Gran Canaria, uno de los primeros destinos turísticos en recuperarse… por méritos propios

Conocida como “un continente en miniatura” ofrece mil contrastes en clima, paisajes y emociones
Texto: Enrique Sancho Fotos: Turismo de Gran Canaria


Gran Canaria es uno de los destinos que antes comenzarán a recuperarse en cuanto pase la crisis del coronavirus. Ya es uno de los cinco primeros aeropuertos españoles que están autorizados a recibir vuelos internacionales y también su puerto es uno de los ocho que podrán comenzar a recibir cruceros. El Gobierno está estudiando la posibilidad de abrir “corredores” al turismo internacional en Baleares y Canarias. Pero, además, la isla recibe un gran número de turistas de la propia Gran Canaria y del resto de las islas del archipiélago, así como de la península. La isla ya ha comenzado a prepararse para ello, Turismo de Gran Canaria invertirá hasta 20 millones de euros en proyectos encaminados a la reactivación de la imagen de Gran Canaria y a la rehabilitación de infraestructuras turísticas. Ello se une a iniciativas de reactivación de la imagen de la isla entre las que se incluye la campaña promocional #muchoporvivir, enfocada principalmente al turismo local. Desde la capital de la isla se insiste especialmente en que Canarias en general, y Gran Canaria en particular, han resistido la pandemia de una forma especialmente favorable, de modo que se trata de un destino seguro en lo sanitario y en lo que se refiere a la seguridad ciudadana y pública.

Un inspirado poeta, o un agudo publicista, definió hace tiempo Gran Canaria como “un continente en miniatura”. Durante años fue la frase más utilizada para definir a la isla. Pero no es sólo una idea bonita o un slogan con gancho: es la mejor definición de este lugar que, ya en tiempos lejanos, fue idealizado como sede del Paraíso.
En el pequeño círculo que forma la isla central de las Canarias es posible encontrar todos los climas, disfrutar un enorme contraste de paisajes, sentir todas las emociones. Recorriendo los escasos cincuenta kilómetros que separan una costa de otra, en cualquiera de las direcciones, se puede pasar de las cálidas arenas que forman sus playas a las blancas cimas de su cumbre más alta, que lleva el simbólico nombre de Pico de las Nieves, con 1.950 metros de altura. En el camino se descubrirán majestuosas calderas, vertiginosos barrancos y acantilados sobre el mar, suaves valles cubiertos de vegetación, pequeños pueblos pintorescos…
Pero la principal aventura, el mejor descubrimiento es el de la gente que habita estos lugares. Todos diferentes: el pescador que reta cada día a la mar y que debe trabajar en equipo porque de ello depende su negocio y, con frecuencia, su vida; el agricultor, acostumbrado a mirar al cielo, no tanto para suplicar lluvias, como para adivinarlas en el horizonte; el pastor, que acompaña su soledad con los vuelos de su mente; el habitante de los diminutos pueblos o de las dinámicas ciudades, acostumbrado a los grupos de extraños que desde hace siglos han acudido a esta tierras.
Pero todos ellos tienen algo en común: son gentes receptivas, cordiales, curiosamente abiertas, pese a vivir en una isla. Gentes que auxilian al viajero despistado, que orientan al extraviado, que comparten sus vidas y experiencias –y sus comidas y bienes si llega el caso– con esos “godos” peninsulares, continentales, mundiales que recorren sus tierras queriendo acaparar en unos días todos sus encantos.


