobre la cubierta y esto le da un conocimiento del ser humano y sus vanidades que ya quisieran tener muchos hombres de ciencia”.

Sintió lástima por ella al ver su gesto preocupado mientras se abrochaba la bata de Harrods que él le regaló por Navidad. A pesar de la fama de lista que tenía en su pueblo, no dejaba de ser una mujer muy elemental que, al contrario que él, vivía ajena a los círculos de poder. “No seas tontorrona. ¿Qué puede salir mal?” “Nada, supongo que nada”, respondió aturdida, intentando acallar esa vocecita interior tan pedestre y vulgar que invitaba a la desconfianza.

Todo sucedió con enorme rapidez. David Cameron tuvo que marcharse a su casa o, mejor dicho, a las playas de Córcega para esconderse del ridículo y el whatsapp de Theresa May solicitando un peinado urgente para la votación del Partido Conservador no se hizo esperar. Sin rivales en su partido y sin haber sido votada para ello, la señora May se mudó al 10 de Downing Street el 13 de julio de 2016 con el pelo perfectamente cardado.

Con May en Downing Street y Puigdemont en el palacio de San Jaime se dispararon las teorías conspiratorias con un misterioso peluquero en el epicentro de las redes sociales. Ajeno a todo eso, no tardó Andrés en advertir que, además de Oxford, Theresa May compartía con su antecesor en el cargo la afición por las apuestas de riesgo para consolidar su posición en su propio partido. Pero la suya no sería un referéndum, sino unas elecciones anticipadas –muy anticipadas- para afianzar su liderazgo.

“El problema con las urnas es que las carga el diablo”, le susurró tímidamente al oído mientras le recortaba la melena. Como su inglés no era muy bueno, le pareció que la respuesta de la primera ministra era algo así como nuestro “¡pelillos a la mar!”   Algo avergonzado por su atrevimiento, barrió los mechones grises esparcidos por el suelo.  ¿Cómo iba a darle él, un pobre señor de Murcia, lecciones a una mente preclara, formada, al igual que la de su antecesor y sus numerosos asesores, en Oxford?  No había más que echar un vistazo a las encuestas para responder la pregunta retórica de su clienta: What could go wrong?

Algo no salió como se esperaba y mientras los sesudos analistas debatían en televisión sobre lo que pudo salir mal, descargando la culpa sobre los encuestadores y sondeos de opinión, la señora May se apañaba con sus nuevos socios parlamentarios del partido Unionista de Irlanda para seguir en Downing Street.

 

Socios de los antisistema

 

La semana pasada, mientras Andrés le peinaba la melena, Carles Puigdemont afirmaba categórico: “Espanya ens roba. Pero después del referéndum de independencia que, por supuesto, ganaremos, la doble nacionalidad nos permitirá a los catalanes cobrar las pensiones de la Seguridad Social española y beneficiarnos de la pertenencia de  España a la UE sin poner un céntimo ni renunciar a nada. Se van a enterar de lo que vale un peine.” A Andrés, buen conocedor del precio de un peine, le parecía todo un poco raro. Era como divorciarse y seguir casado, obligando a Eutimia a dejarle la casa y el coche para que él viviera con otra señora, mientras ella pagaba la hipoteca, la gasolina, el seguro y hasta las medicinas.

Aunque fuese un presidente sobrevenido, sin haber sido votado directamente por los ciudadanos, Puigdemont no se comparaba con Theresa May. Sus socios, los chicos antisistema de la CUP no eran tan antipáticos como los energúmenos irlandeses que la tenían como rehén en el Palacio de Westminster. ¡Donde iba a parar!

Los anarquistas ya no eran los enemigos de la burguesía catalana. Ahora eran sus socios. O quizás era al revés, y ellos eran los socios necesarios para que los antisistema cumplieran su objetivo de arrasar con todo. En fin… ¿qué más daba el orden de los factores? Eran unos simpáticos alborotadores que le acompañaban alegremente, no hacia el borde de una piscina sin agua, sino el de un acantilado majestuoso bajo el cual podía contemplar un Mediterráneo azul y más catalán que nunca. La vista era sobrecogedora y él, Carles Puigdemont, seguiría avanzando por aquel precipicio imponente con su flequillo al viento dirigiendo al pueblo de Cataluña. Mirando arrobado hacia el horizonte, alzaría las tablas de la Ley de Transitoriedad como lo habría hecho el mismísimo Moisés. Todo ello con paso seguro, triunfal, y sin necesidad de bajar la vista para ver si en ese terreno bajo sus pies que España reclamaba como suyo había algún pedrusco con el que pudiera tropezar.

