Madama Butterfly o la seducción de una heroína trágica, frágil y digna.

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Por Norma Sturniolo

Fotos cortesía Javier del Real

Merece destacarse el esfuerzo del Teatro Real por acercar el arte de la ópera a un público amplio. La difusión dada a la representación de Madama Butterfly es admirable. Se barajan cifras importantísimas como las de 120.000 personas en municipios de toda España. La retransmisión en el canal de Facebook del Teatro Real ha sido superior a 800.000.  En Twitter la retransmisión de MadamaButterfly fue trending topic nacional con el hashtag #madamaendirecto, alcanzando una audiencia de 18.000.000 de usuarios con todas las publicaciones. También TVE ha obtenido una excelente cifra de seguimiento en la retransmisión en La 2, con 335.000 espectadores.

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Esta política de divulgación de la ópera está realizada con total acierto porque lo que se ofrece aúna calidad, atractivo y un alto grado de emoción, posibilitando la empatía del público con lo que ve.

Si Madama Buttlerfly es una de las óperas más populares y emocionantes del compositor de Luca, esta Butterfly puede conmover incluso a los más remisos, tanto por los intérpretes como por la reposición de la inteligente y creativa dirección de escena de Mario Gaz, la espléndida escenografía de Ezio Frigerio, los exquisitos figurines de Franca Squarciapino, la dirección musical de Marco Armiliato y dirección del coro de Andrés Máspero. Sobresaliente la interpretación de la soprano Ermonela Jaho en el papel protagonista y de Enkelejda Shkosa en de la fiel Suzuki. Conviene recordar que se representa en el coliseo madrileño desde el 27 de junio al 21 de julio de 2017.

 

El director de escena Mario Gaz opta por el juego de la ficción dentro de la ficción. El juego metaficcional, a veces, produce un distanciamiento, pero, en este caso, el resultado es todo lo contrario, hay un emocionante acercamiento a lo que sucede en escena. Mario Gas sitúa la historia en un plató cinematográfico en los años 30 y los espectadores presenciamos la ópera en sí, la supuesta grabación cinematográfica que se hace de la misma y su reproducción en blanco y negro en una gran pantalla.

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Aparecen un director de cine, los técnicos con su equipo y por encima de los subtítulos, se proyecta la filmación con unos primeros planos que nos permiten apreciar todos los gestos de los personajes. Es como si pudiéramos ver parte de su interioridad, y, sobre todo, nos acerca a esa mujer niña Cio- Cio San o Butterfly, que tiene quince años al comienzo de la historia y al final se suicida con 18. Asistimos a su viaje que es gozoso al principio pero que, muy pronto, se torna doloroso. Pasará desde la inocente, casi pueril felicidad a la posterior esperanza en el regreso del su gran amor y a la necesidad del autoengaño. Todos saben que el oficial de la marina americana de quien se ha enamorado la ha abandonado. Ella, por el contrario, cree que volverá. Pero, ¿su confianza es total o necesita creer para no morir de dolor, servirse del autoengaño para seguir viviendo? Cuando no hay ningún resquicio para la esperanza, la trémula niña se convierte en una mujer capaz de devolverse el honor a sí misma. La música del compositor de Luca, arrebatadora, tiene ecos orientales con los que se subraya la delicadeza del mundo que rodea a Butterfly y, a la vez, su crueldad. ¿Acaso Butterfly tiene una posibilidad de vida mejor acatando a los suyos? A todas luces parece que no. Se insiste en la soberbia del americano, por supuesto que su soberbia queda patente en el primer acto, así como en el conflicto entre dos civilizaciones, una de las cuales se considera superior a la otra, pero no se hace suficiente hincapié en la condición femenina en una sociedad feudal, en la marginación de una mujer pobre como Butterfly en dicha sociedad. ¿Cuál sería su futuro si aceptara las propuestas de quienes la rodean? ¿Casarse con el pretendiente Yamadori que abandonó a sus mujeres, por lo cual podemos prever que haría lo mismo con Butterfly? ¿Volver a ser una geisha obligada a entretener a los demás? Ella sueña con algo diferente, con un amor verdadero. Ama la belleza por eso se encandila con las bellas palabras que no está acostumbrada a oír. Además de la fascinación que le produce el extranjero debido a una extrema juventud más propensa a la ensoñación , la seducen las palabras del yankie Pinkerton que la llama de formas muy bellas, nombres que ellas recuerda con devoción.

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Imposible no conmoverse con ese sueño de amor de Butterfly y más aún cuando la vulnerable japonesa está interpretada por unaButterfly 1826 soprano tan entregada a su papel como la albanesa Ermonela Jaho que transmite todo esa riquísima gama de matices que va desde la fragilidad y los movimientos casi de niña al comienzo de la historia hasta el terrible desgarramiento del final. Jaho hace suyo el personaje y nos transmite su temblor de mariposa herida.

¿Cómo no conmoverse con la obra de Puccini (1858-1924) ese gran conocedor del alma femenina? Recordemos sus propias palabras “ si la obra no me conmueve, si el libreto no me llega al corazón, si no me hace reír y no me hace llorar, si no me exalta y me sacude, no hay nada que hacer . No es cosa para mí. Resultaría una falsedad, una desarmonía”.

 

El emocional maestro, al referirse a Butterfly, afirmó en una de sus cartas “La ópera me conmovía siempre cuando la releía al piano

Sentir, emocionarnos, abrirnos al sufrimiento y los sueños, las grandezas y las debilidades de personajes que son muy humanos y reconocer el poder transformador del arte es algo que hay que agradecer a obras como ésta.

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