Vinos Kosher en la Rioja alavesa

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Por Vicente López Pérez

 

Entre cepas y monumentos la Rioja Alavesa se extiende a través de 320 kilómetros cuadrados, de tierras rojas y con carácter que bendecidas por un microclima oriundo, las definen como privilegiadas por la naturaleza para el cultivo de la vid. La tenacidad, buen hacer y legado ancestral de sus gentes en lo que a la transformación de esas uvas en vinos se refiere, hacen el resto colocando la región con sus quince municipios y sus casi 400 bodegas en el mapa de los principales centros productores de vinos de calidad a nivel mundial.

Geografía, paisaje y arquitectura son la primera impresión que nos va a producir este paseo por la Ruta del Vino Alavesa, pero una de las grandes sorpresas que nos tiene guardada la comarca, es que aquí en algunas de sus Bodegas, se produce vino Kosher, el vino utilizado en los rituales de la religión Judía. Expandir la producción y venta de vinos de la Rioja Alavesa al exigente mercado Judío, ha sido sin duda un gran logro y desafío para algunas de las bodegas de la zona.
El término Kosher, es un vocablo que significa “Apto”. “Puro”, y esta certificación solo puede concederla un rabino, después de controlar que estricta y absolutamente en todos los pasos de la elaboración del vino desde la cepa hasta el embotellado final, han sido observados y respetados todos los preceptos que ordena la religión judía. Severo y muy complejo el código Kashrut, determina estas etapas que el rabino ha de supervisar para que el producto pueda ser considerado legítimamente Kosher. Este hermetismo en los procesos, ha determinado que la denominación Kosher, tenga una altísima credibilidad y prestigio internacional, y ya no solo en el mundo judío; siendo este el determinante de que muchas Bodegas pongan sus miras en este complejo mercado de excelente nivel adquisitivo.

Los requisitos exigidos a considerar por el rabino, de manera resumida, son los siguientes. Las viñas tendránkosher1 un mínimo de 4 años de edad, los abonos siempre serán orgánicos y se han de respetar ciertas pausas en este proceso antes de la vendimia, la viña descansará cada siete años. Nunca se vendimiará en Sabbat, es decir los días de descanso deben ser respetados. Solo se aceptarán las uvas en estado óptimo de maduración, y que estén sanas y enteras. Nunca las uvas podrán ser pisadas, y en el proceso de prensado ha de intervenir un judío. Cualquier utensilio a utilizar en el proceso ha de ser inspeccionado por el rabino, la higienización ha de ser suma. La vinificación ha de hacerse solo en cubas de acero inoxidable. El rabino supervisa que levaduras pueden ser utilizadas y quedan prohibidos el uso de otras bacterias ó enzimas. Para la clarificación del vino, están prohibidos los productos derivados de animales. Durante la maduración del vino solo podrá ser visto por ojos judíos, cualquier otra mirada hasta la del enólogo si no es judío lo contaminaría y ya no podría ser apto para el consumo, para ello la bodega permanecerá sellada, solo se dejará una barrica a parte para que el enólogo siga la evolución del vino, pero luego esta, será desechada para el consumo por considerarse contaminada. Las botellas deben ser siempre nuevas y el rabino se encargará de supervisar la colocación del sello de acreditación en ellas. Finalmente la botella solo podrá ser abierta por una persona judía que observe fielmente los dictámenes de su religión, sino perdería su consideración de vino sagrado.
Todo este proceso de adaptación de las Bodegas a las exigencias de los nuevos mercados internacionales como el judaico, sonarían a modernidad é innovación, si no fuera porque el vino Kosher ya se elaboraba en las juderías de la zona desde cientos de años atrás.

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Las Aljamas, en tiempos medievales previos a la expulsión de los judíos, eran los organismos ó juntas que los sefardíes españoles tenían para velar que los preceptos religiosos se respetaran en la elaboración de sus vinos, controlando viñedos, bodegas, tabernas, regulando su comercio y controlando que no fueran tocados por manos ?gentiles? (cristianas ó musulmanas). Las Aljamas, se mantenían económicamente mediante el cobro de la Sisa, una especie de impuesto que consistía en entregar al comprador una cantidad de vino inferior a la comprada, usándose los beneficios conseguidos con esta diferencia, para el mantenimiento financiero de dicha institución. Lo normal era que la Sisa en el vino fuera de un ochavo ó sea (1/8) menos de la cantidad comprada.

Seguramente en pueblos como La Bastida y otros tantos de la zona, donde las juderías ocupaban partes muy relevantes de estas poblaciones, entre las paredes de sus antiguas casas, aún retumben los ecos de las celebraciones de los Sabbat, brindando como nó con vinos Kosher de la tierra.

Rioja Alavesa además de representar una de las más exigentes denominaciones de origen en lo que a vinos se refiere, es también tierra de contrastes y sorpresas, al alcance de todos los amantes de la excelencia. Catas, manjares, aldeas, Monasterios, Iglesias, Palacios, Dolmenes, conjuros medievales ó paisajes encantados hacen de estas tierras de arte y vino tan antiguas como vanguardistas un destino para caminarlo sin prisas y con los sentidos abiertos a las mejores sorpresas. Imprescindible para los viajeros que quieran presumir de conocer esta parte privilegiada de la España mágica.

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