“Las urnas las carga el diablo”.  El susurro del peluquero en su oído despertó al Molt Honorable de su cabezada. “Haremos el referéndum porque llevamos cuarenta años haciendo lo que nos sale de la barretina y en eso nadie tiene más experiencia que nosotros.  Què pot sortir mál?  ¿Qué puede salir mal?”.  Lo dijo bostezando, pero sin despeinarse, detalle que Andrés agradeció, pues ya había terminado su trabajo.

El señor de Murcia sacudió discretamente la caspa de los hombros del president. No es que desconfiara de su cliente por no haber estudiado en Oxford. Ni muchísimo menos. Ni Eutimia ni él habían terminado el colegio y sabían con toda seguridad que cuando algo podía salir mal, salía muy mal.  A ver ahora cómo la tranquilizaba cuando viera que ni el referéndum ni la Ley de Transitoriedad reparaban en las becas Erasmus y que a sus nietos ni siquiera les quedaría París.

¡No exagere, señoría!

 

Por Juan José Echevarría – Opinión

Contacto con el autor: juanjoseechevarria@hotmail.com

 

A principios de 2016, un año y medio antes del atentado de las Ramblas, un policía belga alertó a un mosso d’Esquadra, en concreto a un jefe de la relevante labor policial de información, de las sospechas existentes sobre Abdelbaki es Satty, quien había viajado a los países bajos con la intención de liderar religiosamente alguna comunidad musulmana local. El contenido de sus prédicas y la imposibilidad de demostrar que carecía de antecedentes policiales, aunque solo fuera por tráfico de drogas, le obligaron a regresar a España.

Probablemente, Bélgica se libró así de un grave atentado, que el destino quiso que fuese en Barcelona, aunque tal vez se hubiera impedido si sobre Satty se hubiera impuesto una vigilancia preventiva a su regreso a nuestro país. No fue así, los Mossos no lo hicieron, ni tampoco compartieron tal información con el resto de policías, con la Guardia Civil y Policía Nacional.

A su regreso y durante más de un año, Satty continuó de imán en la mezquita de Ripoll, un pueblo con apenas diez mil habitantes, adoctrinando a una docena de jóvenes en la Yihad. Ni, los Mossos, la policía desplegada por toda Cataluña, ni la Guardia Civil, ni la Policía Nacional se dieron cuenta de tales hechos.

A las once y media de la noche del 16 de agosto pasado una potente explosión redujo a escombros una vivienda en Alcanar, donde la célula terrorista almacenó durante meses, mediante su traslado a ella, de más de un centenar de botellas de gas, explosivos y tornillería. Los Mossos se hicieron cargo de la investigación y tras rechazar en dos ocasiones la ayuda de los expertos en explosivos de la Guardia Civil, calificaron el suceso como un caso de drogas.  Una juez se personó a la mañana siguiente, el fatídico 17 de agosto, en Alcanar y preguntó a los Mossos si no se trataría de terrorismo, a lo que fue contestada con un: ¡no exagere señoría!  A las cinco y media de la tarde de aquel día, un miembro de la célula, Younes Abouyaaqoub, atropelló mortalmente a catorce viandantes de las Ramblas y luego acuchilló a una persona más en su huida. Esa misma noche, otros cinco yihadistas mataron a una persona más en Cambrils.

Eso son los hechos. Luego está la interpretación política. Para la Generalitat, Cataluña ha demostrado que puede ser un Estado independiente, con una policía perfectamente capacitada y preparada para minimizar el desafío islamista.

Los elogios a los Mossos, que después de todos esos hechos logró la neutralización de la célula en cuatro días, han llegado desde muchos sectores, incluidos los no independentistas, destacando el comportamiento de la policía catalana como defensora de los derechos de todos los catalanes frente a la agresión terrorista. Así lo hizo el periódico El País en un editorial que pecó cuando menos de ingenuidad.

Publicado el 26-agosto-2017 en Blog de Juan José Echevarría

RTVE ©
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Adaptado por ACPI: Mosaico Skyline Barcelona
Adaptado por ACPI: Mosaico Skyline Barcelona

 

 

Madama Butterfly o la seducción de una heroína trágica, frágil y digna.

 

Por Norma Sturniolo

Fotos cortesía Javier del Real

Merece destacarse el esfuerzo del Teatro Real por acercar el arte de la ópera a un público amplio. La difusión dada a la representación de Madama Butterfly es admirable. Se barajan cifras importantísimas como las de 120.000 personas en municipios de toda España. La retransmisión en el canal de Facebook del Teatro Real ha sido superior a 800.000.  En Twitter la retransmisión de MadamaButterfly fue trending topic nacional con el hashtag #madamaendirecto, alcanzando una audiencia de 18.000.000 de usuarios con todas las publicaciones. También TVE ha obtenido una excelente cifra de seguimiento en la retransmisión en La 2, con 335.000 espectadores.

