La corresponsal

“La corresponsal”: Marie Colvin o el periodismo de guerra    

Por Carmen Pineda

“La corresponsal” (A private war) es una estupenda película estadounidense, dirigida por Matthew Heineman, que narra la apasionante vida de la célebre periodista americana Marie Colvin, que cubrió algunos de los conflictos bélicos más importantes de las últimas tres décadas para el diario británico Sunday Times. Protagonizado magistralmente por la actriz inglesa Rosamund Pike (nominada al Globo de Oro este año por su papel en esta película), el film pertenece al género de periodismo bélico, en la línea de la mítica película “Los gritos del silencio” (“The killing fields”), donde se pone de relieve las pasiones, contradicciones y dificultades de estos profesionales del periodismo que entregan su vida, a veces literalmente, a la corresponsalía de guerra.

Una vida al límite, la obsesión por el trabajo periodístico bien hecho, la superación del miedo, el deseo de dar a conocer al mundo las desgracias humanas de los sangrantes, inútiles e injustos conflictos internacionales, a veces, incluso, en contra de su propio equilibro existencial, podrían ser algunas de las claves para entender la personalidad de Marie Colvin. Una mujer con una personalidad sobresaliente, indómita y rebelde, que nunca dudó en preferir sus viajes y sus experiencias periodísticas, siempre en zonas de peligro máximo, a una vida trillada y confortable en Occidente. Colvin no entendía el periodismo de guerra sino era yendo siempre más allá de la noticia, saltándose todas las normas que la frenaran para sus objetivos. Desde Irak, pasando por Afganistán, Libia o Sri Lanka, donde perdió un ojo que le hizo llevar desde entonces un mítico parche negro, hasta Siria, la corresponsal tomó como una lucha personal el ir y el transmitir la noticia desde el frente de guerra de las zonas más “calientes” del planeta. Como reza el título original en inglés, quizás más exacto para entender el film que el español “La corresponsal”, para Marie Colvin su vida periodística fue una “private war”, una guerra particular, gracias a la cual pasó a la Historia del periodismo. Su sacrificio personal le supuso muchos problemas, incluyendo crisis nerviosas, estrés postraumáticos por todas las tragedias vividas en las guerras pero también una notoriedad que pocas mujeres han conseguido en el mundo del periodismo de guerra y de las corresponsalías.

El film tiene un ritmo vertiginoso estando muy bien rodadas las escenas bélicas de los diferentes conflictos, con un guion que realiza flash-backs para contarnos la vida pasada y presente de Marie Colvin, en el momento en que está ejerciendo su trabajo en sus últimos conflictos. Un retrato bien conseguido que se quiere completo y complejo entorno a sus contradicciones, a sus relaciones y a sus crisis. Al final del film, llegamos a entender bastante bien la personalidad aguerrida, apabullante y profundamente valiente de esta inmensa periodista.

“La corresponsal” es una película de homenaje al periodismo en general, a través de la inmensa figura de Marie, que arriesgó su vida una y otra vez para contar verdades que muchos no quiern oír, denunciando injusticias y situaciones de sufrimiento humano indescriptibles. En este sentido, la película no es un simple biopic sino que plantea a través de los conflictos, de las obsesiones, a veces un tanto enfermizas, pero también de las grandezas de Marie Colvin, una reflexión profunda sobre el sentido último, sobre la brillantez,  sobre las miserias, pero sobre todo sobre la gloria del periodismo bélico.

Estreno en España el 31 de mayo 2019

Almodóvar: “Dolor y gloria”

“Dolor y gloria” es el último trabajo de Pedro Almodóvar, seguramente el más internacional de los directores españoles y también, uno de los más controvertidos. El realizador manchego posee legiones de seguidores, de admiradores dentro y fuera de España, que valorarán siempre sus trabajos con una pasión y un frenesí desenfrenados, adhiriendo, sin tregua, a la causa almodovariana. Pero, también, existen muchos, entre los que me encuentro, a los que no convence ni su forma de hacer cine, ni su planteamiento fílmico, ni sus temáticas. Si bien, al principio de su carrera, realizó obras de gran frescura, espontaneidad y originalidad, como “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” o “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, que le valieron ser catapultado como un creador nuevo, divertido y diferente, en los últimos años, Pedro Almodóvar no deja de repetirse.

Ya en “Julieta”, su anterior película, el realizador daba muestras de agotamiento creativo, enfocando, además, su historia en una línea muy melodramática, con pinceladas de su chispa pero que quedaba enfangada por el “déjà vu”. En “Dolor y gloria”, siendo más interesante que “Julieta” por su temática, prosigue el mismo camino, ahondando, ahora de una manera muy patente en sus propias vivencias autobiográficas. Pero lo que debería haber sido un viaje a los más profundo y doloroso del alma humano, con la huella del paso y del peso de la vida,  se queda en poco. Demasiado dramatismo, escenas inconexas, mal hiladas en muchas ocasiones, obsesiones reiteradas y poco humor. ¿Obra crepuscular? ¿Ajuste de cuentas con la vida o, por el contrario, aceptación de la misma? ¿Nostalgia de alguien acabado? Todas estas preguntas nos las hacemos al ver “Dolor y gloria”, sin encontrar una auténtica respuesta, porque lo que prima es la confusión. El dilema al que nos enfrentamos ante el film es que si bien la historia de melancolía, de recuerdos de la infancia, de traumas y de juego entre la realidad y la ficción  podría prometer algo emocionante y atractivo intelectualmente, se nos queda, al final, en un rompecabezas de escenas sin mucho sentido.

Su “alter ego”en la película, un director de cine en crisis creativa y existencial, interpretado por Antonio Banderas, no consigue reflejar la profundidad que se supone podría haber tenido esta historia de recovecos psicológicos y de cicatrices profundas. Banderas quizás logre una actuación más estudiada que las que suele realizar habitualmente pero resulta bastante plana. Tampoco me parece notable Penélope Cruz, en el papel de madre del protagonista, recordando demasiado a otras de sus interpretaciones, en su tipo de campesina, siempre desgreñada, con reminiscencias neorrealistas italianas. No ocurre esto con Asier Etxeandia, en su papel de actor medio fracasado, enganchado a varias dependencias, que realmente llena la pantalla.

“Dolor y gloria” resulta ser una obra falta de aliento, desigual y monótona. En ningún momento, empatizamos con el sufrimiento del protagonista y eso que Almodóvar, y esto es innegable, parece “abrirse en canal”, queriendo mostrarnos su yo más vulnerable, a través de un personaje, que, sin embargo, se nos queda muy lejano.

Carmen Pineda