José López Martínez, ¿el príncipe que todo lo aprendió en los libros?

En su despacho de la Asociación de Escritores y Artistas

 

Por María José López de Arenosa

Al escritor, poeta, periodista y crítico literario José López Martínez (Tomelloso, 1931) le gusta decir que él se parece al “príncipe que todo lo aprendió en los libros”, recordando la célebre comedia de don Jacinto Benavente; aunque si leemos sus libros y hablamos con él queda claro que también los viajes, los estudios y la vida han dado forma y consistencia a su formación humanística. Su vocación poética vino dada por su lectura apasionada de los clásicos y especialmente por la impresión que le produjeron las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer y la obra de San Juan de la Cruz. También le impactaron los novelistas rusos del siglo XIX, especialmente Dostoievsky. “La personalidad ―dice― se forja en los zarpazos del asombro”. Francisco de Quevedo es otro de los autores que más ha influido en su manera de entender la literatura. Y entre los de nuestro tiempo, Juan Rulfo y Camilo José Cela.

Empezó a escribir en el periódico Lanza, de Ciudad Real, cuyo suplemento dominical llegó a dirigir. Al fijar su residencia en Madrid, aquel mundo literario que soñaba empezó a convertirse en realidad. Inmediatamente se incorporó a las tertulias del Café Gijón, del Varela, del Comercial donde conoció a los autores más importantes de aquel tiempo: Antonio Buero Vallejo, Francisco Umbral, Gerardo Diego, Leopoldo de Luis…  Umbral le aconsejó que se buscase un pseudónimo más sonoro con el que darse a conocer, pero al contrario que su tocayo José Martínez Ruiz –Azorín-, y el propio Umbral, nuestro protagonista prefirió la fidelidad al nombre y apellidos heredados de sus padres, gesto que le honra, y con ellos como santo y seña ha conseguido una obra importante en el periodismo y la literatura.

Entrevisto a José López Martínez en su despacho de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la que es director general desde hace más de veinte años. Le pido nos diga cuáles han sido sus maestros, los orígenes de su literatura: «Azorín me enseñó a escribir, Ortega y Gasset a pensar y Eugenio D’Ors a estructurar y dar consistencia a mis conferencias. En el relato breve y en el cuento me deslumbraron Leopoldo Alas Clarín, Ignacio Aldecoa, Juan Rulfo y Julio Cortázar».

Para la tumba del charlista Federico García Sanchiz, con el que le unió una gran amistad, propuso el epitafio que reza sobre su lápida en el cementerio de El Toboso: España fue su Dulcinea,  frase que bien podría aplicarse a su propia trayectoria como cervantista reconocido. Y mientras hacía los trámites para aquel entierro, conoció a don Gregorio Marañón, a quien después visitaría en varias ocasiones.

Durante sus primeros años en la capital de España compaginó su trabajo con el estudio de los clásicos y las lecturas vespertinas en la Biblioteca  Nacional, donde en una ocasión se quedó atrapado después del cierre, y en  la del Ateneo de Madrid. Entre sus poemarios cabe destacar Brasas de la Memoria y En el mar riguroso de la muerte; de sus libros de ensayo, Pueblos y paisajes de El Quijote,  Memoria de nuestros clásicos  y Las vueltas del tiempo en la cultura de Castilla-La Mancha, con el que obtuvo el Premio Licenciado Torralba.

«No he conocido una emoción mayor que la poesía. Cuando se es poeta uno sabe lo que sueña, lo que quiere hacer en la vida», dice. Pero, como además de soñar, había que pagar las facturas, su cálamo infatigable encontró espacio ―entre otros muchos periódicos nacionales―, en las páginas de Ya, Diario de Barcelona, Hoy de Badajoz y las agencias Prensa Asociada, Logos, Efe y Fax Press, aquí en los años que la dirigió Manu Leguineche, con quien le unió una gran amistad. Ha sido también editorialista del periódico mexicano El Informador, colaborador de los programas culturales de RNE y de las revistas Mundo Hispánico,  La Estafeta Literaria y guionista de TVE.

 

Presidiendo un acto en Asociacion de Escritores y Artistas - A su derecha en la imagen Angel Las Navas, socio de ACPI
Presidiendo un acto en Asociacion de Escritores y Artistas – A su derecha en la imagen Angel Las Navas, socio de ACPI

Se incorporó a ACPI en los años 70 y es uno de nuestros socios más antiguos.  Ocupó la vicepresidencia de nuestra asociación y ha sido también vocal en varias juntas directivas, la última vez durante la presidencia de su gran amigo José Manuel González Torga.  En la larga lista de asociaciones y organismos de los que forma parte cabe destacar la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la que es director general y director de su revista, Mirador. Es, además, miembro del Consejo de Cultura de la Comunidad de Madrid. También es vocal de la Junta Directiva y cofundador de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha, de la que fue vicepresidente. Fue finalista del Premio Antonio Machado de Narrativa, con un jurado presidido por Camilo José Cela. Durante su prolífica carrera, jalonada con numerosos premios, ha publicado más de veinte mil artículos y una veintena de libros. Profesor “Honoris Causa” del Real Colegio Universitario de San Lucas, en Alemania, una de las instituciones académicas más antiguas y prestigiosas de Europa.

Su sentido profundo de la vida y de la poesía, junto con su anecdotario personal con las grandes figuras de la cultura, los toros, el deporte y el espectáculo, lo convierten en conferenciante y tertuliano ameno con quien las horas de conversación transcurren sin que una se dé cuenta. Así ocurrió durante un almuerzo para hablar sobre este artículo que se prolongó hasta casi las nueve de la noche.

Fundador de la Casa de Castilla-La Mancha, institución que presidió durante quince años, José López Martínez engrosa la nómina de tomelloseros ilustres de las artes y las letras como los pintores Francisco Carretero, Antonio López Torres, Luis Quirós, Antonio López García, Fermín García Sevilla y los escritores Francisco García Pavón, Eladio Cabañero, Dionisio Cañas y Natividad Cepeda.

Presentacion libro Mas alla de la realidad en Casa Castilla-La Mancha
Presentacion libro Mas alla de la realidad en Casa Castilla-La Mancha

Su último libro, Más allá de la realidad (Editorial Beturia, 2016), es un regreso al campo manchego, a los orígenes, a los personajes que habitan en el imaginario colectivo de un mundo casi extinto. El paisaje de las eras, los trillos, los viñedos, las cosechas bajo el sol ardiente del verano, y también el paisanaje ―el gitano señorón, el tío Carrasco cargado de falsas medallas, Anita Domínguez, con el novio que se echó en Ciudad Real y que venía al pueblo haciéndose pasar por americano― componen la crónica de un pueblo cuyo recuerdo habita feliz en el corazón de José López Martínez; páginas que él deja escritas para que aquellos años de posguerra y escasez no caigan en el olvido.

Firmando ejemplares de Mas allá de la realidad
Firmando ejemplares de Mas allá de la realidad

 

 

De vuelta a los orígenes, tras su periplo vital, nuestro poeta y escritor manchego podría responder ante sus paisanos como el protagonista de la obra de Benavente: «Vi realizados todos mis sueños porque creía en ellos». Y a los lectores en general con estos versos de un próximo libro, ya casi terminado:

 

                               La esperanza es un signo luminoso

                               que nos alumbra en las noches oscuras

                               del corazón. La esperanza nos convence

                               de que los ríos no se secarán nunca

                               y las flores vencerán al otoño.

 

Foto de portada: En su despacho de la Asociación de Escritores y Artistas

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