El diputado Rufián, entre El rock de la cárcel y el Borriquito como tú

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Tribulaciones de un peluquero charnego

Por: María José López de Arenosa – Opinión

Contactar con el autor: mjarenosa@hotmail.com

 

[…] ven aquí volando a rocanrolear

que el rock de la cárcel va a comenzar, el rock

todo el mundo bailar […]

 

Un retrato de Luis Bárcenas presidía el altar con velas y flores colocado en la entrada de la sede de Esquerra Republicana de Catalunya de Barcelona.  «Es nuestra fuente de inspiración», dijo el diputado Rufián mientras estrechaba la mano del peluquero.  Le tengo una especial devoción. Nadie me ha ayudado tanto como él. Tenga en cuenta que soy hijo de Twitter y pienso en 140 caracteres. Ni uno más. Bárcenas me facilita mucho el trabajo para mandar mensajes rotundos y sin matices para echar a Rajoy».

― Pero, si el dos de octubre Cataluña va a ser independiente, no entiendo esa obsesión. ¿Qué más les da a ustedes quién gobierne en España? Podrían acusarles de injerencia en asuntos internos de un país vecino.

El señor de Murcia sudaba la gota gorda cardando y poniendo laca al tupé de Rufián para que se mantuviese erguido sin doblegarse ante los embistes, por fuertes que fuesen. De no ser por la naricita respingona, su poca talla, sus ojillos minúsculos y otros detalles menores, le habría parecido que estaba peinando al mismísimo Rey del Rock redivivo.  «Dime cómo te peinas y te diré quién eres», le dijo mientras su cliente tarareaba el Rock de la cárcel.

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Rufián había convocado a sus camaradas para el ensayo general y quería que su look fuese más Elvis que nunca. La cresta que coronaba su cabeza era como una tiara plebeya y republicana.  El diputado quería que fuese una seña de la identidad catalana tan reconocible como el peinado de Carles Puigdemont, declarado de Interés Turístico Internacional, según adelantó Joan Marsé en una primicia mundial para El País. «Será difícil igualar ese éxito», pensó el artífice del flequillo del President.

― No tenemos mucho tiempo― dijo Rufián. Me gustaría hacer el preestreno del Rock de la cárcel  en el Congreso de los Diputados antes de que la Guardia Civil nos meta en el furgón. La guitarra es un arma más cómoda que la impresora y da mucho más juego. ¿Cree que le gustará a Soraya?

― No le quepa la menor duda. El factor sorpresa es muy importante y más tratándose de la vicepresidenta, que tiene respuesta para todo. Dudo que ese día vaya pertrechada con castañuelas para darle la réplica. Pero si está inspirada, igual hasta se anima con una rumba de Peret, ese gran catalán y español, y le canta el Borriquito como tú. Un espectáculo memorable para que los españoles veamos que no todo va a ser fútbol y que nuestros impuestos están bien empleados.

― Me despidieron de mi trabajo anterior por absentismo laboral. Me aburría mucho, ¿sabe? ¿Cree usted que podremos seguir como diputados en Madrid cuando declaremos la independencia? Echaré de menos los juegos florales parlamentarios.  ¡Qué tiempo tan feliz!

― Lo comprendo. ¡Con lo bien que se vive contra España! Lo pasan ustedes en grande en esta cárcel de sus libertades. Pero los catalanes no se merecen que les ponga los cuernos dedicando su tiempo y su talento al parlamento español. Aunque los españoles estén deseando tenerle en el hemiciclo como emisario de un gobierno extranjero y tenga usted el corazón partío y le guste viajar a la capital de España, está casado con la república de Cataluña y ha prometido serle fiel todos los días de su vida.  ¡No vea qué collejas me suelta Eutimia cuando miro a otra por la calle!  Dice que elegir es renunciar.  Por eso usted, que ya selló su compromiso, tendría que dejar inmediatamente su escaño en Madrid.

