«Caballeros en la Mar» en el Monasterio de Uclés


Agasajo para la vista, el oído y el gusto en la conmemoración de la gesta de Magallanes

Norma Sturniolo

El quinto centenario de la expedición de Fernando de Magallanes (Sabrosa,  Portugal 1480-Mactán , Filipinas 1521) se está celebrando con eventos que evocan la asombrosa gesta, y con la publicación  de libros y artículos sobre la misma.

Entre estos eventos cabe destacar el que lleva por título “Caballeros en la mar” compuesto por un musical narrativo-pictórico y una muestra gastronómica de la época  en el monasterio de Uclés (Cuenca) y bajo el patrocinio de Fernando Núñez

Muchos se habrán preguntado por qué en el monasterio de Uclés se realiza esta celebración. La respuesta es sencilla, porque Fernando de Magallanes fue comendador de la Orden de Santiago y el Monasterio de Uclés es cabeza de dicha orden.

Hay un esmerado cuidado tanto en la redacción del texto narrativo que se pone en boca de un imaginario marinero de la expedición de Magallanes (por cierto muy bien interpretado) como en la presentación artística del espectáculo pictórico-musical. La dirección artística está a cargo de David Pérez

Con un acertado criterio se ha optado por  una división espacial que permite que haya fluidez entre lo que el marinero va narrando en su diario y cuyas palabras los espectadores podemos escuchar y las interpretaciones musicales. La presencia del marinero nos lleva a la cubierta de una nave y los músicos se sitúan en una imaginaria bodega de un barco. El texto ha sido primorosamente escrito por el guionista Andrés Alés.

Más de 200 dibujos visten este espectáculo

TaTambién las interpretaciones de música renacentista son dignas de elogio. Hay una alternancia musical que refleja distintos estados de ánimos paralelos a  los vaivenes anímicos que va destilando el texto del marinero. El programa ha sido seleccionado y orquestado por el director musical Luis Carlos Ortiz.

Una pantalla transparente separa los músicos del público. Al principio se plasma sobre la pantalla un mar embravecido que, a veces, “refulge bajo un sol de condena” y paulatinamente, sobre ella van apareciendo dibujos que desarrollan una historia paralela y que a quienes somos entusiastas de los cronistas de Indias nos recuerdan muchas de sus apreciaciones en los que la realidad y la fantasía se entremezclaban. Los dibujos son de la ilustradora Ana Yedros.

Todo se ha ajustado con precisión para llevarnos a reconstruir imaginariamente la intrépida hazaña marina. Por ello, la cena en el Claustro Alto del Monasterio ideada por un  creativo chef está compuesta por platos que evocan los alimentos y especias de la época . Todo acompañado por vinos de las DO de Uclés y Jerez.

Un espectáculo digno de la hazaña que se conmemora. Las palabras, la música y la pintura son poderosas naves. Ellas nos permiten realizar un viaje al corazón de aquellos hombres que emprendieron una de las más extraordinarias “aventuras líquidas”; hombres que como lo expresa bellamente el texto narrativo si no están en la mar, padecen de melancolía, esa “seda negra del alma”.