Entre el deseo y la verdad

DE POESÍA IBEROAMERICANA                                           JORGE DE ARCO

La expedición perdida del británico John Franklin al Ártico, la ruta de Siskiyou que despertó la fiebre del oro de California, la demencia de las pacientes del Doctor Charcot del Hospital La Sâlpetrière y las ocho mil personas que fueron confinadas por la lepra a la isla hawaiana de Molokai, conforman la temática de Bajo la luz, el cepo, de Olalla Castro (Hiperión. Madrid, 2019). Desde que en 2012 obtuviera el premio internacional de poesía “Piedra del Molino”, la autora granadina (1979) ha editado tres poemarios, al que se suma éste, galardonado con el “Antonio Machado en Baeza”.

     Ambientado en los argumentos citados -todos ellos acontecidos en el siglo XIX-, el volumen viene signado por una dicción fluida y de acentuado lirismo narrativo. Las imágenes se suceden envueltas en una sugerente plasticidad, alimentadas por un brillo que renombra los anhelos pretéritos:

    Era tan grande aquella sed de blanco.

   Ansiábamos el hielo y sus destellos

   (…)

   Soñábamos con ir siempre más lejos,

   con ser los primeros en pisar esa nieve.

     Son las mujeres las que ponen aliento a estas páginas que simbolizan la batalla contra un tiempo de injusticia y desamparo sociales, de abusos y desigualdades que latieron en el alma huida de su existencia. Porque el drama de su dolor, de sus historias suspendidas en el aire abarca, en buena medida, su empeño y su fracaso:

   Durmamos ahora

   sobre esta blanca miseria que nos une

   pues cuando haya porvenir,

   no habrá descanso.

     El monstruo de la libertad fingida y la obstinación de la mentira revelan también la desolación de aquellas féminas que fueron abandonadas, humilladas y despojadas de su condición humana.

     Un libro, sí, de honda reflexión, que golpea la conciencia, que memora la tristura de la historia y de muchos de sus protagonistas:

   Soy este dolor que me recuerda

   que entre el deseo y la verdad,

   un cuerpo se interpone.

   (…)

   Soy la soga-dolor

   que anuda mi cuello a este anuncio de muerte.

“Homenaje a la tierra”,

EL VASAR POÉTICO                                                        GRANADA COSTA

                                                                                                 Jorge de Arco

                          RUBÍ ARANA, NACIDA EN LA TIERRA

    Se reedita en Betania “Homenaje a la tierra”, poemario de Rubí Arana. publicado por vez primera en 2008. Esta nicaragüense con residencia en Miami tiene ya publicados cinco libros de versos y alterna su labor lírica con su actividad como promotora literaria.

     En el prefacio al volumen se incluyen dos entrevistas a la autora. En una de ellas, la escritora nicaragüense contesta a la pregunta de “¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?”: “En otras ocasiones he contestado tal pregunta y luego no sucedió como dije. Ahora siento que esta pregunta se debe hacer a personas normales. Yo no lo soy”.

Y desde esa conciencia unívoca, su discurso quiere verse renacido en una suerte de constante mutación, de sonora potencialidad. Sabedora de que la pureza del ánima tan sólo sostiene aquello que es palpable desde el interior de la llama humana, Rubí Arana quiere transformar su energía en plenitud universal. De ahí, que sus versos resuenen desde un horizonte personal, pero común:

El sueño de Quetzalcoatl
envuelto en rosas amarillas huyendo del crepúsculo

entra en el círculo que lento navega el regreso

hacia donde las rosas se marchitaron
un vaho de tenso perfume le hechiza y lo despierta.

    Afirma Sergio Ramírez en su prefacio que “estamos frente a un libro de poesía sobre la tierra, que quiere decir nuestra propia tierra milenaria, y también la tierra universal de todos los seres humanos. Pero Rubí Arana ha escogido el mejor de nuestros símbolos terrenales, los suelos de Acahualinca, donde un tropel de ancestros desconocidos dejó para siempre sus huellas en el lodo, cuando Nicaragua se creaba a sí misma moldeándose en el fuego de sus entrañas, cataclismos que nos dieron vida, y sobre los que aún vivimos”. Junto a esa raíz terrenal surgen gestos, escenas, máscaras que derraman su sagrada plenitud y desentrañan la luz ardida de los poemas al par de los milagros que convoca el verbo:

Palabras palabras palabras empezando a la vida

porque una palabra es primavera fuego sonido

esto viene en suave bendición

Ser como la belleza
Ser sueños
La luz me está hablando

yo no puedo cogerla

solo puedo cantarle

Soy una mujer poeta nacida en tierra

de dioses indios
Incienso de copal está viviendo

donde Quetzalcoatl está muriendo

para ser una lejana estrella.