Una capital moderna y abierta
La visita a la isla suele iniciarse en la capital y por fuerte que sea la tentación de acudir a las inmensas playas del sur o descubrir su deslumbrante interior, vale la pena dedicarle un tiempo. Es, además, la forma más lógica y la que mejor se adapta a su propia historia. En efecto, fue en Las Palmas de Gran Canaria donde primero se asentaron los conquistadores, concretamente en el barrio de Guiniguada. A medida que la ciudad fue creciendo, las casas se desparramaron por las dos paredes del barranco, formando los barrios de Vegueta y Triana.
Precisamente aquí, en el centro de la Vegueta, un libro abierto sobre el pasado, debe comenzar la visita. La arquitectura neocolonial, representada en hitos como la Catedral o la Casa de Colón, dejan constancia de la fuerte personalidad atlántica de La Palmas de Gran Canaria, un cruce de caminos y de culturas. Caminando sobre el empedrado de estas calles se viaja a otro tiempo, paseando por ejemplo junto al lugar donde el descubridor de América recitó sus oraciones antes de zarpar de nuevo. Algunos chistosos cuentan que en la catedral es posible estudiar una gran parte de la historia del arte. En efecto, el exterior neoclásico con algo de barroco, oculta un interior del período gótico tardío con bellos tesoros como el precioso Cristo de Luján Pérez.
Triana fue en sus orígenes un barrio marinero, aunque hoy sólo la ermita de San Telmo recuerda aquel pasado. La calle principal se llama también Triana y en ella están los principales comercios de la ciudad y un escaparate inmenso de lo mejor que se fabrica en el mundo. Cerca está la calle Cano, donde se encuentra la casa-museo de Pérez Galdós, donde nació el autor de los Episodios Nacionales en 1843.
No es el único personaje famoso de Gran Canaria; ubicado en un lugar excepcional, en uno de los extremos de la playa de Las Canteras, un gigantesco edificio da nombre a otro de sus más prestigiosos hijos: el Auditorio Alfredo Kraus, un vanguardista icono de la ciudad. Precisamente Las Canteras, junto al puerto de La Luz en el istmo de la Isleta es otro de los puntos más animados y visitados por los turistas.

Antes de abandonar la zona, vale la pena hacer una visita –y si se puede alojarse– en el hotel Santa Catalina, reconocido como mejor hotel histórico de lujo de Europa. Historia y glamour no le faltan, por él han pasado Ava Gardner, Winston Churchill, Agatha Christie, Gregory Peck o María Callas. Y lujo, tampoco. El hotel está gestionado ahora por Barceló Hotel Group, bajo el sello de Royal Hideaway Hotel que incluye los más representativos de la cadena, que ha realizado una cuidada y rigurosa renovación que logra ensalzar su original identidad británica y preservar su patrimonio artístico del siglo XIX y XX, sumergiendo al huésped en una experiencia de cinco estrellas gran lujo.
Camino al sur
Las Palmas es sólo un aperitivo para el especial banquete que supone recorrer la isla. Aunque hay que elegir entre varias direcciones, tal vez la ruta más popular es la que lleva a las magníficas playas del sur y al singular espectáculo de Maspalomas, un conjunto de ocho kilómetros de arenas y dunas, con pequeños oasis de palmeras, declarado Reserva Natural. Precisamente una de las pocas consecuencias buenas del confinamientos de estas últimas semanas, ha sido que las dunas de Maspalomas han recuperado su esplendor gracias a la ausencia de pisadas, se ha regulado el flujo de arena y han florecido sus ondulaciones naturales. El grupo que cuida este paraje espectacular confía en que el regreso del turismo no altere lo conseguido, para ello se ha dotado de balizas y señales a los cinco senderos que atraviesan el ecosistema de forma que los visitantes transiten por ellos, absteniéndose de pisotear el resto. La Reserva está constituida por tres ecosistemas: el Palmeral, la Charca y las Dunas, que se extienden a pocos metros del mar. Toda la zona es un enorme espacio natural de excepcional valor.
Desde la Charca y en dirección a las dunas, caminando por la orilla del mar, se llega a la Punta de Maspalomas, que conecta con Playa del Inglés. Es realmente la misma playa, que a partir de ese lugar cambia de nombre. Toda la playa cuenta con tramos solitarios y aislados, en los que practicar nudismo. Por su parte, los surfistas tienen su lugar de encuentro en la curva que une Maspalomas con Playa del Inglés.

