Tradición oral y escrita en una atractiva selección de lieder

La mezzosoprano Anna Lucia Richter en el Teatro de la Zarzuela

                   Norma Sturniolo

La mezzosoprano:Anna Lucia Richter. Pianista Ammiel Bushakevitz
Imágenes de Rafa Martín

La pandemia actual ha puesto de relieve la fragilidad propia de la existencia humana. El arte nunca ha rehuido esa fragilidad, por el contrario ha buceado en ella y de esa inmersión surge  un universo de perdurable belleza. Consecuentemente, nos envía un mensaje de fortaleza con la aceptación de esa fragilidad, algo de lo cual estamos necesitados. La mezzosorpano Anna Lucia Richter acompañada al piano por Ammiel Bushakevitz encarnó esa fuerza.

El recital comenzó con los lieder de Gustav Mahler (1860-1911) pertenecientes a Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del muchacho ) que compuso entre los años 1888 y 1901 basados en una recopilación de cantos populares alemanes realizada por los escritores románticos alemanes Achim von Arnim (1781 1831) y Clemens Brentano (1778 1842). En estas canciones hay una amplia variedad de temas, aparecen el mundo de la infancia, el de los animales, el amor, la guerra, la naturaleza y los hay con tono humorístico, irónico y otros de gran dramatismo.

La mezzosoprano:Anna Lucia Richter
Imágenes de Rafa Martín

Urlicht (Luz prístina) fue el primer lied cantado por Anna L. Richter que, de entrada, cautivó al público con su pureza tonal. Este lied lo incluyó Mahler en el cuarto movimiento de su Segunda Sinfonía en do menor, Resurrección. Richter supo comunicar ese ansia de Dios y eternidad que alienta este lied. Le siguió el más  trágico de entre los elegidos, Das Irdische Leben (La vida terrenal) en el que hay un diálogo sombrío entre una madre y su desfalleciente hijo que le pide pan porque siente que morirá de hambre. La madre intenta calmarlo pidiéndole que espere todo el proceso de cosecha, formación y cocción del pan, pero cuando finalmente el pan está listo, el niño yace en un ataúd. Tal como señaló José Luis Pérez de Arteaga, Mahler había cambiado el título original de Arnim y Brentano, que era Verspätung (Demasiado tarde) por el de  por Das irdische Leben (La vida terrenal). El por qué de ese cambio lo explicó así: “El texto me sugiere algo más profundo que el del hambre del niño por el pan, un tesoro que hay que buscar. Por tanto para mí el grito del niño pidiendo comida y los intentos de la madre que trata de consolarlo con promesas, no son sino un símbolo de la vida humana en general, la vida terrenal por eso cambié el título”. En Wo die schönen Trompeten blasen (Donde suenan las bellas trompetas), Richter comunicó toda la poesía de este misterioso lied en donde aparecen temas recurrentes en la colección como el militar y el amor. Le siguieron la célebreWer hat dies Liedlein erdacht? (¿Quién habrá ideado esta canción? Y Rheinlegendchen (Pequeña leyenda del Rin) con su sabor de danza infantil ligeramente maliciosa. El ciclo mahleriano  finalizó con el divertidísimo lied  Lob des hohen Verstandes (Elogio de la alta sabiduría. Un cuco y un ruiseñor compiten para cantar una canción y eligen como juez a un asno ya que  “por sus dos grandes orejas/ es el mejor en oír/ y saber a cual premiar”. El asno no entiende la dulzura del canto del ruiseñor y premia al cuco.
Richter sedujo al auditorio por su pureza tonal, dicción perfecta y su capacidad expresiva. A continuación le llegó el turno a Hugo Wolf (1860-1903) con un ciclo de lieder muy exigente.
Hugo Wolf , admirador de Wagner  era un entusiasta de Tristán e Isolda. El mundo amoroso y nocturno impregnado de erotismo aparece  en muchos de sus lieder, por ejemplo, entre los elegidos para este recital Begegnung (Encuentro) con poesía de Eduard Mörike,(1804 – 1875),  describe la relación entre los enamorados con alusiones al viento y a la tormenta que metaforizan la pasión que  los envuelve. El piano tiene tanto protagonismo como el canto, transmitiendo los vaivenes de la pasión y la dulzura del amor. Y el último lied de Wolf elegido para este recital fue el estupendo Verborgenheit donde el yo poético expresa su deseo de reclusión, su anhelo de estar a solas con su pena y su alegría. Richter lo cantó con una absoluta elegancia y una bella musicalidad que provocó una calurosa ovación.

Al finalizar La mezzosoprano:Anna Lucia Richter. Pianista Ammiel Bushakevitz
Imágenes de Rafa Martín

El concierto finalizó con lieder de Franz Schubert (1797-1828). Comenzó con la  romanza Der Vollmond strahlt que pertenece a la obra Rosamunda, princesa de Chipre de la escritora Helmina von Chézy, obra tan fallida que solo se representó dos veces y cayó en el olvido. No sucedió lo mismo con la bella música incidental que Schubert compuso para ella en 1823. En la romanza aparece la luna brillando en el cielo, es esta una imagen muy querida por los románticos. También la luna es la compañera del hombre que vaga solo y desarraigado como en Der Wanderer an den Mond. Cabe destacar la interpretación conmovedora de Gretchen am Spinnrade (Margarita en la rueca), un lied que Schubert escribió a los 17 años. Ammiel Bushakevitz realizó una interpretación impecable. En cuanto a Richter, hay que decir que estuvo sobresaliente no solo por la maravillosa brillantez de su canto sino también por la emotiva dramatización del sentir de Margarita. Este lied se basa en un pasaje del Fausto de Goethe, Margarita está hilando desasosegada: Desapareció mi sosiego/ y me pesa el corazón/ nunca conseguiré/ hallar la paz/.Soy como una muerta/ si él no está junto a mí. El piano alude tanto al girar de la rueca como a la agitación sentida por Margarita que piensa en Fausto y desea a Fausto. El piano y la voz se compenetraron perfectamente para transmitir todo el turbulento sentir de Margarita.
Anna Lucía Richter cuando apareció en el escenario nos sorprendió gratamente con su atuendo de hada y su elegante figura, pero fue su forma de cantar y hacer suyos los lieder lo que nos conquistó plenamente. Una vez más el arte nos brindó placer, consuelo y nos infundió energía.