     Entre serpientes de látigo, negras lunas, doncellas con orquídeas, aguas sagradas, lluvias de mayo, astros del corazón, canciones en el aire…, van sucediéndose estos textos que respiran un cáliz de fuego, un salvaje rocío anunciador del decir de una poetisa que siente la inquietud lirica como un consuelo. Y que clama su plegaria frente al silencio derramado de los crepúsculos:

en la sumergida lentitud, en lo informe
o como se oyen desde el alto de los caminos

cruzar las campanadas en cruz
más allá del pan, más allá del vino, más allá

del fuego
tu luz tocando su misterio
el súper universo tiene vacío lleno
hay algo denso, unido, sentado en el fondo

repitiendo su número, su señal idéntica.

De poesía iberoamericana

Jorge de Arco                       

Homero Aridjis,como un pedazo de mediodía.

     Con su habitual esmero, la editorial Cátedra acerca al lector la obra de Homero Aridjis (Contepec, Michoacán, 1940). Bajo el título de “Antología Poética (1960 – 2018), se reúne una extensa muestra del decir del escritor mexicano. Son más de veinte los poemarios editados hasta la fecha, desde que en 1960 viera la luz “Los ojos desdoblados”. Era aquel un volumen que apuntaba muy buenas maneras y descubría la voz de un jovencísimo autor. Con ese título, precisamente, se abre esta compilación, donde puede leerse, p.ej. su bello “Tercer poema de ausencia”:

“`Tú has escondido la luz en alguna parte´

y me niegas el retorno,

sé que esta oscuridad no es cierta

porque antes mis manos volaban las luciérnagas

y yo te buscaba

y tú eras tú

y éramos unos ojos

en un mismo lecho

y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,

pero nos hicimos fríos y conocidos

y la noche se hizo inaccesible

para bajarla juntos”.

     Aníbal Salázar Anglada ha estado a cargo de una edición, cuyo estudio introductorio resulta revelador para conocer el universo de Homero Aridjis. Más de un centenar de páginas que delimitan una manera de creación que para el propio compilador resulta “una escritura extraordinariamente visual, como hija y nieta que es de las vanguardias europeas, originales o trasplantadas al ámbito de la lengua castellana”. Una poesía -añade- “multiforme, cambiante, desigual, y que por ello ofrece registros y motivos muy diversos”.

    Y, en efecto, esa variedad de temas, de tonos y de versos, hacen de este florilegio una ventana abierta y sugeridora para cualquiera que se asome a ella. El yo que camina por estos lúcidos territorios articula un canto a la naturaleza y a su imprescindible comunión con el ser humano. Con un intencionado mestizaje de raíces y alas, de luces y anhelos, espejea en su cántico la simbología de su geografía vital:


Dormí en lechos de piedra.

Tuve por cabecera una serpiente de piedra

en un cuarto de plumas

en el que todos los muros reflejaban a la muerte.

Mi techo fue un charco de lodo.

La tierra estuvo encima de mi cabeza

y mis piernas fueron el azul del cielo.

A la izquierda de mi sueño un colibrí salió volando

como un pedazo de mediodía.


     El fulgor de Homero Aridjis recrea la trascendencia de la dimensión humana, la danza y el cromatismo en donde anida un horizonte a contraluz. El compás de su lenguaje singulariza lo espiritual y lo visible y lo conceptual.  Los vaivenes de su alma se hacen confesión mediante un decir directo, sin ambages, que revela su mejor perfil cuando el texto se reconoce en la febril frontera de una expresividad trasparente:

Con palabras compraré el tiempo,

con palabras compraré a la muerte,

con palabras compraré palabras,

con palabras pintaré el día blanco.