Junto a las dunas de arena, el otro símbolo de Maspalomas es su altivo faro de 55 metros que ilumina la punta sur de Gran Canaria desde 1890 y que ha visto cómo una zona casi desértica y deshabitada se convertía en uno de los grandes iconos turísticos no solo de Canarias, sino de toda España. Tras una azarosa vida, el Faro de Maspalomas, declarado Bien de Interés Cultural en 2005, ha abierto hace poco sus puertas a los millones de visitantes extranjeros, nacionales y locales, que llegan cada año a la isla. Lo ha hecho inicialmente como punto de información turística y tienda de artesanía, pero un proyecto mucho más ambicioso prevé acoger en el futuro un Centro de Interpretación Etnográfica. Porque mucho antes de que los castellanos terminaran conquistando la isla, los nativos convirtieron ese paraíso terrenal en uno de sus espacios preferidos para vivir.
Hacia el otro lado del faro se extiende una amplia zona peatonal, un concurrido paseo, lugar perfecto para realizar compras, hacer una parada tras la playa, salir a cenar o simplemente tomar algo junto a la larga línea de mar. También allí se encuentran casi infinitos hoteles y apartamentos, muchos de ellos realmente lujosos y con todo tipo de instalaciones
Pero antes y después de Maspalomas hay varias paradas obligadas. A pocos kilómetros de Las Palmas está Teide, la segunda ciudad en importancia de la isla y tan antigua como la capital. El barrio de San Francisco todavía conserva el ambiente y sabor de la época. En Ingenio se conserva un curioso poblado troglodita, con su propia ermita excavada en la roca y es el lugar perfecto para adquirir los conocidos “calados” y bordados que se realizan artesanalmente desde tiempo inmemorial.
Adentrarse en el interior
Más allá de Maspalomas, iniciando el camino hacia el norte por la otra costa –un litoral que goza de 360 días de sol al año–, vale la pena visitar el pequeño pueblo marinero de Arguineguín, lleno de encanto; Patalavaca, uno de los mejores centros turísticos de la isla; Puerto Rico, urbanización pionera en la oferta náutica y Puerto Mogán, una encantadora villa marinera con un magnífico y acogedor puerto pesquero y deportivo.
Es hora de emprender el camino hacia el interior de la isla, muy desconocido para muchos y sin embargo, en buena parte responsable de que el 43% de su superficie sea territorio protegido y que en 2005, la UNESCO premiase ese esfuerzo con la declaración de Reserva Mundial de la Biosfera. En ese viaje se atraviesan barrancos y desfiladeros, bosques y cráteres, las laderas se cubren de fincas de plataneras y el cada vez más lejano litoral se vuelve más salvaje pero igual de sugerente, y se puede disfrutar de las más de cien especies de flora que sólo pueden verse en la isla y de emblemas de la fauna local como el pinzón azul o el lagarto canarión. Se cambian las famosas playas del sur y sus resorts por las piscinas naturales, los alojamientos rurales y el queso artesanal para buscar, más allá del consabido ‘sol y playa’, la esencia geográfica de tanta belleza.
La exuberancia paisajística de Gran Canaria puede ser contemplada en calma desde su red de miradores o siendo testigo del imponente pacto de silencio que guardan desde hace millones de años dos singulares monolitos basálticos en la Caldera de Tejeda. El Roque Nublo, una enorme roca basáltica en forma de monolito de más de 65 metros de altura surgida como consecuencia de la actividad volcánica y la erosión, que es un icono de la isla que resiste el paso del tiempo en soledad, mientras que el Roque Bentayga se presenta ante los ojos con la majestuosidad que le reporta haber sido un lugar de culto para los aborígenes que poblaron el archipiélago hasta el siglo XV, como así atestiguan los yacimientos arqueológicos que guarda. Miguel de Unamuno lo describió como “tempestad petrificada”.

Este lugar, como otros muchos en la isla puede ser perfecto para descubrir por qué la UNESCO ha considerado a Gran Canaria como una ‘ventana al cielo’ por su calidad y nitidez para la contemplación de las estrellas, una visión que está en riesgo en el planeta. Por todo ello, esta defensa del cielo de Gran Canaria se ha convertido en un eje de actuación básico para la isla, que también trata de conseguir que el yacimiento arqueológico del poblado aborigen Risco Caído, situado en Artenara, sea declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO junto a los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria.
Puede que los recorridos de un lugar a otro de la isla abran el apetito. No hay que preocuparse porque se está en el lugar ideal. La gastronomía de Gran Canaria es otro ejemplo del mestizaje que le ha brindado su triple identidad europea, africana y americana. La isla luce con orgullo una amplia gama de productos. Hay quesos exquisitos, frutas y verduras que se exportan al Viejo Continente, un excelente pescado y una repostería tradicional hecha arte gracias al legado de varias generaciones. No pueden dejarse de disfrutar sus célebres papas arrugadas con distintos mojos, el sancocho y un crisol de potajes, todo ello acompañado de una copa de vino blanco de malvasía o de sus excelentes tintos que son el maridaje perfecto para disfrutar de una buena mesa.
Queda mucho por ver en este “continente en miniatura” y todo está a un paso en excursiones de apenas un día. De la mañana a la noche se puede, por ejemplo, atravesar los mágicos bosques de laurisilva recubiertos de musgo y misterio, caminar por pinares situados a más de mil quinientos metros de altura y contemplar las nubes bajo tus pies y sumergirse cualquier día del año en las aguas cristalinas que acarician un litoral de sinuosas dunas o vertiginosos acantilados. Gran Canaria es uno de esos lugares que parecen una mezcla de sueño y realidad. Pero ahí está, esperando a ser descubierta.