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Esta política de divulgación de la ópera está realizada con total acierto porque lo que se ofrece aúna calidad, atractivo y un alto grado de emoción, posibilitando la empatía del público con lo que ve.

Si Madama Buttlerfly es una de las óperas más populares y emocionantes del compositor de Luca, esta Butterfly puede conmover incluso a los más remisos, tanto por los intérpretes como por la reposición de la inteligente y creativa dirección de escena de Mario Gaz, la espléndida escenografía de Ezio Frigerio, los exquisitos figurines de Franca Squarciapino, la dirección musical de Marco Armiliato y dirección del coro de Andrés Máspero. Sobresaliente la interpretación de la soprano Ermonela Jaho en el papel protagonista y de Enkelejda Shkosa en de la fiel Suzuki. Conviene recordar que se representa en el coliseo madrileño desde el 27 de junio al 21 de julio de 2017.

 

El director de escena Mario Gaz opta por el juego de la ficción dentro de la ficción. El juego metaficcional, a veces, produce un distanciamiento, pero, en este caso, el resultado es todo lo contrario, hay un emocionante acercamiento a lo que sucede en escena. Mario Gas sitúa la historia en un plató cinematográfico en los años 30 y los espectadores presenciamos la ópera en sí, la supuesta grabación cinematográfica que se hace de la misma y su reproducción en blanco y negro en una gran pantalla.

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Aparecen un director de cine, los técnicos con su equipo y por encima de los subtítulos, se proyecta la filmación con unos primeros planos que nos permiten apreciar todos los gestos de los personajes. Es como si pudiéramos ver parte de su interioridad, y, sobre todo, nos acerca a esa mujer niña Cio- Cio San o Butterfly, que tiene quince años al comienzo de la historia y al final se suicida con 18. Asistimos a su viaje que es gozoso al principio pero que, muy pronto, se torna doloroso. Pasará desde la inocente, casi pueril felicidad a la posterior esperanza en el regreso del su gran amor y a la necesidad del autoengaño. Todos saben que el oficial de la marina americana de quien se ha enamorado la ha abandonado. Ella, por el contrario, cree que volverá. Pero, ¿su confianza es total o necesita creer para no morir de dolor, servirse del autoengaño para seguir viviendo? Cuando no hay ningún resquicio para la esperanza, la trémula niña se convierte en una mujer capaz de devolverse el honor a sí misma. La música del compositor de Luca, arrebatadora, tiene ecos orientales con los que se subraya la delicadeza del mundo que rodea a Butterfly y, a la vez, su crueldad. ¿Acaso Butterfly tiene una posibilidad de vida mejor acatando a los suyos? A todas luces parece que no. Se insiste en la soberbia del americano, por supuesto que su soberbia queda patente en el primer acto, así como en el conflicto entre dos civilizaciones, una de las cuales se considera superior a la otra, pero no se hace suficiente hincapié en la condición femenina en una sociedad feudal, en la marginación de una mujer pobre como Butterfly en dicha sociedad. ¿Cuál sería su futuro si aceptara las propuestas de quienes la rodean? ¿Casarse con el pretendiente Yamadori que abandonó a sus mujeres, por lo cual podemos prever que haría lo mismo con Butterfly? ¿Volver a ser una geisha obligada a entretener a los demás? Ella sueña con algo diferente, con un amor verdadero. Ama la belleza por eso se encandila con las bellas palabras que no está acostumbrada a oír. Además de la fascinación que le produce el extranjero debido a una extrema juventud más propensa a la ensoñación , la seducen las palabras del yankie Pinkerton que la llama de formas muy bellas, nombres que ellas recuerda con devoción.

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Imposible no conmoverse con ese sueño de amor de Butterfly y más aún cuando la vulnerable japonesa está interpretada por unaButterfly 1826 soprano tan entregada a su papel como la albanesa Ermonela Jaho que transmite todo esa riquísima gama de matices que va desde la fragilidad y los movimientos casi de niña al comienzo de la historia hasta el terrible desgarramiento del final. Jaho hace suyo el personaje y nos transmite su temblor de mariposa herida.

¿Cómo no conmoverse con la obra de Puccini (1858-1924) ese gran conocedor del alma femenina? Recordemos sus propias palabras “ si la obra no me conmueve, si el libreto no me llega al corazón, si no me hace reír y no me hace llorar, si no me exalta y me sacude, no hay nada que hacer . No es cosa para mí. Resultaría una falsedad, una desarmonía”.

 

El emocional maestro, al referirse a Butterfly, afirmó en una de sus cartas “La ópera me conmovía siempre cuando la releía al piano

Sentir, emocionarnos, abrirnos al sufrimiento y los sueños, las grandezas y las debilidades de personajes que son muy humanos y reconocer el poder transformador del arte es algo que hay que agradecer a obras como ésta.

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