Las máscaras del viento

POESÍA IBEROAMERICANA                                       JORGE DE ARCO

LAS MÁSCARAS DEL VIENTO

Un nuevo título se suma a la amplia trayectoria literaria de Aureliano Cañadas. Con quince poemarios ya editados, ve ahora la luz, “Laberinto” (Nazarí. Granada, 2019), un volumen en el que las voces de Ariadna, Teseo y Minotauro cobran trascendental protagonismo.Y lo hacen desde un ámbito mitológico y sugeridor, donde la verdad y el ensueño se aúnan en una mágica simbiosis.

     El poeta almeriense ha sabido vertebrar un diálogo candente, solidario, desde el que implementar la gloria de la estirpe, el enigma del ser humano, la desesperanza del corazón. En estas páginas laten también los siglos que redimieron de tanta soledad a los dioses y que reordenaron la dicha y el dolor del universo:

Ninguna de las máscaras del viento,

la delicada brisa, el huracán,

ninguno de los múltiples disfraces

del agua, lluvia, río, enfurecidas olas,

(…)

son tan conmovedores

como la voz de un hombre

solo, como una sola

de sus palabras.

     Claro que, al par de este trío de protagonistas, el yo lírico también se sirve de un discurso unívoco. Y así, los grandes temas de la lírica, el amor, el paso del tiempo, la muerte…, se asoman por estos versos y habitan con su serena desnudez las estancias de lo verdadero.

El modulado ritmo que Aureliano Cañadas impone a su decir constituye una de las claves del libro. De su musicalidad, nace la búsqueda de una otredad que sea espejo de lo vivido:

Haber perdido el hilo de Ariadna

en esta soledad

donde son tan inútiles los ojos.

Tantear los muros de la desesperanza

con las húmedas manos de qué sino de sangre.

Escuchar esa voz

cada vez más cercana, cada vez más aullido.

Y saber que jamás nadie escapó a su furia.

     Para destapar la piel de la que está hecho el paraíso, el poeta quiere sanar las heridas que recubren la corteza de lo perdurable. Su verbo pretende, pues, trazar un discurso que determine el umbral de la soledad y no detenga su lenguaje ante el fuego nila ceniza, ante la gracia ni la inocencia.

Los ecos de un destino inamovible crean, a su vez, una atmósfera opresiva, donde la libertad tiene sus brazos casi vencidos de batallar

contra un enemigo silente. Sin embargo, no hay tiempo para el descanso. Es hora de seguir en pie:

No tengo miedo alguno.

Una vez y otra vez, cuando tu saña

busque mi corazón, sólo hallará el vacío.

Porque yo soy Teseo y aprendí

       que no basta la fuerza de mi brazo.

En suma, un poemario que nos acerca el inextinguible mito, la remembranza del hombre y que se envuelve en un cántico hondo, de emotiva lumbre lírica.