Islas Maldivas, un merecido paraíso tras el infierno de la pandemia

Enrique Sancho

Diez buenas razones para viajar a uno de los más bellos lugares del mundo
Pensar desde la ventana de casa en playas de arena blanca rodeadas de palmeras, aguas cristalinas, alojamientos sobre el mar, espacios solitarios y exclusivos, arrecifes de coral, peces de todos los colores y magnífica gastronomía puede parecer un sueño tras la pesadilla que estamos viviendo. Es un sueño, sí, pero puede convertirse en realidad antes de lo que se piensa. Un paraíso tropical que envuelve de belleza los lujosos hoteles que las habitan. En Maldivas no existen el tiempo ni las obligaciones. La única norma es disfrutar.
Diez experiencias únicas
Los expertos de Arenatours agencia online especialista en Maldivas y única agencia reconocida y recomendada por el Gobierno de Maldivas en España, indican un decálogo de lo que se puede encontrar y disfrutar en estas islas maravillosas:
– Podrás disfrutar con tus amigos y familiares en un entorno seguro.- Estar con uno mismo es lo natural. Maldivas es el país menos poblado de Asia. Podrás mantener el distanciamiento tanto como quieras. La privacidad está garantizada.- La brisa del mar y la pureza del ambiente llenarán tus pulmones del aire que te va a dar la energía que estabas echando en falta. Expertos de todo el mundo coinciden en los beneficios del mar para la salud. Alivia problemas respiratorios, entre otros muchos.- El sol iluminará tu cuerpo y tu alma después de tantos días de oscuridad. La única mascarilla que necesitarás será la crema solar.- Las máscaras de snorkel que aquí estamos utilizando para salvar vidas te dejarán ver un mundo de color en sus aguas cristalinas. Maldivas es un paraíso para buceadores y amantes del snorkel por la espectacular fauna marina que habita en sus arrecifes de coral, tan beneficiosos para la salud.- La belleza es solo belleza, el hoy y el ahora se disfrutan con intensidad y es posible olvidar los momentos duros.- El Covid-19 apenas se ha dejado notar aquí. Poco más de 200 casos registrados con evolución favorable y ninguna baja. ¿No crees que Maldivas es el lugar para celebrar la vida?- Los resorts han recibido instrucciones estrictas para evitar contagios y el aire acondicionado de cada villa es independiente, no se comparte el aire con otras habitaciones como en otros hoteles.- Podrás dejarte mimar por los complejos hoteleros más lujosos del mundo con exclusivas especiales.– Volver a creer que la felicidad existe, Maldivas… sentimiento infinito.


