Un ensayo de ensayos

depoesiaIberoamericana

Por Jorge de Arco

 

Nacido en Villa de María (en la Córdoba argentina), Rafael Flores lleva casi cuarenta años asentado en Madrid. Poeta, novelista y autor de varios libros de narrativa breve (“En una caja oscura”, “Conversaciones con el búho”, “Cuentos de sombra errante”…), Flores es uno de esos escritores que Rupert Woolder definía como “desbordado por su propia vocación”. Porque a esa actividad creadora que señalo, hay que añadir sus artículos y ensayos en diarios y revistas, su larga labor al frente de un taller literario, sus programas radiofónicos y su especialización en algo tan esencialmente argentino, el tango, en torno al cual ha dado a conocer diversos trabajos de investigación y divulgación.

 

Ahora, en la Editorial Babel de su tierra natal, reúne una serie de esos trabajos dispersos, bajo el título de “Semblanzas, prólogos y vivencias”: once textos en total que se inician con “Para nuestra amistad con Rimbaud”, fechado en 1986, y se cierra con “Onetti y la mueca de lo soñado”, de 1994.Portada Un ensayo

No hay, pese a que esos datos lo pudieran sugerir, rigor cronológico en la ordenación de Flores, que ha obedecido a otros criterios; porque encontramos páginas de 2001, 2015 e incluso 2016, junto a las ya citadas y alguna de 1995. Esto, que pareciera irrelevante, no lo es, porque demuestra la intención del autor de dar -en lo posible- coherencia  a la ya apuntada diversidad.

 

Con Rimbaud y Onetti, Flores alinea aquí a Oliverio Girondo, Pedro Milessi, Alicia Contursi, Julio Quesada, Jorge Luis Borges, José Viñals, Albert Camus y nuestro Ramón Gómez de la Serna, por tantas razones ligado al ámbito rioplatense. Se incluye también en este volumen el prólogo que los compañeros del Sindicato Perkins –un esforzado gremio de trabajadores perseguidos durante la dictadura- encargasen a Rafael Flores para “un magnífico libro de testimonios y memoria que recupera su lucha en la década de 1970”.

Como bien explicita el título del libro, hay elecciones derivadas de la admiración y su influencia -¿afinidades electivas?-, pero también ”vivencias”, es decir, personajes con los que se han compartido horas, criterios y experiencias.

 

El decir de Rafael Flores discurre de manera acompasada a través de un prosa directa, fluida, que facilita al lector adentrarse en los personajes y escenarios que va proponiendo. Además, el análisis de sus protagonistas se vertebra sobre sugerentes consideraciones, lejos, como ocurre en otros casos, de las afirmaciones categóricas.

Valgan como muestra algunos ejemplos, tal el que dedica al conjunto literario de Oliverio Girondo:

 

“Una obra que uno siente latir en las raíces de la condición poética, fuera de escuelas y filosofías, fuera de sí mismo, como en la danza, en el puro poema”.

 

Y el que se refiere a su añorado compatriota:

 

“Tal vez, Borges, siga siendo lo que él intuyó ser: un yo universal, un yo imposible… O acaso un día retorne, igual a sí mismo, horrorizado otra vez por los espejos que acabarían  ganándole la partida”.

 

 

Y el que dedica al Juan Carlos Onetti, del que afirma:

Onetti toma el pulso al siglo que vivimos desde el rincón de las jóvenes repúblicas latinoamericanas, ávidas de lo nuevo y conjetural. Mirándole en perspectiva advertimos de que reconoce a Joyce, a Proust y sobre todo a Faulkner. Camina con similar inquietud al mismo tiempo que lo hacen los existencialistas. Pero es un ciudadano de la urbe rioplatense convertida a un conexo laberinto -Buenos Aires-Montevideo- con voces culturales propias alimentadas en su impresionante e impresionante magma suburbial”.

 

Al cabo, un excelente y atractivo ensayo de ensayos, que tiene en su dinámica variedad su mejor virtud.

 

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