     Casi seis décadas de vida, de pasión literaria, se abrochan, pues, en esta antología que sabe de la certidumbre del olvido, de lo alado de lo cotidiano y que renombra el pulso que se orilla en cada asombro. Y de su plural inventario nace una autenticidad serena, un mítico lugar donde los sueños puedan llegar a cumplirse:

La noche de siete minutos comenzó.

El eclipse del milenio cobró forma.

La corona radiante rodeó al Sol.

Plumas de oro cubrieron el espacio.

El ojo negro de la totalidad miró hacia abajo.

Rojo. Verde. Blanco. Azul.

Unos segundos.

Eso fue todo.

DE POESÍA IBEROAMERICANA

Jorge de Arco

MANUEL NETO DOS SANTOS, ENTRE EL MAR Y LA TIERRA

Es amplia la obra lírica de Manuel Neto dos Santos. Nacido en 1959 en Alcantarilha, Silves, son ya veinte sus poemarios editados. Profesor de lengua portuguesa, actor y artista plástico dio a la luz su primer libro, “O fogo, a luz e a voz”, en 1988.

Tres décadas, pues, contemplan su quehacer, y ahora, el lector puede acercarse a su quehacer a través de “Teimosa maré / Terca marea” (Ediciones Chamán. Albacete, 2019).

Terca marea

     Sabedor de que la poesía es un puente de palabras entre la realidad y los anhelos, el escritor portugués ha trazado un sugestivo cántico que recorre las fugitivas visones de la vida, sus diversos y espejeantes hechizos. Dejó escrito Luis Cardoza y Aragón que “la danza de la poesía en verso algunas veces puede darse mejor en prosa”. Y haciendo bueno el aserto del vate guatemalteco, Netos dos Santos se ha valido de ella para dar cuenta de sus dichas y sus desamparos:

  Cuando quiero llorar, no lloro la violenta perturbación del ánimo o del cuerpo, pues no sólo me identifico con la naturaleza sino que es mi propia alma la que crea. Por ti fui el amanecer del mundo y de mi esperanza, mucho más grande que todos los nombres con los que bauticé al universo, y así deambulo por caminos estrechos por ver en la lejanía mi llanto; soy poeta.

        El paso del tiempo, la dualidad amor / desamor, la inexorable muerte, la lumbre de los deseos…, son las claves temáticas que abrochan este volumen. Mediante una dicción de súbita trasparencia, dadora de una verdad colmada de lirismo, la palabra del escritor luso se dinamiza y se renueva como íntima conciencia. Su confianza en el poder telúrico y balsámico del lenguaje sitúa su yo frente a un universo ilimitado. Desde él, articula su voz, sin engaños ni artificios, cristalizada desde el asombro que concede la materia visible:

  Todo es sol y sangre de nubes. Florecen los almendros, llora el mar por sí mismo y en los grafismos del poema mi tierra en el sur es como una esquina del aire y así te entrego la forma de mi verso como si fuera un sincero ramillete de suspiros, en mi nombre.

       Pedro Sánchez Sanz se ha encargado de verter certeramente al castellano estos textos y en su esclarecedor prefacio revela que los poemas de Neto dos Santos son “como teselas de un mosaico. Cada uno tiene un brillo, una tonalidad propia, y encierra parte de una imagen fragmentada, cada tesela es una pieza que se hace visible y cobra sentido en el conjunto del libro. Son los pasos de una búsqueda de identidad en su imaginario poético y en las posibilidades expresivas de su idioma”.

Y, en efecto, este conjunto de prosas que parecen mecerse al compás de las olas que remueven el espíritu del sujeto lírico, está escrito bajo la mirada de lo eviterno, de lo que pueda llegar a ser sagrado. Porque en su escritura, en suma, está su estética; o lo que es lo mismo, la luz de su sinonimia:

  Me sumerjo hasta los destrozos; mi patria es el exilio más vacío, aunque más sereno (…) Me sumerjo en el lírico viaje del cual soy poeta dentro del libro hecho otro confín donde se intercambian voces y umbrales…

  Me sumerjo hasta el fondo de un recuerdo en este proceso de búsqueda para que mi corazón sea la voz posible de la expresión poética en prosa. A través de mi cuerpo oscuro, oscuro como la penumbra para que alcance, entre la mar y la tierra, el sur.