Si el Covid-19 no ha podido contigo, no lo pienses más. Ven al paraíso, ven a Maldivas.
“La mayoría de los resorts de Maldivas tienen previsto abrir en mayo y estar totalmente operativos a partir del 1 de julio –indica Silvia Simón, supervisora general de Arenatours–. También las líneas aéreas que vuelan a las islas parecen estar dispuestas a reanudar las operaciones para el verano, por lo que creemos que a partir de julio será posible viajar a este paraíso”
Un viaje seguro
Otras de las preocupaciones de los viajeros es el nivel de seguridad en el destino y en los aviones en que se viaja. «Las Maldivas es uno de los destinos más seguros del mundo respecto al coronavirus, apenas ha habido dos centenares de casos positivos y ningún muerto, según los datos actualizados de todos los países de la Universidad Johns Hopkins –asegura Silvia Simón– y en la mayoría de las islas apenas hay unas decenas de cabañas o villas sobre el agua, muy aisladas entre sí y cada turista dispone de cientos de metros de playa para él solo. La buena temperatura durante todo el año, por encima de los 25 grados, impide en buena parte que el virus se propague”.
Por otra parte, las compañías aéreas que comunican España con Maldivas, vía Dubai o Abu Dabi, son las primeras en adoptar rigurosas medidas de seguridad en sus aviones. Emirates, por ejemplo, es la primera aerolínea en hacer test rápidos a todos sus pasajeros, chequeando su sangre y con resultados en diez minutos, ya lo hace en vuelos con salida en Dubai pero va a implantar el sistema en todos sus destinos. A la entrada del aeropuerto se han instalado escáneres térmicos, que comprueban la temperatura de todo aquel que accede al recinto. Además han adaptado los trámites de facturación y embarque según las nuevas normas de distanciamiento social. Por otro lado, los guantes, máscaras y desinfectantes de manos se han convertido en obligatorios para todos los empleados, tanto en tierra como en cabina. Los pasajeros, por su parte, también deben usar sus propias mascarillas y guantes, tanto cuando estén en el aeropuerto como a bordo de la aeronave, y no podrán quitárselos mientras dure el vuelo. La compañía, siguiendo las pautas de distanciamiento, deja ya un asiento libre entre personas desconocidas o grupos familiares distintos. A bordo no se permiten equipajes de mano, periódicos y revistas y los alimentos y bebidas se modificarán para reducir el contacto durante el servicio de comidas y minimizar el riesgo de interacción.


Las islas Maldivas son el destino ideal para disfrutar de unas merecidas vacaciones tras las carencias vividas en los últimos meses. Aquí se encuentran las que sin duda son las mejores playas del mundo repartidas en sus 1.200 islas, de las que apenas 200 están habitadas, las arenas son blancas, luminosas y muy finas, el agua es cálida y trasparente aunque refleja un bello color azul y en el fondo hay un paraíso para los aficionados al buceo y el snorkel o, simplemente, para aquellos que se pongan unas gafas y metan la cabeza en el agua. Barreras de coral cautivadoras y llenas de vida a apenas un metro de la superficie, bancos de brillantes peces tropicales de infinitos colores, estrellas y caballitos de mar, esponjas, algas que parecen bailar… Y para los más animados, en aguas más profundas, tranquilas mantas gigantes, tiburones, tortugas, e incluso tiburones ballena. Y por encima del agua, deportes como el windsurf, kayak, surf en el improbable caso de que haya suficiente oleaje, paddle surf…
Cosas que hacer
Aunque parece el destino ideal para dedicarse al “dolce far niente”, en realidad hay muchas cosas que hacer para quien lo desee. La principal actividad se encuentra en Malé, la capital, donde el monumento más representativo es la mezquita de los viernes que los nativos llaman “Hukuru Miskiiy”. Para visitarla se requiere ir correctamente vestidos, sin pantalones cortos, aunque para los extranjeros tienen previstas unas coloridas faldas, tanto para mujeres como para hombres, que llegan hasta los tobillos. Hay que recordar que Maldivas es un país musulmán bastante estricto en el que está prohibida la entrada de alcohol (aunque en los hoteles se sirve libremente a los extranjeros), si lo llevas, lo retienen y te lo entregan de nuevo a la salida. También están prohibidas las imágenes religiosas de cualquier credo. Pero lo más peculiar y bullicioso de la capital es la lonja del pescado con especies de todo tipo, especialmente atún. En la pequeña ciudad vale la pena recorrer sus callejas y la zona del embarcadero, siempre animada y con muchos puestos de artesanía, visitar el Museo Nacional, el Palacio del Pueblo y el monumento a las víctimas del tsunami de 2004 que arrasó las islas ya que el 80% de ellas está a menos de un metro sobre el nivel del mar. El pico más alto de Maldivas mide 2,30 metros.
Una experiencia única es sobrevolar las islas en un hidroavión o un helicóptero que con frecuencia se usan para trasladar a los turistas desde la capital, donde está el aeropuerto, a los diferentes resorts, pero pueden contarse como excursión. Pero si se desea hacer algo más primitivo, nada como un paseo en un dhoni, la embarcación típica y animarse a tener una jornada de pesca. Se hace con un simple sedal y, generalmente, por la noche. La abundancia de peces en estas agua garantiza el éxito. Al regreso se asan los pescados a la brasa sobre la arena de la playa.