Se abrió la puerta y entró Joan Tardá. «Yo solo pasaba por aquí», dijo, como si hubiera visto a Belcebú cuando Andrés le saludó con la cabeza. Llevaba toda una vida defendiendo su pelambre como símbolo de la rebeldía y resistencia del pueblo catalán frente al peine invasor y los peluqueros le ponían siempre en guardia.  El señor de Murcia que, además de tener un gran apego a su instrumental de trabajo, era consciente de que la barricada de enredos y nudos era infranqueable, ni siquiera se ofreció para darle servicio y siguió con el penacho rufianesco.

― Si nos mandan a vivir entre barrotes de los de verdad tendremos que esforzarnos para mantener alta la moral. Por eso he pedido a todos que vengan hoy a ensayar el Rock de la cárcel.

― Le sugiero que ponga a Carme Forcadell para dirigir el coro. Tiene un don innato para acallar las voces disonantes.

― Está usted en todo. Ponerla de espaldas será un gesto de consideración hacia el público, que se ahorrará la visión de su cara de navaja fría. Lo que más me gusta de usted, es que también es charnego. Hablamos el mismo idioma.

― Sí, el español.

― Necesito un consejo, Andrés, y le suplico que sea sincero.  ¿Usted le compraría un crecepelos a Raül Romeva?

Poco a poco iban llegando los convocados.  Forcadell, Puigdemont, Anna Gabriel, Artur Mas, Raül Romeva y hasta el mismísimo Molt Honorable Jordi Pujol.

El joven diputado de orígenes jienenses saltó para incorporarse al grupo en cuanto el peluquero dio por concluida su tarea.  Mientras este guardaba lacas, cepillos y peines, la música retumbaba y las caderas de un Rufián eufórico amenazaban con dislocarse e incluso con declarar unilateralmente la independencia de su amo.

«Los fans de Elvis que juran que vive, están en lo cierto», pensó mientras dirigía una última mirada al improvisado escenario, ya en pleno ensayo.

 

Un día hubo una fiesta aquí en la prisión

la orquesta Junqueras empezó a tocar

tocaron rockanroll y todo se animó.

Tardá se puso en pie y empezó a bailar el rock

todo el mundo a bailar,

todo el mundo en la prisión

corrieron a bailar el rock.

 

Uno del tres percent le dijo a Pujol

vente con Rufián, vamos a cantar

que la Agencia Tributaria nos quiere escuchar.

Anímate Artur Mas a rocanrolear

que el rock de la cárcel va a comenzar, el rock

todo el mundo bailar

todo el mundo en la prisión

corrieron a bailar el rock.

 

La CUP desafinaba para no variar

ellos iban por libre, faltaría más.

Junqueras no sabía darle al saxofón,

Romeva resoplaba junto a Puigdemont

y toda la cárcel se puso a bailar el rock

corrieron a bailar el rock.

 

«Si Cataluña se declara independiente, yo seguiré siendo peluquero.  Pero, ¿esta criatura? ¡Alma de cántaro! Sin tener –todavía– un escaño en el parlamento catalán, ¿en qué teatro podrá desarrollar su prometedora carrera artística?  ¿Tendrá que pedir la readmisión en la empresa de trabajo temporal donde tanto se aburría antes de su salto al estrellato?»

No entendía mucho de aquelarres y quizás por eso ni Eutimia ni él sabían por qué razón la Guardia Civil no había empezado por el principio, deteniendo a los autores intelectuales –y confesos– de los delitos de desobediencia en lugar de jugar al ratón y al gato con los dueños unas imprentas. Razones jurídicas que el corazón de un peluquero no alcanzaba a comprender.

Al doblar la esquina de la calle Calabria con la Gran Vía de las Cortes Catalanas se cruzó con unos furgones de la Guardia Civil y se puso a tararear alegremente…

 

Borriquito como tú.

¡Tu-ru-rú!

Que no sabes ni la U

¡Tu-ru-rú!

Borriquito como tú

¡Tu-ru-rú!

Yo sé más que tú…

 

 

Foto montaje: Autora

 

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