También hay experiencias un tanto insólitas, como asombrarse del festival de bioluminiscencia en la isla desierta Vaadhoo, al norte del archipiélago, que se produce cuando el plancton marino queda al descubierto y entra en contacto con el aire caliente. Los nativos lo llaman “mar de estrellas” y en verdad da la sensación de una gran vía láctea en la orilla del mar. Un espectáculo único.
En algunas islas, como en Kuramathi, una de las más populares para los turistas, es posible presenciar cómo acuden a comer las gigantescas mantas, que pueden medir hasta ocho metros, en la orilla de la playa, incluso se las puede dar de comer uno mismo, eso sí teniendo precaución de no tocar la cola donde tienen un aguijón venenoso. Es un espectáculo observar la aproximación de estos enormes peces desde kilómetros de distancia y a unas horas concretas y cómo se deslizan por la arena varios metros en busca de las pescados que se les ofrecen para luego retroceder de nuevo al mar y regresar a las profundidades.
Y, en un lugar con tantas islas desiertas, es inevitable la tentación de vivir como un Robinson, aunque solo sea por unas horas. En el mismo hotel, o a través de la agencia de viajes, también se puede contratar variedad de tours que ofrecen recorridos por las islas más próximas o la posibilidad de disfrutar de la soledad de un islote deshabitado.


Disfrutar la isla y el hotel
Pero aunque hay mucho que ver y hacer en Maldivas, la tentación de quedarse en la isla y disfrutar del resort y el alojamiento es muy fuerte, según indican en Arenatours. En la mayoría de las islas solo hay un resort no muy grande y el esquema suele ser similar en todos ellos. Un centro en el que se encuentra el restaurante, el bar, los servicios, la piscina, terrazas y animación, a veces también el centro de spa y masajes. No hay que olvidar que en Maldivas son típicos y se pueden disfrutar los mejores masajes ayurvédicos. Ayurveda significa «ciencia de la vida» y es que esta técnica de orígenes hindúes, que lleva aplicándose desde hace más de 5.000 años, es utilizada para prevenir enfermedades y restablecer el equilibrio del organismo, a nivel físico y mental. Además hay diferente número de villas individuales, más amplias que una simple habitación o suite, bien en tierra firme o, cada vez con más frecuencia, en forma de palafitos sobre el agua y con un ambiente y decoración de lujo.
Tienen muchas ventajas y algún inconveniente. Son amplias, muy privadas, suelen tener acceso directo al mar y una pequeña piscina o jacuzzi, además de ducha con agua dulce para quitarse el agua de mar. La sensación de intimidad y exclusividad es total. Los pequeños inconvenientes es que el centro del complejo está algo más lejos –nunca mucho porque las distancias son cortas– y el rumor del mar puede ser muy agradable o resultar molesto para conciliar el sueño por la noche. Pese a todo, si se puede, es lo más recomendable.

Uno de los placeres en Maldivas es su gastronomía. En los nuevos tiempos se tiende a prescindir del buffet y se opta por comidas a la carta, e incluso servidas en el propio alojamiento privado. La variedad de pescados y mariscos es, sin duda, la principal opción, además del arroz que acompaña casi todos las comidas. Algunos de los platos típicos más conocidos son la garudiya, un exquisito caldo a base de atún que se sazona con chile, cebolla o curry para darle sabor, se sirve caliente con arroz y limón, y el rihaakuru, una pasta espesa a base de pescado que se unta en tostadas. Un plato con identidad propia maldiva, es la ensalada mashuni, una deliciosa mezcla de atún, coco, chiles, limón y cebolla que se acompaña con el pan tradicional del país, el roshi. Son muy atractivas también otras creativas y frescas ensaladas, como la de kullafilla, versión maldiva de la rúcula. El pescado principal, con el que se prepara la mayoría de las comidas, es el atún. Se prepara de todas las formas posibles, cocido, ahumado, seco…
Pero, con independencia de lo que se come, es importante disfrutar de dónde se come. En algunas islas es posible comer debajo del agua en restaurantes adaptados a ello. Una de las mejores experiencias gastronómicas que se pueden vivir en Maldivas es cenar en un dhoni, las embarcaciones tradicionales de pesca en este país disfrutar una barbacoa en la playa, mientras las suaves olas se rinden a tus pies.